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jueves, 26 de enero de 2012

¿Y si refundamos el comunismo?. Parte 2: Ideas generales.

Revisando las múltiples definiciones que se han escrito de economía, he quedado gratamente sorprendido cuando, por fin, he encontrado una que se parece a la que yo propongo para el nuevo comunismo: la de la economía del bienestar.

Seguimos anclados en conceptos económicos que parecen responder a la realidad de finales del siglo XIX y principios del XX. En aquellos tiempos el problema central de la economía era alcanzar la eficiencia productiva, dada la incapacidad de satisfacer las necesidades de la población.

Un siglo más tarde, superada en buena parte la incapacidad para disponer de los bienes demandados por la sociedad gracias al desarrollo tecnológico y a la globalización, los poderes económicos han pretendido seguir incrementando las producciones indiscriminadamente, con lo que han tenido que hinchar artificialmente las necesidades de la gente para que demande dichos bienes, cerrando así un círculo vicioso insostenible a medio plazo y que nos ha llevado ya a una situación crítica cuando el ritmo de consumo de esos bienes innecesarios en los que se basaba nuestra estructura económica no se ha podido mantener.

Me estoy refiriendo a que se ha convertido en un problema el hecho de que la gente no cambie anualmente de coche o no adquiera más televisores que personas hay en una casa, por ejemplo. La capacidad de producción ha superado tanto a la de consumo que se han tenido que inventar conceptos como la obsolescencia programada.

Habro aquí un paréntesis para quienes puedan estar pensando a estas alturas que estoy hablando tan sólo de aquellos países a los que llamamos desarrollados. Entiendo que se pueda interpretar así, pero no. Simplemente estoy dando por sentado que el problema de los países en vías de desarrollo, o de los subdesarrollados, no es de capacidad, sino de voluntad. No me alargaré en los detalles porque eso, en todo caso, daría para nuevos posts.

Así las cosas propongo que la economía sea la ciencia que plantee los métodos para alcanzar los mayores niveles de bienestar social a partir de los recursos disponibles en cada momento. De ese modo, indicadores económicos aberrantes como el Producto Interior Bruto, se podrían sustituir por otros como la esperanza de vida, las tasas de prevalencia de determinadas patologías, los niveles de estudios de la población o su índice de ocupación.

Partiendo de ahí, el problema cuantitativo de la produccíón de riqueza no sería el primordial, sino que deberíamos centrarnos en la cuestión cualitativa y en la distributiva. Dicho de otro modo, sabemos que disponemos de una gran capacidad de producción, pero debemos elegir correctamente en qué bienes y servicios la empleamos y cómo lo hacemos para que todo el mundo se beneficie de ella.

Aún así, habrá que producir con suficiencia y con la mayor eficiencia posible. Descartada por la experiencia la economía programada con esa finalidad, habrá que recurrir a la iniciativa privada. Para ello, habrá que facilitar los medios y premiar los resultados y será mediante esos dos mecanismos como se puede incentivar que el esfuerzo se destine hacia aquello que genere mayor bienestar, evitando en lo posible el parasitismo social, ya sea a gran escala mediante la especulación o a pequeña mediante el abuso de los sistemas de protección.

Como creo que hasta aquí ya hay demasiado que leer, dejaré para las próximas entradas cuáles serían los papeles de los diversos actores en ese equilibrio. Fundamentalmente, cabrá definir el papel de las administraciones con sus gobiernos al frente, el de las fuentes de financiación, el de las personas emprendedoras y el de la población en general.

Seguramente, todo seguirá siendo un galimatías inconexo e inaplicable, pero yo mientras tanto me sigo entreteniendo imaginándome lo bien que se podría vivir en una sociedad que realmente tuviese ese objetivo.

jueves, 12 de enero de 2012

¿Y si refundamos el comunismo?. Parte 1: El porqué.

Cuando esta prolongada y profunda crisis estaba en sus albores, los principales líderes mundiales propusieron una solución: refundar el capitalismo. Algunas personas, entre las que me cuento, ya nos echamos una risa con aquella expresión, pero es que el tiempo parece que nos está dando la razón.

Unos años más tarde aquella refundación, si es que ha existido, no sólo no ha mejorado la situación económica o social de los países llamados desarrollados, sino que además la crisis empieza a hacer mella en las democracias occidentales, al ser ese ente abstracto llamado "mercados" quien marca las directrices políticas e incluso quien destituye y nombra gobiernos de estados.

Ante esta situación se puede optar por dos opciones: resignarse a doblegarse ante un sistema económico (y cada vez más político) que conduce al desequilibrio económico, a la acumulación de la "falsa riqueza", la financiera, en unas pocas manos y condena a la miseria al resto o, por el contrario, buscar una alternativa.

Ahí es donde yo, en un ataque de febril ingenuidad, propongo que se pruebe la segunda. Existe una alternativa al capitalismo para reconducir una situación que es tan injusta como insostenible. A esa alternativa yo le llamaría comunismo.

A estas alturas, a quien no haya acabado de considerarme idiota, se le habrá cortado el hipo. Seguramente habrán venido a la cabeza ideas de banderas rojas con dibujitos y cosas por el estilo, pero yo no quiero hablar de eso.

Yo no planteo el comunismo como un sistema político. Más bien como una estructura social que, estoy convencido, es la antropológicamente natural. Si la especie humana ha conseguido conquistar la egemonía planetaria no ha sido precisamente por disponer de unas cualidades individuales excepcionales. El supuesto éxito de nuestra especie sobre el resto de las que habitan nuestro planeta reside, precisamente, en nuestra capacidad de vivir comunistamente.

Si cada una de las personas que aprendió, descubrió o inventó algo lo hubiese guardado para sí, seguramente haría años que la humanidad se habría extinguido entre las fauces de un tigre cavernario o a causa de una sequía prolongada, hecho que dudo que lamentase nadie. Sin embargo, la capacidad de nuestros ancestros para entender que la comunidad estaba por encima del individuo, que la unión hace la fuerza, nos dio la propiedad del mundo.

