Pues sí, sé que también dije que esa es una de las frases que más odio pero, lamentablemente, hoy toca. Ya decía yo que uno de los riesgos del tema del movimiento indignado era que a alguien se le transformase en frustración y la descargase violentamente.
Aunque haya algún vídeo que intente demostrar que todo es una conspiración policial (yo lo he visto y no lo veo nada claro) lo cierto es que, con trampa o no, el movimiento que debía poner en evidencia a quienes nos representan los ha reforzado.
No en vano, ya he visto alguna cosa de esas que empiezan con almohadilla en el twitter de apoyo al parlamento. La cuenta atrás ha empezado y avanza rápido. O la gente del 15M es capaz de pasar de lo abstracto a lo concreto o se queda en nada. Al menos en nada positivo. Y no volveré a decirlo...
Si alguna vez soy mayor, quiero ser opinador profesional, como los de la tele, que hablan de todo sin entender de nada. Mientras tanto y hasta que alguien decida pagarme por ello, me entretengo compartiendo con quien quiera mis opiniones discutibles.
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miércoles, 15 de junio de 2011
miércoles, 9 de febrero de 2011
Los estribillos cansan
La verdad es que no llevo la cuenta de los días de mandato del gobierno convergente en la Generalitat de Catalunya, así que no sé cuántos les quedan para consumir aquellos cien que, según la tradición, se le concede de gracia a quien se estrena en tales menesteres. Precisamente por esa costumbre, no seré yo quien juzgue anticipadamente su gestión, pero sí quisiera exponer una impresión temprana.
El señor Mas y su equipo prometían encarrilar la situación del país con mejores artes que las demostradas por sus antecesores, los del tripartito que, según CiU, lo habían hecho de pena. Hasta el momento, la segunda parte de la afirmación la han ido repitiendo hasta la saciedad. Todo está muy mal y todo por culpa del mal gobierno progresista, que derrochaba sin gestionar. Sin embargo, las alternativas tampoco lo han sido tanto.
Han apretado un poco más la tijera que, aunque fuese por aquello de que a la fuerza ahorcan, ya se había empezado a usar y han hecho lo posible para recurrir a los mercados financieros en busca de fondos, imitando el invento de Castells. Eso sí, se supone que han eliminado la limitación de velocidad de los accesos a Barcelona aunque, en la práctica, ello haya consistido más bien en un cambio de placas indicadoras.
Espero que, una vez pasado el periodo de aclimatación, nuestro nuevo gobierno tenga más capacidad para imaginar caminos nuevos porque el estribillo de "¡qué mal lo han hecho antes!" puede resultar muy útil para una campaña electoral, pero sólo puede servir para acabar de lapidar la escasa confianza que la ciudadanía aún deposita en sus gobiernos si no se sustituye a corto plazo.
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viernes, 31 de diciembre de 2010
Un socialista en la corte del rey Artur
Parece ser que ha causado perplejidad en propios y ajenos el nombramiento de Ferrán Mascarell como Conseller de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Evidentemente hay quien ha entendido que ha sido el peaje a la abstención del PSC en la investidura de Mas como presidente, pero a mí me gustaría imaginar que no es así y que hemos dado un pequeño paso hacia la madurez política.
Cualquier persona, pero especialmente un político, debería ser fiel a sus convicciones, pero no esclavo de las disciplinas de partido. Del mismo modo, es coherente que quien tenga la responsabilidad de formar un gobierno después de haber sido elegido como candidato de un partido, lo conforme de acuerdo al ideario de éste, pero no debería estar encorsetado a la hora de elegir a las personas que lo desarrollen.
La verdad es que no soy conocedor de la obra de Mascarell en su anterior época como Conseller pero, ¿y si a Mas le parece que fue satisfactoria? No estamos hablando de una Conselleria de economía, de trabajo o de asuntos sociales, sino de cultura. Tal vez en ese ámbito pese más el catalanismo del que presumen tanto CiU como el propio Mascarell que las tendencias hacia la diestra o la siniestra. Siendo así, ni el President ni el Conseller están faltando a ningún principio y, en cambio, están formando parte del equipo que su responsable considera más oportuno.
Por si no me he explicado, no pretendo defender la elección de Mas, simplemente digo que no tiene porqué ser criticable por tratarse de un afiliado a otro partido. Es más, considero que sería una muestra de madurez política que algún día nuestra se llegase a seleccionar a los cargos públicos más por sus capacidades personales que por las deudas pendientes por servicios prestados al partido.
