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jueves, 26 de enero de 2012

¿Y si refundamos el comunismo?. Parte 2: Ideas generales.

Revisando las múltiples definiciones que se han escrito de economía, he quedado gratamente sorprendido cuando, por fin, he encontrado una que se parece a la que yo propongo para el nuevo comunismo: la de la economía del bienestar.

Seguimos anclados en conceptos económicos que parecen responder a la realidad de finales del siglo XIX y principios del XX. En aquellos tiempos el problema central de la economía era alcanzar la eficiencia productiva, dada la incapacidad de satisfacer las necesidades de la población.

Un siglo más tarde, superada en buena parte la incapacidad para disponer de los bienes demandados por la sociedad gracias al desarrollo tecnológico y a la globalización, los poderes económicos han pretendido seguir incrementando las producciones indiscriminadamente, con lo que han tenido que hinchar artificialmente las necesidades de la gente para que demande dichos bienes, cerrando así un círculo vicioso insostenible a medio plazo y que nos ha llevado ya a una situación crítica cuando el ritmo de consumo de esos bienes innecesarios en los que se basaba nuestra estructura económica no se ha podido mantener.

Me estoy refiriendo a que se ha convertido en un problema el hecho de que la gente no cambie anualmente de coche o no adquiera más televisores que personas hay en una casa, por ejemplo. La capacidad de producción ha superado tanto a la de consumo que se han tenido que inventar conceptos como la obsolescencia programada.

Habro aquí un paréntesis para quienes puedan estar pensando a estas alturas que estoy hablando tan sólo de aquellos países a los que llamamos desarrollados. Entiendo que se pueda interpretar así, pero no. Simplemente estoy dando por sentado que el problema de los países en vías de desarrollo, o de los subdesarrollados, no es de capacidad, sino de voluntad. No me alargaré en los detalles porque eso, en todo caso, daría para nuevos posts.

Así las cosas propongo que la economía sea la ciencia que plantee los métodos para alcanzar los mayores niveles de bienestar social a partir de los recursos disponibles en cada momento. De ese modo, indicadores económicos aberrantes como el Producto Interior Bruto, se podrían sustituir por otros como la esperanza de vida, las tasas de prevalencia de determinadas patologías, los niveles de estudios de la población o su índice de ocupación.

Partiendo de ahí, el problema cuantitativo de la produccíón de riqueza no sería el primordial, sino que deberíamos centrarnos en la cuestión cualitativa y en la distributiva. Dicho de otro modo, sabemos que disponemos de una gran capacidad de producción, pero debemos elegir correctamente en qué bienes y servicios la empleamos y cómo lo hacemos para que todo el mundo se beneficie de ella.

Aún así, habrá que producir con suficiencia y con la mayor eficiencia posible. Descartada por la experiencia la economía programada con esa finalidad, habrá que recurrir a la iniciativa privada. Para ello, habrá que facilitar los medios y premiar los resultados y será mediante esos dos mecanismos como se puede incentivar que el esfuerzo se destine hacia aquello que genere mayor bienestar, evitando en lo posible el parasitismo social, ya sea a gran escala mediante la especulación o a pequeña mediante el abuso de los sistemas de protección.

Como creo que hasta aquí ya hay demasiado que leer, dejaré para las próximas entradas cuáles serían los papeles de los diversos actores en ese equilibrio. Fundamentalmente, cabrá definir el papel de las administraciones con sus gobiernos al frente, el de las fuentes de financiación, el de las personas emprendedoras y el de la población en general.

Seguramente, todo seguirá siendo un galimatías inconexo e inaplicable, pero yo mientras tanto me sigo entreteniendo imaginándome lo bien que se podría vivir en una sociedad que realmente tuviese ese objetivo.

jueves, 12 de enero de 2012

¿Y si refundamos el comunismo?. Parte 1: El porqué.

Cuando esta prolongada y profunda crisis estaba en sus albores, los principales líderes mundiales propusieron una solución: refundar el capitalismo. Algunas personas, entre las que me cuento, ya nos echamos una risa con aquella expresión, pero es que el tiempo parece que nos está dando la razón.

