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martes, 3 de octubre de 2017

¿De qué tiene miedo, Sr. Sánchez?

Perdóneme, Sr. Pedro Sánchez, pero no le entiendo. No comprendo cómo puede constatar la ineptitud de Rajoy para gobernar y, acto seguido, pedirle que lo haga. No sólo eso, reunirse con él para hacerse cómplice.

No entiendo porqué tiene miedo de coger la mano tendida por el Sr. Iglesias (al que no profieso especial simpatía) para tomar las riendas de un estado que ya ha entrado en guerra en Catalunya.

¿Le escuece el Orgullo porque Podemos no le invistió presidente? ¿el mismo orgullo que impide a Rajoy hablar con Puigdemont y a la inversa? Debe ser el mismo que le llevó a enfrentarse a Díaz pero, si fue para esto, se lo podría haber tragado antes y, al menos, habríamos sabido todos de qué iba el cuento.

¿Teme que el nacionalismo catalán le gane la partida al suyo, al español? ¿Aún no se ha dado cuenta que ya lo está haciendo? ¿Le falta tanta inteligencia como para no comprender que a golpe de porra,a parte de cualquier consideración moral o democrática, los nacionalismos se alimentan y no se destruyen?

¡Ah! ¡No! Usted ha dicho condenar los porrazos e incluso tener alternativa. ¿Le falta valor para liderarla? ¿Hasta ahí llega su sentido de estado y su responsabilidad? ¿De verdad espera presidir el gobierno de España algún día? ¿De qué España? ¿De la que se está haciendo añicos inexorablemente? Si aún no ha sido capaz de recoser su partido ¿Cree que podrá hacerlo con todo el estado?

¿Qué pasa? ¿Hace cuentas electorales? Entonces, a parte de demostrar ser uno más en la mediocridad de nuestra clase política, ¿Quien espera que le vote en el futuro? ¿Los que están de acuerdo en enviar a la guardia civil dónde los políticos no llegan? Esos ya tienen al PP. ¿Los que confunden al PP con España? Para esos usted ya es el PP. ¿Los que aún creemos que alguien puede poner sentido común a este despropósito? Si espera que seamos esos, gáneselo dando un paso al frente. ¿No vé la oportunidad de resucitar el cadáver político de su partido si se convierte en el mediador que nos salve de esta catástrofe?

En Catalunya ya no hay un conflicto, Sr. Sánchez. En Catalunya hay una guerra. Los líderes actuales nos han llevado a ella y usted tiene en sus manos si no la paz (difícil por el momento), sí el armisticio que nos permita negociarla. Las víctimas que caigan por el camino tal vez no serán suyas, pero recaeran también sobre su conciencia.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Más equidistante que nunca

Desde que empezó a gestarse el conflicto de nacionalismos en Catalunya mi posición ha sido la misma, aunque aún haya quien considere que, los que están donde yo, no se han posicionado. 

Al principio se hacía difícil explicar cuál era esa posición, pero un día leí a Jordi Évole  hablando de equidistancia y lo compré porqué me pareció un matiz bastante distinto a la neutralidad, que puede confundirse con la indiferencia.

Lo que sí que ha cambiado en este tiempo son las fuerzas que me impulsan a mi posición. Mientras que en un principio era la falta de atracción hacia cualquiera de los bandos en conflicto, ahora es la repulsión. Y esa fuerza es mayor.

La falta de atracción es fácilmente reversible. Un pequeño empujón, un movimiento inercial o el acercamiento de cualquiera de las masas podía aproximarme a ellas. 

La repulsión, en cambio, es una fuerza infranqueable que hace que sólo alguien que ejerza presión constante en sentido opuesto puede vencer temporalmente pero que, a la que desaparece la presión, vuelve a impulsarte en sentido opuesto.

No es que falten las presiones (por mi ubicación geográfica y las características de mi red social, mayoritariamente para acercarme hacia el nacionalismo catalán) pero por ahora sólo han servido para constatar la gran intensidad de la repulsión que me mantiene en el centro.

Me produce repulsión que unos inventasen opresiones donde no existían y que otros decidiesen responder oprimiéndolos.

Me producen repulsión los gobernantes que deciden hacer las cosas porque les da la gana y los que deciden que no se hacen porque no les da la gana.

Me produce repulsión que unos y otros digan que lo hacen por el bien de todos cuando saben que de esto no puede salir nada bueno.

