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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Vengadores justicieros

Vale la pena mirar bien la foto porque, según en qué momento se esté leyendo este post, Troy Davis (así se llama el hombre del retrato) estará muerto. Lo estará porque, una vez más, la especie humana habrá confundido la justicia con la venganza.

Con cierta frecuencia nos sucede eso: clamamos en favor de la justicia cuando en realidad estamos sedientos de venganza. "Es el asesino de mi padre", dice el hijo de la supuesta víctima de Davis. Pero aún en ese caso, la ley del talión no le devolverá el padre que perdió.

Es justo que quien cometa un daño lo repare en lo posible. Es justo incluso que se tomen las medidas oportunas para que quien ha hecho daño una vez, no lo cometa de nuevo. Hacerle a quien ha hecho un daño el mismo daño que ha producido, es venganza.

Lo hemos vivido en el patio del colegio, cuando justificábamos haber pegado a la criatura de la otra clase porqué ella lo había hecho antes. Nos lo explicaron una y otra vez: eso no es una solución y así no se arreglan los problemas. Por lo visto, no lo aprendimos.

No me importa que, además de mis reflexiones sobre el fondo, existan motivos de forma suficientes como para dudar que el hombre de la foto sea el verdadero asesino. Aún en el caso de que el tal Troy hubiese sido un asesino confeso, su crimen no habría sido tan diferente al que cometerán quienes colaboren por acción u omisión en su ejecución.

La justicia debe ser un principio básico en cualquier sociedad que quiera vivir en paz. Los vengadores justicieros no deberían escaparse nunca del cómic, por más que nuestro instinto nos lo pida a veces.

jueves, 5 de mayo de 2011

Ellos no son así

Obama dice que no van a publicar ninguna foto de Osama muerto porque ellos no son de los que tratan el cadáver de una persona con un tiro en la cabeza como un trofeo. Debe ser cierto. Ellos son de otro tipo. Concretamente del tipo de los que primero disparan y después preguntan. O quizás de los que son acusación, juez y  verdugo a la vez.

No seré yo quien actúe de abogado defensor de Bin Laden, pero tal vez haya que tener en cuenta que el respeto a los derechos fundamentales, incluso los de los criminales más repudiables, estén no sólo para exigirlos a los demás, sino también para cumplirlos. Especialmente, digo yo, si eres premio nobel de la paz.

miércoles, 2 de marzo de 2011

De las intenciones a los hechos

Lo decía ayer: eso sería tema de otro post. Pero como Cristina me pregunta porqué todos mirábamos hacia otro lado mientras se perdían los derechos humanos en Libia, me veo en la obligación moral de ofrecerle mi discutible opinión al respecto.

Seguramente fue redactada con la mejor de las intenciones y quizá la Asamblea General de Naciones Unidas hasta se la creía cuando la aprobó. Pero en sus sesenta y dos años de vida, la declaración universal de los derechos humanos se ha convertido en un instrumento en manos de los estados más poderosos y poco más.

Pocos gobiernos se preocupan de por qué forro se pasan los derechos humanos en cualquier país que no disponga de reservas petrolíferas por controlar o economías emergentes por colonizar, en cuyo caso la violación de éstos se convierte en la excusa perfecta para derrocar a un dictador que no accede a según qué tratos o para invadir un país que amenaza la economía de los ricos.

No creo que haga falta hacer una lista exhaustiva para confirmar mi hipótesis, pero tal vez sirva recordar la poca prisa que se dio nadie en acabar con el conflicto de los Balcanes o lo poco que importaba el pueblo kurdo masacrado por Hussein hasta que a éste le dio por invadir Kuwait, por ejemplo.

Pero no hay que tirar de hemeroteca en absoluto para tomar conciencia de esa instrumentalización. Ayer mismo Ban Ki-Moon exigía que en Libia se respetasen los derechos humanos más fundamentales y citaba entre ellos el derecho de reunión y la libertad de expresión. Si alguna vez se ha manifestado con tanta energía contra China, cuyo último premio Novel aún no sabe que lo ha ganado, no sólo nadie le ha hecho caso, sino que se han dedicado a regalarles juegos olímpicos y beneficios comerciales desde todos los países.

