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jueves, 28 de septiembre de 2017

Yo restaría 63 artículos

Advertencias:

Esta entrada es larga, pero su lectura incompleta puede llevar a conclusiones precipitadas. 

Está redactada desde la equidistancia expresada en la entrada en la entrada anterior de este mismo blog, por lo que puede herir la susceptibilidad de personas con un gran sentimiento nacionalista, especialmente si no se hace una lectura completa.

Para evitar el efecto expresado en el párrafo anterior he intentado no hacer uso de adjetivos e, incluso, hacer referencia, excepto en casos (casi) imprescindible a instituciones y no a partidos y, mucho menos a personas.

Introducción:

En Catalunya hay un conflicto (por si alguien lo dudaba). Análisis de motivos y reproches abundan por doquier, pero hasta ahora sólo han ayudado a agravar el conflicto. 

Propuestas de solución abstractas también hay alguna, pero el estado de ánimo de ciudadanía y gobernantes es de tal excitación que no se revierte con abstracciones. 

Por eso, me voy a atrever a proponer (desde mi humilde condición de ciudadano raso y sin ninguna esperanza de éxito) una solución (o al menos el camino hacia ella) concreta y alternativa a DUIs y artículos 155 de la constitución.

Hechos (casi) probados:

1. Tras años de reivindicaciones multitudinarias en Catalunya parece que, cuestiones ideológicas a parte, hay un punto en el que la gran mayoría de su población está de acuerdo: quieren que se les consulte respecto a su posible independencia.

2. El gobierno español, cuestiones ideológicas a parte, alega motivos legales para negar la consulta. El más importante: que la soberanía de España reside en el "pueblo español" y no en una parte de él. 

3. Ante esta disyuntiva, el gobierno de Catalunya decidió impulsar una consulta unilateral y vinculante que disgustó a su oposición, que criticó la decisión porque consideraban que cualquier consulta debía ser pactada con el gobierno español y con plenas garantías democráticas. 

4. El gobierno español y el resto de las instituciones (parlamento a parte) han hecho (casi) todos los movimientos posibles para impedir el referéndum, lo que imposibilitará que el 2 de octubre se conozca cuál es la opinión de la ciudadanía de Catalunya, pero mantendrá la confrontación y aumentará la crispación.

Premisas para una alternativa:

Así las cosas, técnicamente sólo es imaginable una alternativa a lo ya bautizado como choque de trenes si se cumplen las premisas siguientes:

1. Que se consulte a la población de Catalunya.

2. Que la consulta sea pactada y con garantías democráticas.

3. Que la consulta no cuestione la soberanía de la totalidad de la ciudadanía española.

4. Que el resultado no se pudiese interpretar como una victoria aplastante de ninguna de las partes en litigio sobre la otra para que ambas pudiesen aceptarla y presentarla a sus partidarios.

La alternativa propuesta:

En lugar de remitirnos a todos los artículos que los últimos días se han referido alrededor del conflicto en Catalunya (especialmente el 155), el presidente del gobierno español debería, tras negociarlo con las fuerzas catalanas, hacer uso del artículo 92 y someter a referéndum consultivo de toda la ciudadanía española la posible independencia de Catalunya.

Validación de la alternativa a las premisas previas:

1. Se habrá consultado a la población catalana y al día siguiente del referéndum se conocerá qué porcentaje de su ciudadanía la desea y cuál no.

2. La consulta habría sido negociada con el gobierno catalán.

3. No cuestionaría la soberanía de la ciudadanía española, puesto que toda ella habría participado y porque, tal como exige la constitución, el referéndum sería consultivo.

4. Ninguna de las partes podría atribuirse una victoria aplastante: los partidos que gobiernan en Catalunya habrían conseguido una consulta (votarem!) y además cumpliendo todas las garantías que pide su oposición y el que gobierna en España habría evitado el referéndum unilateral que se había comprometido a evitar (El 1 de octubre no habrá referéndum) y además con unas formas perfectamente democráticas que nadie podría cuestionar.

FAQ sobre la alternativa:

1. ¿Qué soluciona esa consulta?

No todo, pero es el camino a muchas cosas:

Por un lado, relaja los ánimos y esquiva un enfrentamiento inminente. 

Por otro lado permitiría conocer cuál es la situación de verdad, sin conjeturas, suposiciones o mayorías silenciosas en Catalunya.

Al día siguiente del referéndum no se habría solucionado nada y habría que hacer lo que se nos ha olvidado hacer: política. Pero el resultado del referéndum habría clarificado mucho las cosas. Los que tuviesen que negociar sabrían con exactitud la correlación de fuerzas en Catalunya y fuera y podrían, en consecuencia, negociar sabiendo a lo que realmente se exponen.

2. ¿Y si el gobierno catalán no lo acepta?

Me cuesta imaginar dicho escenario en el contexto actual. De no hacerlo estaría rechazando una negociación a la que ha dicho estar dispuesto "hasta el último minuto", se arriesgaría a perder el apoyo de buena parte de la base social al mantener una apuesta de dudosa legalidad existiendo una alternativa e incluso podría perder el prestigio internacional que se pueda haber ganado con la actitud de defensa democrática que ha alegado hasta ahora para mantener su posición.

No obstante, si no lo hiciese, el gobierno español siempre podría recurrir a las estrategias actuales (volver a saltarse 63 artículos), esta vez pudiendo alegar realmente que ha sido el catalán el que se ha cerrado a la negociación.