Me produce repulsión que unos, como el entrañable Rufián, sólo se olviden de hacer chascarrillos fáciles en el congreso cuando los detenidos son "sus amigos" y que los otros detengan a la gente porque no son son sus amigos. Especialmente porque yo quiero como a amigos a gente posicionada en ambos nacionalismos aunque no sea amigo de ninguno de los dos.

Me produce repulsión que unos envíen a la población civil a la calle para que exijan lo que ellos no saben defender en las cortes y que los otros, en lugar de trasladar la discusión allí, respondan con la Guardia Civil.

Me produce repulsión que unos y otros conviertan todo aquello que debería ayudarnos a entendernos en armas arrojadizas (las cortes, los medios de comunicación públicos e incluso los idiomas).

Me produce repulsión que unos prometan lo imposible y que otros hagan imposible lo que la mayoría demanda.

Me produce repulsión, tristeza y vergüenza ajena que unos y otros estén haciendo añicos el más valioso y escaso en nuestra historia de los patrimonios que tenemos: la convivencia pacífica independientemente de las ideologías y las coyunturas económicas y geopolíticas.

Y sobretodo, me produce repulsión que unos y otros lo hagan exclusivamente por su orgullo e interés propio, olvidando que desde el momento en que accedieron al cargo que ostentan dejaron de deberse a él para hacerlo a una ciudadanía que no es ni monolítica ni monocromática.

miércoles, 18 de mayo de 2011

De Tahrir a la Puerta del Sol

El espíritu de la plaza Tahrir parece haber cruzado el estrecho. Desde el 15 de mayo plazas emblemáticas de las principales capitales españolas han sido invadidas por miles de personas que, autoconvocadas a través de las redes sociales se concentran para reivindicar... ¿qué?

De la respuesta a esa pregunta depende, creo yo, que el llamado movimiento 15M pase de ser un legítimo ejercicio del derecho a la pataleta a convertirse en el precursor de un cambio que, por otra parte, podría ser a mejor o no.

Seguramente en Egipto también empezó de la misma manera: el desengaño y la frustración llevó a la protesta. Pero allí había un enemigo claro hacia el que canalizar la impotencia: un presidente dictatorial y corrupto al que derrocar, mientras que aquí las culpas están tan repartidas que dudo que nadie se atreviese a tirar la primera piedra.

Así las cosas, cuando la prensa se acercó a preguntar qué pretendían con aquellas concentraciones las respuestas fueron concretas y coincidentes, mientras que aquí cuando alguien pregunta a cualquiera sobre el objetivo de la concentración, las pocas personas que son capaces de expresar algo más allá de la protesta lo hacen en términos abstractos y variopintos.

Quien quiera que sea que ha incitado al movimiento lo ha hecho con un frase tan fácil y pegadiza como inconcreta: democracia real ¡ya! Justo eso es lo que se pedía en El Cairo pero aquí, ¿qué significa? ¿no estamos en una democracia? ¿confundimos real con asamblearia? Si es así, ¿es viable una democracia asamblearia para gobernar a 40 millones de personas? ¿Quizá alguien confunde la democracia con la anarquía?

Soy de los primeros críticos con el sistema. No funciona como debería, seguro, pero, aunque sea mal, funciona. Hay que enmendarlo, modificarlo, mejorarlo y si es preciso cambiarlo, pero no eliminarlo sin tener una alternativa razonablemente válida. ¿Qué alternativa defiende el 15M?

Cuesta relativamente poco reunir a un montón de gente descontenta alrededor de un lema poético y abstracto entre otras cosas porque cada cual puede imaginárselo como quiera pero, o se pasa a lo concreto y realista para realmente apuntarse una victoria que mantenga viva la ilusión y alerte a quienes mandan del verdadero poder del pueblo o se me ocurren, al menos, tres posibles efectos adversos.

Uno es que lo que para mucha gente puede haberse convertido en su última esperanza de cambiar las cosas se transforme en el motivo de su frustración definitiva al no alcanzar absolutamente nada más allá de una pataleta más o menos duradera.

El segundo es que alguien se canse de esperar resultados y convierta unas movilizaciones perfectamente pacíficas y cívicas en un espectáculo violento que justifique decir que quienes están contra el sistema son un peligro público.

El otro es que aparezca el oportunismo dispuesto a capitalizar esas almas que duermen a la intemperie para utilizarlas en su provecho. Ya ha empezado a aparecer algún popularillo o incluso algún político por las plazas de Madrid y Barcelona.