Sarkozy reconocía el otro día que Francia no había hecho en Libia nada que no hubiesen hecho los demás y Rodríguez Zapatero estaba estos días negociando con emires árabes que no puedo acusar de nada pero a los cuales no me extrañaría ver en la palestra a medio plazo.

Echando una mirada al mundo llega uno a la conclusión de que los derechos humanos ocupan una prioridad mucho inferior que los intereses económicos en la política. De hecho, mal vamos cuando la tutela de esos derechos humanos se la ha atribuido hasta hoy un país que no respeta el más fundamental de ellos y mantiene vigente la pena de muerte.

No dudo de la bondad de una declaración que nació cuándo y como lo hizo, en plena resaca del horror Nazi. Pero tengo claro que igual que el holocausto fue una anécdota y Hitler tuvo amigos hasta que amenazó la integridad de las grandes potencias de la época, las perennes violaciones de los derechos humanos de hoy quedarán silenciadas mientras haya espesos mantos de dólares, euros o barriles de petróleo bajo los que ocultarlas.

martes, 11 de enero de 2011

Spain is different

El título, más allá del tópico, es una conclusión. En concreto, la conclusión a la que estoy llegando yo en los últimos días. Sólo así puedo entender que todavía a estas alturas la gente pueda defender que tiene derecho a fumar donde le plazca, tal como alegaba una espontánea en un telediario de hoy.

Y es que en España tenemos muy claro el tema de los derechos propios. Tanto que hasta ignoramos que los demás también tienen los suyos y que, incluso, puede existir una cierta jerarquía entre éstos, de manera que el derecho a la salud pueda estar por encima de la libertad de elegir dónde se fuma.

Pero claro, no debería sorprenderme eso del pueblo cuyo presidente del gobierno critica en una entrevista televisiva que otro parlamento del mismo estado haya aprobado una ley que prohibe las corridas de toros, con el único argumento de que hay que respetar los derechos de los aficionados al toreo. Deduzco que, en consecuencia, debe opinar que el señor que apedrea a un cachorro en un vídeo de Youtube también tiene todo el derecho del mundo a hacerlo.

A las incoherencias de que el estado conceda las licencias para que nos vendan la droga cuyo consumo penalizan, haciendo lo contrario que con la mayoría de las otras drogas y de que quienes prohiben el toreo aprueben y subvencionen los "correbous", hay que sumarle ahora que quien justifica firmemente el supuesto recorte de derechos de los fumadores, critique a su vez el de los amantes de la tauromaquia.

Creo que tenemos un importante lío mental sobre lo que los derechos y las libertades significan. Supongo que lo heredamos de aquellos tiempos en que desde Hollywood nos repetían aquello de "éste es un país libre" mientras aquí soñábamos con ello. Paradójicamente, en EEUU, ni se fuma en espacios cerrados, ni se bebe en la calle.

Por lo que a mí respecta, me quedó mucho más grabada la frase que repetía en cada clase de bioética el bueno de Joan Mir para recordarnos que la libertad de cada uno termina donde empieza la de los demás.

martes, 14 de diciembre de 2010

El monstruo de Bolkenstein o cuando lo urgente oculta lo más importante

Tal vez porque un apellido así invita a ello, en 2004 la Comisón Europea propuso una Directiva que amenazaba como un monstruo los derechos laborales del proletariado europeo. Sin embargo, entre otras cosas gracias a las mobilizaciones sindicales, se consiguió mutilar al engendro hasta convertirlo en la directiva de servicios en el mercado aprovada dos años después, mucho menos lesiva.

Pero los monstruos no se esfuman casi nunca y el de Bolkenstein ha vuelto en 2010 camuflado en la propuesta de Directiva de permiso único que pretende que las empresas extracomunitarias puedan implantarse en la Unión importando personas que trabajarían bajo las condiciones de sus países de origen. Es decir, el fontanero de Phillipe de Villiers dejaría de ser polaco para convertirse en chino, marroquí o turco.

No es de extrañar que la propuesta sea defendida por la derecha que, evidentemente, tiene claro que la proyección a largo plazo es que quien quiera trabajar en Europa tendrá que aceptar las condiciones chinas, marroquís o turcas porque las empresas autóctonas habrán adoptado dichas nacionalidades y amenazarán con emplear al personal de allí.

