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miércoles, 4 de mayo de 2011

Sobre libertad de prensa, el derecho a la información y la expresión de opiniones

Creo que ayer era algo así como el día internacional del periodismo y que las asociaciones profesionales del sector aprovecharon para reivindicar la libertad de prensa. Yo también quiero sumarme a su reivindicación porque tengo claro que de ella depende un derecho de toda la ciudadanía como es el derecho a la información, pero quisiera poner algún matiz.

Es difícil entender una sociedad avanzada sin una ciudadanía que tenga libre acceso a la información que le permita formarse opinión sobre los asuntos con conocimiento de causa. Ahí los poderes públicos deben facilitar al máximo la labor del periodismo, que es la profesión que tiene encomendada la labor de acercarnos dicha información.

Como ya tengo una edad, no voy a pedir que las noticias nos lleguen de manera objetiva. Nadie explica nada objetivamente. Aún así, creo que la clase periodística debería tener más claro de lo que lo tiene que, en su caso, la expresión de opiniones y la manipulación de la información están a veces separadas por una delgada línea que conviene no traspasar.

Las opiniones se defienden en columnas y artículos con ese apellido, en debates de radio o televisión o en otros foros de ese estilo, nunca debería hacerse en reportajes o artículos de carácter informativo, en los que se debería facilitar todos los datos posibles a la audiencia para que sacase sus conclusiones.

Si alguien ha compartido mi análisis hasta aquí, seguramente también estará de acuerdo en que omitir información relevante para el juicio de unos hechos también seria censurable en el caso de medios o profesionales de la información.

Y si compartimos este último párrafo, aunque no compartamos la afición futbolística a un mismo equipo deberíamos estar de acuerdo en que no hacer ninguna mención al gol anulado ayer al Real Madrid (y no hablo de valoraciones o juicios, sólo del dsato), no deja de ser manipular la información.

Pues bien, invito a leer la crónica de la televisión pública de Catalunya y a que luego alguien me pregunte porqué digo siempre que no estoy de acuerdo en mantener las televisiones públicas.

martes, 22 de marzo de 2011

La cara olvidada del deporte

Quien me conoce, especialmente quien me ha visto en el Nou Congost, sabe perfectamente que soy de las personas más explícitamente crítica con el colectivo arbitral. Tal vez sea por eso por lo que me ha sorprendido en un primer momento que el premio al mejor deportista del año en Gran Canaria se lo haya llevado un árbitro.

Luego, pensándolo bien y sin entrar en el detalle del elemento en cuestión, al que seguro que en alguna ocasión he expresado mi desacuerdo respecto a su criterio, llego a la conclusión de que es de justicia que de vez en cuando se reconozca a un colectivo al que le toca un trabajo tan indispensable para el espectáculo del deporte como menospreciado por quienes lo siguen.

Habitualmente, lo mejor que le puede pasar a un árbitro (o a una árbitra, que haberlas haylas) es que nadie se acuerde de él (ni de su familia) cuando acaba el encuentro. En este caso, sin embargo, habrá que felicitar tanto al Sr. Arteaga como al Cabildo de Gran Canaria por reconocer la labor de la cara más olvidada del deporte.

jueves, 27 de enero de 2011

Reflexiones sobre la incoherencia humana

No sé si ha sido por la hipoglicemia o por la deshidratación, pero las clase de spinning de hoy me ha producido un cierto efecto de iluminación mística que me ha conducido a una profunda reflexión sobre lo incoherente o, quizá, lo absurdo del ser humano.

Desde que se nos puede considerar como especie, las personas nos hemos dedicado a buscar las maneras para reducir los esfuerzos que nuestra subsistencia requería. Así, inventamos la rueda para no tener que fatigarnos arrastrando cosas, aprendimos el arte de la ganadería para poder evitarnos la persecución de las piezas y, de paso, poder convertirnos en tribus sedentarias, ahorrándonos así los desplazamientos estacionales en busca de alimento.

