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miércoles, 15 de junio de 2011

Ya lo decía yo...

Pues sí, sé que también dije que esa es una de las frases que más odio pero, lamentablemente, hoy toca. Ya decía yo que uno de los riesgos del tema del movimiento indignado era que a alguien se le transformase en frustración y la descargase violentamente.

Aunque haya algún vídeo que intente demostrar que todo es una conspiración policial (yo lo he visto y no lo veo nada claro) lo cierto es que, con trampa o no, el movimiento que debía poner en evidencia a quienes nos representan los ha reforzado.

No en vano, ya he visto alguna cosa de esas que empiezan con almohadilla en el twitter de apoyo al parlamento. La cuenta atrás ha empezado y avanza rápido. O la gente del 15M es capaz de pasar de lo abstracto a lo concreto o se queda en nada. Al menos en nada positivo. Y no volveré a decirlo...

miércoles, 19 de enero de 2011

¿La revolución francesa del siglo XXI?

Seguramente habrá quien diga que la revolución francesa de 1789 cambió el mundo, aunque no sea cierto. Muy probablemente fue un impulso muy importante hacia los procesos democratizadores, la derrota de los absolutismos e incluso la separación entre estados y religiones. Pero no cambió el mundo, sino tan sólo una parte de él.

Como tantos otros grandes hitos de la historia, la toma de la Bastilla pasó inadvertida en África o en Asia, continentes que de momento nos han parecido anecdóticos en términos históricos, puesto que su influencia social y económica en nuestro mundo, al que llamamos desarrollado, ha sido hasta la fecha relativamente escasa.

Pero las cosas cambian y China o India se han convertido en el motor económico del mundo. Asia ya no es un espectador de los equilibrios económicos, sino el director de orquesta o la novia a quien todo el mundo corteja, lo que le hará ganar, sin duda, más protagonismo en los libros de historia del futuro.

En África y oriente próximo la cosa es diferente. Su despertar (a excepción de Israel y algunos países OPEP) está por llegar y les costará mientras estén sumidos en luchas tribales, tiranías, dictaduras y gobiernos religiosos. Sin embargo algo puede estar cambiando ya.

En Túnez el pueblo se ha revelado contra la corrupción y la dictadura más o menos encubierta y, lo más importante, ha conseguido derrocarla. Algunos países de la zona han empezado a sufrir el efecto contagio y sus gobiernos absolutistas han puesto sus barbas a remojar. Si el pueblo tunecino es capaz de llevar a buen puerto su revolución particular y cunde el ejemplo, los pequeños pasos hacia el despertar del mundo dormido podrían irse acelerando y eso sí podría ser una auténtica revolución en pleno siglo XXI.

jueves, 18 de febrero de 2010

Oportunidades perdidas


Resulta que mi comarca, el Bages, está a punto de solicitar a la Generalitat lo que yo llamo "declaración de zona catastrófica". En realidad no es eso, pero se parece. Se trata de pedir no sé qué clasificación de la comarca que comporta que se considere prioritaria a la hora de desarrollar proyectos e inversiones debido a la frágil situación económica que ha originado la crisis.

No tengo duda de que las circunstacias de un territorio que contaba como mayores recursos económicos con alguna que otra sede de industrias multinacionales que han ido cerrando o reduciendo sus plantillas, las empresas de logística que las acompañaban, varias constructoras y el comercio doméstico que subsistía gracias a los salarios de las personas que trabajaban en los antes citados centros, sean como para solicitar tal tipo de ayuda.

Tampoco es que uno pueda ser muy optimista en cuanto al futuro si se tiene en cuenta las infraestructuras que nos rodean. La conexión con Barcelona por autopista implica el pago de un peaje considerable, por carretera convencional unas cuantas colas y por tren el mismo tiempo de recorrido que cuando se inauguró la línea, sin que haya previsión de crear una nueva. El eje transversal, que debía conectarnos con Girona y Lleida y de ahí, con Francia o con el resto de España, nació pequeño y su desdoblamiento puede ir para largo vista la evolución económica.

Ante todo esto podría ahora mismo entonar un canto plañidero si pensase que toda la culpa es de otros y que el Bages ha sido la eterna olvidada del mundo. En parte es así y en más de una ocasión se han desoído nuestras reivindicaciones. Supongo que ciento cincuenta mil voces serían pocas para hacerse oír si alguna vez se hubiesen puesto de acuerdo.

Sin embargo, lo más triste son las oportunidades perdidas. No hace mucho me negué a firmar en contra de un proyecto de aeropuerto que habría generado ruído cerca de una urbanización, pero aún así el aeropuerto no se construyó. El karting que podría haberse construído a los pies del Collbaix y que habría sido un mini-Montmeló también fue rechazado popularmente y tuvieron que descartarlo. Afortunadamente, a pesar de la gran oposición ciudadana, la prisión de Lledoners sí que fue construída para ofrecer trabajo no sólo a unos cientos de funcionarios y funcionarias, sinó también a algunas empresas de servicios.

La personalidad del Bages, de hecho, se refleja también en su capital, donde aún no se tiene claro que se deba asumir la capitalidad de una de las futuras Veguerías, que podría ir a parar perfectamente a Vic, una ciudad con la mitad de habitantes pero que ya cuenta, por ejemplo, con universidad, mientras Manresa sólo tiene algunas escuelas universitarias adscritas.

No sé cuál es la realidad de otros territorios del mundo mundial que actualmente se encuentran en situaciones peores, pero seguramente también les faltó la vista suficiente como para entender que la torna acompaña al buen bistec. Quisiera no pensar que una tierra que se ganó el título de noble y leal, se sublevó contra los franceses y hasta se declaró república y acuñó moneda propia se está dejando vencer por sus propios prejuicios.

Me encantaría pensar que mi comarca levantará la cabeza y que encontrará por fín la senda del progreso, pero para ello tendremos que dejar de sumar oportunidades perdidas.
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