En cambio, después de milenios de teórica evolución, hemos acabado autoimponiéndonos un sistema que lleva implícito el individualismo. Una sociedad que invita a competir entre congéneres para tener más. Incluso a quitar al resto para poder acumular más. ¿Alguien se imagina una comunidad prehistórica sobreviviendo en esa situación?

Así pues, yo no hablo de Marxismos, Stalinismos ni nada por el estilo. Mi incultura crónica y mi déficit de lectura me convierte en un casi analfabeto en esos temas pero, de hecho, esos modelos llamados comunistas tampoco demostraron mucho éxito en la práctica.

Lo que yo voy a proponer en las próximas entradas de este blog es lo que se vendría a llamar un comunismo antropológico en el que no se renuncie al incentivo en forma de propiedad privada, sino en el que ese incentivo sea el resultado de la contribución a la comunidad. Intentaré vomitar mis ideas sobre en qué debería fundamentarse el sistema y sobre cómo hacer el tránsito hacia él.

Sé perfectamente que mi nivel de conocimientos me hará decir un montón de barbaridades que despertarán la hilaridad. Soy consciente que, ni aunque apuntase hacia el camino adecuado, nada de lo que yo explique podrá ser riguroso y mucho menos tenido en cuenta por nadie que se precie.

No obstante, yo lo escribiré con dos objetivos: el primero, que las aportaciones de quienes tengan a bien contradecirme me ayuden a darme cuenta de lo enfermo que estoy y el segundo, que no vaya a ser que me pase como con el Spining y resulte que de aquí a un siglo se hable de algo parecido y se atribuya su invención a algún máster de ESADE.

jueves, 3 de noviembre de 2011

A mí que no me pregunten

La que ha liado el tal Papandreu con su idea de convocar un referéndum para preguntar a su ciudadanía no sé qué sobre el plan de rescate europeo a Grecia. Estoy segurísimo de que mucha gente defenderá que precisamente eso es lo que tendrían que hacer con más frecuencia quienes gobiernan y, de hecho, a eso se deben referir todas esas personas indignadas que piden una democracia real. Yo, sinceramente, discrepo.

La verdad es que, si yo fuese griego y teniendo en cuenta que no se sabe exactamente que es lo que se va a preguntar, no tendría ni idea de qué responder. La situación en Grecia es tan delicada que entre quienes se supone que entienden existen discrepancias, así que pretender que yo participe de una decisión de la cual no puedo tener conocimiento suficiente lo considero una irresponsabilidad.

Ese es mi punto de vista, es decir, el de una persona con una inteligencia media, una formación universitaria (aunque de poco prestigio) y un cierto interés por las cuestiones políticas y económicas. Debo ser, más o menos, un ciudadano de la media. Por lo tanto en un referéndum participaría gente mucho más capacitada que yo para dar una respuesta informada a la pregunta. Sin embargo, también tendría derecho a participar el 50% de población incapaz de dar una respuesta mínimamente razonada al asunto y que lo haría en función del tiempo climático del día de la votación, de la simpatía hacia quienes defiendan una u otra opción o por llevarle la contraria al vecino del quinto.

Así las cosas, creo que pasar un asunto así a sufragio popular es algo así como escurrir el bulto a la hora de tomar la decisión más delicada que debe haber tomado alguien en la historia reciente de Grecia. Pasase lo que pasase después, la culpa sería del pueblo. Y todo eso, contando con que no se hiciese trampa en la pregunta, que es lo más probable.

Nuestra representación en cortes y gobiernos nos puede gustar más o menos. Para eso podemos expresarnos en cada comicio e, incluso, concurrir a ellos. En todo caso esas son las personas que ostentan una responsabilidad ineludible por la que cobran y para cuyo desempeño se rodean de gente que debería ser conocedora de los temas que les conciernen.

Queda mucho por avanzar en cuanto a las consecuencias que deberían tener para quienes nos mandan las decisiones erróneas y, en su caso, las malintencionadas; pero pretender que quienes nos representan (aunque haya quien no lo sienta así) nos consulten cada decisión no es sólo una cuestión utópica, sino también una irresponsabilidad en la práctica.

Yo ya voté a quien creí oportuno. Ahora quien ganó que decida y que lo haga bien (que no necesariamente a mi gusto). Yo ya les criticaré, que siempre resulta higiénico pero a mí que no me pregunten porque no sé ni tengo porqué.

miércoles, 12 de octubre de 2011

La duras palabras de Duran

Oía el otro día las declaraciones de Duran i Lleida en uno de esos actos precampañeros que vienen a producirme más sensaciones nauseabundas que otra cosa. Yo no sé si en la política, como en el rock, se consume algún tipo de estimulante antes de salir al escenario, pero esa podría ser una explicación para entender cómo pudo expresarse de tal manera a la hora de poner sobre la mesa una discusión que, muy probablemente, debería plantearse algún día aunque en otro tono y en otros foros.

En cuanto a las formas hay que lamentar que alguien que sueña con tener responsabilidades de gobierno estatal (o al menos en Catalunya se bromea sobre la ambición ministerial de Duran) pretenda arañar votos convirtiéndose en abanderado de una argumentación populista, seguramente basada en el desconocimiento y relativamente frecuente en las tertulias de café por Catalunya pero que, a todas luces, hace apología del enfrentamiento entre comunidades, algo que no creo que beneficie ni a ninguna de ellas ni al conjunto del estado.

Sobre el fondo, en cambio, quisiera hacer alguna reflexión especialmente después de encontrar en el muro de una facebookamiga un enlace a un artículo interesante. Yo no voy a discutir el derecho al subsidio que corresponda a ninguna persona trabajadora cuando no existe ocupación. Puedo entender perfectamente que el empleo en el sector agrario puede llegar a ser (cada vez menos) altamente estacional, pero aún así creo que quienes pretenden defender los intereses de esas personas se equivocan de estrategia.

Garantizar subsidios y ayudas para quienes no pueden ejercer su derecho al trabajo no es sólo lícito, sino justo y necesario, como diría un cura. Sin embargo, hacer del paro cíclico un hecho normal y callar a la gente con cuatrocientos euros, me parece hasta inconstitucional, al privar a esas personas de ejercer uno de los derechos que, según dicen, deberían dignificarlas.

