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miércoles, 26 de mayo de 2010

Rectificar es de sabios... y de sabias


Un lunes se publica el primer decretazo del gobierno Rodríguez en el 2010 (no será el último). El mismo día "algunos alcaldes enfadados" llaman a la Sra. Salgado para manifestar su malestar por uno de los aspectos que incluía el Real Decreto Para el Aumento de la Recesión Económica en España (que es el título que debería tener), el que prohibía a los ayuntamientos endeudarse a largo plazo a partir de ya.

El martes, el BOE ya publicaba la rectificación y la Sra. Salgado anunciaba desde Bruselas que se trataba de un error como tantos otros que se pueden producir en un boletín y, sobretodo, en un decreto tan extenso.

El 8 de junio se ha convocado una huelga que nos dará la ocasión de manifestar nuestro enfado por el resto del contenido del Real Decreto. Si lo hacemos bien, seremos más personas en la calle que alcaldes y alcaldesas hay en España. Tal vez así, la Sra. Salgado y el Sr. Rodríguez se den cuenta de que el error no era una fecha, sinó todo el Real Decreto y lo deroguen o si no, al menos, se replanteen el que ya están redactando: el de la reforma del mercado laboral. Al fin y al cabo, rectificar es de sabios... y de sabias.

martes, 9 de febrero de 2010

¿Tan importante es la reforma?


A mí me enseñaron que, cuando alguien tiene fiebre, si se trata exclusivamente con antitérmicos y no se ataca el origen del síntoma, puede acabar agrabándose la situación. Parece ser, sin embargo, que en economía el tema no funciona así.

Ante una crisis que todo el mundo está definiendo como de la construcción y financiera, la medida más reclamada es una reforma laboral que, en el mejor de los casos, podría paliar el incremento de la tasa de desempleo pero que, en ningún caso, alibiaría la incapacidad para financiarse de las empresas ni la parálisis en el sector que había venido siendo el motor de nuestra economía.

La enfermedad de nuestro sistema no es el paro. El paro es un simple síntoma que denota la gravedad de una patología de origen financiero. Reformar el mercado de trabajo actúa de paracetamol, pero no de antibiótico. Si no le damos a nuestras empresas el crédito que necesitan para continuar su actividad, el resto no serán más que curas paliativas.

¿Y se ha intentado algo en ese sentido? pues resulta que el primer intento del ejecutivo fue soltarles una millonada a las entidades de crédito que debieron servir, básicamente, para mantener los sueldos de sus directivos. Después se hizo una línea de crédito oficial, también con los bancos y cajas de ahorro como mediadoras, que parece ser que no llegan tampoco a su destino.

Lo último, el FROM, que aunque no acabe funcionando de acuerdo con la teoría de mi amigo Mariano, tiene como finalidad facilitar a dichas entidades que engrosen las cifras del desempleo porque, ¿para qué si no para pagar indemnizaciones necesita nuevos recursos una empresa que se va a fusionar para reducir el número de oficinas, optimizar los servicios centrales y hacer más eficientes sus sistemas de trabajo?

En definitiva, que estamos haciendo de House, probando una medicina detrás de otra sin dar con la solución, cuando lo que hay detrás es un cáncer que hay que extirpar o, al menos, someter a radioterapia. ¿cómo? canalizando todos esos recursos directamente a las empresas y a las familias que tienen posibilidades razonables de consumo. Saltándose a las entidades financieras y dando respuesta directamente desde las entidades de crédito oficiales. Y si no hay estructura, se inventa, aunque haya que contratar para ello a unos cuantos de los empleados de banca que les sobran a las entidades privadas y alquilar algunos de los locales que están quedando vacíos por doquier.

Con todo esto, ¿podemos descartar la reforma laboral? Seguramente no. Todo esto no va a funcionar ya y mientras tanto tal vez habrá que repartirnos lo poco que queda del pan (que no pastel) y, por lo tanto, no sería ninguna locura plantearse lo que se ha dado en llamar el contrato alemán.

Soy consciente de que lo que planteo es muy fuerte y descabellado. De hecho, sería reformar el sistema financiero de verdad. Pero claro, seguramente, si se hiciese algo siquiera parecido a lo que propongo, habría quien tacharía a nuestro gobierno de socialista.
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