Pero no teníamos bastante. Moverse de un sitio a otro cansaba, así que domesticamos animales e inventamos mecanismos. Primero carros, luego bicicletas y más tarde ambas cosas con motores incorporados para que la comodidad fuese mayor y el esfuerzo menor.

Aún así, llegó el día en que bajar de coche para abrir la puerta del aparcamiento empezó a resultar pesado, así que inventamos el mando a distancia, que aplicamos más tarde a los televisores, no vaya a ser que gastásemos en casa las energías ahorradas en la calle.

Evidentemente, el hecho de mecanizar nuestros viajes nos ayudó a ganar tiempo, un tiempo que nos sirvió para disfrutarlo con ese mando que habíamos aplicado a la tele y, más recientemente, con sus versiones para videoconsolas. Entonces, alguien descubrió que no hacer ejercicio físico era malo. 

Alguna otra persona tuvo la genial idea de inventar gimnasios: unos sitios maravillosos donde la gente anda, corre y pedalea para no llegar a ningún sitio y levanta pesos para no producir absolutamente nada y, encima, paga por ello. Eso sí, a cambio se obtiene (si se posee la constancia y la determinación suficientes) un cuerpo Danone, es decir, acorde a unas proporciones que no sabemos quién ha decidido.

Visto así, el gimnasio acaba siendo una muestra irrefutable de que somos bastante menos racionales de lo que pensamos. Nuestra inteligencia ha traicionado a nuestro sentido común y hemos conseguido esclavizarnos para tener un montón de cosas que nos obligan a esclavizarnos un rato más en el gimnasio. Nuestra estupidez, por su parte, ha conseguido que encima, lo hagamos con alegría.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Citius, altius, fortius.

Llevo años intentado entender la paradoja que supone para mí esa expresión de "deporte profesional". Cuando yo era joven, hacer algo por deporte era hacerlo sin esperar más recompensa que la autosatisfacción pero se ve que, en un mundo materialista como el nuestro, la recompensa al esfuerzo o es económica o no vale la pena.

El deporte profesional no es tal cosa, sino más bien un espectáculo alrededor del cual generar negocio. No voy a decir que me parezca ilícito, evidentemente, especialmente cuando pago anualmente un abono de baloncesto ACB, pero creo que debería diferenciarse hasta en el nombre de lo que hacemos muchísima gente en el tiempo que liberamos de nuestras obligaciones, porque tiempo libre no nos queda.

Lo digo porque después confundimos a todo el mundo. En primer lugar a nuestros chavales y chavalas, a quienes acabamos enseñando que el objetivo es triunfar y no disfrutar y que no basta con hacerlo bien, sino que hay que hacerlo mejor, sobretodo mejor que el hijo del vecino.

Pero también nos autoconfundimos cuando defendemos que se dediquen recursos públicos a subvencionar el deporte elitista (que no de élite) porque se supone que fomenta su práctica entre la población para que luego, los críos y crías que juegan en esos mismos clubs tengan que pagarse hasta los calcetines a precio de oro.

El único deporte que se fomenta desde la profesionalidad es el de sillón y mando a distancia o, si mucho se me apura, el de grada insultante. A quienes nos gusta el deporte podemos pedalear cuando no hay Tour de Francia, correr tras el balón cuando se acaba la liga o raquetear sin Roland Garrós, y lo hacemos aunque sabemos que nunca lo haremos como Contador, Messi o Nadal.

Pero claro, como correr tras la pantalla no cansa, queremos que esos, los de la élite, cada vez sean más rápidos, más altos y más fuertes, importándanos un rábano que haya límites que resulten infranqueables por naturaleza. Luego, cuando la evidencia nos asalta y descubrimos que para superarlos se ha recurrido al dopaje, nos llevamos las manos hipócritamente a la cabeza y nos preguntamos cómo puede ser.