3. ¿ Y si el gobierno español no quiere?

Demostraría poca visión política y de estado (aunque sé que hay a quien no les sorprendería). En todo caso, actualmente el PP no está en mayoría y las fuerzas de la oposición, en mayor o menor grado, se van decantando por una solución que pasaría, tarde o temprano, por una consulta.

Aquí debería mojarse esa oposición que no defendió en el parlamento la actitud del PP e, incluso, plantear una moción de censura. Seguramente nadie querría asumir en la situación actual la presidencia del gobierno... a no ser que tuviese una alternativa con probabilidades de éxito para ofrecer, y ésta lo es.

Podría ser una oportunidad para algún partido en horas bajas en cuanto a popularidad e intención de voto (léase PSOE) convertirse de la noche a la mañana en la fuerza que soluciona "la mayor crisis democrática en España desde 1978" (o algo así le llaman).

4. ¿Aceptarían en Catalunya un referéndum no vinculante?

Yo creo que depende de cómo lo vendan PdCat, ERC y, sobretodo, ANC y Òmnium. 

Que un referéndum no sea vinculante legalmente no le resta vinculación política. En todo caso, la opción de que al día siguiente de la consulta, según el resultado, el gobierno catalán decretase una independencia unilateral siempre existiría, pero esta vez con datos para acreditar realmente si es la "voluntat d'un poble".

Epílogo:

Esto es todo lo que se me ocurre. Seguramente desde la ignorancia y la ingenuidad pero, eso sí, desde el espíritu constructivo, algo de lo que parece que hace tiempo que andamos escasos por estos lares.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Más equidistante que nunca

Desde que empezó a gestarse el conflicto de nacionalismos en Catalunya mi posición ha sido la misma, aunque aún haya quien considere que, los que están donde yo, no se han posicionado. 

Al principio se hacía difícil explicar cuál era esa posición, pero un día leí a Jordi Évole  hablando de equidistancia y lo compré porqué me pareció un matiz bastante distinto a la neutralidad, que puede confundirse con la indiferencia.

Lo que sí que ha cambiado en este tiempo son las fuerzas que me impulsan a mi posición. Mientras que en un principio era la falta de atracción hacia cualquiera de los bandos en conflicto, ahora es la repulsión. Y esa fuerza es mayor.

La falta de atracción es fácilmente reversible. Un pequeño empujón, un movimiento inercial o el acercamiento de cualquiera de las masas podía aproximarme a ellas. 

La repulsión, en cambio, es una fuerza infranqueable que hace que sólo alguien que ejerza presión constante en sentido opuesto puede vencer temporalmente pero que, a la que desaparece la presión, vuelve a impulsarte en sentido opuesto.

No es que falten las presiones (por mi ubicación geográfica y las características de mi red social, mayoritariamente para acercarme hacia el nacionalismo catalán) pero por ahora sólo han servido para constatar la gran intensidad de la repulsión que me mantiene en el centro.

Me produce repulsión que unos inventasen opresiones donde no existían y que otros decidiesen responder oprimiéndolos.

Me producen repulsión los gobernantes que deciden hacer las cosas porque les da la gana y los que deciden que no se hacen porque no les da la gana.

Me produce repulsión que unos y otros digan que lo hacen por el bien de todos cuando saben que de esto no puede salir nada bueno.

Me produce repulsión que unos, como el entrañable Rufián, sólo se olviden de hacer chascarrillos fáciles en el congreso cuando los detenidos son "sus amigos" y que los otros detengan a la gente porque no son son sus amigos. Especialmente porque yo quiero como a amigos a gente posicionada en ambos nacionalismos aunque no sea amigo de ninguno de los dos.

Me produce repulsión que unos envíen a la población civil a la calle para que exijan lo que ellos no saben defender en las cortes y que los otros, en lugar de trasladar la discusión allí, respondan con la Guardia Civil.

Me produce repulsión que unos y otros conviertan todo aquello que debería ayudarnos a entendernos en armas arrojadizas (las cortes, los medios de comunicación públicos e incluso los idiomas).

Me produce repulsión que unos prometan lo imposible y que otros hagan imposible lo que la mayoría demanda.

Me produce repulsión, tristeza y vergüenza ajena que unos y otros estén haciendo añicos el más valioso y escaso en nuestra historia de los patrimonios que tenemos: la convivencia pacífica independientemente de las ideologías y las coyunturas económicas y geopolíticas.

Y sobretodo, me produce repulsión que unos y otros lo hagan exclusivamente por su orgullo e interés propio, olvidando que desde el momento en que accedieron al cargo que ostentan dejaron de deberse a él para hacerlo a una ciudadanía que no es ni monolítica ni monocromática.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Carta abierta al Sr. Gabriel Rufián, candidato a diputado por ERC

Distinguido Sr. Rufián,

He considerado oportuno dirigirle estas líneas después de presenciar su intervención ayer en el debate electoral de la televisión pública catalana porque acabé con la impresión de que o usted o yo tenemos un malentendido que creo que vale la pena resolver.

Lo digo básicamente porque, si no estoy mal informado, usted es candidato para las próximas elecciones al Congreso de los Diputados por ERC. Creo saber que las elecciones autonómicas (plebiscitarias o no, como usted considere) se celebraron el pasado 27 de septiembre y que, por ende, su campaña tuvo lugar con anterioridad a esa fecha.