Tal vez sí estemos ante una posibilidad real de cambiar las cosas pero si la espontaniedad se confunde con la improvisación, lo que tenía que servir para forzar el cambio de sistema puede servir para perpetuarlo.

jueves, 24 de marzo de 2011

Un dilema llamado Sortu

Creo que no soy nada sospechoso de simpatizar con ningún tipo de violencia y menos con la terrorista. Tampoco creo que nadie me cuente entre los más proclives a los nacionalismos en general ni a los independentismos en particular. Tal vez sea por ello por lo que el fenómeno Sortu me genera un dilema.

No conozco al detalle la ley de partidos, aunque creo entender su justificación: no es razonable legalizar en la esfera política a ninguna formación que defienda alejarse de las más básicas normas de convivencia democrática para lograr sus objetivos. Así, podía estar más que justificada la ilegalización de Batasuna.

En el mismo marco, entiendo que cualquiera de las formaciones que han ido apareciendo con posterioridad en forma de marca blanca camuflada del mismo partido proetarra sin hacer ninguna renuncia clara a la vía de violencia eran igualmente denunciables e ilegalizables.

Pero cuando parte de la gente que había militado en Batasuna decide, sin esconderse, crear un nuevo partido que rechaza estatutariamente la violencia como camino para alcanzar sus objetivos políticos, me cuesta bastante más entender la decisión de prohibirlo. Parece ser que se le acusa de ser la continuidad de Batasuna y ahí sería donde estribaría el dilema: ¿continuidad o evolución?

Si alguien tiene pruebas claras de que Sortu pretende ser el brazo político de una banda armada y colaborar activamente con ella, que sea por esos motivos por los que se le considere ilícita. Pero si lo que a alguien le asusta es que el independentismo vasco más radical haya sido capaz de madurar y entender que en pleno siglo XXI la vía política es la única posible para alcanzar la autodeterminación y que el terrorismo nunca será un atajo, entonces estamos ante un grave problema.

El camino para acabar con ETA no ha cambiado. Estoy harto de oír que para eliminarla hay que aislarla. Pero para ello no bastará nunca con acciones legales contra quienes empuñan las armas, que no son más que sicarios y sicarias que nunca renunciarán voluntariamente a su actividad profesional. El aislamiento social es imprescindible y éste dificilmente llegará sin una alternativa para la defensa de los intereses abertzales.

En definitiva, no sé si Sortu es la herencia de Batasuna o su alternativa, pero los partidos autodenominados demócratas tendrían que empezar a hacerse a la idea de que, espero que más temprano que tarde, tendrán que compartir el panorama político con formaciones que defiendan la misma ideología, aunque con diferente metodología. No aceptarlo sería intentar criminalizar ideas y eso, que yo sepa, en democracia no se estila.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Descontroladores aéreos

No creo que haya mucho que añadir a lo que ya dije en su día respecto al conflicto de los controladores aéreos. De todas maneras creo que la espectacularidad de la última acción que, según esa especie de modelo masculino que tiene fichado su sindicato como portavoz, es espontánea, merece algún comentario.

La verdad es que a mí no me engaña el guaperas y tengo claro que el sindicato ha instigado la movilización o, más bien dicho, la desmovilización de los controladores aéreos por sorpresa total. También tengo claro que el gobierno ha demostrado la falta de un plan B para controlar una situación que, posiblemente, ha hecho poco por evitar.

Digo esto último porque intentar recortar de un plumazo todas las prevendas dadas a un colectivo históricamente es un error y hacerlo sin el diálogo suficiente que permita estudiar contrapartidas y, en su caso, los términos y plazos para recuperar el camino perdido, es una declaración de guerra en toda regla. Aunque estoy convencido de que el sindicato de controladores no habría hecho en absoluto ninguna concesión, poder explicar que se ha intentado facilitaría la posición del gobierno.

De todas maneras, no acabo de entender cuál es la estrategia de los profesionales. Cuando el camino hacia la privatización está más que abierto, ganarse como lo están haciendo la incomprensión e incluso la indignación de la opinión pública no creo que les beneficie en lo más mínimo. A estas horas, estoy seguro que mucha gente aplaudiría que las amenazas del fiscal se cumpliesen y alguien acabase en prisión por fastidiarle las vacaciones (triste pero cierto).

