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lunes, 18 de octubre de 2010

Preguntas retóricas

Más de una persona me preguntaba hace poco más de quince días si los piquetes eran una manera justa de exigir el derecho a la huelga por parte de los sindicatos en España. Evidentemente era una pregunta retórica cuya respuesta se reducía a un monosílabo seguido de un "pero" y todas las explicaciones que se ocurriesen sobre la marcha. Hoy, sin embargo, me veo capacitado para contestar a la gallega, utilizando otra pregunta: ¿Porqué en Francia se jubilan a los 60 años?

No espero respuesta, porque ya la sé. A dos días de que el senado francés decida aprobar o no la modificación de su sistema de pensiones, el gobierno de Sarkozy tiene delante un conflicto que deja en menos que chiste cualquiera de los incidentes que se dieron en España durante el 29-S. Pero además, en Francia, el 71% de la población apoya la reivindicación.

Mi idea no es ni defender ni criticar los métodos pero sí remarcar un hecho: aquí, después de criticar a los sindicatos primero por débiles y luego por brutos, en el mejor de los casos, podremos seguir jubilándonos a los 65. Allí, creyendo a pies juntillas en que la única batalla perdida de antemano es aquella que no se libra y en el peor de los casos, se jubilarán a los 62.

martes, 28 de septiembre de 2010

Izquierdas: muchas, pequeñas y maniatadas

Aunque se pueda mimetizar utilizando diversas siglas, la derecha de este país tiene claro que es una, grande y libre. Una porque, aunque luego alguna parte intente ganarse su electorado promulgando nacionalismos diferentes al del conjunto del estado, asumen perfectamente aquello de que con las cosas de comer no se juega y así, pueden apoyar unos presupuestos generales a cambio de una transferencia o asumir un marco autonomista si a cambio se les concierta mejor el tema económico.

Al haber sólo una, se convierte en grande. Nuestra derecha es capaz de cerrar filas con facilidad para imponer su ley cuando es preciso, especialmente en lo que a cuestiones económicas se refiere. Y además es libre, puesto que sus intereses coinciden con los del resto de poderes fácticos del estado. Así, no tienen problemas para plantear los postulados abiertamente, puesto que el poder económico no sólo no se opone, sinó que los aplaude fervorosamente.

Así, el pensamiento de la derecha es monolítico. No tan solo el de sus organizaciones oficiales. Incluso cuando hablas con la gente por la calle, aquellas personas que responden a un ideario conservador dan la impresión de repetir automáticamente consignas dictadas desde algún estamento superior y que no necesitan ni pueden argumentar, sólo repiten.

En contraposición están las izquierdas. Y lo digo en plural porque las hay españolistas, independentistas, federalistas, verdes y de todos los matices habidos y por haber. A diferencia de la derecha, olvidan con frecuencia que, sobretodo en determinados momentos, lo esencial es lo esencial y buscar significarse por el punto de divergencia es dificultar alcanzar aquello que nos une.

Esa necesidad de expresar hasta el último matiz en cada tema hace que la izquierda se atomice de tal manera que todas acaben siendo lo suficientemente pequeñas como para que ninguna de ellas pueda plantearse gobernar sin recurrir a alianzas o apoyos que no siempre dan buenos resultados. Y si encima la mayor de ellas decide embarcarse en aventuras solitarias vendiendo al mejor postor sus propuestas, acaba sintiéndose maniatada y cediendo a las exigencias de los poderes económicos más apolillados.

La gente de las izquierdas tiene esa riqueza, esa capacidad para argumentar hasta la última coma y no dejarse empaquetar bajo cualquier etiqueta. Por eso hoy aún hay dudas de si mañana se debe o no creer a los sindicatos que, dicen algunos, han sido correa de transmisión de un sistema que teóricamente gobierna la propia izquierda. Por eso hay fuerzas de izquierdas que se suman a la huelga sin paliativos, otras que se oponen y otras que dicen que en todo caso van, pero en versión catalana.

Tal vez sería hora ya de ir aprendiendo de las lecciones de la historia. La derecha nos está colando un gol desde la izquierda y nosotros vamos a ver pasar el balón mientras discutimos la jugada. Quizás deberíamos llegar a la conclusión de que, ni que sea por una sola vez, la izquierda debería ser una, grande y libre de complejos para afirmar rotundamente: ¡así no!

martes, 21 de septiembre de 2010

La disyuntiva del PP


Por si alguien no se ha enterado aún, el 29 de septiembre está convocada una huelga general contra las reformas laborales y sociales emprendidas por el gobierno de España en los últimos tiempos. En resumidas cuentas mucha gente y especialmente la gente del Partido Popular lo resumirían diciendo que hay huelga contra Zapatero.

Eso, sin duda, desde el mayor partido de la oposición debería ser un motivo de alegría. Que quienes se supone que deberían ser más próximos al partido en el gobierno a la oposición convoquen una huelga general podría interpretarse como una señal de soledad del PSOE que electoralmente pudiese favorecer los intereses populares. Sin embargo el PP desea que la huelga sea un fracaso.