Unos años más tarde aquella refundación, si es que ha existido, no sólo no ha mejorado la situación económica o social de los países llamados desarrollados, sino que además la crisis empieza a hacer mella en las democracias occidentales, al ser ese ente abstracto llamado "mercados" quien marca las directrices políticas e incluso quien destituye y nombra gobiernos de estados.

Ante esta situación se puede optar por dos opciones: resignarse a doblegarse ante un sistema económico (y cada vez más político) que conduce al desequilibrio económico, a la acumulación de la "falsa riqueza", la financiera, en unas pocas manos y condena a la miseria al resto o, por el contrario, buscar una alternativa.

Ahí es donde yo, en un ataque de febril ingenuidad, propongo que se pruebe la segunda. Existe una alternativa al capitalismo para reconducir una situación que es tan injusta como insostenible. A esa alternativa yo le llamaría comunismo.

A estas alturas, a quien no haya acabado de considerarme idiota, se le habrá cortado el hipo. Seguramente habrán venido a la cabeza ideas de banderas rojas con dibujitos y cosas por el estilo, pero yo no quiero hablar de eso.

Yo no planteo el comunismo como un sistema político. Más bien como una estructura social que, estoy convencido, es la antropológicamente natural. Si la especie humana ha conseguido conquistar la egemonía planetaria no ha sido precisamente por disponer de unas cualidades individuales excepcionales. El supuesto éxito de nuestra especie sobre el resto de las que habitan nuestro planeta reside, precisamente, en nuestra capacidad de vivir comunistamente.

Si cada una de las personas que aprendió, descubrió o inventó algo lo hubiese guardado para sí, seguramente haría años que la humanidad se habría extinguido entre las fauces de un tigre cavernario o a causa de una sequía prolongada, hecho que dudo que lamentase nadie. Sin embargo, la capacidad de nuestros ancestros para entender que la comunidad estaba por encima del individuo, que la unión hace la fuerza, nos dio la propiedad del mundo.

En cambio, después de milenios de teórica evolución, hemos acabado autoimponiéndonos un sistema que lleva implícito el individualismo. Una sociedad que invita a competir entre congéneres para tener más. Incluso a quitar al resto para poder acumular más. ¿Alguien se imagina una comunidad prehistórica sobreviviendo en esa situación?

Así pues, yo no hablo de Marxismos, Stalinismos ni nada por el estilo. Mi incultura crónica y mi déficit de lectura me convierte en un casi analfabeto en esos temas pero, de hecho, esos modelos llamados comunistas tampoco demostraron mucho éxito en la práctica.

Lo que yo voy a proponer en las próximas entradas de este blog es lo que se vendría a llamar un comunismo antropológico en el que no se renuncie al incentivo en forma de propiedad privada, sino en el que ese incentivo sea el resultado de la contribución a la comunidad. Intentaré vomitar mis ideas sobre en qué debería fundamentarse el sistema y sobre cómo hacer el tránsito hacia él.

Sé perfectamente que mi nivel de conocimientos me hará decir un montón de barbaridades que despertarán la hilaridad. Soy consciente que, ni aunque apuntase hacia el camino adecuado, nada de lo que yo explique podrá ser riguroso y mucho menos tenido en cuenta por nadie que se precie.

No obstante, yo lo escribiré con dos objetivos: el primero, que las aportaciones de quienes tengan a bien contradecirme me ayuden a darme cuenta de lo enfermo que estoy y el segundo, que no vaya a ser que me pase como con el Spining y resulte que de aquí a un siglo se hable de algo parecido y se atribuya su invención a algún máster de ESADE.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Al fondo a la izquierda

Siempre he sido del parecer de que unas elecciones nunca las gana o las pierde un partido político. Es la ciudadanía consultada y que después será gobernada por la mayoría electa quien podrá valorar en el futuro si ganó o perdió con la elección.