Claro que, para hipocresía, la de toda esa gente de ese mismo mundo que ahora dice que no sabía nada. O, casi peor, los que dicen que sí sabían pero nunca dijeron nada. Los que se han dopado no han hecho más que ser incapaces de salir de un círculo vicioso en el que o daban más o era como si no diesen nada.

Quizá deberíamos empezar a quitarnos las orejeras y a darnos cuenta de que esto del deporte profesional es como el cine pero sin efectos especiales y que habrá que pedir lo humanamente posible, pero no más allá.  O hacemos eso, o tal vez algún día nuestros propios vástagos, que serán citius, altius y fortius que los del vecino, nos tendrán que confirmar que, aunque los hijos siempre superan a sus progenitores, los milagros no existen y sólo son efecto de la eritropoyetina y sus derivados.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Sin ánimo de lucro

El Barça ha decidido incorporar publicidad en su camiseta. Lo aplaudo sinceramente entre otras cosas porque estoy convencido de que los ingresos que no le lleguen por ahí, como en muchos otros clubs deportivos de élite, los acabaremos pagando de manera más o menos indirecta entre la totalidad de contribuyentes de este país.

Pero como el Barça es más que un club, no podía conformarse con la publicidad de una empresa cualquiera y ha buscado ser esponsorizada por una fundación sin ánimo de lucro. La verdad es que eso, ya de entrada, me sorprende bastante. Que una fundación sin ánimo de lucro decida gastar 30 millones de euros para que su logo luzca en la camiseta de un club de fútbol (aunque sea el mejor del mundo) no me parece para nada razonable.

Pero Qatar Foundation ha decidido hacerlo. Se trata de una fundación sin ánimo de lucro que, según su web, tiene por misión "preparar al pueblo de Qatar y de la región para conocer los retos de un siempre cambiante mundo y hacer de Qatar un líder en innovación, educación e investigación".

Será que el desconocimiento me hace desconfiado pero, visto que el fundador de dicha organización no es otro que Hamad Bin Khalifa Al-Thani, actual emir de Qatar y su presidenta la mujer de éste y considerando que el país en cuestión es una pequeña porción de Golfo Pérsico a la que le salen los petrodólares por lo oídos, tengo mis sospechas de que posiblemente no tenga toda la transparencia que sería deseable para que su logo comparta camiseta con UNICEF.

No voy a decir ni mucho menos que sea más digno anunciar una casa de apuestas, pero sí que sería peligroso que la directiva del Barcelona estuviese ofreciendo accidentalmente su imagen a una organización que enmascarase bajo la apariencia de algo loable cualquier cosa menos respetable.

martes, 19 de octubre de 2010

El plato que se sirve frío

Sin tener mucha idea de ello, lo que está pasando en Can Barça me suena más a revancha personal que a cualquier otra cosa. No tengo ni idea de cuáles son los aspectos concretos que le parecen a Rosell dignos de denuncia, pero dudo que sean algo inhabitual el las presidencias de los clubes de fútbol. Estoy bastante seguro de que el maquillaje en los números de Laporta existieron pero, si eso fuese motivo para denunciar a un expresidente de club de fútbol, dudo que quedase alguno en este país por enjuiciar.

La verdad es que desconozco si es cierto que se hicieron gastos abusivos a cuenta de tarjetas de crédito del propio Barcelona pero, en todo caso, el hecho de que la actual Junta Directiva haya decidido interponer una demanda civil y no penal me lleva a pensar que excesivos o no, no deben considerarse fraudulentos.

Nunca sabremos qué pasó hace años entre Rosell y Laporta, pero seguro que dejó huella. Seguramente Sandro tendrá motivos suficientes para desear vengarse de Joan impidiéndole triunfar en su carrera política pero, aunque eso pueda ser humanamente justificable, no creo que el prestigio de un club deba ponerse en juego por un ajuste de cuentas entre dos excompañeros de junta.