Así, paradójicamente, el Plan de Empleo Rural (PER) se ha convertido en un Plan de Desempleo. Ha hecho que, según apunta Francisco Luís en su artículo, más de ciento cincuenta mil andaluces y andaluzas hayan llegado a considerar normal pasarse la mitad de sus vidas viviendo de un subsidio. Y eso, desde mi punto de vista, demuestra muy poco interés por parte de sus representantes (que posiblemente también ocuparán alguna suite en algún hotel y que también son mantenidos por los recursos públicos) en solucionar los problemas de fondo de su ciudadanía.

Si una pequeña parte de lo que se ha empleado en este país, incluso de lo que se está empleando actualmente en subsidios por desempleo, se estuviese aprovechando para reducir morosidades de administraciones, abordar verdaderas reconversiones productivas (no sólo industriales, porqué no buscar alternativa a la producción agraria en comunidades con excesiva dependencia de dicho sector) o facilitar la autoocupación, por ejemplo, posiblemente las tasas de paro habituales (descontando el último decenio, por ejemplo) en España serían otras.

Probablemente quienes me consideraban un rojillo recalcitrante y hayan leído hasta aquí estén ahora mismo en estado de confusión. Puede que no sea tan rojillo como piensan o quizá sea que considero que la clase obrera tenga demasiada dignidad como para tener que mendigar prestaciones públicas mientras pueda ofrecer a la sociedad su más preciado bien: la capacidad de trabajo.

Una vez más, sin embargo, las formas y el momento han puesto a huevo eludir el fondo del debate. Desde Andalucía han considerado el tema una ofensa tal que reprovarán a Duran i Lleida, pero no se replantearán una política que, en el fondo, les ha venido dando unos magníficos resultados electorales ni que sea porque les permite meter el miedo en el cuerpo de quienes dependen seis meses al año de una prestación.

A Convergencia les ha salido bien la jugada. En una época en que otras opciones nacionalistas podrían hacerles sombra, se han metido en el bolsillo a buena parte del electorado de espardeña y barretina más beligerante con las tierras allende el Ebro y, sin embargo, lo han dejado todo perfectamente bien para no tener que cambiar nada si llegan a tener capacidad de decisión en Madrid.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Hablé con ella

No es que fuese la primera vez. En casi 16 años de matrimonio lo hemos hecho más veces, pero nunca hasta ahora me había propiciado una entrada en el blog. Tampoco es que me dijese algo tan novedoso y, posiblemente por eso, por repetitivo, he decidido desahogarme de una vez.

La situación en el trabajo de mi mujer se enrarece. Los recortes en la sanidad catalana han llevado a plantear un ultimátum de aquellos que ahora tanto se llevan al personal del hospital en el que nos conocimos. Nada de todo eso es extraordinario, como tampoco lo es la reacción del personal, en un tono muy similar al que sufrí como representante del personal en el ayuntamiento en que trabajo.

Supongo que forma parte de la elaboración del duelo. Entre la negación y la ira aparece un victimismo recalcitrante. Frases como "que paguen ellos", "no nos merecemos esto", "la culpa no es nuestra" o "todo recae sobre nosotros" se repiten entre la gente que reparte las culpas del asunto entre la clase política, las entidades financieras y la especulación.

Pues bien, no voy a decir ahora, después de todo lo que he escrito, que la clase política se haya comportado adecuadamente en la gestión de los buenos tiempos. Dejando de lado las posibles corrupciones, el despilfarro ha sido de tal magnitud que ahora el endeudamiento se supone que nos ha dejado en el más absoluto de los bloqueos.

Sin embargo, de toda esa gente que ahora critica, debió ser un ínfimo número el que criticó en su día que se construyesen aeropuertos inútiles o se desdoblasen carreteras sin tráfico. Todo el mundo exigía un Centro de Atención Primaria (de esos que ahora no se pueden sostener) a la vuelta de su esquina, independientemente de que en su barrio o pueblo viviesen cuatro gatos.

Criticamos, sí, la gestión de la Seguridad Social pero ¿quién no conoce a alguien que cobra una invalidez y podría estar ocupando nuestro puesto de trabajo? ¿nadie ha colado con la cartilla de pensionista del abuelo los medicamentos de la niña? ¿Es inimaginable que alguien haya encubierto con un par de días de baja una ausencia no justificada al trabajo?

Lo he comentado con mucha gente y creo ser la única persona que conozco que en las últimas elecciones generales votó a un partido político porque prometió subir los impuestos. ¿Seguro que nadie votaba a quien prometía bajarlos?

El sistema financiero ha sido el catalizador de nuestra situación actual al olvidarse del interés social y del riesgo a la  hora de hacer negocio, pero ¿de veras nadie sabía que le estaban ofreciendo un crédito por mucho más valor del que tenía lo que compraba? ¿Seguro que no había quien, conscientemente, se hipotecaba más allá de su capacidad realista para pagarse vacaciones o coches nuevos?

Y la especulación financiera ha sido y sigue siendo el factor concomitante más grave de todo el proceso pero ¿Todo el mundo sabe en qué se invierte el dinero que tiene depositado en fondos de inversión o de pensiones? ¿Cuánta gente está ahora mismo retirando su dinero de esos productos para invertirlos en la banca ética?

He defendido (y pienso seguir haciéndolo) a las personas trabajadoras (a las gandulas siempre me ha costado un poco más) ante cualquier injusticia patronal pero, antes de quejarnos de que pretendan recortarnos sueldos ¿Hemos cambiado alguno de nuestros hábitos despilfarradores en nuestro desempeño profesional? ¿Cuántos niños y niñas imprimen sus trabajos escolares en folios hurtados del trabajo de sus progenitores?

Será porque me dediqué en su día al prevencionismo que no me gusta hablar de culpas (eso lo dejo para la carrera judicial) porque, entre otras cosas, siempre suena a castigo. Sé que el barco se hunde y me obligan a achicar agua. Yo no hice el boquete así que... ¿me niego a bombear? Ya llegará el tiempo de exigir responsabilidades . De hecho, podemos empezar a hacerlo el 20N con una parte y a diario con otras si nos pensamos un poco mejor lo que hacemos con nuestros ahorros.