Y la última reflexión que quedaría iría para el resto de la población asalariada. En pocas horas un sindicato corporativo ha conseguido lo que no consiguieron los sindicatos mayoritarios en meses de preparación: poner en jaque a las autoridades y movilizar hasta al ejército. Si un puñado de trabajadores cualificados y bien pagados puede más que millones de obreros y obreras, este mundo ha cambiado mucho en las últimas décadas.

viernes, 23 de julio de 2010

El descontrol de los controladores


Saber quién tiene razón (si es que alguien la tiene) en el tema de los controladores (y controladoras, supongo) aéreos basándose en lo que ha trascendido en este último y los anteriores episodios del conflicto abierto entre este colectivo y el estado resulta más que difícil. La razón, de hecho, parece ser lo que menos impera en esa difícil relación laboral que se caracteriza por la presencia de un sindicato corporativo en un colectivo en posición dominante y una administración que, una vez más, demuestra saber hacer cualquier cosa menos gestionar, especialmente cuando se trata de recursos humanos.

No tengo mucha idea de las condiciones laborales de quienes se dedican al control aéreo pero, por lo que ha trascendido, difieren mucho a las de mi cuñada que, por vía de una ETT, está facturando maletas en un aeropuerto. Evidentemente las dos funciones son prácticamente igual de básicas para que el sistema funcione pero facturar maletas lo puede hacer cualquiera y controlar el tráfico no: he ahí la situación dominante.

Y de la diferencia de condiciones se deriva que el colectivo esté representado por un sindicato corporativo. Sólo un sindicato corporativo puede tener la sensación de tanto agravio en el colectivo que, junto con el de pilotos (también representado corporativamente), tiene seguramente las mejores condiciones económicas y laborales del ámbito del transporte aéreo.

De hecho muy posiblemente el propio sindicato de controladores es consciente de la situación en que se encuentran especialmente en la coyuntura económica, social y laboral de este momento y por eso no ha convocado, como en otras ocasiones, una huelga que no habría sido entendida por absolutamente nadie. De hecho niegan incluso estar detrás de unas bajas que, por lo visto, eran de larga duración pero se convirtieron en altas tan pronto como el ministerio de fomento amenazó con usar controladores militares.

De todas maneras, cualquier colectivo tiene derecho a luchar por la mejora continua de sus condiciones de trabajo y, en todo caso, para hacer de contrapunto ya está la patronal. Lo que pasa es que en este caso la patronal no es otra que el estado, en forma de ministerio, de AENA o de lo que convenga, pero la administración a fin de cuentas. Y esa administración, una vez más, acaba solucionando el problema de la forma más cobarde, ineficaz y lamentable posible: privatizando.

Me atrevo a apostar porque la privatización del control de nuestro espacio aéreo no ahorrará ni un euro al estado. Estoy convencido también de que no evitará ni mucho menos los conflictos laborales. Lo único que sí que reducirá, porque así de mal entendido lo tenemos la ciudadanía, serán los quebraderos de cabeza del señor Blanco o quien le suceda, que siempre podrá echar la culpa de todos los males a las empresas concesionarias.

martes, 1 de junio de 2010

La complicidad silenciosa


Cuando un país tiene aislado por tierra, mar y aire a todo un pueblo, no puede sorprendernos que se atreva a abordar barcos en aguas internacionales y a matar a parte de su tripulación y, si la comunidad internacional tolera lo primero y permite que Israel se limpie el culo a diario con las resoluciones que dicta la ONU, tampoco es de extrañar que sea incapaz de acordar cualquier tipo de medida para sancionar eso.

Dicen los hebreos que los barcos de cooperantes que asaltaron brutalmente ayer transportaban armas de destrucción masiva. Poco imaginativos, ellos, a la hora de buscar excusas para justificar crímenes. Me resulta curioso que una tripulación pertrechada de tales instrumentos se defendiese con palos pero claro, de los integristas islámicos se puede esperar cualquier cosa.

Sea como sea, lo que hace Israel, en otros sitios, ha merecido tormentas del desierto, bloqueos internacionales e incluso leyes americanas prohibiendo el comercio con ellos. Israel viola el derecho internacional y los derechos humanos, pero no lo hace solo, el resto de países manifiestan con su silencio una sibilina complicidad que les resta, a mi juicio, credibilidad y autoridad moral para juzgar cualquiera de las atrocidades que acontecen a diario en el resto del mundo.

jueves, 6 de mayo de 2010

Quien se pica, ajos come


Habrá quien pensará que lo de los sindicatos en Grecia tiene delito, pero para mí lo que tiene delito es que alguien organice una huelga de maquinistas de tren porque no le parece bien que su aparcamiento esté en superficie y lo quiere cubierto.