Muy posiblemente, a fecha de hoy haya mucha gente que creyó ganar y que ahora piense que perdió en su día al votar socialista. Quienes se reafirmen en su elección de hace menos de cuatro años seguramente opinen que no, que si en lugar de a ellos se hubiese elegido a "los otros", la cosa habría sido aún peor. Aunque claro, esa última hipótesis nunca la podremos comprobar porque no pasó.

Aún así, si las encuestas aciertan sí que podremos saber dentro de otros cuatro el resultado de votar de manera absolutamente mayoritaria al Partido Popular. Y lo sabremos, en buena parte, a causa de ese primer grupo al que me refería: el del socialismo desencantado.

La verdad es que no es extraño que exista ese tipo de personas. Gente que se siente ideológicamente de izquierdas pero sin extravagancias y que han visto que cuando la cosa se ha puesto cruda quienes consideraban "los suyos" han hecho una política de un corte neoliberal digna de "los otros". Así las cosas, deben pensar, si hay que hacer políticas de derechas, que las haga la derecha.

Y todo ese pensamiento viene, una vez más, inducido por el error de pensar que sólo hay dos opciones al que nos empuja (y me encantaría pensar que involuntariamente, pero no) el sistema . Que si con la supuesta izquierda hemos tocado fondo, la salida es la derecha porque no existen más que "los unos" y "los otros".

Pues yo me planteo si no puede ser que si cuando las cosas se tuercen la nave se escora a la derecha, en lugar de girar más el timón en ese sentido no tendríamos que intentar enderezar el rumbo apretando hacia la izquierda, no vaya a ser que se escore tanto que al final se hunda.

Vaya, que me planteo que si aquellas personas que piensan votar PP porque el PSOE falló no deberían en realidad votar ICV, Equo o IU. A malas, si éstos se ven forzados a centrarse igual hagan lo que el socialismo desencantado esperaba que hiciese su partido. Porque, por si alguien lo ignora aún, a parte de "los unos" y "los otros" existen "los de más allá" e incluso "los de la otra punta".

Y si alguien a estas alturas aún cree que votar PP puede servir para contentar a quienes de verdad parece ser que mandan, es decir, a los mercados, que miren hacia Grecia o hacia Italia. Los mercados son monstruos insaciables que no responden a ningún amo más que a su propia codicia. Contentarlos es imposible, combatirlos no lo hemos probado y quizá funcione.

Total, que lamentablemente no parece que hayamos tocado fondo aún pero que deberíamos estar seguros de que en esto de la crisis no nos equivocamos de salida y que yo propongo humildemente salir del fondo por la izquierda ni que sea porque, al fondo a la derecha, ya sabemos lo que hay.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Hablé con ella

No es que fuese la primera vez. En casi 16 años de matrimonio lo hemos hecho más veces, pero nunca hasta ahora me había propiciado una entrada en el blog. Tampoco es que me dijese algo tan novedoso y, posiblemente por eso, por repetitivo, he decidido desahogarme de una vez.

La situación en el trabajo de mi mujer se enrarece. Los recortes en la sanidad catalana han llevado a plantear un ultimátum de aquellos que ahora tanto se llevan al personal del hospital en el que nos conocimos. Nada de todo eso es extraordinario, como tampoco lo es la reacción del personal, en un tono muy similar al que sufrí como representante del personal en el ayuntamiento en que trabajo.

Supongo que forma parte de la elaboración del duelo. Entre la negación y la ira aparece un victimismo recalcitrante. Frases como "que paguen ellos", "no nos merecemos esto", "la culpa no es nuestra" o "todo recae sobre nosotros" se repiten entre la gente que reparte las culpas del asunto entre la clase política, las entidades financieras y la especulación.

Pues bien, no voy a decir ahora, después de todo lo que he escrito, que la clase política se haya comportado adecuadamente en la gestión de los buenos tiempos. Dejando de lado las posibles corrupciones, el despilfarro ha sido de tal magnitud que ahora el endeudamiento se supone que nos ha dejado en el más absoluto de los bloqueos.

