martes, 14 de diciembre de 2010

Eludiendo responsabilidades

El chiste de más arriba lo he sacado del muro de facebook de un "camarada de lucha" que actuó de gran gurú en mi formación como sindicalista. Quien haya seguido o siga este blog, tendrá claro ya a estas alturas que no seré yo quien defienda nuestro sistema financiero o quien lo exculpe de su responsabilidad en la situación más financiera que económica que estamos viviendo, pero tampoco seré yo quien tolere que el resto de los mortales eludamos responsabilidades al respecto.

No creo que el chiste diga ninguna mentira, pero tal vez sí que omita alguna verdad. No explica que el protagonista era conocedor de que su vivienda estaba siendo tasada por encima de lo que en realidad costaba. Tampoco que, seguramente, la escrituró por menos de la mitad de lo que en realidad costaba en una notaría en la que su titular se ausentó cómplicemente del despacho por unos minutos mientras se producía la transacción, con la única finalidad de eludir impuestos.

Lo más probable es que, con la diferencia entre el precio realmente pagado y el tasado, nuestro protagonista se comparse un coche nuevo y se pagase una magníficas vacaciones en el caribe y, todo ello, sabiendo que su nómina de trabajador no cualificado con contrato de duración determinada le llegaba justito, justito, para pagar la cuota de la hipoteca a final de mes contando que el euribor se comportase adecuadamente.

Las entidades financieras han actuado, evidentenmente, sin el menor de los escrúpulos a la hora de conceder créditos a diestra y siniestra con el objetivo de unos prometedores beneficios que se han transformado en un parque immobiliario del que son incapaces de librarse. Sin embargo, eso no quita de que gran parte de nuestra población se haya comportado con auténtica irresponsabilidad al participar conscientemente de un juego en el que todo el mundo ha perdido.

El protagonista del chiste, en mi discutible opinión, no es tan culpable como dice ser, pero probablemente alguna responsabilidad como cómplice necesario sí que tuvo.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Citius, altius, fortius.

Llevo años intentado entender la paradoja que supone para mí esa expresión de "deporte profesional". Cuando yo era joven, hacer algo por deporte era hacerlo sin esperar más recompensa que la autosatisfacción pero se ve que, en un mundo materialista como el nuestro, la recompensa al esfuerzo o es económica o no vale la pena.

El deporte profesional no es tal cosa, sino más bien un espectáculo alrededor del cual generar negocio. No voy a decir que me parezca ilícito, evidentemente, especialmente cuando pago anualmente un abono de baloncesto ACB, pero creo que debería diferenciarse hasta en el nombre de lo que hacemos muchísima gente en el tiempo que liberamos de nuestras obligaciones, porque tiempo libre no nos queda.

Lo digo porque después confundimos a todo el mundo. En primer lugar a nuestros chavales y chavalas, a quienes acabamos enseñando que el objetivo es triunfar y no disfrutar y que no basta con hacerlo bien, sino que hay que hacerlo mejor, sobretodo mejor que el hijo del vecino.

Pero también nos autoconfundimos cuando defendemos que se dediquen recursos públicos a subvencionar el deporte elitista (que no de élite) porque se supone que fomenta su práctica entre la población para que luego, los críos y crías que juegan en esos mismos clubs tengan que pagarse hasta los calcetines a precio de oro.

El único deporte que se fomenta desde la profesionalidad es el de sillón y mando a distancia o, si mucho se me apura, el de grada insultante. A quienes nos gusta el deporte podemos pedalear cuando no hay Tour de Francia, correr tras el balón cuando se acaba la liga o raquetear sin Roland Garrós, y lo hacemos aunque sabemos que nunca lo haremos como Contador, Messi o Nadal.

Pero claro, como correr tras la pantalla no cansa, queremos que esos, los de la élite, cada vez sean más rápidos, más altos y más fuertes, importándanos un rábano que haya límites que resulten infranqueables por naturaleza. Luego, cuando la evidencia nos asalta y descubrimos que para superarlos se ha recurrido al dopaje, nos llevamos las manos hipócritamente a la cabeza y nos preguntamos cómo puede ser.

Claro que, para hipocresía, la de toda esa gente de ese mismo mundo que ahora dice que no sabía nada. O, casi peor, los que dicen que sí sabían pero nunca dijeron nada. Los que se han dopado no han hecho más que ser incapaces de salir de un círculo vicioso en el que o daban más o era como si no diesen nada.

