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martes, 3 de octubre de 2017

¿De qué tiene miedo, Sr. Sánchez?

Perdóneme, Sr. Pedro Sánchez, pero no le entiendo. No comprendo cómo puede constatar la ineptitud de Rajoy para gobernar y, acto seguido, pedirle que lo haga. No sólo eso, reunirse con él para hacerse cómplice.

No entiendo porqué tiene miedo de coger la mano tendida por el Sr. Iglesias (al que no profieso especial simpatía) para tomar las riendas de un estado que ya ha entrado en guerra en Catalunya.

¿Le escuece el Orgullo porque Podemos no le invistió presidente? ¿el mismo orgullo que impide a Rajoy hablar con Puigdemont y a la inversa? Debe ser el mismo que le llevó a enfrentarse a Díaz pero, si fue para esto, se lo podría haber tragado antes y, al menos, habríamos sabido todos de qué iba el cuento.

¿Teme que el nacionalismo catalán le gane la partida al suyo, al español? ¿Aún no se ha dado cuenta que ya lo está haciendo? ¿Le falta tanta inteligencia como para no comprender que a golpe de porra,a parte de cualquier consideración moral o democrática, los nacionalismos se alimentan y no se destruyen?

¡Ah! ¡No! Usted ha dicho condenar los porrazos e incluso tener alternativa. ¿Le falta valor para liderarla? ¿Hasta ahí llega su sentido de estado y su responsabilidad? ¿De verdad espera presidir el gobierno de España algún día? ¿De qué España? ¿De la que se está haciendo añicos inexorablemente? Si aún no ha sido capaz de recoser su partido ¿Cree que podrá hacerlo con todo el estado?

¿Qué pasa? ¿Hace cuentas electorales? Entonces, a parte de demostrar ser uno más en la mediocridad de nuestra clase política, ¿Quien espera que le vote en el futuro? ¿Los que están de acuerdo en enviar a la guardia civil dónde los políticos no llegan? Esos ya tienen al PP. ¿Los que confunden al PP con España? Para esos usted ya es el PP. ¿Los que aún creemos que alguien puede poner sentido común a este despropósito? Si espera que seamos esos, gáneselo dando un paso al frente. ¿No vé la oportunidad de resucitar el cadáver político de su partido si se convierte en el mediador que nos salve de esta catástrofe?

En Catalunya ya no hay un conflicto, Sr. Sánchez. En Catalunya hay una guerra. Los líderes actuales nos han llevado a ella y usted tiene en sus manos si no la paz (difícil por el momento), sí el armisticio que nos permita negociarla. Las víctimas que caigan por el camino tal vez no serán suyas, pero recaeran también sobre su conciencia.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Yo restaría 63 artículos

Advertencias:

Esta entrada es larga, pero su lectura incompleta puede llevar a conclusiones precipitadas. 

Está redactada desde la equidistancia expresada en la entrada en la entrada anterior de este mismo blog, por lo que puede herir la susceptibilidad de personas con un gran sentimiento nacionalista, especialmente si no se hace una lectura completa.

Para evitar el efecto expresado en el párrafo anterior he intentado no hacer uso de adjetivos e, incluso, hacer referencia, excepto en casos (casi) imprescindible a instituciones y no a partidos y, mucho menos a personas.

Introducción:

En Catalunya hay un conflicto (por si alguien lo dudaba). Análisis de motivos y reproches abundan por doquier, pero hasta ahora sólo han ayudado a agravar el conflicto. 

Propuestas de solución abstractas también hay alguna, pero el estado de ánimo de ciudadanía y gobernantes es de tal excitación que no se revierte con abstracciones. 

Por eso, me voy a atrever a proponer (desde mi humilde condición de ciudadano raso y sin ninguna esperanza de éxito) una solución (o al menos el camino hacia ella) concreta y alternativa a DUIs y artículos 155 de la constitución.

Hechos (casi) probados:

1. Tras años de reivindicaciones multitudinarias en Catalunya parece que, cuestiones ideológicas a parte, hay un punto en el que la gran mayoría de su población está de acuerdo: quieren que se les consulte respecto a su posible independencia.

2. El gobierno español, cuestiones ideológicas a parte, alega motivos legales para negar la consulta. El más importante: que la soberanía de España reside en el "pueblo español" y no en una parte de él. 

3. Ante esta disyuntiva, el gobierno de Catalunya decidió impulsar una consulta unilateral y vinculante que disgustó a su oposición, que criticó la decisión porque consideraban que cualquier consulta debía ser pactada con el gobierno español y con plenas garantías democráticas. 