Escudarse en que otra gente lo hizo peor o tiene mayor responsabilidad no nos ayudará ni a salir de ésta ni a evitar la próxima (que yo pronostico definitiva), así que tal vez deberíamos empezar a autoanalizarnos en parte y a estar en disposición de rectificar aquello que esté en nuestras manos y, sobretodo, a enseñar a nuestra descendencia a no cometer nuestros mismos errores.

Yo, por mi parte, voy a empezar a asumir los míos y, en consecuencia, no volveré a haceros víctimas de mis conversaciones familiares.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Jugando con la lotería

Veintitantos millones de euros publicitarios después, el gobierno español decide desdecirse de su decisión y no sacar a bolsa la Lotería Nacional. Por si esto lo lee alguien que aún no me conozca, diré que soy totalmente contrario a las privatizaciones en general y, en particular, me cuesta entender que se venda algo que genera beneficios por aquello del pan para hoy y hambre para mañana.

Por lo tanto no voy a criticar que, de momento, la lotería siga siendo una entidad pública. Ni siquiera voy a lamentarme por la millonada despilfarrada inútilmente en difundir el proceso que no se hará y que, de buen seguro, podrían haber venido la mar de bien para fines mucho más interesantes desde cualquier punto de vista que no sea el de la gerencia de alguna empresa de publicidad.

Lo que si que voy a hacer, aún a riesgo de que Mariano me crucifique por no conformarme con que las cosas se hagan bien, que además quiero que se hagan para bien, es criticar que después de toda la movida se intente vender que el gobierno cambió de opinión poco menos que para plantar cara a los mercados.

Si alguna cosa ha influido en la decisión del gobierno ha sido que se han acordado de que tenían convocadas unas elecciones, de que el PP ha dicho que no le parece bien la venta y que, en consecuencia, si luego no salen los números podría convertirse en un arma arrojadiza en plena campaña electoral.

De todas maneras, si en su recta final este ejecutivo quiere aparentar el izquierdismo que no ha demostrado durante su mandato, podría empezar por hacer reformas constitucionales con sentido social y no económico, nacionalizar bancos o alguna otra de las propuestas que hoy he oido explicar a Tomás Gómez que están saliendo del encuentro del PSOE que ha resucitado a González.

La lástima es que todo eso se les ocurra ahora, cuando llegan elecciones, después de cuatro años haciendo lo contrario. No me extrañaría que desde la dirección de la campaña alguien decidiese acabar de rapar a Rubalcaba. Tal vez así nos recordaría un poco más al calvo de la lotería de Navidad y repartiría la ilusión que su partido ha robado a tanta gente en estos años.

martes, 20 de septiembre de 2011

Auditorias inauditas

Después de escuchar la rueda de prensa del Conseller Mas-Colell llego a la conclusión de que o él se explica fatal o yo no me entero de nada o, lo más probable, un poco de cada. Lo digo porque lo que yo he entendido es que el Govern ha gastado 850.000 € de las escuálidas arcas públicas para que una empresa privadísima les lea los números de la Intervención General del Estado, les explique lo que ya sabían y, a su entender, les ratifiquen en lo que ya están haciendo.

Seguramente se trata de eso, de un malentendido por mi parte porque, de haberlo comprendido bien, resultaría que el gobierno catalán habría publicitado a dos meses de las elecciones unos datos irrelevantes que sólo sirven para intentar echar más tierra sobre sus adversarios políticos y autojustificarse en sus decisiones más impopulares. Eso sí, todo ello bajo financiación pública y encargado a una empresa cuyo parentesco con el partido gobernante desconozco.

Pero vaya, que no puede ser cierto. No sería coherente pensar que una gente que espera a decidir si aplica o no el impuesto sobre el patrimonio a saber los resultados del 20N con el argumento de no decantarse hacia ninguno de los dos partidos más importantes del estado y así no influir en el resultado de los comicios, hiciese cualquier maniobra extraña para intentar beneficiarse electoralmente.


domingo, 28 de agosto de 2011

Abierto por reformas

Aunque comparto generación con muchas de esas personas, nunca entendí que hubiese tanta gente que pudiese ser feliz viviendo de prestado y subiéndose a nubes que no les pertenecían. Era de lo más normal que aquello no durase y, finalmente, la burbuja explotó. Lamentablemente, la explosión acabó salpicando a quienes, como puede ser mi caso, teníamos claro que no se podía gastar más de lo que se ingresa.

Lo triste es que esa forma de financiarse había calado tan hondo en nuestra sociedad que hasta la administración se había acostumbrado a hacer uso de más recursos de los que disponía, de manera que ha llegado un momento en que lo que ingresa lo tiene que destinar a pagar intereses y actualmente se ve "obligada" a recortar lo irrenunciable.

Por lo visto realmente tenemos ya asumidísimo que eso de hipotecar hasta a la suegra es lo natural. Es el único motivo por el que se me ocurre que a la gente le pueda extrañar que los políticos hayan planteado algo tan de sentido común a mi entender, como que en lo público tampoco se puede gastar más de lo que se ingresa.

Así las cosas, yo no criticaría la reforma constitucional planteada por PP y PSOE en su contenido. Lo haría más bien porque me parece muy triste que aquello que tantas veces se ha planteado como un proceso poco menos que imposible en lo práctico y inaceptable en lo moral como es reformar la constitución, ahora se pueda hacer en quince días para que quede hecho antes de acabar la actual legislatura.

Resulta que la piedra angular de nuestra legislación sí es tocable, pero sólo cuando lo manda eso que llaman mercados y no cuando lo hace la opinión pública. Unos mercados que deben ser estúpidos si creen que añadir unos párrafos ambiguos e indeterminados va a garantizar que quienes administran nuestras finanzas públicas vayan a cambiar de actitud.

