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martes, 18 de mayo de 2010

Sobre participación ciudadana


De todo el mundo es sabido que nuestro entorno no se caracteriza precisamente por una larga tradición democrática y participativa. Debe ser por ello por lo que todo el mundo, tanto gobierno como oposición, habla de fracaso al referirse a la consulta ciudadana sobre la remodelación de la avenida Diagonal de Barcelona.

Lo único que ha pasado ha sido que la ciudad ha decidido de manera tan libre que lo ha hecho en el sentido opuesto al que esperaba su gobierno. Hasta ahí, de fracaso nada, todo lo contrario.

Lo que puede convertir en éxito o en fracaso la consulta es lo que le siga. Si la respuesta a ello es destituir y pedir dimisiones, quiere decir que no se está preparado para acatar con naturalidad lo que quiere la ciudadanía y, en consecuencia, será difícil que alguien se atreva en el futuro a consultar a la gente sobre las decisiones que les afectan.

Tengo más que claro que vivimos en una democracia representativa y no en un sistema asambleario pero si quien gobierna decide consultar una decisión a la ciudadanía, no debería rasgarse las vestiduras cuando el resultado no es el que esperaba, a no ser que, en realidad, lo que pretenda sea utilizar a la gente para que bendigan sus decisiones.

domingo, 21 de febrero de 2010

¿Cuánto cuesta una camiseta?


No hace mucho que Jordi Hereu, alcalde de Barcelona, proclamó a los cuatro vientos y sin encomendarse a nadie, su intención de organizar unos juegos olímpicos de invierno en la ciudad que gobierna, ayudada de los municipios del Pirineo. No voy ahora a pronunciarme a ese respecto porque mi opinión sobre el tema ya la manifesté en otro blog.

La cuestión está en que, aprovechando que en Vancouver se están celebrando los del 2010, el excelentísimo señor Hereu ha ido a hacer una visita a su homólogo de la ciudad canadiense con cargo a las cuentas municipales esas que se supone que deben ser objeto de políticas de austeridad y, no contento con eso y supongo que también con cargo a los presupuestos del ayuntamiento, le ha regalado una camiseta del F.C. Barcelona al Sr. Robertson.

Supongo que el hecho de que a la del barça no le haya acompañado una del R.C.D. Espanyol o, incluso, una del Cadí la Seu de baloncesto femenino, se debe a la mencionada austeridad presupuestaria, porque es la única explicación políticamente razonable de que el alcalde de TODA LA POBLACIÓN de Barcelona haya cometido tal falta de respeto hacia quienes, viviendo en su misma ciudad y habiéndolo o no votado, no sienten simpatía hacia el club propietario de la camiseta.

Seguro que aquí viene cuando me ganaré las críticas de buena parte de la afición culé, pero creo que lo único que ha hecho Hereu ha sido lo que se viene haciendo en Catalunya desde que yo tengo uso de razón y lo que ha provocado que más de uno y de una, como yo, hayamos decidido no pertenecer a la afición del Barça: confundir barcelonismo con catalanidad. Si no fuese así, habría añadido al menos otra camiseta al regalo porque, ¿cuánto cuesta una camiseta?
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