Que el partido de Mariano Rajoy animase a la movilización del 29 de septiembre sería tanto como aliarse con los sindicatos y, además, enfrentarse a unas medidas que van inequívocamente en la dirección que a ellos les gusta aunque se queden cortas. No hay que ser muy listo para imaginarse cómo se frotan las manos en el partido de la gaviota viendo como alguien se lleva los palos por hacer lo que ellos, posiblemente, habrían deseado sin atreverse.

Supongo que en esta disyuntiva, la de saberse beneficiados tanto por las medidas del gobierno como por la protesta ante ella, deciden una vez más nadar y guardar la ropa. Así es como se dedican a seguir acusando al ejecutivo de no hacer bien las cosas pero arremeten contra los sindicatos si no directamente, que siempre queda feo, atacando a sus representantes en las empresas y acusándolos a todos de ser liberados y abusar de dicha condición.

No voy a ser tan indecente como para hacer aquello de disimular mis defectos alegando los ajenos. Dicho de otro modo: no voy a decir que por más irresponsables que puedan ser los liberados y las liberadas sindicales, nunca llegarán al nivel de corrupción, prevaricación y otras muchas cosas feas al que han llegado algunos cargos electos que siguen siendo defendidos por la ejecutiva popular. Ni siquiera voy a entrar a defender a los y las sindicalistas de este país que son, como representación de la sociedad a la que pertenecen, personas honradas en su mayoría y deshonestas en un mínimo porcentaje.

Simplemente voy a decir que a partir del día 30 de septiembre o en su defecto del posterior a la derogación de la reforma laboral yo me ofrezco como asesor para redefinir el sistema de representación de las personas trabajadoras. Hasta entonces, ni nos engañemos ni dejemos que nadie se aproveche del esfuerzo de quienes el 29-S mostraremos el rechazo a una política regresiva, se llame como se llame quien la haga.

domingo, 12 de septiembre de 2010

¿Por quién hacer huelga?



Lo sé. Atender a conversaciones ajenas es de mala educación. Pero es que también es divertido, ilustrativo y, con esto del Facebook, hasta fácil cuando quedan escritas. El otro día mi apreciada amiga Aurora comentaba en el muro de mi querida amiga Virginia su pesimismo respecto a la huelga del 29-S justificándolo con la mítica frase de "tenemos lo que nos merecemos". Virginia, tan madraza ella, decía que fuese como fuere había que ir a la huelga y que ella lo hacía por su hija, que no tenía la culpa de los errores de la generación de su madre.

La verdad es que yo, en principio, tenía previsto seguir la convocatoria sin más pero la conversación entre Aurora y Virginia me ha dado que pensar. ¿Realmente debo hacer huelga por la generación de mi hijo? La verdad es que tengo mis dudas. Mi hijo es mi hijo y, por lo tanto, haré por él lo que convenga, pero es que creo que su generación (y la de unos cuantos que en septiembre podrían hacer huelga) lo que menos necesitan es que, una vez más, sean otras personas quienes den la cara por ellos y les resuelvan los problemas.

Como más lo pienso, más me convenzo en que debemos muy poco a la generación de nuestros hijos e hijas, más bien al contrario. A quien si debemos y mucho es a la generación de nuestros padres y madres y a la de nuestros abuelos y abuelas. Estamos hablando de hombres que lucharon incluso con sus vidas para que nosotros y nosotras tengamos derecho hasta a hacer huelga. Mujeres que no se resignaron al papel que les reservaba la sociedad y trabajaron para que sus hijas y nietas pudiesen estar mucho más cerca (aunque aún lejos) de sus maridos.

Mi hijo escucha los relatos de mi padre como si de un cuento se tratase y, por descontado, reconoce entre poco y nada los esfuerzos que yo haya podido hacer. Su generación ha nacido con el derecho original, pero ese derecho se lo ganaron otras personas. Creo que es por ellas, por su memoria, por su honor, por quienes no debemos dejar que un grupo de encorbatados que se hacen llamar socialistas y obreros nos roben lo que nuestra progenia atesoró con tanto esfuerzo. Es por ellos por quién yo, el 29-S, iré a la huelga. ¿y tú?

jueves, 9 de septiembre de 2010

Más motivos para la huelga


Me cuesta un montón encontrar un calificativo para la política económica del ejecutivo Rodríguez. Helena Salgado va y nos anuncia que al final tres cuartas partes de los ayuntamientos sí podrán endeudarse. Concretamente aquellos que tengan un endeudamiento inferior al 75% de sus ingresos anuales. O sea que, por lo visto, no han dejado de recibir llamadas desde alcaldías a pesar de haber alargado el plazo que marcaba el Real Decreto que prohibía el endeudamiento municipal.