Si las afirmaciones contenidas en el párrafo anterior son correctas, no acabo de entender a qué se refiere en algunas de las aseveraciones que repite sistemáticamente. La primera de ellas es cuando dice que a "ustedes" ("nosotros" en sus palabras) los avalan dos millones de votos. Hasta donde yo conozco esa es la cifra aproximada de personas que apoyaron a las listas que defendían la secesión de Catalunya pero, si es a esas a las que se refiere, no entiendo que pueda considerarlas en exclusiva mérito del partido por el cual pretende adquirir un escaño en el congreso.

De esos dos millones de votos, una parte nada despreciable corresponden a la CUP, formación que no concurre a los presentes comicios y que incluso alguno de sus componentes relevantes ya ha manifestado que su voto  no iría a parar a ERC.

El resto tampoco creo que pueda apoderárselos tan gratuitamente, puesto que el partido al que usted representa se presentó a las autonómicas (plebiscitarias o no, como usted considere)  en coalición con otra fuerza que en esta ocasión ha buscado otras alianzas. De hecho en esa coalición también participaban, no sé si formal o informalmente, asociaciones civiles que muy posiblemente también tuvieron repercusión en los resultados (me refiero a ANC y Òmnium Cultural, como mínimo) y que no creo que hayan manifestado el apoyo concreto para su partido.

Así las cosas, Sr. Rufián, a falta de poder discernir cuál fue la verdadera intención de voto de cada persona y siendo muy optimista  hacia su formación, dudo que sea justo que se apunte más de la mitad del voto independentista, es decir, considerar que a usted lo avalan más allá de un millón de votos.

Por otro lado no entiendo su motivación para presentarse en estas elecciones. Usted apunta la inutilidad de intentar negociar nada con el estado español (creo que en otra clara confusión entre un estado y un partido que ha ostentado una mayoría absoluta en la última legislatura, pero eso ya es un juicio de valor) y que el camino para mejorar la situación en Catalunya es la declaración de independencia.

Dicha declaración de independencia, pues, no creo que deba realizarse en el Congreso de los Diputados. Si no hay negociación posible, tal vez deberían realizarla desde el "Palau de la Generalitat" y, por lo tanto, no entiendo la utilidad de dedicar tiempo y recursos a unos comicios que ni les van ni les vienen cuando ni tan sólo se ha conseguido la estabilidad política necesaria en Catalunya. Otras fuerzas, de las cuales usted parece capitalizar los votos, han sido bastante más coherentes en ese aspecto.

Lo último que quisiera compartir con usted ya entra en otro ámbito, el de la reflexión. Cada vez que usted apela al álgebra para defender que un 48% es más que un 39% creo que olvida que la sociedad no responde a ecuaciones matemáticas.

No voy a discutirle esos votos a los que usted denomina del sí/no, a pesar de que dos días antes de las elecciones autonómicas (plebiscitarias o no, como usted considere) tanto el líder de la coalición con la que usted simpatizó como el del partido por el que usted se presenta a estos comicios afirmaban cosas como que cualquier cosa que no fuese votarlos a ellos era votar en contra de la independencia o que votar a CSQP era como votar al PP. Sólo quiero hacerle una reflexión sobre el hipotético día siguiente.

Me refiero al día después de la posible declaración de independencia no pactada que usted considera única vía posible para mejorar la vida de la ciudadanía de Catalunya. Ese día habrá, según sus números, un 39% de descontentos y un 13% de escépticos, indecisos o espectantes, como prefiera, y se me ocurren dos posibles escenarios a medio plazo:

El primero es que sus augurios se confirmen y a los pocos meses tengamos esa idílica república catalana que usted defiende y que a veces parece que pueda adquirir como himno la canción del Kumbayá. En ese caso, dudo que nadie se queje y que, incluso, de forma explícita o no, buena parte del 52% de no votantes de la opción separatista cambie de bando.

Pero hay un segundo que considero que no es descabellado y consiste en que, al menos al corto y medio plazo, las cosas no salgan tan bien. Que las cuentas no cuadren como esperan cuando tengan que pagar la factura del ejército (propio o alquilado), de la agencia tributaria, de la seguridad social, del control aduanero, de la expedición de documentos, de la diplomacia, ... o que ante la presión de un estado español que no haya visto con buenos ojos la secesión catalana, esa república no sea reconocida por la mayoría de potencias y eso comporte problemas diplomáticos y comerciales que agraven la nada halagüeña situación actual.

En este segundo escenario, Sr. Rufián, es más que probable que los explícitamente partidarios del no se sientan legítimamente engañados y consideren que se les ha impuesto una situación que no beneficia a la ciudadanía de Catalunya más allá de algunos sentimientos patrios. Y los del sí/no, estoy convencido que ante dicha coyuntura se definirían rápidamente hacia la segunda opción. Incluso aquellos del sí que no provienen de un sentimiento patrio sino del pragmatismo, puede que cambien de opción. Todo ello creo que nos llevaría a una inestabilidad social de muy mal pronóstico y que estoy convencido que usted tampoco desea.

Sr. Rufián, estoy convencido de que sus compromisos de campaña no le permitirán leer este escrito, pero si encuentra un rato durante la jornada de reflexión me atrevo a invitarle a que, sin pretender en absoluto que cambie de objetivo, se plantee un ejercicio de coherencia con su condición de candidato a diputado y de bondad hacia sus conciudadanos y, en el más que probable caso de que sea elegido, se dirija usted a Madrid con la mejor de las actitudes de negociación con el resto de los que se conviertan en sus colegas. La política, Sr. Rufián, es eso, capacidad de negociar y llegar a acuerdos. Pretender imponer cosas amparándose en mayorías parlamentarias que no emanan de una mayoría de votos es más propio de otros a los que usted critica amargamente.