La verdad es que esto del circo político-financiero parece que no dejará de sorprenderme jamás, igual que me sorprende que a alguien le extrañe a estas alturas que la mencionada reforma no se someta a referéndum. El manual de cualquier partido político explicita que sólo se deben someter a sufragio aquellas cuestiones sobre las que se tenga garantías de obtener el resultado deseado y creo que a fecha de hoy está claro que cualquier cosa que propongan los dos partidos más representados en cortes tiene puntos de no prosperar en referéndum.

En definitiva, socialistas y populares saben bien lo que hacen. Lo que espero es que la gente tengamos la suficiente memoria como para exigir en el futuro que la sacrosanta constitución no sea esgrimida como argumento para no modificar el sistema de designación del Tribunal Constitucional, replantearse el sistema de organización del estado o establecer un modelo diferente de sistema electoral, por ejemplo. Si en quince días se va a poder modificar la constitución, ésta debería quedar definitivamente abierta por reformas para el futuro.

jueves, 16 de junio de 2011

200 millones

A los que ya tenemos una edad, el título nos suena a dos tercios de un programa de televisión con vocación hispanoamericana pero no. Esa es la cantidad que parece ser que la familia Botín tuvo que pagar después de hacer una declaración complementaria de su IRPF del ejercicio 2005. Es decir, que resultó que después de declarar lo que declarasen, se habían "olvidado" de hacer constar tal cantidad de dinero que, a razón de su tipo impositivo correspondiente, debían al fisco esa minucia.

Lo más triste de la historia no es que esa pequeña diferencia se deba a que no se acordaran de declarar unas cuentas que tenían en un banco suizo y que había suscrito a su nombre el abuelo de la familia cuando, justo en los dos últimos años de la república, emigró allí para volver en cuanto Franco entró en Santander. De hecho, supongo que el pobre hombre iría a buscarse la vida humildemente por Europa como muchas otras personas tuvieron que hacer tristemente en las décadas siguientes.

Ni siquiera lo peor es que, si se acordaron de hacer la declaración complementaria fuese a instancia de la Agencia Tributaria, que se enteró por la policia francesa de la presencia de esas cuentas. A ciertas edades es razonable que la memoria empiece a fallar y se agradece que hacienda, que somos todos, nos tenga tan presentes que nos ponga al tanto de los descuidos.

Tampoco es penoso que a nadie se le ocurra que, tal vez, no sea suficiente que hagan una simple complementaria y paguen "un poco" más, sino que quizás seria razonable pensar que, aunque seguramente no existiera intención de defraudar, ni que sea a modo ejemplificador se debería sancionar a quien omite algún que otro cero en su declaración de renta.

Lo lamentable es que cualquier día de estos el señor Botín se atreverá a dar consejos de cómo se debe administrar el país, a recomendar que reformemos las relaciones laborales para generar confianza en los mercados o incluso a exigir que el dinero público se utilice para ayudar a la pobre banca, que está pasando una mala época.

Y lo más lamentable todavía será que, seguramente, llegado ese momento a quien le toque gobernar lo tendrá en consideración.

martes, 7 de junio de 2011

¿Peaje por hipocresía?

Aceptaré que se me acuse de paranoico pero mucho me temo que la euroviñeta, la directiva que permite que los estados miembros de la Unión Europea encarezcan hasta un 30% sus peajes para los camiones, tiene finalidades más oscuras que la supuesta protección ecológica.

En tiempos de crisis las reivindicaciones proteccionistas abundan. Las restricciones al libre movimiento de personas ya se ha reclamado desde diversos países y así se ha planteado la reinterpretación del tratado de Shengen.

Pero si las migraciones se viven con reparo desde el euroescepticismo pujante, el libre comercio entre los estados miembros también puede ser una amenaza económica desde el punto de vista de quienes defienden el proteccionismo. Claro que si alguien propusiese recuperar aranceles y tasas a la importación, podría ser poco menos que condenado a la crucifixión.

Sin embargo, la preocupación por el medio ambiente es mucho más políticamente correcta y popularmente aceptada, de manera que excusar por ahí un incremento en el coste del transporte de mercancias que, evidentemente, beneficiaría a las producciones de proximidad, resulta muy socorrido.

Tal vez sea cierto y sea un paranoico o, al menos, un malpensado que ve fantasmas donde no los hay. Ojalá sea cierto y la nueva directiva se preocupe tanto por nuestra salud medioambiental como las ministras alemanas de la de su ciudadanía a la hora de alertar de orígenes de brotes epidémicos. Espero que no resulte que nos han impuesto un peaje simplemente por la hipocresía de quienes nos gobiernan.

jueves, 28 de abril de 2011

Imbecilidades contables

Para tranquilizar a los mercados (y a la Merkel, y al Sarkozy...) hay que reducir el déficit público. Para reducir el déficit público, el estado no puede pagar a las comunidades autónomas los fondos de competitividad o de cohesión que tenía comprometidos. Como ese dinero no se ingresa, para hacer frente a los gastos las comunidades autónomas tienen que generar déficit. Pero si las comunidades autónomas no cumplen con los objetivos de déficit, tampoco reciben autorización del estado para emitir una deuda pública que les ayude a tener liquidez.

Ahora bien, si las comunidades autónomas incluyen en sus presupuestos como ingresos el importe correspondiente a los fondos en cuestión que ya saben que no van a cobrar en este ejercicio, el balance se equilibra, no reflejan déficit y, en consecuencia, pueden recurrir a la suscripción de deuda para financiarse, con lo que al final del ejercicio habrán generado déficit (porqué no habrán ingresado lo que presupuestaron) y deuda (porque la habrán suscrito).

No entiendo mucho de todo esto pero no acabo de verlo claro y, si yo no lo veo claro, me cuesta creer que los mercados, la Merkel o el Sarkozy se lo traguen con lo cual, ¿no estamos haciendo un poco el imbécil?

miércoles, 13 de abril de 2011

El precio que no tengo

Si Napoleón pronunció todas las frases que se le atribuyen, debía hablar en sueños porque despierto no le habría dado tiempo suficiente. Alguien me dijo una vez (seguramente me engañó) que el pequeño corso había dicho algo así como que "toda mujer es prostituta y todo hombre traidor, sólo depende del precio", una frase que ha día de hoy le habría costado la crucifixión por machista .