En esta ocasión, sin embargo, la discusión no ha llegado hasta la opinión pública hasta ultimísima hora, entre otras cosas porque las fuerzas sindicales están lo bastante ocupadas con intentar movilizar urgentemente a las amansadas masas contra las rebajas de sus pensiones y otros derechos, como para verse incapaces para que nadie defienda lo que les costaría mucho entender que les afecta.

Afortunadamente, por una vez y sin que sirva como precedente, la derecha ha sido quien ha actuado con total fragmentación posibilitando que desde la izquierda se aplazase el avance del monstruo. En los próximos dos meses liberales y conservadores se pondrán de acuerdo en la cirugía estética que le conviene a la criatura y volverán a presentárnosla. Si somos capaces de captar la importancia del asunto, tal vez podremos alejarla una vez más, si nos despista lo urgente, quizá habremos salvado el derecho a jubilarnos a los 65... como en China.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Entre Londres y Madrid

Lamentablemente, creo que no hay ninguna democracia que convierta el programa electoral de las candidaturas en obligación contractual. Creo que sería de aquello más razonable que quien gane unas elecciones tenga necesariamente que trabajar por cumplir los objetivos que había propuesto y por los que se le había elegido.

El ejemplo de David Cameron en Gran Bretaña es de cajón. Siete meses después de haber sido investido Primer Ministro lleva a aprobación la multiplicación por tres de las tasas universitarias cuando durante la campaña había prometido que jamás subiría costes en educación.

Con toda seguridad habrá quien se dedique, con mayor o menor acierto, a buscar parecidos entre dicha decisión y las tomadas por el ejecutivo del Sr. Rodríguez en España. De hecho, las iniciativas que se suponene que han de servir para atajar la crisis en los dos estados adolecen por igual de ser antisociales, cortoplacistas y contraproducentes a medio plazo.

Convertir el acceso a la universidad en un lujo que sólo se puedan permitir los más ricos resulta al menos tan antisocial como abaratar despidos, alargar edades de jubilación o reducir salarios. Intentar incrementar ingresos a costa del precio de una educación digna es tan cortoplacista como privatizar las únicas fuentes viables de ingresos de un estado, como puede ser la lotería o los aeropuertos. Excluir de la formación universitaria a toda la juventud que no se pueda permitir pagar 10.000 € de matrícula puede tener unos efectos a medio plazo tan contraproducentes como seguir apostando por un mercado laboral que sólo puede competir con los del resto del mundo por barato.

Existe, sin embargo, una diferencia que sí que podrá usar como atenuante el presidente español: el contexto económico durante su campaña electoral no era el actual. Cameron no puede decir lo mismo y no puede escudarse en la crisis para justificar el incumplimiento de su programa, puesto que se postulaba como la solución a ésta.

Así las cosas debería imponerse la prudencia. Aquí también hay quien promete tener la alternativa para sacarnos de la crisis sin detallarnos cuál es y tiene serias opciones de poder llevarla a cabo. Tengamos cuidado porque queda demostrado que en el mundo de la derecha atenuar (los efectos de una crisis) se confunde con atenazar (a los más pobres) con cierta frecuencia.

viernes, 8 de octubre de 2010

Los peligros de la privatización

Cuando gente como yo advertimos de los riesgos de la privatización de los servicios públicos se tiende a desacreditarnos alegando que lo decimos en un acto de corporativismo funcionarial o de rojismo efervescente. No sé si por suerte o por desgracia, la realidad es aún más tozuda que nosotros y viene a reconocer la razón a quien la tiene.

Un informe del Senado de EEUU advierte de que la contratación de seguridad privada en Afganistán por parte del Pentágono ha generado una cascada de subcontrataciones que ha acabado haciendo que los beneficiarios finales pudiesen ser los propios talibanes. Seguramente alguien defenderá que aquí las cosas son diferentes, pero en realidad no lo son tanto y cada vez lo serán menos.