Muy cordialmente,

Ramón Martín Cabeza
Un elector más.




miércoles, 15 de junio de 2011

Ya lo decía yo...

Pues sí, sé que también dije que esa es una de las frases que más odio pero, lamentablemente, hoy toca. Ya decía yo que uno de los riesgos del tema del movimiento indignado era que a alguien se le transformase en frustración y la descargase violentamente.

Aunque haya algún vídeo que intente demostrar que todo es una conspiración policial (yo lo he visto y no lo veo nada claro) lo cierto es que, con trampa o no, el movimiento que debía poner en evidencia a quienes nos representan los ha reforzado.

No en vano, ya he visto alguna cosa de esas que empiezan con almohadilla en el twitter de apoyo al parlamento. La cuenta atrás ha empezado y avanza rápido. O la gente del 15M es capaz de pasar de lo abstracto a lo concreto o se queda en nada. Al menos en nada positivo. Y no volveré a decirlo...

domingo, 22 de mayo de 2011

¿A quién no representan?

Si esto fuese un periódico ahora diría que lo que voy a decir se basa en la información que tenía en el momento de cerrar la edición. Como no es así, diré que hasta donde sé en el momento de acostarme no me ha quedado nada claro a quién no representan, según se clama en las plazas de España, quienes nos mandan.

Mientras a estas horas los sacos de dormir deben seguir llenando la plaza de España en Madrid, unas calles más allá (o más acá porque mi geografía madrileña es más que limitada) un montón de gente blandiendo banderas celestes con perfiles de gaviotas celebran con discoteca, chocolate y churros que millones de personas han dado el voto a su partido preferido.

Así las cosas, no sé qué ha hecho hoy el resto de gente indignada. Si han ido a votar, no han hecho caso de lo que predican y si no lo han hecho, no se ha notado en la participación. Claro que, bien visto, existe otra posibilidad que, aunque no me guste, quizás tenga que asumir. Igual es que las únicas personas que no se sienten representadas por quienes les gobiernan son las que ocupan esos sacos.

No sé si vivimos en una democracia real o ilusoria, pero si queremos cambiarla pacíficamente tendremos que hacerlo desde dentro de sus instituciones y en eso hoy no hemos avanzado mucho. A partir de ahora, que hagan las asambleas que convenga pero al movimiento del 15 de mayo le quedan sólo tres alternativas.

La primera es apuntarse a la actitud genuinamente española y instaurarse en el discurso del "no sé lo que quiero pero esto no me gusta y alguien tiene que arreglármelo". Esa actitud que es responsable, en buena parte, de que estemos donde estamos.

La segunda es que se constituyan en partido político alternativo y sean capaces de sintetizar toda la indignación en propuestas concretas para mejorar nuestra sociedad y convertirla, si se puede, en referente mundial.

La tercera, quizás la más práctica, sería que se infiltrasen en todos nuestros partidos para inducirles los principios que intentan defender y a los que aún no han sido capaces de poner palabras. El problema no son los partidos, sino su deshumanización. Los partidos, tanto a diestra como a siniestra,  hablan de PIB, de crecimiento económico, de tasas, de índices de ocupación, de renta disponible, ... y se han olvidado de hablar de las personas.

Así pues, indignados y indignadas, os invito a que os comprometáis o, mejor dicho, que os metáis en la política. Da igual que se discuta desde la derecha o desde la izquierda, pero haced que en el centro del debate estén siempre las personas. Si conseguimos eso no sé si estaremos mejor, pero seguro que nos sentiremos bien.

miércoles, 18 de mayo de 2011

De Tahrir a la Puerta del Sol

El espíritu de la plaza Tahrir parece haber cruzado el estrecho. Desde el 15 de mayo plazas emblemáticas de las principales capitales españolas han sido invadidas por miles de personas que, autoconvocadas a través de las redes sociales se concentran para reivindicar... ¿qué?

De la respuesta a esa pregunta depende, creo yo, que el llamado movimiento 15M pase de ser un legítimo ejercicio del derecho a la pataleta a convertirse en el precursor de un cambio que, por otra parte, podría ser a mejor o no.

Seguramente en Egipto también empezó de la misma manera: el desengaño y la frustración llevó a la protesta. Pero allí había un enemigo claro hacia el que canalizar la impotencia: un presidente dictatorial y corrupto al que derrocar, mientras que aquí las culpas están tan repartidas que dudo que nadie se atreviese a tirar la primera piedra.

Así las cosas, cuando la prensa se acercó a preguntar qué pretendían con aquellas concentraciones las respuestas fueron concretas y coincidentes, mientras que aquí cuando alguien pregunta a cualquiera sobre el objetivo de la concentración, las pocas personas que son capaces de expresar algo más allá de la protesta lo hacen en términos abstractos y variopintos.

Quien quiera que sea que ha incitado al movimiento lo ha hecho con un frase tan fácil y pegadiza como inconcreta: democracia real ¡ya! Justo eso es lo que se pedía en El Cairo pero aquí, ¿qué significa? ¿no estamos en una democracia? ¿confundimos real con asamblearia? Si es así, ¿es viable una democracia asamblearia para gobernar a 40 millones de personas? ¿Quizá alguien confunde la democracia con la anarquía?

