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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Vengadores justicieros

Vale la pena mirar bien la foto porque, según en qué momento se esté leyendo este post, Troy Davis (así se llama el hombre del retrato) estará muerto. Lo estará porque, una vez más, la especie humana habrá confundido la justicia con la venganza.

Con cierta frecuencia nos sucede eso: clamamos en favor de la justicia cuando en realidad estamos sedientos de venganza. "Es el asesino de mi padre", dice el hijo de la supuesta víctima de Davis. Pero aún en ese caso, la ley del talión no le devolverá el padre que perdió.

Es justo que quien cometa un daño lo repare en lo posible. Es justo incluso que se tomen las medidas oportunas para que quien ha hecho daño una vez, no lo cometa de nuevo. Hacerle a quien ha hecho un daño el mismo daño que ha producido, es venganza.

Lo hemos vivido en el patio del colegio, cuando justificábamos haber pegado a la criatura de la otra clase porqué ella lo había hecho antes. Nos lo explicaron una y otra vez: eso no es una solución y así no se arreglan los problemas. Por lo visto, no lo aprendimos.

No me importa que, además de mis reflexiones sobre el fondo, existan motivos de forma suficientes como para dudar que el hombre de la foto sea el verdadero asesino. Aún en el caso de que el tal Troy hubiese sido un asesino confeso, su crimen no habría sido tan diferente al que cometerán quienes colaboren por acción u omisión en su ejecución.

La justicia debe ser un principio básico en cualquier sociedad que quiera vivir en paz. Los vengadores justicieros no deberían escaparse nunca del cómic, por más que nuestro instinto nos lo pida a veces.

jueves, 16 de junio de 2011

200 millones

A los que ya tenemos una edad, el título nos suena a dos tercios de un programa de televisión con vocación hispanoamericana pero no. Esa es la cantidad que parece ser que la familia Botín tuvo que pagar después de hacer una declaración complementaria de su IRPF del ejercicio 2005. Es decir, que resultó que después de declarar lo que declarasen, se habían "olvidado" de hacer constar tal cantidad de dinero que, a razón de su tipo impositivo correspondiente, debían al fisco esa minucia.

Lo más triste de la historia no es que esa pequeña diferencia se deba a que no se acordaran de declarar unas cuentas que tenían en un banco suizo y que había suscrito a su nombre el abuelo de la familia cuando, justo en los dos últimos años de la república, emigró allí para volver en cuanto Franco entró en Santander. De hecho, supongo que el pobre hombre iría a buscarse la vida humildemente por Europa como muchas otras personas tuvieron que hacer tristemente en las décadas siguientes.

Ni siquiera lo peor es que, si se acordaron de hacer la declaración complementaria fuese a instancia de la Agencia Tributaria, que se enteró por la policia francesa de la presencia de esas cuentas. A ciertas edades es razonable que la memoria empiece a fallar y se agradece que hacienda, que somos todos, nos tenga tan presentes que nos ponga al tanto de los descuidos.

Tampoco es penoso que a nadie se le ocurra que, tal vez, no sea suficiente que hagan una simple complementaria y paguen "un poco" más, sino que quizás seria razonable pensar que, aunque seguramente no existiera intención de defraudar, ni que sea a modo ejemplificador se debería sancionar a quien omite algún que otro cero en su declaración de renta.

Lo lamentable es que cualquier día de estos el señor Botín se atreverá a dar consejos de cómo se debe administrar el país, a recomendar que reformemos las relaciones laborales para generar confianza en los mercados o incluso a exigir que el dinero público se utilice para ayudar a la pobre banca, que está pasando una mala época.

Y lo más lamentable todavía será que, seguramente, llegado ese momento a quien le toque gobernar lo tendrá en consideración.

lunes, 9 de mayo de 2011

Una joya de justicia

A partir de hoy la justicia tiene una oportunidad para reconciliarse con quienes crean que no es tan ciega como se dice. Se inicia el proceso contra Lluis Corominas, el yerno de la familia Tous que mató de un disparo a uno de los asaltantes de la casa de los joyeros en Sant Fruitós de Bages hace cuatro años y medio.