Desde entonces, me he dedicado tiempos muertos a intentar descubrir, sin éxito, cuál seria mi precio. Hoy, sin embargo, he conseguido la respuesta a la pregunta opuesta. He descubierto cuál no sería mi precio y no precisamente por insuficiente, sino por excesivo.

En concreto es el de Alfredo Sáenz, consejero delegado del Banco Santander, que vende sus servicios (y tal vez su moral) al módico precio de 9 millones de euros anuales, es decir, lo que cobraría yo en 265 años, que son los que tardaré en jubilarme si dejo elegir al gobierno.

La verdad es que no lo envidio. A parte de los remordimientos de conciencia que me causaría irme a dormir cada noche sabiendo la de familias que se han quedado sin casa por no poder pagar la hipoteca que justifica mis honorarios o la de gente que se ha quedado sin empleo porque no he querido conceder crédito a empresas por el riesgo a que yo tuviese que reducir mis incentivos, tendría que enfrentarme al duro quebradero de cabeza de decidir ¡que narices hago yo con mil quinientos millones de pesetas al año!

Con lo cual llego a una conclusión fácil: seguramente no soy más íntegro que nadie, pero quizá sí más práctico.

jueves, 7 de abril de 2011

Me voy a pasar de chulo

Pues sí, hoy me voy a pasar de chulo. Ya advierto en la presentación de este blog que mi intención es opinar de todo sin entender de nada, pero es que esta vez me voy a atrever a exponer teorías económicas después de saber de la última decisión del Banco Central Europeo de subir los tipos de interés.

La intención que hay detrás de tal determinación no es otra que la de contener la inflación que últimamente ha tenido un cierto repunte. De hecho, es la clásica medida de defensa ante los incrementos de precios y, teniendo en cuenta que la carta fundacional de la propia institución les encomienda justo eso, es razonable que intenten detenerlo.

Sin embargo, voy a poner en duda la efectividad de la medida en las situaciones actuales. Se supone que una subida de tipos de interés incentiva el ahorro y, en consecuencia, retrae el consumo, lo que reduce la demanda y, por tanto, modera los precios. Todo ello una teoría muy práctica en el pasado, cuando las escaladas de precios se debían a desequilibrios entre la ofertas y la demanda local.

Lo que no tengo yo tan claro es que el origen del repunte inflacionario esté en esos factores. No creo que el consumo esté excesivamente acelerado en Europa a día de hoy si nos fijamos en cómo va la actividad económica y, por lo tanto, dudo que la población tienda al ahorro cuando justo les va para hacer frente al consumo básico, del que no pueden prescindir. De hecho, si reducimos más el gasto, es posible que acabemos de colapsar un sistema económico basado en el consumo.

Si los precio suben se debe en buena parte a factores como el precio de los carburantes, a los que poco afectará reducir algo el consumo en el viejo continente mientras en oriente próximo esté pasando lo que pasa y en el lejano la economía siga creciendo al ritmo y de la forma en que lo hace. Tampoco creo que hayan contribuido a contener la inflación los incrementos de tipos impositivos como el IVA que los estados han tenido que aplicar para aumentar ingresos públicos y eso tampoco se soluciona encareciendo el dinero.

En definitiva, sé que me paso de chulo, pero pronostico que la medida no sólo no va a reducir la inflación, sino que va a ahogar a los particulares (especialmente a aquellos que tienen que hacer frente a hipotecas revisables) primero y a los estados después (que también tendrán que enfrentarse a mayores tipos en sus créditos o a la hora de colocar sus emisiones de deuda).

Como siempre, es posible que alguien gane. Esas no son otras que las entidades financieras, que podrán justificar incrementos de los tipos en sus productos de crédito. Tal vez ese sea el objetivo final de la medida: recapitalizar las entidades financieras sin necesidad de que sean ayudadas directamente por los estados. El único problema es que quienes tendrían que afrontar esa operación pagando más por lo que deben, quizá no tengan la capacidad de hacerlo.

Al final me paso de chulo y de apocalíptico, pero creo que la línea del BCE es errónea y temeraria en la situación económica actual. Claro que ellos son los expertos y yo un opinador aficionado. Disculpad mis elucubraciones.

jueves, 17 de marzo de 2011

Pellizcando, o tal vez mordiendo, el estado del bienestar

Como la salud, el amor o la felicidad, definir el estado del bienestar puede ser difícil y saber hasta que punto dispones de él, casi imposible. Pero también igual que esos otros conceptos, nos queda bastante más claro cuando lo perdemos.

Hace muy poco que hemos vivido un cambio de gobierno en Catalunya. La verdad es que estoy convencido de que las condiciones económicas en que el nuevo ejecutivo ha tenido que coger las riendas no son como para muchas alegrías. Sin embargo, ante esas situaciones es cuando cada cual demuestra quien es en su manera de reaccionar.

CiU lo está teniendo muy claro. Como le falta dinero recorta. Pero recorta ¿de dónde? Pues recorta de la sanidad e invita a pagarse polizas privadas. Recorta de educación y los colegios e institutos tienen problemas para pagar la calefacción. Recorta de las prestaciones a la dependencia y retrasa sus pagos. Recorta en personal y pone en cuestión nada menos que quince mil puestos de trabajo.

Con muy buena fe, alguien puede llegar a creer que realmente tales medidas responden exclusivamente a una austeridad impuesta por las circunstancias. Dejando de lado que en ese caso podrían haberse iniciado los recortes por otros ámbitos, podemos seguir analizando. Porque si tenemos problemas financieros, ¿es razonable eliminar el impuesto de sucesiones, especialmente cuando ya no existe el de patrimonio? Y, si todo el problema es económico, ¿porqué queremos ahora examinar de catalán a los inmigrantes antes de decidir su arraigo?

No nos dejemos engañar. La crisis es la escusa, pero el objetivo no es otro que desmantelar las bases más fundamentales de nuestro estado del bienestar, no vaya a ser que cualquier mindungui pueda sentirse igual de persona que el consejero delegado de alguna multinacional. No de golpe, claro, que igual se nos ocurre montar una revolución a lo norte de África o a lo Islandia, pero si a pellizcos (más bien bocados) continuados y sin compasión.