4. El gobierno español y el resto de las instituciones (parlamento a parte) han hecho (casi) todos los movimientos posibles para impedir el referéndum, lo que imposibilitará que el 2 de octubre se conozca cuál es la opinión de la ciudadanía de Catalunya, pero mantendrá la confrontación y aumentará la crispación.

Premisas para una alternativa:

Así las cosas, técnicamente sólo es imaginable una alternativa a lo ya bautizado como choque de trenes si se cumplen las premisas siguientes:

1. Que se consulte a la población de Catalunya.

2. Que la consulta sea pactada y con garantías democráticas.

3. Que la consulta no cuestione la soberanía de la totalidad de la ciudadanía española.

4. Que el resultado no se pudiese interpretar como una victoria aplastante de ninguna de las partes en litigio sobre la otra para que ambas pudiesen aceptarla y presentarla a sus partidarios.

La alternativa propuesta:

En lugar de remitirnos a todos los artículos que los últimos días se han referido alrededor del conflicto en Catalunya (especialmente el 155), el presidente del gobierno español debería, tras negociarlo con las fuerzas catalanas, hacer uso del artículo 92 y someter a referéndum consultivo de toda la ciudadanía española la posible independencia de Catalunya.

Validación de la alternativa a las premisas previas:

1. Se habrá consultado a la población catalana y al día siguiente del referéndum se conocerá qué porcentaje de su ciudadanía la desea y cuál no.

2. La consulta habría sido negociada con el gobierno catalán.

3. No cuestionaría la soberanía de la ciudadanía española, puesto que toda ella habría participado y porque, tal como exige la constitución, el referéndum sería consultivo.

4. Ninguna de las partes podría atribuirse una victoria aplastante: los partidos que gobiernan en Catalunya habrían conseguido una consulta (votarem!) y además cumpliendo todas las garantías que pide su oposición y el que gobierna en España habría evitado el referéndum unilateral que se había comprometido a evitar (El 1 de octubre no habrá referéndum) y además con unas formas perfectamente democráticas que nadie podría cuestionar.

FAQ sobre la alternativa:

1. ¿Qué soluciona esa consulta?

No todo, pero es el camino a muchas cosas:

Por un lado, relaja los ánimos y esquiva un enfrentamiento inminente. 

Por otro lado permitiría conocer cuál es la situación de verdad, sin conjeturas, suposiciones o mayorías silenciosas en Catalunya.

Al día siguiente del referéndum no se habría solucionado nada y habría que hacer lo que se nos ha olvidado hacer: política. Pero el resultado del referéndum habría clarificado mucho las cosas. Los que tuviesen que negociar sabrían con exactitud la correlación de fuerzas en Catalunya y fuera y podrían, en consecuencia, negociar sabiendo a lo que realmente se exponen.

2. ¿Y si el gobierno catalán no lo acepta?

Me cuesta imaginar dicho escenario en el contexto actual. De no hacerlo estaría rechazando una negociación a la que ha dicho estar dispuesto "hasta el último minuto", se arriesgaría a perder el apoyo de buena parte de la base social al mantener una apuesta de dudosa legalidad existiendo una alternativa e incluso podría perder el prestigio internacional que se pueda haber ganado con la actitud de defensa democrática que ha alegado hasta ahora para mantener su posición.

No obstante, si no lo hiciese, el gobierno español siempre podría recurrir a las estrategias actuales (volver a saltarse 63 artículos), esta vez pudiendo alegar realmente que ha sido el catalán el que se ha cerrado a la negociación.

3. ¿ Y si el gobierno español no quiere?

Demostraría poca visión política y de estado (aunque sé que hay a quien no les sorprendería). En todo caso, actualmente el PP no está en mayoría y las fuerzas de la oposición, en mayor o menor grado, se van decantando por una solución que pasaría, tarde o temprano, por una consulta.

Aquí debería mojarse esa oposición que no defendió en el parlamento la actitud del PP e, incluso, plantear una moción de censura. Seguramente nadie querría asumir en la situación actual la presidencia del gobierno... a no ser que tuviese una alternativa con probabilidades de éxito para ofrecer, y ésta lo es.

Podría ser una oportunidad para algún partido en horas bajas en cuanto a popularidad e intención de voto (léase PSOE) convertirse de la noche a la mañana en la fuerza que soluciona "la mayor crisis democrática en España desde 1978" (o algo así le llaman).