Soy de los primeros críticos con el sistema. No funciona como debería, seguro, pero, aunque sea mal, funciona. Hay que enmendarlo, modificarlo, mejorarlo y si es preciso cambiarlo, pero no eliminarlo sin tener una alternativa razonablemente válida. ¿Qué alternativa defiende el 15M?

Cuesta relativamente poco reunir a un montón de gente descontenta alrededor de un lema poético y abstracto entre otras cosas porque cada cual puede imaginárselo como quiera pero, o se pasa a lo concreto y realista para realmente apuntarse una victoria que mantenga viva la ilusión y alerte a quienes mandan del verdadero poder del pueblo o se me ocurren, al menos, tres posibles efectos adversos.

Uno es que lo que para mucha gente puede haberse convertido en su última esperanza de cambiar las cosas se transforme en el motivo de su frustración definitiva al no alcanzar absolutamente nada más allá de una pataleta más o menos duradera.

El segundo es que alguien se canse de esperar resultados y convierta unas movilizaciones perfectamente pacíficas y cívicas en un espectáculo violento que justifique decir que quienes están contra el sistema son un peligro público.

El otro es que aparezca el oportunismo dispuesto a capitalizar esas almas que duermen a la intemperie para utilizarlas en su provecho. Ya ha empezado a aparecer algún popularillo o incluso algún político por las plazas de Madrid y Barcelona.

Tal vez sí estemos ante una posibilidad real de cambiar las cosas pero si la espontaniedad se confunde con la improvisación, lo que tenía que servir para forzar el cambio de sistema puede servir para perpetuarlo.

viernes, 6 de mayo de 2011

Lobos, corderos y lobos con piel de cordero.

El constitucional ha decidido: Bildu debe poder presentarse a las próximas elecciones municipales. Es hora, pues, de centrarse en una campaña que cambia de escenario.

El PSE puede respirar porque el juego de tribunales ha permitido que el PSOE cumpla con los deberes que el PP le exigía sin necesidad de enemistarse con los nacionalistas.

El PNV nadó y guardó la ropa. Ya se frotaban las manos pensando en lo que podrían sacar de las migajas de Bildu pero tampoco se pusieron demasiado duros, no vaya a ser que las cosas saliesen como han salido y después alguien los confundiese con otros, como ya empiezan a pedir que no se haga.

A todo esto, Bildu es quien saca ventaja al haber podido empezar la campaña con un mes de antelación. Un grupito que nadie conocía y que englobaba partidos cuyos resultados anteriores tampoco eran como para crear unas expectativas exageradas, se han convertido en los más famosos y en los que pueden presentarse ahora como la gran esperanza de paz en  Euskadi, casi como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

¿Y el PP? ¿tan mal lo tiene? Pues tal vez no. Ahora podrán hacer la campaña que mejor se les da. La de que viene el lobo, aunque disfrazado de cordero, y el único cazador soy yo. La única pega es que, en su empeño por extinguir la especie, ha conseguido crear suficiente confusión como para que haya quien tenga dudas razonables sobre si la piel de cordero de Bildu es postiza o no.

Sólo las urnas primero y el tiempo después repartirán razones.

jueves, 24 de marzo de 2011

Un dilema llamado Sortu

Creo que no soy nada sospechoso de simpatizar con ningún tipo de violencia y menos con la terrorista. Tampoco creo que nadie me cuente entre los más proclives a los nacionalismos en general ni a los independentismos en particular. Tal vez sea por ello por lo que el fenómeno Sortu me genera un dilema.

No conozco al detalle la ley de partidos, aunque creo entender su justificación: no es razonable legalizar en la esfera política a ninguna formación que defienda alejarse de las más básicas normas de convivencia democrática para lograr sus objetivos. Así, podía estar más que justificada la ilegalización de Batasuna.

En el mismo marco, entiendo que cualquiera de las formaciones que han ido apareciendo con posterioridad en forma de marca blanca camuflada del mismo partido proetarra sin hacer ninguna renuncia clara a la vía de violencia eran igualmente denunciables e ilegalizables.

Pero cuando parte de la gente que había militado en Batasuna decide, sin esconderse, crear un nuevo partido que rechaza estatutariamente la violencia como camino para alcanzar sus objetivos políticos, me cuesta bastante más entender la decisión de prohibirlo. Parece ser que se le acusa de ser la continuidad de Batasuna y ahí sería donde estribaría el dilema: ¿continuidad o evolución?

Si alguien tiene pruebas claras de que Sortu pretende ser el brazo político de una banda armada y colaborar activamente con ella, que sea por esos motivos por los que se le considere ilícita. Pero si lo que a alguien le asusta es que el independentismo vasco más radical haya sido capaz de madurar y entender que en pleno siglo XXI la vía política es la única posible para alcanzar la autodeterminación y que el terrorismo nunca será un atajo, entonces estamos ante un grave problema.

El camino para acabar con ETA no ha cambiado. Estoy harto de oír que para eliminarla hay que aislarla. Pero para ello no bastará nunca con acciones legales contra quienes empuñan las armas, que no son más que sicarios y sicarias que nunca renunciarán voluntariamente a su actividad profesional. El aislamiento social es imprescindible y éste dificilmente llegará sin una alternativa para la defensa de los intereses abertzales.