No sé si teníamos claro lo que era el estado del bienestar. Seguramente criticábamos mucho el nivel de implantación que tenía en nuestro entorno. Pero muy probablemente, tendremos mucho tiempo para valorarlo y añorarlo cuando lo hayamos perdido.

martes, 15 de marzo de 2011

Tsunami financiero en Japón

Cuando aún se van contando por millares los cadáveres que aparecen en las costas japonesas. Cuando las imágenes de la desolación y la impotencia humana siguen siendo cotidianas en el país nipón. Cuando las miradas del mundo se dirigen a centrales nucleares que van estallando por fases y un país entero vive en el mayor de los pánicos a una radiación masiva, los queridos mercados financieros nos dan una muestra más de cuál es su ley.

Un tsunami virtual está arrasando los parqués japoneses y amenaza una economía que debería estar preocupándose de un desastre mucho más tangible y de asuntos mucho más primarios. Al más puro estilo carroñero, quienes se dedican a la especulación sobrevuelan los despojos de lo que hasta hace cinco días era un país desarrollado. No dudan, como creo que nadie lo hace, de que Japón se sobrepondrá a esta desgracia como lo ha hecho con muchas otras. Eso, precisamente, es lo que la convierte en un apetitoso objetivo.

Creo que nunca dejará de sorprenderme lo asquerosamente repugnante que resulta el mundo de la especulación financiera. Quienes hoy se apresuran a vender sus valores de empresas niponas están jugando a póker sobre un tapete de cadáveres sin los más mínimos escrúpulos. Quienes mañana se apresurarán a comprar a precios más que bajos para rentabilizar inversiones, estarán arrancando las migajas a los protagonistas de un cuadro apocalíptico para acabar de hinchar sus voluminosas panzas.

De la misma manera, nunca dejará de preocuparme que en los últimos años nuestros gobiernos hayan decidido rendirse sin condiciones a sus reglas, en lugar de plantarles una batalla que, sin ser fácil, debería ser cuando menos moralmente obligatoria. Nunca fue bueno un mundo gobernado por el feroz rey león, pero no puede ser mejor uno gobernado por buitres y hienas.

Decenas de miles de personas están oficialmente desaparecidas en Japón. La mayoría de ellas no aparecerán jamás. Una tragedia, sin duda. Sin embargo, éstas, a diferencia de sus familiares, no podrán llegar nunca a sentir cómo de despreciable puede llegar a ser nuestra calaña cuando se habla de dinero.

sábado, 5 de marzo de 2011

Así nos va

Que a una honorable anciana alguien le deje sin ahorros mediante un timo al más puro estilo estampita, resulta de lo más lamentable y deleznable que alguien se pueda imaginar. Pero si resulta que la anciana en cuestión lo que hizo fue dejar ese dinero en depósito a alguien que le prometió suculentos dividendos a cuenta de inversiones en petróleo y todo ello libre de impuestos, quizá sea simplemente que se haya encontrado con la horma de su zapato.

Vivimos en una sociedad en que nuestra picaresca es siempre lícita e incluso suscita envidias. Sin embargo, cuando nos encontramos con las consecuencias razonables de nuestras acciones, nos desresponsabilizamos por concreto. Sólo se me ocurre un comentario al respecto: así nos va.

jueves, 3 de marzo de 2011

Me C(i)Uesta comprender

Me alegro por las 2000 personas que antes de mi próximo cumpleaños habrán conseguido jubilarse a los 60 años con incentivo incluido, aunque no lo entiendo.

Me cuesta comprender que quienes defendían hace cuatro días que había que alargar la edad media de jubilación real en España hasta los 65 años, ahora apuesten por anticipar la del personal a su servicio.

Me cuesta comprender que eso se entienda como un ahorro para los presupuestos públicos sólo porque una parte de lo que percibirán esas personas deje de salir del presupuesto de la Generalitat para imputarse al de la Seguridad Social a la que, además, no aportarán nada.

Y me cuesta comprender que además se haga todo ello con intención de suprimir las plazas del cuerpo docente que ocupaban esas personas. Es decir, que el objetivo final sea disminuir el número de profesores y profesoras en las aulas catalanas.

En definitiva, me cuesta comprender que se haga una apuesta por atacar de una tacada a la Seguridad Social, al sistema educativo y a la dignidad de quienes se nos pidió comprensión y sacrificio para, supuestamente, mantener un sistema de pensiones al que ahora se puede apuñalar por la espalda impunemente.

miércoles, 2 de marzo de 2011

De las intenciones a los hechos

Lo decía ayer: eso sería tema de otro post. Pero como Cristina me pregunta porqué todos mirábamos hacia otro lado mientras se perdían los derechos humanos en Libia, me veo en la obligación moral de ofrecerle mi discutible opinión al respecto.

Seguramente fue redactada con la mejor de las intenciones y quizá la Asamblea General de Naciones Unidas hasta se la creía cuando la aprobó. Pero en sus sesenta y dos años de vida, la declaración universal de los derechos humanos se ha convertido en un instrumento en manos de los estados más poderosos y poco más.

Pocos gobiernos se preocupan de por qué forro se pasan los derechos humanos en cualquier país que no disponga de reservas petrolíferas por controlar o economías emergentes por colonizar, en cuyo caso la violación de éstos se convierte en la excusa perfecta para derrocar a un dictador que no accede a según qué tratos o para invadir un país que amenaza la economía de los ricos.

No creo que haga falta hacer una lista exhaustiva para confirmar mi hipótesis, pero tal vez sirva recordar la poca prisa que se dio nadie en acabar con el conflicto de los Balcanes o lo poco que importaba el pueblo kurdo masacrado por Hussein hasta que a éste le dio por invadir Kuwait, por ejemplo.