El juicio se lleva a cabo ante un jurado popular y esa es, sin duda, la primera baza con la que juega la defensa que, desde el mismo momento en que Corominas salió de la prisión preventiva se cuidó muy bien de venderlo públicamente como una buena persona a base de colaboraciones con bancos de alimentos liderados por monjas mediáticas y peregrinaciones de la jet-set del Bages a Montserrat.

Sin tener mucha idea de derecho, dudo mucho que se pudiese defender la actuación del inculpado ante un o una juez. En ese caso seguramente la discusión durante el juicio se basaría en los posibles atenuantes que le supusiesen una menor pena.

Sin embargo, cuando el jurado tenga que elegir entre una buena persona que se asustó más de la cuenta el día en que el chalé de sus suegros era víctima de la ola de robos a la rumana y un delincuente inmigrante de la Europa del este cuyo cómplice ya se fugó de España tras salir de prisión bajo fianza, tengo mis dudas de que el pueblo llano sea capaz de defender los criterios de justicia y sentido común que, con mucha frecuencia, exige a la magistratura.

No tengo bola de vidrio y, por tanto, no puedo adelantar cual será el veredicto pero, en todo caso, sí que voy a desear que quienes deliberen tras las vistas tengan la capacidad de hacerlo desde la mayor de las ecuanimidades teniendo en cuenta que, por más que se les pueda encomendar a ellos dictar justicia, nadie tiene derecho a aplicarla por su cuenta y menos cuando se trate de la pena de muerte.

domingo, 24 de abril de 2011

Una reflexión sobre Sant Jordi

Lo sé, llego un día tarde. No es porque quisiera escaquearme de felicitar a quienes llevan Jordi, Jorge o sus versiones femeninas por nombre, sino porque lo de irse de vacaciones comporta a veces la desconexión no sólo metafórica. Aún así, no quiero dejar pasar la ocasión para reflexionar sobre Sant Jordi, pero no sobre "la diada", sino sobre la leyenda que teóricamente la inspira al menos en parte.

Después de haberla oído hoy en una interesante versión resumida del 3/24, he pensado que dicha leyenda puede ayudar a ejemplificar cómo de sutil puede llegar a ser la transmisión de valores de unas generaciones a otras. Si repasamos la historia de aquella princesa que tiene que ser rescatada por un caballero de ser devorada por el dragón, fácilmente nos pondremos de acuerdo en que no deja de ser una historia machista y que perpetúa los roles de siempre, motivo por el cual podría ser censurada.

En lo que no sé si repararía mucha gente es en que antes de que la princesa se ponga en peligro, el dragón en cuestión ya se ha merendado a un buen número de jóvenes doncellas del mismo reino sin que apareciese ningún caballero, sin que el rey que tanto llora por su hija hubiese hecho nada por impedirlo y, lo que quizá sea más grave, sin que el pueblo se sublevase contra él o exigiese que fuese precisamente la princesa la primera en ofrecerse al monstruo.

Visto desde esa óptica, las cosas no han cambiado tanto en estos siglos. Los caballeros quizá no abunden, pero las desgracias que sólo se transforman en injusticias cuando afectan a según quien siguen estando en el orden del día y los pueblos que siguen asumiéndolo como normal también. En definitiva, ¿qué más da, si siempre ha sido así?

miércoles, 6 de abril de 2011

Entre la ceguera y la locura.

Se pone uno a ver las noticias y se entera de que el alcalde y la concejal de fiestas de Les Borges Blanques están imputados por la muerte de una joven durante una fiesta de fin de año organizada por el ayuntamiento. Hasta ahí, parece razonable. Pero entonces resulta que quien denuncia (se supone que en representación de la familia) es la Federación Catalana de Asociaciones de Actividades Recreativas y Musicales que, evidentemente, estaría encantada de que nadie excepto sus empresas asociadas organizase ese tipo de eventos.

Luego explican que Berlusconi se ha vuelto a saltar el juicio por corrupción de menores y abuso de poder gracias a una agenda muy apretada (normal en un presidente de gobierno), pero que resulta que si el tema se alarga un poco más habrá prescrito, con lo cual il cavaglieri habrá vuelto a librarse de una sentencia. Sin embargo, a Álvarez Cascos lo de la agenda no le salva y lo amenazan con detenerlo si no va a declarar por calumniar a la policía.