En definitiva, no sé si Sortu es la herencia de Batasuna o su alternativa, pero los partidos autodenominados demócratas tendrían que empezar a hacerse a la idea de que, espero que más temprano que tarde, tendrán que compartir el panorama político con formaciones que defiendan la misma ideología, aunque con diferente metodología. No aceptarlo sería intentar criminalizar ideas y eso, que yo sepa, en democracia no se estila.

miércoles, 2 de junio de 2010

¿Crisis?¿Qué crisis?


A parte del título de un magnífico disco de Supertramp, es más o menos la pregunta que me trasladaron desde un cooperante internacional. Parece ser que le llamaba la atención el hecho de que hablásemos de crisis mientras pudiésemos comer cada día, sólo porque tuviésemos que prescindir de lo que en otras latitudes son privilegios inalcanzables.

La verdad es que visto así uno relativiza las cosas y se ve obligado a pensar para llegar a la conclusión de que lo más grave de todo lo que nos viene pasando últimamente en Europa no es la crisis económica, sinó la de valores.

Resulta que vivimos en un continente que ha sido convulso desde siempre, que ha vivido revoluciones francesas y rusas para defender que personas somos todo el mundo y que esa condición, la de persona, nos confiere los mismos derechos mínimos. Un continente en el que nuestros abuelos tuvieron que dejarse la vida en el tajo porque su trabajo había servido para que su patrón tuviese derecho a vivir de renta, pero no para que ellos tuviesen derecho a una pensión.

Aquello que llamamos el estado del bienestar no es un regalo de nadie, sinó una conquista histórica por la que hubo quien murió y quien mató. Una conquista que hay quien sueña en poder globalizar para que algún día pueda alcanzar a esos países en los que lo nuestro suena a ciencia ficción.

Y ahora resulta que la criatura que se parió después de la guerra de las guerras para garantizarnos un porvenir estable, la Unión Europea, nos ha salido respondona y ha preferido el neoliberalismo americano a la Europa social. A las potencias europeas les preocupa más la volatilidad de los mercados especulativos que el salario de su ciudadanía.

Y aquí, en España, donde siempre habíamos mirado a Europa deslumbrados por los modelos de protección social de los vecinos de nuestros vecinos, resulta que ahora somos los primeros en acatar con resignación las exigencias de esa entelequia a la que llaman mercado financiero.

Parece ser que estamos en disposición de aceptar sin más que el estado renuncie a tirar del carro cuando se atora para dejar nuestra suerte en manos del sector privado al que, para facilitarle las cosas, le vamos a regalar el despido y facilitar el acceso a la gestión de nuestros servicios más esenciales.

Me resisto, y pienso seguir haciéndolo, a aceptar que hayamos renunciado al sueño de nuestros padres para sucumbir al sueño americano. Me resisto no sólo por aspectos románticos sinó porque estoy convencido de que ese sueño, el americano, muy pocas veces se convierte en delirio y la mayoría en pesadilla. Yo me conformo con poder garantizar un sueño plácido a todo el mundo.

miércoles, 28 de abril de 2010

Especies protegidas


María Emilia Casas Baamonde es el nombre de la presidenta de ese Tribunal Constitucional que, en más de tres años, no ha sido capaz de pronunciarse sobre la constitucionalidad del Estatut d'Autonomia de Catalunya.

Por si alguien ignoraba este dato, el otro día decidió salir a la palestra para defender, se supone, al órgano que preside argumentando que, si bien cabe la crítica razonable y razonada, no se debe tolerar la interesada e irracional y que el estado de derecho requiere el respeto hacia las instituciones que lo defienden.

Ignoro si existe lo razonable como concepto jurídico pero, desde mi punto de vista, criticar que no se haya sido capaz de cumplir con una misión (la única) que se tiene encomendad en más de tres años es sobradamente razonable. Creo también que la gran mayoría de las críticas que he oído al respecto lo son, no hacia un órgano, sinó hacia una composición que se ha demostrado ineficiente.

Afortunadamente, de ser inconstitucional alguno de los artículos del documento en cuestión, se ha demostrado en sus tres años largos de vida que lo será desde un aspecto conceptual, pero que no viola ningún derecho fundamental de la ciudadanía ni de Catalunya ni del resto del estado. De lo contrario, esa ineficiencia que ronda la inoperancia del tribunal constitucional estaría causando daños de difícil reparación que pondrían en duda el papel del órgano.

Me resulta curioso que cuando alguien se querella contra Garzón, a nadie se le ocurre decir que la Audiencia Nacional ha cometido algún tipo de falta por sus supuestas irregularidades. Por el contrario, cuando se critica al juez que instruye su caso o se pide que se renueve el Tribunal Constitucional, se defienden denunciando ataques hacia los pilares básicos de nuestra democracia.

Tal vez convenga, pues, recordar de vez en cuando los nombres y apellidos de quienes ostentan determinados cargos, ni que sea para permitirles lo mínimo posible que, a modo de camaleones, se mimeticen con el órgano al que pertenecen y se declaren especie protegida.

miércoles, 14 de abril de 2010

Atentado contra la democracia


Así ha calificado Dolores de Cospedal el acto de apoyo a Baltasar Garzón que CCOO y UGT organizaron en la facultad de medicina de la Universidad Complutense de Madrid. La comisión permanente del Consejo General del Poder Judicial, de forma algo más políticamente correcta, habla de ataque a la actuación jurisdiccional del Tribunal Supremo y lo dice después de afirmar que su función nuclear consiste en la defensa de la independencia judicial. Dice el CGPJ que un acto así produce un descrédito hacia el propio estado de derecho.