De lo que parece que no se acuerda Salgado es de que en el mismo Real Decreto se reducían los salarios del personal al servicio de las administraciones, se congelaban las pensiones, se reducían a la mínima expresión los fondos al desarrollo y se recortaban substancialmente las inversiones en infraestructuras.

Pero resulta que ahora, una vez pasada la primera tormenta, está bien que las administraciones sigan practicando lo que en buena parte ha llevado las cuentas públicas a donde están: alargar más el brazo que la manga. Lo del 75% está muy bien, pero mucho me voy a reír yo cuando los presupuestos locales hinchen sus previsiones de ingresos para que la tasa de endeudamiento se vea reducida.

Lo más triste de todo es que digan que eso servirá para hacer políticas sociales cuando, en realidad, la preocupación de fondo es que el año próximo toca inaugurar plazas y teatros, que vienen elecciones municipales.

Este gobierno ha evidenciado ya reiteradamente que conduce el país como si fuese un auto de choque, así que por más que fastidie dejarse por el camino otro puñado de euros, habrá que darle un toque a una política económica que no cesa de recortar por donde más duele: las personas. A ver si así, con la huelga general, se consegue el golpe de volante definitivo que sitúe al ejecutivo socialista en el carril que en teoría le corresponde y que no es otro que el de la izquierda.

viernes, 18 de junio de 2010

¿Para qué sirve una huelga?


Hoy me voy a permitir dos licencias que no acostumbro a permitirme. La primera explicar una batallita y la segunda entonar algo parecido a la odiosa frase de "ya te lo decía yo" que tan poco me gusta.

Aquí un servidor trabaja en el ayuntamiento de Manresa. Es posible que a estas horas, quienes sigan más o menos las noticias sabrán que existe un importante conflicto social entre el consistorio y su personal del que no voy a entrar en detalles pero sí a usar para ejemplificar el mensaje correspondiente.

El pasado 8 de junio se había convocado una huelga general del sector público por parte de los sindicatos en protesta por el Real Decreto del gobierno que ha acabado recortando los derechos sociales y las inversiones públicas. En los días anteriores, estuvimos celebrando una ronda de asambleas en las que intentábamos concienciar de la importancia del seguimiento de la huelga.

Los argumentos eran múltiples, desde los de fondo (quien siga este blog sabrá a qué me refiero) hasta los de carácter más doméstico. En múltiples ocasiones repetí lo de "si el consistorio ve que no nos movemos ni cuando nos recortan el sueldo, no tardará en tomar medidas aún más drásticas". Debo reconocer que la oratoria tuvo un éxito más bien escaso y que la gran mayoría de la gente se apuntó a las excusas: desde el "no les queremos regalar el dinero que nos quitan por la huelga", hasta "los sindicatos ya no nos representáis porque sois la correa de transmisión del gobierno".

Una semana justa hizo falta para que el gobierno municipal presentase, sin derecho a discusión, su versión del decretazo que multiplica por dos el recorte en los salarios y añade siete despidos. Nada más conocer la noticia, las personas que nos recriminaron nuestra falta de representatividad nos exigieron que tomásemos cartas en el asunto y empezó la fiesta.

Llevamos tres días saliendo en masa por la calle, durmiendo en el ayuntamiento y llenando páginas de periódicos y espacios en el telenoticias. Somos lo más de lo más, pero llegamos tarde. Aún en el caso más optimista de que las medidas adicionales del consistorio se retirasen, algo habrá quedado y no será bueno: nunca, hasta ahora, había visto en el personal tanto desaliento y desafección por la casa a la que dedican las mejores horas de su vida.

Para septiembre está convocada otra huelga, ésta general. Seguramente los argumentos para no hacerla existirán y no serán tan diferentes a los que oímos a principios de junio. Sólo si la experiencia de Manresa le sirve a alguien para entender que las huelgas no se convocan nunca en vano, podré llegar a pensar que el error que cometimos habrá servido de algo.

martes, 1 de junio de 2010

El verdadero café para tod@s


O lo he leído mal o, después de que con el mes de mayo expirase el primer plazo dado por el gobierno para llegar a acuerdos en el marco del diálogo social sin que éste actuase por decreto ley, hoy el señor Corbacho lo ha prorrogado en siete u ocho días.

La verdad es que estoy convencido de que, tal como amenazaba Salgado, el gobierno no dudará en actuar unilateralmente. Sin embargo, la prórroga de una semana nos lleva sospechosamente al ocho o nueve de junio, es decir, justo cuando los sindicatos han llamado al sector público a la huelga.

No tengo la menor duda de que el Real Decreto que reformará el mercado laboral ya está redactado. La patronal lo sabe y por eso no tiene ningún interés en el acuerdo. La duda es si existen una o dos versiones y si no puede ser que la que se apruebe definitivamente sea la "ristretto" o la "descafeinado" en función de la respuesta ciudadana del día 8 de junio.

En todo caso yo, por si acaso, lo tengo claro: no será por mi indiferencia por lo que me endosarán dos tazas. A partir de ahí, que cada cual decida si le gusta o no según qué café.
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