Pero no hay que tirar de hemeroteca en absoluto para tomar conciencia de esa instrumentalización. Ayer mismo Ban Ki-Moon exigía que en Libia se respetasen los derechos humanos más fundamentales y citaba entre ellos el derecho de reunión y la libertad de expresión. Si alguna vez se ha manifestado con tanta energía contra China, cuyo último premio Novel aún no sabe que lo ha ganado, no sólo nadie le ha hecho caso, sino que se han dedicado a regalarles juegos olímpicos y beneficios comerciales desde todos los países.

Sarkozy reconocía el otro día que Francia no había hecho en Libia nada que no hubiesen hecho los demás y Rodríguez Zapatero estaba estos días negociando con emires árabes que no puedo acusar de nada pero a los cuales no me extrañaría ver en la palestra a medio plazo.

Echando una mirada al mundo llega uno a la conclusión de que los derechos humanos ocupan una prioridad mucho inferior que los intereses económicos en la política. De hecho, mal vamos cuando la tutela de esos derechos humanos se la ha atribuido hasta hoy un país que no respeta el más fundamental de ellos y mantiene vigente la pena de muerte.

No dudo de la bondad de una declaración que nació cuándo y como lo hizo, en plena resaca del horror Nazi. Pero tengo claro que igual que el holocausto fue una anécdota y Hitler tuvo amigos hasta que amenazó la integridad de las grandes potencias de la época, las perennes violaciones de los derechos humanos de hoy quedarán silenciadas mientras haya espesos mantos de dólares, euros o barriles de petróleo bajo los que ocultarlas.

lunes, 31 de enero de 2011

Prefiero un mal acuerdo a un decreto peor

No creo equivocarme mucho si digo que quienes vamos a valorar positivamente el acuerdo alcanzado sobre la modificación del sistema de pensiones perteneceremos, al menos, a uno de estos dos grupos: los que sabemos lo que es negociar bajo una espada de Damocles y los que se han creído la necesidad imperiosa de retrasar la edad de jubilación.

La gente del primer grupo tenemos claro que, cuando quien tiene la sartén por el mango tiene decidido hacer algo,  o aprovechas el margen de maniobra que te permitan las circunstancias o acabarás pasando por un tubito muy estrecho. Ahí creo que los sindicatos han sido altamente habilidosos para, a pesar de un apoyo popular limitado (por más farol de huelga general) y una coyuntura económica y geopolítica adversa, convertir una imposición inicial (el retraso de la edad de jubilación) en una casuística que se dará en determinadas condiciones. Eso sí, obviamente con otras concesiones (como el tiempo de cómputo para el cálculo del importe).

Respecto al segundo grupo hablo en tercera persona porque yo sigo sin tener muy claro que lo de la necesidad exista más allá de la exigencia de unos mercados a los que les vendrá muy bien que la gente suscriba planes privados de pensiones, de manera que puedan disponer y hacer negocio con los ahorros particulares de la gente durante decenios continuados. Si un año con un paro del veinte por ciento, pagando subsidios a quienes agotan la prestación por desempleo y repartiendo aún cheques bebé se ha cerrado el balance de la seguridad social con superhábit, la afirmación de que en veinte años el sistema será deficitario tendrían que explicármela despacito.

Aún así quedará un grupo difícil de calcular pero nada despreciable en número de personas que seguirán afirmando que los sindicatos son unos vendidos y que le han hecho el trabajo sucio al tal Zapatero, que es su amigo. Yo no estoy entre ellos, aunque sí me ha sorprendido una de las novedades incluidas en el acuerdo, si realmente lo está como se explica.

Me cuesta entender que con tanto tiempo luchando por conseguir que las mujeres pudiesen incorporarse al mercado laboral en igualdad de condiciones, de hablar de conciliación de vida laboral, familiar y personal para garantiza la compatibilidad del trabajo remunerado con la paternidad y la maternidad, así como de dedicar esfuerzos a hacernos entender a los hombres que lo de las criaturas y las casas no son una cuestión de si nos colgaban o no unos pinganillos entre las piernas, resulta que parece que se premiará a las mujeres que decidan interrumpir su carrera profesional durante dos años para cuidar bebés.

Seguramente yo he entendido mal o la medida o todo lo que creía tener claro respecto a esas cosas de la igualdad, pero me suena a algo negociado entre hombres convencidos de estar haciéndole un gran favor a unas mujeres cuando, en realidad, lo que pasará es que no generará ningún remordimiento de conciencia al empresariado enviarlas a casa durante dos añitos para cuidar de la prole bajo la excusa de que, al fin y al cabo, para eso les dio Dios la virtud de parir. Todo un avance en la lucha por la igualdad, sin duda.

martes, 25 de enero de 2011

Crónica de una muerte anunciada, aunque lamentable

No sé porqué ni en qué momento los consejos de administración de las grandes cajas de ahorros decidieron entrar en la competencia directa con los bancos, olvidando así su función social y su arraigo al territorio para invertir en la compra de acciones de multinacionales y dejar sus obras sociales como simples formas de marketing al más puro estilo patrocinio de equipo deportivo.

En todo caso, cuando hicieron eso empezaron a escribir la crónica de una muerte anunciada. Si las cajas tienen de eso poco más que el nombre, hasta el punto que su clientela dice "vengo del banco" cuando sale de una de sus oficinias, están transformándose en monstruitos cuyo único destino puede ser el de acabar siendo convertidos en grandes monstruos o devorados por ellos.

Una vez clara la situación, cabían dos caminos: deshacer la metamorfosis o acelerar el proceso. Nuestro gobierno, en un nuevo golpe de timón hacia la derecha, ha optado por lo segundo que es más fácil, más rápido y más fácil de explicar a Merkel o Sarkozy. Es, pues, un nuevo triunfo del neoliberalismo que consigue así que, sea quien sea que necesite financiación, deba llamar a su puerta: desde la multinacional hasta la más insignificante persona física. De esa manera, podrán acabar de dictar las normas del juego hasta el último de los renglones.

Sin duda, es toda una garantía de que aquello que nos ha llevado a la actual crisis económica no se vuelva a producir (creo que se lee perfectamente la ironía entre las líneas). Desde mi punto de vista, una noticia lamentable que no sólo no será realmente pan para hoy, sino que nos garantiza más hambre para mañana.
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