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lunes, 20 de diciembre de 2010
Teatralizaciones pseudodemocráticas
Que nuestro sistema democrático no es presidencialista lo tengo clarísimo, incluso más que quien va a ser el próximo presidente de la Generalitat de Catalunya y que hace cuatro años no acababa de encajar no serlo. Pero que la situación no está como para dedicar mucho tiempo a discursitos retóricos ni a comedietas protocolarias también es evidente.
Catalunya no necesita ahora mismo que nuestra representación en cortes malgaste tiempo y esfuerzos en hacer una representación teatral de una investidura de la que nadie tiene dudas porque nadie la ha discutido desde el mismo día de las elecciones. Quizá la gente sentiríamos más cerca a nuestra clase política si aprendiesen a saltarse según que numeritos y se pusiesen a trabajar desde el primer día, eligiendo al presidente sin matices y obligando a éste a formar un gobierno que se ponga a andar lo antes posible.
Las posiciones iniciales de todos los partidos las conocemos de sobras y, si no, la culpa es suya si no nos las han sabido explicar en campaña. Ahora, que vayan por trabajo para que quien va a gobernarnos lo haga y el resto, tiempo tendrán de hacer oposición que esperemos que demuestren saber hacerla mejor que quien los precedió.
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viernes, 1 de octubre de 2010
¿lapsus linguae?
No sé si lo entrevistaron a la salida o a la entrada de la capilla ardiente de Joan Triadú, pero Artur Mas, preguntado sobre la personalidad a la que se despedía por los informativos de TV3, afirmó que se trataba de "un catalán de primera categoría". Alguien me llamará quisquilloso por la reflexión que seguirá y defenderá al líder convergente alegando un lapsus linguae, pero es que la frase la pronunció como rectificación de "era un catalán de primera línea".
La verdad es que mi incultura es lo suficientemente vasta como para desconocer la vida y obra de Triadú pero, vistas las condecoraciones de que había sido objeto en vida y los honores que se le rinden tras su muerte, no tengo ninguna duda en que debió ser un catalán de primera línea, es decir, tan implicado como el que más en la sociedad catalana.
Lo de catalán de primera categoría, en cambio, me resulta mucho más discutible. No porque discuta la categoría de Triadú, sino porque me parece un terreno muy pantanoso el de clasificar en categorías a catalanes y catalanas. No sé cual es el criterio por el que el señor Mas atribuye la primera categoría a Triadú y cual sería el que aplicaría para otorgar una categoría diferente a otra persona.
Por si él tampoco lo tiene decidido aún, me permitiré sugerirle uno. Podría otorgar la primera categoría a las personas que consideran que la totalidad de habitantes de Catalunya merecen ser clasificados en una única categoría, independientemente de su raza, género, tendencia sexual, creencia religiosa, afinidad política, lengua habitual o cualquier otro criterio. La segunda categoría serían el resto, es decir, aquellas personas que piensan que alguno de los aspectos antes mencionados permiten clasificar a catalanes y catalanas en categorías diferentes.
La verdad es que mi incultura es lo suficientemente vasta como para desconocer la vida y obra de Triadú pero, vistas las condecoraciones de que había sido objeto en vida y los honores que se le rinden tras su muerte, no tengo ninguna duda en que debió ser un catalán de primera línea, es decir, tan implicado como el que más en la sociedad catalana.
Lo de catalán de primera categoría, en cambio, me resulta mucho más discutible. No porque discuta la categoría de Triadú, sino porque me parece un terreno muy pantanoso el de clasificar en categorías a catalanes y catalanas. No sé cual es el criterio por el que el señor Mas atribuye la primera categoría a Triadú y cual sería el que aplicaría para otorgar una categoría diferente a otra persona.
Por si él tampoco lo tiene decidido aún, me permitiré sugerirle uno. Podría otorgar la primera categoría a las personas que consideran que la totalidad de habitantes de Catalunya merecen ser clasificados en una única categoría, independientemente de su raza, género, tendencia sexual, creencia religiosa, afinidad política, lengua habitual o cualquier otro criterio. La segunda categoría serían el resto, es decir, aquellas personas que piensan que alguno de los aspectos antes mencionados permiten clasificar a catalanes y catalanas en categorías diferentes.
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