Mi opinión en este caso más que en otros, no tiene ningún valor. No soy culé, el fútbol me interesa lo justo, Laporta no me cae bien y sobre Rosell no me he entretenido siquiera a formarme una opinión. Aún así creo firmemente que estaría bien que el actual presidente del Barça se esforzase en vengarse de su antecesor de la mejor manera en que puede hacerlo el máximo responsable de una entidad: gestionándola mejor y alcanzando metas mayores. Está claro que lo tiene difícil pero, si no se cree capaz de hacerlo, tal vez no debería haberse presentado a la elección.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Otra versión del mismo deporte

Algo bueno tenía que tener la acelerada proliferación de canales televisivos, especialmente temáticos, vivida desde que apareció la TDT. Dejando a parte la posibilidad de mantener a las criaturas entretenidas durante más tiempo gracias a las cadenas infantiles, durante los últimos días estamos ante una oportunidad poco habitual de disfrutar de lo mejor del baloncesto femenino.

Resulta que ha tenido que llegar Marca TV para retransmitir en directo lo que de momento está siendo un paseo triunfal de la selección española, que ha ganado y con solvencia todo lo que ha jugado (escribo esto en la media parte de un partido en el que ganan de 23).

Quienes amamos este deporte (I love this game) sabemos que los partidos de mujeres no ofrecen mates espectaculares ni otras demostraciones de poderío físico pero que, tanto o más que el masculino, el baloncesto femenino demuestra cualidades técnicas y tácticas que lo hacen más que digno de la atención del público.

Sin embargo, la cobertura mediática de esta versión del segundo deporte nacional es tan triste que no ocupa ni tan solo una reseña en el teletexto de los canales generalistas. Seguro que luego, si consiguen alcanzar alguna medalla, todo el mundo querrá apuntarse al carro ganador y añadirán la selección femenina de baloncesto a la colección de "rojas" exitosas que enaltecen el orgullo patrio.

Como a mi no me gusta apuntarme a carros de los que no he tirado quiero mostrar mi apoyo desde aquí a esta disciplina y al resto del deporte femenino, así como aprovechar para aconsejar a quien tenga el tiempo necesario que siga alguno de los partidos que quedan y que apuntan a ser más interesantes aún porque, según parece, van a tener rivales delante.

viernes, 13 de agosto de 2010

Triple salto mortal con tirabuzón


Primero fue Joan Laporta. Después de su exitoso paso por la presidencia del Fútbol Club Barcelona anunció su decisión de saltar al campo de la política con la pretensión de, ni más ni menos, presidir la Generalitat de Catalunya. Ahora Jaime Lissavetzky anuncia su intención de dejar de ser el Secretario de Estado para el deporte con el fin de convertirse en alcalde de Madrid.

Podría añadir a esta lista la candidatura a la alcaldía de Manresa por CiU, que fue encabezada hace cuatro años por el presidente del Bàsquet Manresa SAE y que lo será en esta ocasión por un expresidente de la misma entidad que ostentaba cargos directivos en la ACB.

Provienen de campos diferentes, pero tienen en común que intentarán tirar de la popularidad que produce haber dirigido entidades con cierto éxito deportivo para asaltar presidencias políticas.

Esta nueva moda no se si es más peligrosa para la política o para el deporte. No sé si es peor que la gente se deslumbre por éxitos deportivos que no necesariamente tengan que estar ligados con una buena gestión social y económica a la hora de elegir a sus representantes o que las presidencias de los clubs se conviertan en simples trampolines que permitan a quienes las ostentan dar el triple salto mortal con tirabuzón incluido.

Ya se verá en qué acabará todo esto y qué programas acompañarán a los candidatos, pero por mi parte tengo mis serias dudas de que ganar un mundial de fútbol o seis títulos en una temporada garanticen en absoluto la capacidad de nadie para dirigir los designios de millones de personas que no luchan por una copa, sinó por un puesto de trabajo digno.

domingo, 1 de agosto de 2010

¿Sería justo que existiese la justicia?