En Madrid, la Audiencia Nacional sigue adelante con un juicio contra un ex jefe superior de policía en el que el fiscal pide la libre absolución del acusado, mientras en La Coruña la Guardia Civil detiene a un hombre 15 años después de que desapareciera una mujer, se archivase el expediente judicial y se reabriese hace un año.

A todo esto, un energúmeno de Girona al que para celebrar un triunfo deportivo no se le ocurre otra cosa que pasarse por el culo una bandera, en lugar de recibir la merecida indiferencia por respuesta, se enfrenta a una multa de 3000 € y a una condena de 9 de meses por un delito de ultraje a la bandera, mientras que a un monstruo que se lió a martillazos con su mujer le rebajan la pena porque tuvo el detalle de avisar al 112 cuando se cansó de golpearla.

Soy consciente de que todo esto son un montón de relatos inconexos y sin línea argumental. Ya sabía que la justicia es ciega. De todas maneras, cuando me sueltan estas historias una detrás de otra empiezo a dudar si en realidad de lo que sufre es de ceguera o de gilipollez profunda.

martes, 22 de marzo de 2011

La cara olvidada del deporte

Quien me conoce, especialmente quien me ha visto en el Nou Congost, sabe perfectamente que soy de las personas más explícitamente crítica con el colectivo arbitral. Tal vez sea por eso por lo que me ha sorprendido en un primer momento que el premio al mejor deportista del año en Gran Canaria se lo haya llevado un árbitro.

Luego, pensándolo bien y sin entrar en el detalle del elemento en cuestión, al que seguro que en alguna ocasión he expresado mi desacuerdo respecto a su criterio, llego a la conclusión de que es de justicia que de vez en cuando se reconozca a un colectivo al que le toca un trabajo tan indispensable para el espectáculo del deporte como menospreciado por quienes lo siguen.

Habitualmente, lo mejor que le puede pasar a un árbitro (o a una árbitra, que haberlas haylas) es que nadie se acuerde de él (ni de su familia) cuando acaba el encuentro. En este caso, sin embargo, habrá que felicitar tanto al Sr. Arteaga como al Cabildo de Gran Canaria por reconocer la labor de la cara más olvidada del deporte.

domingo, 1 de agosto de 2010

¿Sería justo que existiese la justicia?


Por algún extraño motivo que nunca he llegado a entender, la gente tenemos la tendencia a pensar que la vida en general debe responder de alguna manera a criterios de justicia. Es como si de veras creyésemos que el mundo se rige por algún tipo de normas más allá de las físicas y que la suerte existe y además se reparte de manera racional.

Cuando uno empieza a tener una edad comprende perfectamente que eso de la justicia es un invento humano y además el concepto de lo que es o no justo varía de unos tiempos y culturas a otros o incluso del punto de vista des del que se analice.

Uno de aquellos momentos en que siempre me hace gracia que alguien haga referencia a la justicia es cuando se refiere al deporte. Tal o cual equipo ganó el encuentro justamente o bien fue injusto que cayese derrotado.

El deporte es, ni más ni menos, que un reflejo en muchas cosas de la vida en general. Lo es porque requiere esfuerzo y porque quienes saben sobreponerse a las desdichas tienen más posibilidades de éxito que quienes se hunden a las primeras de cambio. Y lo es también porque la justicia no existe.

En unas de las disciplinas en las que dicha afirmación queda evidenciada es en las pruebas individuales de atletismo y especialmente en las que, como la maratón o la marcha, todo se juega en una sola serie. Cuando, como pasó este europeo de Barcelona, una marchista pierde toda opción de victoria después de años de esfuerzo y de demostrar sus capacidades por una inoportuna sobrecarga muscular durante la prueba, eso no es justo. Como no lo es quedar fuera de la mejora por un centímetro en el lanzamiento de martillo, por ejemplo.

La justicia no existe. Es una entelequia que usamos para instrumentalizar muchas veces la venganza y así tener nuestro momento de satisfacción después de una desdicha, pero la justicia no existe. De todas maneras su ausencia también da oportunidades a quienes, de otra manera, nunca la hubiesen tenido. Tal vez no sea justo que la justicia no exista, pero quizá resulte más apasionante así la vida.

miércoles, 28 de abril de 2010

Especies protegidas


María Emilia Casas Baamonde es el nombre de la presidenta de ese Tribunal Constitucional que, en más de tres años, no ha sido capaz de pronunciarse sobre la constitucionalidad del Estatut d'Autonomia de Catalunya.