Resulta que los partidos políticos pueden salir cada día de la semana a arrimar el ascua a su sardina en aspectos como, por ejemplo, la sentencia del tribunal constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Catalunya. Resulta que todo el mundo puede opinar sobre el caso Gürtel, posicionándose a favor o en contra de los implicados. Pero resulta que si quien organiza un acto son los sindicatos y lo que se pretende es posicionarse a favor de un juez, entonces son un grupo terrorista.

Resulta que el CGPJ debe velar por la independencia judicial, pero no le preocupa que a un juez no se le deje actuar libremente porque una asociación tan decididamente defensora del estado de derecho como la Falange le ha denunciado.

No sé si el juez Garzón se extralimitó en sus funciones al instruir causas por crímenes del franquismo pero, si resulta que defender públicamente a un inculpado es un acto de terrorismo, se quedó muy corto al no instruirlas contra las mayores fuerzas políticas de este país. Tal vez va a ser que en este país, el estado de derecho se desacredita él solito, sin ayuda de nadie.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Cuestión de legitimidad


Imaginarse que cuarenta millones de personas discutiesen algo de manera asamblearia sería complicado. Por eso la concertación social, que afecta a todo el mundo, debe hacerse mediante la interlocución de representantes de cada una de las partes que se consideran en litigio. Así, el gobierno como representación del pueblo en general arbitra las negociaciones entre una parte social, que representa a los trabajadores y las trabajadoras, y una parte empresarial, que representa al empresariado obviamente.

Para que el resultado de eso sea más o menos aceptable, desde mi punto de vista, es condición indispensable que quienes actúen en la interlocución ostenten la legitimidad necesaria para representar a quienes se supone que lo hacen. En la misma línea de razonamiento, considero que existen tres tipos de legitimidad: la legal, la democrática y la moral. Si alguien carece de cualquiera de las tres, deja de ser una persona válida para representar a nadie.

Pues bien, la legitimidad del gobierno en los tres ámbitos es casi como el valor en el ejército: que se le supone. En los otros dos casos, seguramente, daría mucho que discutir. Legalmente no, evidentemente, puesto que las personas que se sientan en la mesa del diálogo están perfectamente dotadas de legalidad.

En cuanto a las otras dos, por parte de los sindicatos habría quien dudaría que tuviesen una legitimidad democrática suficiente si tenemos en cuenta cómo funciona lo de las elecciones sindicales, lo poco que tiene que ver muchas veces votar a un delegado o delegada en una empresa y estar diciendo que Toxo o Méndez nos parecen válidos y la participación que se da en ellas. Pero vaya, tampoco es tan diferente de lo que pasa con las legislativas, por ejemplo.

Por lo que respecta al empresariado, yo dudo más de su legitimidad democrática. Nadie hace elecciones entre empresarios y empresarias si no es que forman parte de un club al que no sabemos quién pertenece y quién no. Es como si los sindicatos no necesitasen ganar elecciones en las empresas para ganarse esa representatividad, sinó que fuese exclusivamente el hecho de tener afiliación lo que se la diese, cuando nadie puede verificar quién está afiliado y quién no.

Pero, ¿y la legitimidad moral? Quien quiera, que me dé argumentos para discutir la legitimidad moral de la representación social. Yo quien creo que está clarísimo que no la tiene es un empresario como Díaz Ferrán que no para de demostrar cómo le importa un carajo lo que sea de sus empresas y su personal mientras él saque una buena tajada. Creo, sinceramente, que no tiene la más mínima legitimidad moral para representar al empresariado a no ser que todo el empresariado de este país sea de la misma calaña y, si es así, tal vez sí que necesitaríamos una revolución bolchevique.

miércoles, 3 de marzo de 2010

La gran democracia del ciberespacio


El otro día se me ocurrió pasearme por esto de los blogs y, a partir de mi perfil, busqué otros que coincidiesen con alguna de mis características. la sorpresa fue encontrarme con uno de corte nazionalsocialista total que, debo admitirlo, en un primer momento casi me asustó.

Seguramente, si abriese un turno de apuestas para que me dijesen sin mirar de dónde dice ser la creadora del blog en cuestión, quien acertase se llevaría un premio importante. Y es que sí, es de Manresa (o dice serlo). De ser así resultaría que en lo más profundo de la Catalunya central existe gente que opina que el mestizaje es genocidio, que hay que sentirse orgulloso de tener la piel blanca (vaya, y la gente pagando por el bronceado) y que la igualdad de oportunidades acabará con nosotros.

Dudo que haya mucha gente dispuesta a expresarse así en público por las calles de Manresa y, en consecuencia, creo que me toca aplaudir a esto del mundo blog por las posibilidades que da a la libertad de expresión que es, sin duda, uno de los pilares de la democracia porque expresarse se pueden expresar hasta las ideas más extremadas.

En todo caso, por si la creadora del blog en cuestión pasa algún día por aquí, le aconsejaré que cambie el pseudónimo porque no deja de ser curioso que alguien defienda la pureza racial sintiéndose orgullosa de ser celtíbera, es decir, hija del mestizaje entre los pueblos celtas y los íberos.

domingo, 28 de febrero de 2010

Votar a los 16


Parece ser que los y las jóvenes de Catalunya, en reunión asamblearia en Manresa el día de ayer con el objetivo de proponer las líneas para el futuro Pla Nacional de Joventut han planteado la posibilidad de regular como edad mínima para el derecho a sufragio la de los 16 años.