Por algún extraño motivo que nunca he llegado a entender, la gente tenemos la tendencia a pensar que la vida en general debe responder de alguna manera a criterios de justicia. Es como si de veras creyésemos que el mundo se rige por algún tipo de normas más allá de las físicas y que la suerte existe y además se reparte de manera racional.

Cuando uno empieza a tener una edad comprende perfectamente que eso de la justicia es un invento humano y además el concepto de lo que es o no justo varía de unos tiempos y culturas a otros o incluso del punto de vista des del que se analice.

Uno de aquellos momentos en que siempre me hace gracia que alguien haga referencia a la justicia es cuando se refiere al deporte. Tal o cual equipo ganó el encuentro justamente o bien fue injusto que cayese derrotado.

El deporte es, ni más ni menos, que un reflejo en muchas cosas de la vida en general. Lo es porque requiere esfuerzo y porque quienes saben sobreponerse a las desdichas tienen más posibilidades de éxito que quienes se hunden a las primeras de cambio. Y lo es también porque la justicia no existe.

En unas de las disciplinas en las que dicha afirmación queda evidenciada es en las pruebas individuales de atletismo y especialmente en las que, como la maratón o la marcha, todo se juega en una sola serie. Cuando, como pasó este europeo de Barcelona, una marchista pierde toda opción de victoria después de años de esfuerzo y de demostrar sus capacidades por una inoportuna sobrecarga muscular durante la prueba, eso no es justo. Como no lo es quedar fuera de la mejora por un centímetro en el lanzamiento de martillo, por ejemplo.

La justicia no existe. Es una entelequia que usamos para instrumentalizar muchas veces la venganza y así tener nuestro momento de satisfacción después de una desdicha, pero la justicia no existe. De todas maneras su ausencia también da oportunidades a quienes, de otra manera, nunca la hubiesen tenido. Tal vez no sea justo que la justicia no exista, pero quizá resulte más apasionante así la vida.

lunes, 17 de mayo de 2010

¿Y el fútbol qué?


Mi enhorabuena a la afición culé. Por segundo año consecutivo han conseguido llevarse la liga, aunque este año con un punto de emoción que hacía años que no se veía. La verdad es que han tenido que trabajar hasta la última jornada, lo cual significa que el segundo, el Real Madrid, también ha hecho un campeonato de liga más que correcto.

De hecho, seguramente nadie se habría imaginado, antes de empezar el campeonato, que con 96 puntos habría un equipo que quedaría segundo. Pero es que el campeón ha conseguido un récord absoluto de puntos con 99. Visto así, podría parecer que la liga BBVA tiene un aliciente que no tiene ninguna otra, pero yo tengo mis dudas.

Si miramos la distancia del segundo con el tercero descubrimos que, en realidad, no hay una sinó dos ligas. 25 puntos de distancia son demasiados para considerar que los tres primeros equipos jugaban la misma competición. Y ahí es donde a mí me entran las dudas.

Por más que en este país nos guste eso de que la gente tenga que ser del Barça o del Madrid, considero que los abanicos más abiertos son mucho más interesantes. Una liga de dos no creo que beneficie al deporte ni al espectáculo. Incluso tengo mis dudas que a los dos en discordia les haya beneficiado tal diferencia cuando se han plantado en Europa.

Sé perfectamente que con la victoria del Barça se habrán vendido muchos más periódicos y camisetas que con la Liga Europa del Atlético de Madrid (felicidades, colchoner@s), pero creo que un poco más de policromía le daría más atractivo a nuestro fútbol.

lunes, 26 de abril de 2010

Entre la cancha y el despacho


Hay gestas que, por cotidianas, parecen menores. Que el Bàsquet Manresa S.A.E., actualmente Suzuki, haya conseguido un año más mantenerse en la segunda competición mundial del baloncesto es, especialmente este año, comparable con un título continental para según que otro club aunque, por múltiples razones, no reciba el mismo trato mediático.

