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lunes, 11 de abril de 2011

¿A quién multarán en Francia?

Desde hoy está prohibido llevar velo integral en los espacios públicos franceses, incluida la calle. Su uso puede llegar a ser multado con 150 €. La verdad es que no he seguido demasiado el debate y, por lo tanto, no tengo mucha idea de lo que se han ideado para justificar la medida pero, en todo caso, lo que yo me pregunto es quién va a ser susceptible de recibir la sanción.

Si la idea es impedir una práctica que discrimina a la mujer, seria un grave error multarla a las mujeres que a las que se le ha impuesto su uso, puesto que eso las convertiría en víctimas por partida doble. Quienes deberían ser sancionados, y no serían suficiente el importe, serían los hombres que las obliguen a llevarlo.

Si se pretende disuadir a aquellas mujeres que han decidido libremente su uso, se estaría actuando contra la libertad de las mujeres. Habrá quien discutirá si es posible que alguien decida libremente hacer tal cosa, pero a mí no me sorprendería que hubiese quien sí, dado que existe gente de otras confesiones que se autolesiona como penitencia para ser mejor ante la divinidad de turno.

Si el problema es que el burka o el niqab impiden la identificación de las personas, me parece que una sanción económica resulta ridícula. Las amenazas contra la seguridad deben ser tratadas desde un ámbito penal y, si alguien cree que el velo se puede usar para atentar contra la gente desde el anonimato, quien vaya ataviado con uno debería sufrir un arresto hasta que se desprendiese de él.

De lo que estoy convencido es de que no se trata de una medida de discriminación religiosa porque Francia es, sin duda, un democrático y adelantado país europeo en el que nadie se plantearía sancionar a nadie por razones ideológicas.

lunes, 31 de enero de 2011

Prefiero un mal acuerdo a un decreto peor

No creo equivocarme mucho si digo que quienes vamos a valorar positivamente el acuerdo alcanzado sobre la modificación del sistema de pensiones perteneceremos, al menos, a uno de estos dos grupos: los que sabemos lo que es negociar bajo una espada de Damocles y los que se han creído la necesidad imperiosa de retrasar la edad de jubilación.

La gente del primer grupo tenemos claro que, cuando quien tiene la sartén por el mango tiene decidido hacer algo,  o aprovechas el margen de maniobra que te permitan las circunstancias o acabarás pasando por un tubito muy estrecho. Ahí creo que los sindicatos han sido altamente habilidosos para, a pesar de un apoyo popular limitado (por más farol de huelga general) y una coyuntura económica y geopolítica adversa, convertir una imposición inicial (el retraso de la edad de jubilación) en una casuística que se dará en determinadas condiciones. Eso sí, obviamente con otras concesiones (como el tiempo de cómputo para el cálculo del importe).

Respecto al segundo grupo hablo en tercera persona porque yo sigo sin tener muy claro que lo de la necesidad exista más allá de la exigencia de unos mercados a los que les vendrá muy bien que la gente suscriba planes privados de pensiones, de manera que puedan disponer y hacer negocio con los ahorros particulares de la gente durante decenios continuados. Si un año con un paro del veinte por ciento, pagando subsidios a quienes agotan la prestación por desempleo y repartiendo aún cheques bebé se ha cerrado el balance de la seguridad social con superhábit, la afirmación de que en veinte años el sistema será deficitario tendrían que explicármela despacito.

Aún así quedará un grupo difícil de calcular pero nada despreciable en número de personas que seguirán afirmando que los sindicatos son unos vendidos y que le han hecho el trabajo sucio al tal Zapatero, que es su amigo. Yo no estoy entre ellos, aunque sí me ha sorprendido una de las novedades incluidas en el acuerdo, si realmente lo está como se explica.

Me cuesta entender que con tanto tiempo luchando por conseguir que las mujeres pudiesen incorporarse al mercado laboral en igualdad de condiciones, de hablar de conciliación de vida laboral, familiar y personal para garantiza la compatibilidad del trabajo remunerado con la paternidad y la maternidad, así como de dedicar esfuerzos a hacernos entender a los hombres que lo de las criaturas y las casas no son una cuestión de si nos colgaban o no unos pinganillos entre las piernas, resulta que parece que se premiará a las mujeres que decidan interrumpir su carrera profesional durante dos años para cuidar bebés.

Seguramente yo he entendido mal o la medida o todo lo que creía tener claro respecto a esas cosas de la igualdad, pero me suena a algo negociado entre hombres convencidos de estar haciéndole un gran favor a unas mujeres cuando, en realidad, lo que pasará es que no generará ningún remordimiento de conciencia al empresariado enviarlas a casa durante dos añitos para cuidar de la prole bajo la excusa de que, al fin y al cabo, para eso les dio Dios la virtud de parir. Todo un avance en la lucha por la igualdad, sin duda.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Las bragas de la Carbonero

Sara Carbonero ha cometido un par de pecados. El primero, responder a los cánones de belleza actuales por encima de lo que lo hacen la media de periodistas del panorama televisivo español. El segundo, haberse buscado un novio más famoso que ella, llamado Iker Casillas. La penitencia que se le ha impuesto es que se hable más de sus cuestiones personales que de sus aciertos o desaciertos profesionales.

Hasta ahí no hay nada especialmente extraordinario y, de hecho, posiblemente le pueda resultar de utilidad al menos a la hora de explotarlo en el campo publicitario como está empezando a hacer. El riesgo es que hasta una caída accidental pueda ponerle en el candelero y en la portada de algún programa más o menos rosa que lo pueda tratar con más o menos gracia.