Por si alguien ignoraba este dato, el otro día decidió salir a la palestra para defender, se supone, al órgano que preside argumentando que, si bien cabe la crítica razonable y razonada, no se debe tolerar la interesada e irracional y que el estado de derecho requiere el respeto hacia las instituciones que lo defienden.

Ignoro si existe lo razonable como concepto jurídico pero, desde mi punto de vista, criticar que no se haya sido capaz de cumplir con una misión (la única) que se tiene encomendad en más de tres años es sobradamente razonable. Creo también que la gran mayoría de las críticas que he oído al respecto lo son, no hacia un órgano, sinó hacia una composición que se ha demostrado ineficiente.

Afortunadamente, de ser inconstitucional alguno de los artículos del documento en cuestión, se ha demostrado en sus tres años largos de vida que lo será desde un aspecto conceptual, pero que no viola ningún derecho fundamental de la ciudadanía ni de Catalunya ni del resto del estado. De lo contrario, esa ineficiencia que ronda la inoperancia del tribunal constitucional estaría causando daños de difícil reparación que pondrían en duda el papel del órgano.

Me resulta curioso que cuando alguien se querella contra Garzón, a nadie se le ocurre decir que la Audiencia Nacional ha cometido algún tipo de falta por sus supuestas irregularidades. Por el contrario, cuando se critica al juez que instruye su caso o se pide que se renueve el Tribunal Constitucional, se defienden denunciando ataques hacia los pilares básicos de nuestra democracia.

Tal vez convenga, pues, recordar de vez en cuando los nombres y apellidos de quienes ostentan determinados cargos, ni que sea para permitirles lo mínimo posible que, a modo de camaleones, se mimeticen con el órgano al que pertenecen y se declaren especie protegida.

sábado, 17 de abril de 2010

Ni a la tercera, ni a la quinta


Dicen que a la tercera va la vencida, pero cuando hablamos del tribunal constitucional parece ser que no funciona ni a la quinta. Cinco han sido ya los intentos fallidos de ponerse de acuerdo, ni que sea por mayoría simple, 10 magistrados y magistradas al respecto del Estatut d'Autonomia de Catalunya.

Parece ser que en lo único que, hasta el momento, han conseguido llegar a un acuerdo es en que deben cambiar de ponente, supongo que para ver si el que lo va a hacer ahora tiene mayor capacidad de disuasión hacia sus colegas que su antecesora.

Entre recusaciones, acusaciones y renuncias a usar el voto de calidad de la presidenta el tribunal en cuestión, que debería ser el garante de los derechos más fundamentales reconocidos por nuestra carta magna, acaba demostrando ser lo que muchos y muchas pensamos: un órgano oxidado, politizado y de discutible utilidad.

Y a mí que todo esto me recuerda a aquello de once hombres sin piedad, aquella película en la que un sólo individuo de un tribunal popular consigue convencer a todo el jurado de que quien a todas luces parecía culpable de un crimen no lo era. ¿será un presagio?

miércoles, 14 de abril de 2010

Atentado contra la democracia


Así ha calificado Dolores de Cospedal el acto de apoyo a Baltasar Garzón que CCOO y UGT organizaron en la facultad de medicina de la Universidad Complutense de Madrid. La comisión permanente del Consejo General del Poder Judicial, de forma algo más políticamente correcta, habla de ataque a la actuación jurisdiccional del Tribunal Supremo y lo dice después de afirmar que su función nuclear consiste en la defensa de la independencia judicial. Dice el CGPJ que un acto así produce un descrédito hacia el propio estado de derecho.

Resulta que los partidos políticos pueden salir cada día de la semana a arrimar el ascua a su sardina en aspectos como, por ejemplo, la sentencia del tribunal constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Catalunya. Resulta que todo el mundo puede opinar sobre el caso Gürtel, posicionándose a favor o en contra de los implicados. Pero resulta que si quien organiza un acto son los sindicatos y lo que se pretende es posicionarse a favor de un juez, entonces son un grupo terrorista.