Sé que los del sindicato de maquinistas dicen que no es verdad y que, además de eso, reivindican unas condiciones de seguridad laboral que no se cumplen pero que no especifican.

Uno, que tiene una cierta experiencia en el tema, sabe que lo de la prevención de riesgos es muy socorrido cuando se pretenden otras cosas, que cuando de verdad no se cumplen condiciones importantes en la materia se va a inspección de trabajo y no a la huelga y que a la gente se le explica exactamente qué se está incumpliendo.

A lo mejor es que soy muy mal pensado pero es que desde siempre desconfío del corporativismo sindical incluso cuando se disfraza con la piel de algún sindicato teóricamente de clase y mayoritario que se limita a aglutinar muchos corporativismos precisamente para conseguir esa mayoría. Espero que nadie se sienta ofendido por tal afirmación pero, si alguien lo hace, será que no tiene la conciencia muy tranquila.

martes, 27 de abril de 2010

La hijab de la discordia


Una niña de Pozuelo de Alarcón ha tenido que cambiar de instituto por no renunciar a usar la Hijab. Creo que esta frase es el resumen de lo que ha acontecido. El análisis, seguramente, varía según quien lo haga.

Habrá quien defenderá que un padre, seguramente islamista radical, ha intentado imponernos, como tantas otras veces últimamente, una cultura que no nos es propia y que un instituto ha tenido que batallar contra viento y marea, a pesar de la campaña mediática de descrédito que se ha instrumentado desde algunos sectores izquierdistas, para defender a nuestros jóvenes de tal invasión cultural.

También habrá quien interpretará que el centro se ha limitado a aplicar su reglamento interno y que en un estado de derecho hay que respetar las normas, emanen de donde emanen y nos gusten o no.

Por último, alguien pensará que Pozuelo de Alarcón es un reducto de chenofobia y racismo que hace todo lo posible por oprimir a una pobre niña por el simple hecho de profesar otra religión.

Yo, lo que sé, es que una adolescente ha tenido que cambiar de instituto porque no ha renunciado a usar la Hijab y eso no es bueno.

No sé si el padre ha tenido nada que ver en el asunto, porque no ha trascendido. Si sé que las amigas de la chica se solidarizaron con ella, por lo que me extraña que lo estuviese viviendo como una imposición paterna. Me cuesta creer que un reglamento interno de instituto tenga como objetivo prohibir las gorras o las pamelas, así que me inclino a pensar que el objeto de una norma que prohibe llevar el pelo cubierto es marcadamente el de evitar un símbolo religioso que tendemos a considerar impuesto.

La verdad es que la mayoría de los ritos religiosos que se producen durante la infancia y la adolescencia son, de algún modo, impuestos. No se imponen por la fuerza, pero sí aprovechando la falta de edad y de elementos de juicio suficientes para tomar una decisión.

A mí nadie me preguntó si quería hacer la comunión y lucí durante bastante tiempo la correspondiente medallita y hasta un anillo. Nadie me obligó a hacerlo, pero sí se me impuso su uso culturalmente. Tal vez a la niña de Pozuelo le pase algo parecido, sólo que su hijab está prohibida y mi medallita no.

No sé, pero me pregunto si ese instituto no hará una excepción si un día alguien entre su alumnado sufre un cáncer cuyo tratamiento le deje sin cabellera. No sé si alguna vez tendrán un director calvo que desee lucir peluca (que también cubre la cabeza, ¿no?). Tal vez entonces esa norma se revisará y quizás, igual que ahora, el instituto de al lado correrá también a revisarla.

sábado, 20 de febrero de 2010

Milagros a la manresana


Mañana se conmemora en Manresa el llamado milagro de la misteriosa luz. Para quien no tenga conocimiento exacto de los hechos acaecidos para dar lugar a tal celebración diré que existen tres versiones que expondré para que cada cual se quede con la que crea más verosímil.