Pero lo que desde mi punto de vista no tiene la más mínima gracia es que lo que se resalte de la caída de la periodista guapa novia de portero no sea otra cosa que el hecho de que, en su intento por mantener el equilibrio, haya permitido una vista más o menos clara de su ropa interior. Mucho camino le queda por recorrer al mundo del feminismo y tanto o más al del periodismo si el último tiene que recurrir a robar una imagen furtiva de las bragas de una compañera para captar clientes. Ojalá y se apresuren en recorrerlo.

jueves, 15 de abril de 2010

Erotizando la infancia


Resulta que Primark, una cadena de ropa del Reino Unido, ha tenido que retirar del mercado unos bikinis para niñas de siete años que comercializaba, pedir disculpas y anunciar públicamente que donará los beneficios que obtuvo por su venta a una organización benéfica para niños.

El motivo de tal actuación son las críticas que ha recibido el modelo de bikini por el hecho de llevar relleno en el top lo que, parece ser, resulta una erotización de la infancia que crea trauma en las niñas e induce a la pederastia.

No seré yo quien contradiga tales afirmaciones cuando las firma la Sociedad de la Infancia Británica, aunque decir que un modelo de bikini induce a la pederastia me parece casi tan aberrante como decir que un modelo de minifalda induce a la violación.

De todas maneras, no creo que debamos criminalizar a una marca de ropa que decide comercializar un determinado modelo de bikini. En todo caso, debemos plantearnos porqué nuestras niñas de siete años pueden tener interés en comprar unos bikinis que simulen unos formosos senos. Seguramente son las mismas niñas que a los dieciséis pedirán como regalo de cumpleaños unos pechos de silicona y los padres que les hayan comprado lo primero, seguramente accederán a lo segundo si la economía se lo permite.

Que se comercialicen bikinis con relleno para niñas, de ser un problema, no lo es de mercado, sinó de educación. O tengo muy distorsionada la memoria o nuestras hijas no visten igual que lo hacían nuestras compañeras de clase. Yo no tengo niñas en casa y, por lo tanto, lo que ignoro es si son ellas o sus progenitores quienes deciden imitar a edades cada vez más tempranas a las adolescentes y jóvenes de su entorno a la hora de la moda.

Que nuestra sociedad se erotiza por momentos es casi un hecho el juicio de valor del cual dejo para quien quiera hacerlo. La edad a la que pueda una criatura presumir de tipo es también una cuestión que delego, en este caso a psiquiatras y profesionales de la pedagogía. La pregunta que sí me hago es si, en caso de que alguien comercializase tejanos para niños con relleno en la entrepierna, la discusión habría existido. ¿estamos, tal vez, ante otro debate machista?

lunes, 8 de marzo de 2010

¡Felicidades, mujer!


Los caprichos de la genética me hicieron moreno, mientras que a Brad Pitt creo que lo hicieron rubio. No por ello yo me considero diferente a él en lo más mínimo. De la misma manera, mientras que tanto en Brad como en mí la genética decidió que tuviésemos un par de testículos entre las piernas, consideró que sería mejor que Angelina Jolie tuviese dos ovarios en su pelvis y el pelo moreno. Visto así tengo lo mismo que ver con Angelina que con Brad y, por tanto, si tuviésemos que considerar diferente a alguien de los tres, tendríamos un problema. Conclusión: los tres somos iguales.

Pues bien, este silogismo tan sencillo parece ser que aún hay quien no lo tiene claro y considera que, dependiendo de dónde nos pendan dos bultos, nuestros roles o incluso nuestras capacidades deben ser diferentes. De ahí que sea preciso que alguien se postule en favor de lo que, debiendo ser natural y obvio, no lo es tanto: la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Se supone que por ello el día 8 de marzo se ha instaurado como el día intenacional de la mujer, hecho que yo considero un error monumental en la lucha feminista. Intentaré explicarme sin generar más suspicacias entre las defensoras de la lucha lila de las que pueda generar por el simple hecho de mi masculinidad.

Yo también me apunto a reclamar la igualdad pero, por eso mismo, en todo caso deberíamos celebrar el día de las personas o el día de la igualdad de oportunidades, pero nunca el día de la mujer, porque el simple hecho de celebrar el día de la mujer es, desde mi punto de vista, remarcar la existencia de las diferencias que no queremos que existan.

La igualdad no es sólo una cuestión de las mujeres. Ese enfoque ha sido el que las ha llevado a ganar terreno en lo laboral sin haber conseguido aún que la otra mitad de humanidad se implique en lo familiar (fue mi argumento en el primer capítulo de esta trilogía). Intentando liberarse por esa vía, la mujer está echándose un yugo aún más grueso al cuello.

Los hombres, aunque menos, también hemos perdido con esto del patriarcado. Seguramente no somos conscientes de ello o no queramos reconocerlo, pero lo he entendido en gran parte cuando he visto a mi padre hacer de abuelo y he pensado en lo que se perdió como padre. Y la sociedad, sobretodo la sociedad, ha perdido muchísimo al no poder aceptar lo que la mitad de ella podía aportarle. Estas afirmaciones, más o menos controvertidas, deberíamos repetírselas a todos los hombres una y otra vez porque, sólo si se alcanza su convencimiento, cederán parte del poder que les atribuye el patriarcado y la igualdad será posible.

Aún así, si alguna mujer decide seguir la lucha por la vía de un ajado feminismo revanchista que clame a la revolución contra el poder del hombre, si sigue creyendo que conmemorar la muerte de cientos de mujeres incineradas en una fábrica textil las hará más fuertes en su lucha, si sigue pensando que esa lucha es suya y no mía, si es así, que acepte mi felicitación en un día tan señalado para ella.
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