Resulta que el CGPJ debe velar por la independencia judicial, pero no le preocupa que a un juez no se le deje actuar libremente porque una asociación tan decididamente defensora del estado de derecho como la Falange le ha denunciado.

No sé si el juez Garzón se extralimitó en sus funciones al instruir causas por crímenes del franquismo pero, si resulta que defender públicamente a un inculpado es un acto de terrorismo, se quedó muy corto al no instruirlas contra las mayores fuerzas políticas de este país. Tal vez va a ser que en este país, el estado de derecho se desacredita él solito, sin ayuda de nadie.

martes, 6 de abril de 2010

La justicia del siglo XXI


No tengo ni idea de cual será la estrategia que harán servir los letrados que defienden a Luís Bárcenas, el Bigotes y compañía en lo que se ha dado en llamar caso Gürtel. Yo, si fuese ellos, alegaría indefensión. ¿que cómo la argumentaría? Pues simplemente exponiendo que no es posible que nadie sea capaz de leer 50.000 folios de redactado en ese enrevesado lenguaje jurídico para preparar la defensa.

Bromas a parte, lo que sí que me ha resultado curioso es que se tuviese que prolongar un día el secreto de sumario porque la longitud de éste había obligado a utilizar las nuevas tecnologías. Osea que, en la administración de justicia, la utilización de las nuevas tecnologías no sirve para acelerar las cosas, sinó para retrasarlas.

Supongo que es que uno se ha chupado demasiadas películas americanas en las que parece que todo sea tan sencillo como empezar a explicar cosas delante de un jurado y a recitar "protesto" a cada frase de la parte contraria, pero me sigue sorprendiendo la parsimonia y lo intrincado de nuestro sistema judicial.

A todo esto, lo único que ha acabado es la fase de instrucción. Ahora tendremos que esperar a que el proceso siga su curso y así, posiblemente, el Partido Popular podrá ahorrarse tener que hacer cualquier maniobra con Bárcenas para que ceda su acta de senador, excepto no incluirlo en las listas para las próximas elecciones. Si, además, la sentencia tarda lo suficiente, incluso podrán volver a encomendarse a las teorías conspirativas amparándose en escuchas ilegales. Mientras tanto, Garzón está procesado por hiperactivo. ¿Será tal vez que a nuestra justicia le marea la velocidad?

viernes, 12 de febrero de 2010

20 años no es nada


Eso es lo que dice el tango y lo que debe pensar la judicatura cuando tarda más de diecisiete para iniciar la vista por la explosión de una pirotecnia que costó la vida a dos personas.

Mientras tanto, un amigo mío al que alguien acusó de injurias por preguntarle a un concejal si dormía con una mujer que no era la suya, tuvo juicio al cabo de un mes. Está pendiente de sentencia y no dudéis de que si se le condena a cualquier cosa os lo comentaré, porque será digno de comentario.

A todo esto, el señor Millet y sus millones siguen rondando por ahí y, quien sabe, tal vez se esté leyendo esto y pensando que en diecisiete años seguramente el destino ya habrá dado buena cuenta de sus huesos.

La verdad es que a mí me cuesta un poco entender todo esto y es que tenía muy claro que la justicia era ciega, lo que no había oído nunca es que, además, fuese tonta.

miércoles, 20 de enero de 2010

Si fuera creyente


Si fuera creyente podría pensar que Dios hizo temblar Haití para liberar del sufrimiento sumo a miles de personas inocentes que vivían en la más absoluta miseria. O tal vez podría llegar a creer que se había consumado algún tipo de castigo bíblico a lo Sodoma y Gomorra.

Pero no lo soy y, por lo tanto, sólo puedo reafirmarme en que, por mucho que en ocasiones lo lamentemos, en ningún sitio está escrito que la vida tenga que ser justa y a menudo las desgracias les suceden a quienes menos las merecerían.

La justicia es un invento humano y ahora es momento de demostrarlo. Si la humanidad es capaz de convertir la gran desgracia en una ocasión para refundar un país ahogado en la miseria y darle una oportunidad a los haitianos, entonces se habrá hecho justicia. Si eso pasa seguiré sin ser creyente, pero al menos no dejaré de creer en el ser humano.
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