Quizá deberíamos empezar a quitarnos las orejeras y a darnos cuenta de que esto del deporte profesional es como el cine pero sin efectos especiales y que habrá que pedir lo humanamente posible, pero no más allá.  O hacemos eso, o tal vez algún día nuestros propios vástagos, que serán citius, altius y fortius que los del vecino, nos tendrán que confirmar que, aunque los hijos siempre superan a sus progenitores, los milagros no existen y sólo son efecto de la eritropoyetina y sus derivados.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Sin ánimo de lucro

El Barça ha decidido incorporar publicidad en su camiseta. Lo aplaudo sinceramente entre otras cosas porque estoy convencido de que los ingresos que no le lleguen por ahí, como en muchos otros clubs deportivos de élite, los acabaremos pagando de manera más o menos indirecta entre la totalidad de contribuyentes de este país.

Pero como el Barça es más que un club, no podía conformarse con la publicidad de una empresa cualquiera y ha buscado ser esponsorizada por una fundación sin ánimo de lucro. La verdad es que eso, ya de entrada, me sorprende bastante. Que una fundación sin ánimo de lucro decida gastar 30 millones de euros para que su logo luzca en la camiseta de un club de fútbol (aunque sea el mejor del mundo) no me parece para nada razonable.

Pero Qatar Foundation ha decidido hacerlo. Se trata de una fundación sin ánimo de lucro que, según su web, tiene por misión "preparar al pueblo de Qatar y de la región para conocer los retos de un siempre cambiante mundo y hacer de Qatar un líder en innovación, educación e investigación".

Será que el desconocimiento me hace desconfiado pero, visto que el fundador de dicha organización no es otro que Hamad Bin Khalifa Al-Thani, actual emir de Qatar y su presidenta la mujer de éste y considerando que el país en cuestión es una pequeña porción de Golfo Pérsico a la que le salen los petrodólares por lo oídos, tengo mis sospechas de que posiblemente no tenga toda la transparencia que sería deseable para que su logo comparta camiseta con UNICEF.

No voy a decir ni mucho menos que sea más digno anunciar una casa de apuestas, pero sí que sería peligroso que la directiva del Barcelona estuviese ofreciendo accidentalmente su imagen a una organización que enmascarase bajo la apariencia de algo loable cualquier cosa menos respetable.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Entre Londres y Madrid

Lamentablemente, creo que no hay ninguna democracia que convierta el programa electoral de las candidaturas en obligación contractual. Creo que sería de aquello más razonable que quien gane unas elecciones tenga necesariamente que trabajar por cumplir los objetivos que había propuesto y por los que se le había elegido.

El ejemplo de David Cameron en Gran Bretaña es de cajón. Siete meses después de haber sido investido Primer Ministro lleva a aprobación la multiplicación por tres de las tasas universitarias cuando durante la campaña había prometido que jamás subiría costes en educación.

Con toda seguridad habrá quien se dedique, con mayor o menor acierto, a buscar parecidos entre dicha decisión y las tomadas por el ejecutivo del Sr. Rodríguez en España. De hecho, las iniciativas que se suponene que han de servir para atajar la crisis en los dos estados adolecen por igual de ser antisociales, cortoplacistas y contraproducentes a medio plazo.

Convertir el acceso a la universidad en un lujo que sólo se puedan permitir los más ricos resulta al menos tan antisocial como abaratar despidos, alargar edades de jubilación o reducir salarios. Intentar incrementar ingresos a costa del precio de una educación digna es tan cortoplacista como privatizar las únicas fuentes viables de ingresos de un estado, como puede ser la lotería o los aeropuertos. Excluir de la formación universitaria a toda la juventud que no se pueda permitir pagar 10.000 € de matrícula puede tener unos efectos a medio plazo tan contraproducentes como seguir apostando por un mercado laboral que sólo puede competir con los del resto del mundo por barato.

Existe, sin embargo, una diferencia que sí que podrá usar como atenuante el presidente español: el contexto económico durante su campaña electoral no era el actual. Cameron no puede decir lo mismo y no puede escudarse en la crisis para justificar el incumplimiento de su programa, puesto que se postulaba como la solución a ésta.

