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viernes, 6 de mayo de 2011

Lobos, corderos y lobos con piel de cordero.

El constitucional ha decidido: Bildu debe poder presentarse a las próximas elecciones municipales. Es hora, pues, de centrarse en una campaña que cambia de escenario.

El PSE puede respirar porque el juego de tribunales ha permitido que el PSOE cumpla con los deberes que el PP le exigía sin necesidad de enemistarse con los nacionalistas.

El PNV nadó y guardó la ropa. Ya se frotaban las manos pensando en lo que podrían sacar de las migajas de Bildu pero tampoco se pusieron demasiado duros, no vaya a ser que las cosas saliesen como han salido y después alguien los confundiese con otros, como ya empiezan a pedir que no se haga.

A todo esto, Bildu es quien saca ventaja al haber podido empezar la campaña con un mes de antelación. Un grupito que nadie conocía y que englobaba partidos cuyos resultados anteriores tampoco eran como para crear unas expectativas exageradas, se han convertido en los más famosos y en los que pueden presentarse ahora como la gran esperanza de paz en  Euskadi, casi como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

¿Y el PP? ¿tan mal lo tiene? Pues tal vez no. Ahora podrán hacer la campaña que mejor se les da. La de que viene el lobo, aunque disfrazado de cordero, y el único cazador soy yo. La única pega es que, en su empeño por extinguir la especie, ha conseguido crear suficiente confusión como para que haya quien tenga dudas razonables sobre si la piel de cordero de Bildu es postiza o no.

Sólo las urnas primero y el tiempo después repartirán razones.

jueves, 24 de marzo de 2011

Un dilema llamado Sortu

Creo que no soy nada sospechoso de simpatizar con ningún tipo de violencia y menos con la terrorista. Tampoco creo que nadie me cuente entre los más proclives a los nacionalismos en general ni a los independentismos en particular. Tal vez sea por ello por lo que el fenómeno Sortu me genera un dilema.

No conozco al detalle la ley de partidos, aunque creo entender su justificación: no es razonable legalizar en la esfera política a ninguna formación que defienda alejarse de las más básicas normas de convivencia democrática para lograr sus objetivos. Así, podía estar más que justificada la ilegalización de Batasuna.

En el mismo marco, entiendo que cualquiera de las formaciones que han ido apareciendo con posterioridad en forma de marca blanca camuflada del mismo partido proetarra sin hacer ninguna renuncia clara a la vía de violencia eran igualmente denunciables e ilegalizables.

Pero cuando parte de la gente que había militado en Batasuna decide, sin esconderse, crear un nuevo partido que rechaza estatutariamente la violencia como camino para alcanzar sus objetivos políticos, me cuesta bastante más entender la decisión de prohibirlo. Parece ser que se le acusa de ser la continuidad de Batasuna y ahí sería donde estribaría el dilema: ¿continuidad o evolución?

Si alguien tiene pruebas claras de que Sortu pretende ser el brazo político de una banda armada y colaborar activamente con ella, que sea por esos motivos por los que se le considere ilícita. Pero si lo que a alguien le asusta es que el independentismo vasco más radical haya sido capaz de madurar y entender que en pleno siglo XXI la vía política es la única posible para alcanzar la autodeterminación y que el terrorismo nunca será un atajo, entonces estamos ante un grave problema.

El camino para acabar con ETA no ha cambiado. Estoy harto de oír que para eliminarla hay que aislarla. Pero para ello no bastará nunca con acciones legales contra quienes empuñan las armas, que no son más que sicarios y sicarias que nunca renunciarán voluntariamente a su actividad profesional. El aislamiento social es imprescindible y éste dificilmente llegará sin una alternativa para la defensa de los intereses abertzales.

En definitiva, no sé si Sortu es la herencia de Batasuna o su alternativa, pero los partidos autodenominados demócratas tendrían que empezar a hacerse a la idea de que, espero que más temprano que tarde, tendrán que compartir el panorama político con formaciones que defiendan la misma ideología, aunque con diferente metodología. No aceptarlo sería intentar criminalizar ideas y eso, que yo sepa, en democracia no se estila.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Pervirtiendo el sistema

Espero que alguien desmienta todo el argumentario que voy a usar a continuación porque, de lo contrario, me sulfuraré definitivamente en contra de quienes mi querida prima Gabi trató de "pijos yendo a hacer de buenas personas mientras se lo pasan bien de viajecito por África".

No volveré a repetir mi opinión sobre si se deben o no pagar rescates a terroristas por parte de un estado, pero sí voy a expresar mi enojo porque encima, una de esas personas que fue rescatada con cargo a los presupuestos (los reservados, supongo) del estado haya decidido ahora solicitar una indemnización al propio estado como víctima del terrorismo.

Lo voy a criticar porque dudo que ese sea el espíritu del que emana la legislación al respecto. Puedo entender que se promulguen leyes para que a un estado se le puedan exigir responsabilidades subsidiarias por los delitos relacionados con los conflictos terroristas que no haya tenido capacidad de gestionar satisfactoriamente.

No entiendo, en cambio, que si un grupo de personas con la mejor de las intenciones decide adentrarse en un país en el que se sabe que existe un conflicto bélico, político o terrorista sobre el que nuestro gobierno tiene poca o ninguna capacidad de influencia, se pueda exigir a éste que se haga cargo de indemnizar a quien, en su momento, decide asumir el riesgo.

El segundo de estos planteamientos se me antoja una perversión del sistema muy parecida a muchas otras de aquellas que se dan en nuestra sociedad mediterránea en la que pesan mucho más los derechos individuales que las responsabilidades colectivas.

El concepto de papá estado protector y todopoderoso debería empezar a borrarse ya de nuestros subconscientes. La madurez de las personas exige un alto nivel de responsabilidad sobre los propios actos y, por ende, la capacidad para asumir sus consecuencias, sean positiva o negativas.

Así las cosas y viendo que Albert Vilalta ni necesita ni quiere la indemnización que se podría derivar de su reconocimiento como víctima del terrorismo sólo se me ocurren dos motivos que pueden justificar su pretensión: o es demasiado inmaduro para el cargo que ostenta o posee un afán de protagonismo patológico.
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