4. ¿Aceptarían en Catalunya un referéndum no vinculante?

Yo creo que depende de cómo lo vendan PdCat, ERC y, sobretodo, ANC y Òmnium. 

Que un referéndum no sea vinculante legalmente no le resta vinculación política. En todo caso, la opción de que al día siguiente de la consulta, según el resultado, el gobierno catalán decretase una independencia unilateral siempre existiría, pero esta vez con datos para acreditar realmente si es la "voluntat d'un poble".

Epílogo:

Esto es todo lo que se me ocurre. Seguramente desde la ignorancia y la ingenuidad pero, eso sí, desde el espíritu constructivo, algo de lo que parece que hace tiempo que andamos escasos por estos lares.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Más equidistante que nunca

Desde que empezó a gestarse el conflicto de nacionalismos en Catalunya mi posición ha sido la misma, aunque aún haya quien considere que, los que están donde yo, no se han posicionado. 

Al principio se hacía difícil explicar cuál era esa posición, pero un día leí a Jordi Évole  hablando de equidistancia y lo compré porqué me pareció un matiz bastante distinto a la neutralidad, que puede confundirse con la indiferencia.

Lo que sí que ha cambiado en este tiempo son las fuerzas que me impulsan a mi posición. Mientras que en un principio era la falta de atracción hacia cualquiera de los bandos en conflicto, ahora es la repulsión. Y esa fuerza es mayor.

La falta de atracción es fácilmente reversible. Un pequeño empujón, un movimiento inercial o el acercamiento de cualquiera de las masas podía aproximarme a ellas. 

La repulsión, en cambio, es una fuerza infranqueable que hace que sólo alguien que ejerza presión constante en sentido opuesto puede vencer temporalmente pero que, a la que desaparece la presión, vuelve a impulsarte en sentido opuesto.

No es que falten las presiones (por mi ubicación geográfica y las características de mi red social, mayoritariamente para acercarme hacia el nacionalismo catalán) pero por ahora sólo han servido para constatar la gran intensidad de la repulsión que me mantiene en el centro.

Me produce repulsión que unos inventasen opresiones donde no existían y que otros decidiesen responder oprimiéndolos.

Me producen repulsión los gobernantes que deciden hacer las cosas porque les da la gana y los que deciden que no se hacen porque no les da la gana.

Me produce repulsión que unos y otros digan que lo hacen por el bien de todos cuando saben que de esto no puede salir nada bueno.

Me produce repulsión que unos, como el entrañable Rufián, sólo se olviden de hacer chascarrillos fáciles en el congreso cuando los detenidos son "sus amigos" y que los otros detengan a la gente porque no son son sus amigos. Especialmente porque yo quiero como a amigos a gente posicionada en ambos nacionalismos aunque no sea amigo de ninguno de los dos.

Me produce repulsión que unos envíen a la población civil a la calle para que exijan lo que ellos no saben defender en las cortes y que los otros, en lugar de trasladar la discusión allí, respondan con la Guardia Civil.

Me produce repulsión que unos y otros conviertan todo aquello que debería ayudarnos a entendernos en armas arrojadizas (las cortes, los medios de comunicación públicos e incluso los idiomas).

Me produce repulsión que unos prometan lo imposible y que otros hagan imposible lo que la mayoría demanda.

Me produce repulsión, tristeza y vergüenza ajena que unos y otros estén haciendo añicos el más valioso y escaso en nuestra historia de los patrimonios que tenemos: la convivencia pacífica independientemente de las ideologías y las coyunturas económicas y geopolíticas.

Y sobretodo, me produce repulsión que unos y otros lo hagan exclusivamente por su orgullo e interés propio, olvidando que desde el momento en que accedieron al cargo que ostentan dejaron de deberse a él para hacerlo a una ciudadanía que no es ni monolítica ni monocromática.

jueves, 29 de julio de 2010

La perversión del tema


Ya le dediqué un post al tema de la prohibición o no de las corridas de toros, así que no voy a perder ni un renglón en argumentaciones a favor o en contra. Lo que sí que quiero expresar es mi, llámemosle malestar, por esa capacidad de no sé quién para transformar cualquier tema en una cuestión identitaria.

Hasta donde yo sé todo el debate que ha llevado a la prohibición de las corridas de toros en Catalunya (si el Tribunal Constitucional o las cortes españolas no lo impiden) empezó a raíz de una iniciativa legislativa popular promovida por un grupo proteccionista de los animales. A partir de ahí, cada una de las firmas tendría sus motivaciones, pero la argumentación de la ILP era clara: la defensa de los derechos de los animales.