No sé si algún día la seguridad llegará a ser objeto de "externalización" en Europa, pero otros muchos servicios esenciales lo son y lo serán cada vez más dada la última fiebre por disminuir los presupuestos públicos. Si a ello le unimos la moda de prometer reducciones de personal en las administraciones, se eliminará la capacidad para ejercer la tutela de quienes presten tales servicios.

El resultado final es fácil de imaginar: ese dinero que ahora se pide que se ahorre irá a parar a quienes piden tal cosa a cambio de que quien lo necesita no tenga ni el dinero ni el servicio. Seguramente quienes se beneficiarán no serán talibanes, pero sí habremos perdido la batalla contra un peligroso modo de terrorismo global, el terrorismo económico.

domingo, 12 de septiembre de 2010

¿Por quién hacer huelga?



Lo sé. Atender a conversaciones ajenas es de mala educación. Pero es que también es divertido, ilustrativo y, con esto del Facebook, hasta fácil cuando quedan escritas. El otro día mi apreciada amiga Aurora comentaba en el muro de mi querida amiga Virginia su pesimismo respecto a la huelga del 29-S justificándolo con la mítica frase de "tenemos lo que nos merecemos". Virginia, tan madraza ella, decía que fuese como fuere había que ir a la huelga y que ella lo hacía por su hija, que no tenía la culpa de los errores de la generación de su madre.

La verdad es que yo, en principio, tenía previsto seguir la convocatoria sin más pero la conversación entre Aurora y Virginia me ha dado que pensar. ¿Realmente debo hacer huelga por la generación de mi hijo? La verdad es que tengo mis dudas. Mi hijo es mi hijo y, por lo tanto, haré por él lo que convenga, pero es que creo que su generación (y la de unos cuantos que en septiembre podrían hacer huelga) lo que menos necesitan es que, una vez más, sean otras personas quienes den la cara por ellos y les resuelvan los problemas.

Como más lo pienso, más me convenzo en que debemos muy poco a la generación de nuestros hijos e hijas, más bien al contrario. A quien si debemos y mucho es a la generación de nuestros padres y madres y a la de nuestros abuelos y abuelas. Estamos hablando de hombres que lucharon incluso con sus vidas para que nosotros y nosotras tengamos derecho hasta a hacer huelga. Mujeres que no se resignaron al papel que les reservaba la sociedad y trabajaron para que sus hijas y nietas pudiesen estar mucho más cerca (aunque aún lejos) de sus maridos.

Mi hijo escucha los relatos de mi padre como si de un cuento se tratase y, por descontado, reconoce entre poco y nada los esfuerzos que yo haya podido hacer. Su generación ha nacido con el derecho original, pero ese derecho se lo ganaron otras personas. Creo que es por ellas, por su memoria, por su honor, por quienes no debemos dejar que un grupo de encorbatados que se hacen llamar socialistas y obreros nos roben lo que nuestra progenia atesoró con tanto esfuerzo. Es por ellos por quién yo, el 29-S, iré a la huelga. ¿y tú?

miércoles, 9 de junio de 2010

Mariconadas las justas


Mientras la ONU pasa el rato en estériles discusiones sobre la piratería terrorista de estado de Israel gracias al derecho de veto de determinados estados, otros colectivos tienen las cosas más claras.

En Madrid el colectivo de gays y lesbianas ha decidido hacer uso de otro derecho de veto para que una carroza patrocinada por el ayuntamiento de Tel Aviv no participe en el desfile del orgullo gay.

Alguien podría alegar que no es justo hacer pagar a los y las homosexuales israelíes los pecados de su gobierno, pero es que resulta que el patrocinio pretendía promocionar la capital hebrea como destino turístico y su consistorio ha sido incapaz de condenar la violación de los derechos humanos cometida por el gobierno de su nación.

Si alguien tenía la más mínima duda, la marcha del próximo 3 de julio podrá hacer honor a su nombre y pasear con orgullo por las calles de Madrid dando una lección de compromiso con los derechos humanos del que los principales gobiernos mundiales no pueden presumir.

miércoles, 2 de junio de 2010

¿Crisis?¿Qué crisis?


A parte del título de un magnífico disco de Supertramp, es más o menos la pregunta que me trasladaron desde un cooperante internacional. Parece ser que le llamaba la atención el hecho de que hablásemos de crisis mientras pudiésemos comer cada día, sólo porque tuviésemos que prescindir de lo que en otras latitudes son privilegios inalcanzables.

