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martes, 2 de marzo de 2010

Comisiones de investigación y otras fantochadas


¿Para qué sirve una comisión parlamentaria de investigación? ¿A qué conclusiones puede llegar? ¿Qué significa lo de responsabilidad política? ¿Qué sentido tiene una comisión de investigación paralela a un proceso judicial? Tengo más preguntas que respuestas.

Ayer estuve siguiendo la declaración de Delta Cero en la comisión parlamentaria de investigación del incendio de Horta de Sant Joan. Lo hice sobretodo porque creo que, después de tanto oír hablar de él sin nombre ni apellidos, esperaba encontrarme una especie de robocop, pero no fue así. Resultó ser una persona que, en consecuencia, podría darse el caso de que hubiese cometido algún error. Pero, en todo caso, ¿Para qué sirve una comisión de investigación?

Yo, después de oír la declaración del tal Delta, me quedé perdido entre los hoteles, los ecos y los canales. Lo único que alcancé a juzgar como error fue que no les llegase el desayuno a tiempo a todo el personal que trabajaba en el incendio porque, de lo demás, no tengo ni puñetera idea. Pero es que me temo que la mayoría de los diputados y diputadas que llenaban la sala de la comisión debieron entender más o menos lo mismo que yo. Entonces, ¿para qué sirve una comisión de investigación?

Resulta que, si se intuye que alguien cometió un error, algún superior suyo debería abrir un expediente informativo que, instruido por personal técnico en la materia, aconsejaría las medidas disciplinarias a tomar. Subrayo lo de técnico, es decir, gente con conocimientos suficientes como para juzgar las actuaciones. En caso de que se derivasen posibles responsabilidades penales, supongo que lo pondrían en conocimiento de la fiscalía para que se tomasen las medidas oportunas. En ese caso, ¿para qué sirven las comisiones de investigación?

Si, como dijo el presidente de la comisión, lo que se pretende es poner los medios para que no se vuelvan a producir hechos como los que son objeto de estudio, sería más sensato que se hubiese constituido una comisión técnica y no política que acabase sacando conclusiones y proponiendo las mejoras que creyesen oportunas. Así pues, ¿para qué sirven las comisiones de investigación?

Cuando hayan pasado por dicha comisión todos los bomberos del mundo mundial, si alguien concluye que el director general o el conseller de turno obraron inadecuadamente desde un punto de vista político, sólo serán cesados si quien los nombró coincide con dicho análisis. Entonces, ¿para qué sirven las comisiones de investigación?

Lo bueno del asunto es que, mientras tanto, quienes parece ser que fueron los responsables últimos de todo, los que prendieron el fuego han sido puestos discretamente en libertad y deben estar viendo por la tele como más de uno de los que intentaron evitar los acontecimientos no puede reprimir el llanto al revivir lo ocurrido. Visto desde ese punto de vista, tal vez sí que sirven para algo las comisiones de investigación.

lunes, 15 de febrero de 2010

¿Héroes o villanos?


Alguien dijo algo así como que la muerte de una persona es una desgracia, la de varias una tragedia y la de muchas una estadística. En el sentido inverso también funciona: salvar una vida es una heroicidad, salvar varias, un acto de valentía y salvar vidas a diario, algo normal.

Con frecuencia olvidamos que hay personas que, habitualmente, están evitando la muerte de miles de congéneres. Me refiero, evidentemente, a médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, bomberas y bomberos, personas de las fuerzas de seguridad y lo que me deje en la lista. Lo único que les diferencia de los héroes y heroinas que acaban saliendo por España Directo es que cobran por ello. No es que cobren por cada persona que salvan, sinó que cobran un sueldo más o menos mediocre y que, en consecuencia, ya se espera que hagan de héroes a diario y eso, parece ser, no tiene mayor valor.

Mi idea aquí no es reivindicar una mayor retribución, aunque no entiendo porque cobran menos que un controlador o una controladora aéreos. Ni siquiera se me pasa por la cabeza que se esté hablando de ellos a diario en los medios de comunicación para explicarnos lo buena gente que son ni que se monte un desfile semanal para rendirles homenaje. Lo que sí me gustaría, en cambio, sería salvarlos del escarnio público cada aquella vez por mil en que un error, un mal cálculo o ni eso, una circunstancia incontrolable, hace que no puedan cumplir lo que se espera de ellos y alguien muere por el camino.

Parece ser que nuestra memoria y agradecimiento es limitado y que cuando un o una profesional de la heroicidad deja de hacer un milagro un día, merece un linchamiento cuando menos público y cuando más legal. Tiene que reparar la pérdida de aquella persona a la que queremos tanto y que acaba siendo sustituída por una indemnización millonaria. La mayoría de las veces lo que estamos exigiendo no es justicia sinó venganza o, incluso, estamos vendiendo a peso el futuro que aquella persona no podrá vivir.

En los últimos meses, el tema está siendo aún más cruel. El linchamiento mediático que está sufriendo el cuerpo de bomberos por la muerte de cuatro de sus miembros en el fuego de Horta de Sant Joan para tapar la inoperancia política de sus máximos responsables es grave. Dudo que a ninguno de ellos les haya gustado el último vídeo difundido por la Vanguardia y en el cual yo pido que se sitúe cualquiera que haya tenido la tentación de incriminarlos.

Lo más fuerte del tema es que los muertos, aquí, fueron los propios héroes. Dudo que nadie más que sus familiares y amistades desee que se depueren las responsabilidades que se deban depurar y que, en todo caso, harán referencia a altos cargos. Pero dudo que esas personas vean con buen ojo el espectáculo televisivo que se ha montado alrededor.

Sería impensable colgar una medalla cada vez que alguien salva una vida. Es innecesario investir de santidad a quien se dedica cotidianamente a hacer pequeños milagros. Es suficiente no convertir en villanos a quienes durante años fueron héroes.
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