Al final se ha acabado transformando en una discusión sobre de dónde es cada tradición, un torero se ha disfrazado con una senyera y una barretina en una plaza y el PP vuelve a hacer anuncios apocalípticos sobre la unidad del estado a causa del resultado de la votación.

El debate entusiasmador a veces, amenazador otras de las identidades, las secesiones y los proyectos nacionales empieza a cansarme. De la proliferación acelerada de candidaturas independentistas se deduce fácilmente lo políticamente rentable que debe ser convertir en debates soberanistas cualquier tema.

Me parece fantástico que discutamos qué futuro debe esperar a esos conjuntos , para algunos inclusivos y para otros no, llamados Catalunya y España. Me parecería perfecto que de una vez por todas (he dicho una, no tantas como sea necesario para satisfacer a alguna de las partes) nos consultasen al respecto y se actuase en consecuencia. Sin embargo, me parece fatal la incapacidad de discutir absolutamente nada sin acabar hiriendo susceptibilidades y levantando ampollas en las sensibilidades ajenas.

sábado, 13 de febrero de 2010

Patriotismo francés


Sarkozy y compañía han decidio poner a examen el sentido patrio de sus conciudadanos pues tienen la sensación de que aquello que para los muchos francófobos de este lado de los Pirineos constituía chovinismo, ha ido disminuyendo en los últimos tiempos.

La verdad es que yo no me cuento entre los detractores de los gabachos, más bien al contrario. Por diversos motivos he tenido múltiples y variadas experiencias de contacto con nuestros vecinos del norte y normalmente me he llevado siempre la impresión de que tenemos mucho que aprender aquí abajo.

Entre las cosas que me gustaría que supiésemos imitar está, seguramente, ese patriotismo que ahora preocupa a su gobierno. Me estoy refiriendo constantemente, y no por error o sinonimia, a su patriotismo que no a su nacionalismo porque de lo segundo, aquí, estamos sobrados. No sé si el diccionario define de manera diferente los dos términos pero, en todo caso, yo los uso diferente.

Patriota, de patria, tiene su origen etimiológico en la palabra indoeuropea patres, al igual que lo hace padre. Por lo tanto un patriota es el que reconoce a un padre y a sus compatriotas, por lo tanto, como hermanos aunque algunos puedan ser adoptados o de madre diferente. Yo, a mi padre, le puedo ver todos los defectos que tenga, pero lo acepto y lo quiero porque es mi padre, sólo por eso y lo defenderé ante quien haga falta pero no pretenderé demostrar que sea mejor ni peor que nadie, simplemente es mi padre.

El nacionalismo, sin embargo, es para mí la defensa de una identidad que necesariamente tiene que diferenciarse de otras, porque esa es su razón de ser, la búsqueda de una sustantividad y una autonomía propias. Pero claro, no tiene sentido diferenciarme de alguien que es igual o mejor que yo y, por tanto, el nacionalismo acaba basándose en demostrase mejor que el otro y excluyéndolo.

Yo puedo ser patriota manresano, catalán, español, europeo y mundial a la vez, pero no nacionalista de todo ello simultáneamente. En Francia, si mucho no me han engañado, la gente es perfectamente capaz de sentirse bretona, normanda, alsaciana, provenzal o catalana o vasca y, simultáneamente, francesa y, sobretodo, orgullosa de la ciudad de la luz.

Seguramente tenga que ver mucho en esa diferencia que ellos, en lugar de golpes de estado, protagonizaron una revolución en la que los únicos vencidos, la monarquía, no vivió para pedir revancha. También que, en lugar de una guerra civil, vivieron dos guerras mundiales en las que todos tuvieron un enemigo común que era otro y no ellos mismos.

La duda para mí es, si mi razonamiento hasta aquí fuese correcto, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿se sienten unidos porque no se han peleado nunca o no se han peleado nunca porque se sienten unidos?

Francia, como cualquier otro estado grande (de hecho más que el nuestro) ha nacido también de la unión de reinos, la anexión de tierras y la conquista de condados, pero han conseguido generar un orgullo colectivo y no un enfrentamiento continuado entre comunidades. No sé si ahora está en crisis, pero con ella o sin ella, ojalá y una parte del patriotismo francés se nos contagiase y consiguiésemos todos y todas compartir el orgullo de ser algo, aunque fuese ciudadanos de un mundo sin himno ni bandera.
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