Así las cosas debería imponerse la prudencia. Aquí también hay quien promete tener la alternativa para sacarnos de la crisis sin detallarnos cuál es y tiene serias opciones de poder llevarla a cabo. Tengamos cuidado porque queda demostrado que en el mundo de la derecha atenuar (los efectos de una crisis) se confunde con atenazar (a los más pobres) con cierta frecuencia.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El milagro del arsénico

La ciencia es tozuda y, a pesar de que le cuesta horrores reconocer una teoría como cierta, una vez que lo hace tiende a convertirla en axioma irrefutable y a rechazar todo aquello que se opone a ella. Yo tengo entre casi y absolutamente nada de científico. Me falta la inteligencia, los conocimientos y, sobretodo, la actitud para serlo. Debe ser por ello que siempre que he oído que se descarta la existencia de vida en un determinado lugar por la ausencia de agua, por ejemplo, me ha sorprendido pensar que la biología no pueda imaginar una forma de vida sin ella.

Creo desde mi tremenda ignorancia que la comunidad científica dejó hasta cierto punto atrás el teocentrismo que la paralizó durante siglos pero que, en cambio, no ha sido capaz de desprenderse aún del geocentrismo. Un geocentrismo que, en este caso, yo definiría como la incapacidad para buscar patrones válidos más allá de los que conocemos que funcionan en nuestra Tierra sensorial para aplicarla en otros ámbitos.

Que se hayan encontrado bacterias capaces de vivir en y a costa del arsénico no deja de ser, hasta cierto punto, metafórico. La vida se ha demostrado viable en una sustancia que para nosotros significa muerte. Tal vez sí que existe vida donde creemos que no la hay o incluso vida más allá de la muerte. Quién sabe si no la hemos conocido ya pero, simplemente, la hemos despreciado porque no coincide con nuestro concepto preconcebido.

No estoy muy seguro, pero me parece que el milagro del arsénico puede llevar a cuestionarse muchos esquemas dogmáticos en la biología y eso, sin duda, puede ser el primer paso para enfrentarse a nuevos enigmas y así encontrar nuevas respuestas.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Descontroladores aéreos

No creo que haya mucho que añadir a lo que ya dije en su día respecto al conflicto de los controladores aéreos. De todas maneras creo que la espectacularidad de la última acción que, según esa especie de modelo masculino que tiene fichado su sindicato como portavoz, es espontánea, merece algún comentario.

La verdad es que a mí no me engaña el guaperas y tengo claro que el sindicato ha instigado la movilización o, más bien dicho, la desmovilización de los controladores aéreos por sorpresa total. También tengo claro que el gobierno ha demostrado la falta de un plan B para controlar una situación que, posiblemente, ha hecho poco por evitar.

Digo esto último porque intentar recortar de un plumazo todas las prevendas dadas a un colectivo históricamente es un error y hacerlo sin el diálogo suficiente que permita estudiar contrapartidas y, en su caso, los términos y plazos para recuperar el camino perdido, es una declaración de guerra en toda regla. Aunque estoy convencido de que el sindicato de controladores no habría hecho en absoluto ninguna concesión, poder explicar que se ha intentado facilitaría la posición del gobierno.

De todas maneras, no acabo de entender cuál es la estrategia de los profesionales. Cuando el camino hacia la privatización está más que abierto, ganarse como lo están haciendo la incomprensión e incluso la indignación de la opinión pública no creo que les beneficie en lo más mínimo. A estas horas, estoy seguro que mucha gente aplaudiría que las amenazas del fiscal se cumpliesen y alguien acabase en prisión por fastidiarle las vacaciones (triste pero cierto).

Y la última reflexión que quedaría iría para el resto de la población asalariada. En pocas horas un sindicato corporativo ha conseguido lo que no consiguieron los sindicatos mayoritarios en meses de preparación: poner en jaque a las autoridades y movilizar hasta al ejército. Si un puñado de trabajadores cualificados y bien pagados puede más que millones de obreros y obreras, este mundo ha cambiado mucho en las últimas décadas.

Una preocupante normalidad

A todo el mundo le gustaría que, en la actual situación de crisis económica y financiera, algo se normalizase al fin. Sin embargo, que el ministerio de trabajo anuncie que nuestro mercado de trabajo se ha normalizado cuando tenemos un 20% de tasa de paro después de crecer en más de 24.000 personas desocupadas en el último mes y de que menos del 10% de los nuevos contratos sean indefinidos (de nombre), no creo que resulte una noticia muy halagüeña. ¿está quizá el gobierno reconociendo que más no vamos a mejorar? ¡Bendita reforma del mercado laboral tuvimos!
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