La verdad es que visto así uno relativiza las cosas y se ve obligado a pensar para llegar a la conclusión de que lo más grave de todo lo que nos viene pasando últimamente en Europa no es la crisis económica, sinó la de valores.

Resulta que vivimos en un continente que ha sido convulso desde siempre, que ha vivido revoluciones francesas y rusas para defender que personas somos todo el mundo y que esa condición, la de persona, nos confiere los mismos derechos mínimos. Un continente en el que nuestros abuelos tuvieron que dejarse la vida en el tajo porque su trabajo había servido para que su patrón tuviese derecho a vivir de renta, pero no para que ellos tuviesen derecho a una pensión.

Aquello que llamamos el estado del bienestar no es un regalo de nadie, sinó una conquista histórica por la que hubo quien murió y quien mató. Una conquista que hay quien sueña en poder globalizar para que algún día pueda alcanzar a esos países en los que lo nuestro suena a ciencia ficción.

Y ahora resulta que la criatura que se parió después de la guerra de las guerras para garantizarnos un porvenir estable, la Unión Europea, nos ha salido respondona y ha preferido el neoliberalismo americano a la Europa social. A las potencias europeas les preocupa más la volatilidad de los mercados especulativos que el salario de su ciudadanía.

Y aquí, en España, donde siempre habíamos mirado a Europa deslumbrados por los modelos de protección social de los vecinos de nuestros vecinos, resulta que ahora somos los primeros en acatar con resignación las exigencias de esa entelequia a la que llaman mercado financiero.

Parece ser que estamos en disposición de aceptar sin más que el estado renuncie a tirar del carro cuando se atora para dejar nuestra suerte en manos del sector privado al que, para facilitarle las cosas, le vamos a regalar el despido y facilitar el acceso a la gestión de nuestros servicios más esenciales.

Me resisto, y pienso seguir haciéndolo, a aceptar que hayamos renunciado al sueño de nuestros padres para sucumbir al sueño americano. Me resisto no sólo por aspectos románticos sinó porque estoy convencido de que ese sueño, el americano, muy pocas veces se convierte en delirio y la mayoría en pesadilla. Yo me conformo con poder garantizar un sueño plácido a todo el mundo.

martes, 1 de junio de 2010

La complicidad silenciosa


Cuando un país tiene aislado por tierra, mar y aire a todo un pueblo, no puede sorprendernos que se atreva a abordar barcos en aguas internacionales y a matar a parte de su tripulación y, si la comunidad internacional tolera lo primero y permite que Israel se limpie el culo a diario con las resoluciones que dicta la ONU, tampoco es de extrañar que sea incapaz de acordar cualquier tipo de medida para sancionar eso.

Dicen los hebreos que los barcos de cooperantes que asaltaron brutalmente ayer transportaban armas de destrucción masiva. Poco imaginativos, ellos, a la hora de buscar excusas para justificar crímenes. Me resulta curioso que una tripulación pertrechada de tales instrumentos se defendiese con palos pero claro, de los integristas islámicos se puede esperar cualquier cosa.

Sea como sea, lo que hace Israel, en otros sitios, ha merecido tormentas del desierto, bloqueos internacionales e incluso leyes americanas prohibiendo el comercio con ellos. Israel viola el derecho internacional y los derechos humanos, pero no lo hace solo, el resto de países manifiestan con su silencio una sibilina complicidad que les resta, a mi juicio, credibilidad y autoridad moral para juzgar cualquiera de las atrocidades que acontecen a diario en el resto del mundo.

sábado, 29 de mayo de 2010

Eurovisión, ¿sí o no?


No la he oído entera ni mucho menos, pero el estribillo de la canción esta pequeñita que se supone que me representará en Eurovisión me parece lo suficientemente pegadizo como para ser festivalera. Aunque eso, en el fondo, importa bien poco.

Como todo el mundo sabe ya a estas alturas y Uribarri nos tiene demostrado, la calidad musical de las canciones tiene una importancia ínfima a la hora de decidir el resultado en el festival eurovisivo. Por eso me voy a atrever a hacer un pronóstico que mañana podréis restregarme por la cara si fallo: sólo Grecia podría evitar que este año España ganase Eurovisión.