Se apuntaba una temporada difícil, sin patrocinador principal confirmado, con más de medio equipo desmembrado por los fichajes de clubs más potentes y saliendo de un año en el que, a modo de estudiantes de instituto que pretenden financiarse el viaje de fin de estudios, se tuvo que recurrir a la venta de camisetas para garantizar la subsistencia de la entidad.

No continuó mucho mejor. Finalmente el primer equipo tuvo que llevar el nombre de uno de los copatrocinadores sin que diese más dinero del que daba y, en lo deportivo, se sucedieron las lesiones de los que deberían haber sido los referentes del equipo.

Al final, sin embargo, se ha garantizado la permanencia matemática a tres jornadas del final, se ha fichado a una nueva empresa colaboradora que huele a espónsor y, aunque sin alegrías, no se han oído más llamadas desesperadas para colaborar a sacar a flote económicamente al equipo. Y todo ello no en un año cualquiera, sinó en el de la gran crisis económica.

Creo que, llegados a este punto, es de justicia felicitar, a parte de a todo el equipo de técnicos y jugadores, a ese otro equipo que ha sido criticado con tanta frecuencia cuando las cosas no han ido todo lo bien que se esperaba o cuando se auguraban peor de lo que han ido. Me refiero a ese equipo que no juega en la cancha, sinó en los despachos y que ha tenido mucho que ver en poder confeccionar un equipo, reemplazar lesionados y todo ello haciendo cuadrar, ni que sea mínimamente, los números.

No se ha vuelto a ganar aquella liga que siempre recordaremos y que hay quienes siempre reprocharán, pero el Manresa ha vuelto a cosechar un éxito: el de seguir siendo la ciudad más pequeña entre las más grandes. Se ha demostrado una vez más que con menos de esas discutibles ayudas institucionales que cualquier otro equipo del universo ACB también se puede subsistir. Un gran éxito, sin duda, que ha fructificado en la cancha, pero que se ha gestado en el despacho. Así que, por muchos años: SOM-HI MANRESA!

lunes, 15 de marzo de 2010

Cuando la política se viste de corto


Me gusta el deporte en general. Unos más que otros, evidentemente, pero a veces he visto hasta alguna partida de aquello que llaman cúrling o algo así y que consiste en barrer el hielo mientras avanza una gran piedra. Me gusta a veces por la estética, a veces por la emoción y a veces por las muestras de superación que implica su práctica a ciertos niveles.

También me gusta practicarlo. Estoy seguro de que alguno se me debe dar bien y, por eso, no paro de practicar uno detrás de otro a ver si descubro cuál es el mío. Aún no lo he encontrado. Sé que hay gente que lo practica profesionalmente y ahí ya tengo mis dudas. No tengo nada claro hasta que punto a ese nivel hablamos de deporte o de espectáculo.

Sea lo primero o lo segundo (deporte o espectáculo), la práctica profesional deportiva acaba siendo, sin duda, un evento social que se puede comparar, en algunos casos, con el circo romano, por ejemplo. Al igual que éste, no deja de ser una medida estratégica por parte de los gobiernos para mantener entretenido al pueblo, al que ya se sabe que hay que darle pan y circo. Así, el deporte se acaba convirtiendo en un instrumento político, más que en una práctica saludable.

¿Me he pasado? Tal vez sí cuando hablemos de clubs pero, ¿y si hablamos de selecciones? ¿qué sentido tienen las selecciones deportivas nacionales? Desde mi punto de vista, una selección nacional es la encarnación de la política calzando zapatillas deportivas. ¿O tal vez no es política un boicot a unos juegos olímpicos? ¿es deporte lo que se vive en las gradas de un Serbia-Croacia de baloncesto? ¿las selecciones autonómicas en España, se reivindican sólo por deporte?

Me gusta el deporte y, justamente por eso, odio que se instrumentalice y por eso, si de mí dependiera, eliminaría todas las competiciones de selecciones. Afortunadamente, sin embargo, no depende de mí y más de uno y una podrán disfrutar este verano de las hazañas de la roja... o no.
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