La verdad es que, en un primer momento, puede sonar un poco raro e incluso venir a la cabeza alguna imagen de adolescentes con acné en la cola de las urnas comentando algo así como: "pues yo voto X porque fulanito mola mazo" o "Pues la Yesi me ha dicho que ella vota a Y, tío, y yo si la Yesi vota eso...". Se plantea uno incluso que las papeletas tengan un texto del tipo: "m vt s xa". La verdad es que visto así, resultaría curioso.

Luego uno piensa un poco y se da cuenta de que el problema no es la edad. Hay jóvenes como los descritos, pero también otros con bastante más criterio que muchos de los adultos con canas a los que sigue pesando más la imagen de un candidato o candidata que su discurso o incluso sus hechos.

Y así, si se sigue pensando, se acaba uno planteando que tal vez el problema sea el sufragio universal. Que quizá eso de que toda persona por el simple hecho de tener una edad pueda participar en la decisión de quienes nos gobiernen, sea una idea más romántica que práctica. Que tal vez, aunque suene fachistoide, retrógrado y clasista, habría que encontrar algún sistema que permitiese votar solamente a aquellas personas que demostrasen la suficiente madurez y responsabilidad como para emitir un voto verdaderamente libre y razonado.

Si alguien ha llegado hasta aquí sin tirarse de los pelos debe estar pensando que me refiero a que pido que todo el mundo vote lo mismo que yo, pero se equivoca. Me refiero a dificultar que un determinado partido pueda ganar miles de votos por un simple lema populista, por una sintonía pegadiza durante la campaña o por un candidato o candidata con un físico más o menos agraciado. Me refiero a que la gente fuésemos más concientes de que el acto del voto es un acto de responsabilidad y no de simpatía y que no necesariamente quien nos resulta más simpático debe resultarnos más responsable.

Lo sé, otra vez me fui de la olla, me patina la neurona y seguro que estoy rallando a alguien. En el mejor de los casos, habrá quien se tronche, se parta y se monde con tantas paranoias en un mismo post, pero vaya, que digo yo que, si a los 16 puedes trabajar (si encuentras curro, claro), ¿porqué no vas a poder votar?

lunes, 22 de febrero de 2010

¿Seguro que somos tan demócratas?


Yo no tengo lagunas en el conocimiento. Más bien soy poseedor de un inmenso océano de ignorancia que se ve salpicado, de vez en cuando, de pequeñas islas de sabiduría tan desperdigadas que no pueden considerarse ni archipiélago. La verdad es que no he hecho muchos esfuerzos por ganarle tierra al mar en ese aspecto, pero sí que he procurado que las aportaciones de los acuíferos contaminados de parcialidad no diluyeran en exceso la sal del sentido común, con lo que el equilibrio entre dicho sentido y la ignorancia me ha permitido sobrevivir con éxito entre una población multititulada y superinstruida universitariamente.

Entre esas ínsulas aleatoriamente distribuidas en el océano no se encuentra ninguna que tenga que ver con conocimientos históricos o políticos referidos a Honduras o Nigeria pero, leyendo los titulares de hace unos meses y los de esta semana, sería capaz de encontrar alguna similitud.

Alguien me dijo que el Sr. Correa era de izquierdas y que fue derrocado por un golpe de estado ultraderechista. Respecto a Mamadou Tandja, el presidente derrocado en Nigeria, no he conseguido tener claro ni en la omnisapienta Wikipedia, si se le catalogaba de diestro o de siniestro, aunque teniendo en cuenta su condición de jefe militar retirado y de ministro durante la dictadura, no creo que las izquierdas tuviesen mucho interés por alinearlo entre sus filas.

En todo caso, en ambos estados se ha producido un golpe de estado después de que el dirigente democráticamente elegido haya hecho todas las maniobras necesarias para facilitarse la perpetuidad en el gobierno. No voy a opinar ahora (algún día lo haré) sobre qué es lo que lleva a las personas a aferrarse al poder cuando lo prueban, pero sí sobre sus consecuencias.

Resulta que alguien que ha llegado democráticamente al poder busca maniobras pseudodemocráticas para no dejarlo y entonces, cuando alguien decide dar un golpe de estado (o un contragolpe, según se mire) es el último quien comete delito.

Tampoco voy aquí a loar ni mucho menos los golpes de estado, aunque sí a recordar que Hitler también se sirvió de la legitimidad de la democracia para instaurar una dictadura. Y lo que sí que me voy a preguntar es si a todo el mundo le molestan igual todos los golpes de estado.

Me explico: tengo la sensación de que las mismas maniobras políticas son valoradas de diferente manera en función de quien las haga. Creo que la gente estamos dispuestos a consentir o incluso defender y apoyar decisiones a los que identificamos con nuestra ideología y que difícilmente toleraríamos de nuestros opositores políticos.

Si alguien reflexiona al respecto, puede hacerse a continuación la pregunta del título de este post porque, desde mi punto de vista, la democracia implica asumir que a veces, muchas veces, quien manda puede mandar diferente de como nos gustaría. Esa es, sin duda, la grandeza de la democracia que, si tiene alguna gran enemiga, esa es la mayoría absoluta. Pero de eso también hablaré otro día.
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