El porqué creo que está claro, ¿no? Será el regalito que nos harán nuestros vecinos de continente por apretarnos el cinturón para salvar el €uro. Todo un favor, sin duda. Lo más triste de todo es que, si mi pronóstico es acertado sólo nos faltará que la roja gane en Suráfrica para que el 98% de mis compatriotas se olviden de que este año, de un plumazo, se han cargado los derechos que se tardaron décadas en conquistar.

jueves, 20 de mayo de 2010

Lo que nos merecemos


Hoy he visto cómo un magnífico grupo de facebook que tiene por nombre "yo tampoco sabía qué coño hacer con el color blanco del plastidecor" ha conseguido en poco tiempo superar los 82.000 miembros. Mientras tanto, otro, que tiene por título "1000000 de personas contra la bajada del sueldo del 5% a los funcionarios" a penas si supera los 27.000.

No seré yo quien intente juzgar dónde debe y donde no apuntarse la gente, pero sí me creo capacitado para sacar alguna conclusión. Mientras a la ciudadanía de este nuestro estado nos preocupe más la utilidad del color blanco de los plastidecor que la de las medidas económicas que decida el gobierno, tal vez no deba sorprendernos cualquier cosa que nos acontezca socialmente porque, seguramente, tendremos lo que nos merecemos.

jueves, 25 de febrero de 2010

Del pecado original al derecho divino


Como en el chiste de la caperucita, aquí el cuento también ha cambiado mucho. En mis tiempos nos explicaban que, de manera muy resumida, Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. Que ambos habitaron el jardín del Edén hasta que cometieron el error de incumplir la única norma que les había sido impuesta, motivo por el cual Dios decidió desterrarlos y los castigó a parir a sus hijos con dolor y a ganar el pan con el sudor de su frente. Desde entonces, todos los descendientes de aquellos Adán y Eva hemos vivido pagando por la comisión de lo que se llamó el pecado original.

Pero, como ya se intuyera con el invento de la epidural, parece ser que alguna tendencia religiosa no reconocida por la iglesia ha decidido que mi generación era la última que tenía que pagar por el error cometido por los primeros moradores de la Tierra. Y, como si Dios hubiese reconocido haber sido demasiado severo, se les conpensaba con el derecho divino.

¿Derecho a qué? Derecho a todo. A explotar a sus padres que, además, deben estar agradecidos por ello, a disponer de todo y cuanto deseen justo cuando lo deseen, a que no se les pueda exigir absolutamente nada, a poder recriminar cualquier cosa a sus progenitores y a culpar a la sociedad de cualquier desdicha que les acontezca y sobre la cual nunca tendrán la más mínima responsabilidad.

Dicha creencia se ha extendido con tanto éxito que incluso se ha modificado el código penal para poder condenar el pezcozón al hijo. Aunque quede algún irreductible como aquel juez de Granada que defiende lo contrario, los colegios se explayan profusamente en la explicación de los derechos de que disfrutan nuestros menores.

Aún recuerdo el día que mi hijo, a los seis años, volvió del colegio hablándome con tono inquisitivo de una declaración de la ONU que le concedía, en tanto que menor, no sé cuántos derechos. Cuestionado por mí sobre si le habían hablado de la declaración de las obligaciones del menor él me preguntó quién la había redactado, a lo que le contesté que seguramente nadie, pero que deberían haberlo hecho. Ahí se acabó la discusión.

Y es que, especialmente en nuestro estado, hemos estado tan preocupados en las últimas generaciones por conquistar derechos perdidos que, cuando hemos podido alardear de ellos ante nuestros hijos nos hemos olvidado de explicarles la más sencilla de las normas de conducta social: cualquier derecho acarrea obligaciones.

Siempre he estado en contra de la educación represiva y el pecado original forma parte de ella. Pero el derecho divino es exactamente lo mismo porque, como decía mi profesor de ética, la libertad de uno acaba donde empieza la de los demás y, si alguien tiene todos los derechos está castigando a alguna otra persona a correr con todas las obligaciones y, si eso no es represivo, que venga Dios y lo vea.
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