Mostrando entradas con la etiqueta Libia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libia. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de marzo de 2011

¿Una simple cuestión de léxico?

A estas alturas no tengo nada claro quién se está enfrentando a Noamar el Gadaffi. Y no lo digo por la participación de la coalición internacional en el conflicto armado, sino por aquellas personas que han tomado las armas en Libia.

Resulta que si veo el canal 3/24, los rebeldes están continuamente tomando y perdiendo posiciones, mientras que si consulto el canal 24 h, quienes avanzan o retroceden según el día son la oposición que, por lo visto, es un poco más belicosa que la de aquí.

Quiero pensar que la diferencia es simplemente de léxico y que nadie ha reparado en que no es bien bien lo mismo ser rebelde o ser opositor y que dichas expresiones pueden llevar aparejadas connotaciones bastante diferentes. Lo digo porque, de lo contrario, tendría que imaginarme una extraña mano negra detrás de la información de las televisiones que se financian con mis impuestos.

martes, 1 de marzo de 2011

Dictadores y dictadores

Es evidente que las dictaduras empiezan a estar pasadas de moda y que, seguramente, nunca fueron buenas. Aún así, creo que los recientes acontecimientos norteafricanos nos demuestran que hasta en esto de los dictadores (y lo digo en masculino porque no creo que haya habido muchas dictadoras) hay clases y clases.

Como creo que todas las personas acabamos durmiendo única y exclusivamente con nuestra conciencia y que, en consecuencia, es la única con quien tenemos la ineludible obligación de conciliarnos para evitar autoimponernos la pena capital, considero que la mayoría de dictadores de la historia han estado convencidos a su manera de que estaban haciéndole un gran favor a su patria y, por ende, a sus compatriotas.

Habrá quien alegará que es imposible que alguien piense eso mientras oprime, maltrata, tortura o ejecuta a, tranquilamente, la mitad de la población. Estoy casi seguro de que para ellos, esa media población eran otra cosa. Algo así como el peligro para la buena ciudadanía, para quienes de veras merecían heredar la patria.

Aún sin compartir ese punto de vista, me cuesta poco entender que en Egipto o en Túnez los gobiernos autoritarios aguantasen el descontento ciudadano hasta que tuvieron la constatación de que no eran sólo aquellos otros quienes se oponían a ellos, sino que estaban solos. Llegados a ese momento, conscientes o no (seguramente no) del mal que habían hecho en la tierra que creían defender, su instinto de supervivencia les obliga a desparecer de escena.

Pero lo de Libia o, mejor dicho, lo de esa especie de Michael Jackson en versión dictador que es Muammar al-Gadaffi, es diferente. Que a estas alturas defienda teorías de la conspiración y niegue que su pueblo se haya revelado contra él, no es más que la muestra de un enajenación mental que, por desgracia, está costando demasiadas vidas. Una locura que seguramente se ha ido cociendo a fuego lento durante demasiados años de poder absoluto y que se ha alimentado, en gran parte, por parte de muchos de los que ahora lo repudian y amenazan desde el extranjero. Claro que, esto último, sería tema de otro post.
Free counter and web stats