Parece que hacia 1339 la ciudad de Manresa consideró necesaria la construcción de una acequia que desviase parte del agua del río Llobregat desde Balsareny hasta la actual capital del Bages. Los motivos eran evidentes: la sequía estaba causando estragos. El 23 de agosto de aquel año el rey Pedro III concedió a la ciudad el permiso para dicha construcción, así como una rebaja de impuestos para facilitar la realización de la obra.

Pero, en un episodio de aquellos que demuestran que los tiempos cambian pero las cosas no, resultó que la construcción de dicha obra, cuyo diseño se encargó a Guillem Catà, se encontró con la oposición del pueblo de Santpedor (el vecino de al lado) y del obispo de Vic (con la iglesia hemos topado), Galcerà Sacosta.

Éste último tenía autoridad sobre las tierras de Sallent y como, según él, la construcción de la acequia reduciría el cauce del río a su paso por dicho municipio (y seguramente pensaría que reduciría los beneficios de los molinos y los consecuentes tributos que él percibiría), decidió negar el derecho de paso de la canalización por sus tierras so pena de excomulgar al municipio y habitantes de Manresa; amenaza que tuvo que cumplir porque los Manresanos decidieron seguir adelante, con el consiguiente conflicto.

Y aquí es donde empiezan a divergir las tres versiones. Según la leyenda que se conmemora, el 21 de febrero de 1345, en pleno conflicto, entró un misterioso rayo de luz proviniente de Montserrat en la iglesia del Carmen de Manresa. Una vez dentro iluminó el absis central y se dividió en tres que incidieron en el propio absis, en la capilla de San Salvador y en la de la Trinidad para reunirse de nuevo y volver a partir hacia Montserrat. Ante tal evidencia, el obispo entendió el mensaje divino y concedió el derecho de construcción.

La versión de los historiadores es diferente y, sin analizar el milagro en cuestión, apunta que el tal Galcerán murió el 5 de abril de aquel año (¿tal vez de la sobredosis sufrida por lo que quiera que fuese que le hiciera ver luces?) y que su sucesor, Miquel de Ricomà, fue más comprensivo, firmando los capítulos y concesiones de la concordia el 19 de noviembre de 1345.

La tercera, anónima y teóricamente basada en un documento depositado en el museo comarcal del Bages (que yo no he visto), dice que la tal Luz tenía apellidos, que fue ofrecida (no sabemos si bajo el ábside o en qué capilla) o al tal Sacosta o a su sucesor y que ese fue el motivo, si no de la muerte de placer del obispo, sí de que se reconciliase la ciudad con éste.

Como decía, cada cual que elija la suya, pero fuese lo que fuere lo que pasó, la historia nos dejó una obra de ingeniería admirable (ríanse del canal Segarra-Garrigues si tienen en cuenta la fecha) digna de ser visitada en un paseíto ni que sea con la excusa de la transequia.

¡Ah! y si alguien quiere revivir aquella época y escenario, que no se pierda la posterior fira de l'aixada del fin de semana que viene. Es uno de los dos en que vale la pena visitar Manresa.

jueves, 4 de febrero de 2010

El mundo al revés


Mi reflexión de hoy se refiere a una imagen de ayer. La de un barrio recibiendo a la Ertzaintza y a la Policía Nacional a golpe de cacerola cuando se dirigían a registrar el domicilio de un etarra en Ondarroa. Esa imagen se asoció rápidamente en mi mente a la ya habitual de los agentes de la policía autónoma vasca con la cara oculta tras un pasamontañas.

Seguramente los tiempos han cambiado mucho, pero toda la vida el pasamontañas había sido la prenda usada por los malos, los fuera de la ley, y no precisamente por los responsables de hacerla cumplir. En Euskadi, en cambio, o al menos en algunos rincones de ella, el mundo es al revés y son los agentes de la autoridad los que deben ocultar su rostro para no ser reconocidos, como si el delito consistiese en estar de parte de la ley.

No quiero hablar como si entendiese del conflicto al que llaman vasco, como si sólo incumbiese a ese territorio. Quiero hablar como alguien a quien le resulta bastante difícil, por no decir imposible, entender dicha situación. Resulta complicado imaginar soluciones a un problema del que no acabas de entender el enunciado y ese es el caso de Euskadi.

Tal vez sí. Tal vez sea el conflicto vasco, pero no porque sólo afecte al pueblo vasco, sinó porque nadie desde fuera es capaz de entenderlo y mucho menos de buscarle una solución, si es que existe.
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