Sin embargo, de toda esa gente que ahora critica, debió ser un ínfimo número el que criticó en su día que se construyesen aeropuertos inútiles o se desdoblasen carreteras sin tráfico. Todo el mundo exigía un Centro de Atención Primaria (de esos que ahora no se pueden sostener) a la vuelta de su esquina, independientemente de que en su barrio o pueblo viviesen cuatro gatos.

Criticamos, sí, la gestión de la Seguridad Social pero ¿quién no conoce a alguien que cobra una invalidez y podría estar ocupando nuestro puesto de trabajo? ¿nadie ha colado con la cartilla de pensionista del abuelo los medicamentos de la niña? ¿Es inimaginable que alguien haya encubierto con un par de días de baja una ausencia no justificada al trabajo?

Lo he comentado con mucha gente y creo ser la única persona que conozco que en las últimas elecciones generales votó a un partido político porque prometió subir los impuestos. ¿Seguro que nadie votaba a quien prometía bajarlos?

El sistema financiero ha sido el catalizador de nuestra situación actual al olvidarse del interés social y del riesgo a la  hora de hacer negocio, pero ¿de veras nadie sabía que le estaban ofreciendo un crédito por mucho más valor del que tenía lo que compraba? ¿Seguro que no había quien, conscientemente, se hipotecaba más allá de su capacidad realista para pagarse vacaciones o coches nuevos?

Y la especulación financiera ha sido y sigue siendo el factor concomitante más grave de todo el proceso pero ¿Todo el mundo sabe en qué se invierte el dinero que tiene depositado en fondos de inversión o de pensiones? ¿Cuánta gente está ahora mismo retirando su dinero de esos productos para invertirlos en la banca ética?

He defendido (y pienso seguir haciéndolo) a las personas trabajadoras (a las gandulas siempre me ha costado un poco más) ante cualquier injusticia patronal pero, antes de quejarnos de que pretendan recortarnos sueldos ¿Hemos cambiado alguno de nuestros hábitos despilfarradores en nuestro desempeño profesional? ¿Cuántos niños y niñas imprimen sus trabajos escolares en folios hurtados del trabajo de sus progenitores?

Será porque me dediqué en su día al prevencionismo que no me gusta hablar de culpas (eso lo dejo para la carrera judicial) porque, entre otras cosas, siempre suena a castigo. Sé que el barco se hunde y me obligan a achicar agua. Yo no hice el boquete así que... ¿me niego a bombear? Ya llegará el tiempo de exigir responsabilidades . De hecho, podemos empezar a hacerlo el 20N con una parte y a diario con otras si nos pensamos un poco mejor lo que hacemos con nuestros ahorros.

Escudarse en que otra gente lo hizo peor o tiene mayor responsabilidad no nos ayudará ni a salir de ésta ni a evitar la próxima (que yo pronostico definitiva), así que tal vez deberíamos empezar a autoanalizarnos en parte y a estar en disposición de rectificar aquello que esté en nuestras manos y, sobretodo, a enseñar a nuestra descendencia a no cometer nuestros mismos errores.

Yo, por mi parte, voy a empezar a asumir los míos y, en consecuencia, no volveré a haceros víctimas de mis conversaciones familiares.

martes, 27 de septiembre de 2011

Recortes de película

A ver si lo he entendido bien. El mismo día en que se apunta la pretensión de recortar nuevamente el salario del personal sanitario del Institut Català de la Salut, se firma un acuerdo con las principales productoras norteamericanas para que la Generalitat les pague 1,4 millones de euros a cambio de que doblen más películas al catalán.

No sé cuanto tardarán otras tendencias políticas en criticar que el Govern se gaste en defender el catalán o incluso puede que digan en marginar el castellano, a costa de la sanidad pública. Si sé que quienes defienden la ley del cine en catalán están hablando ya de bajada de pantalones, puede que porque creen que habría que doblar más o porque el millón cuatrocientos mil euros les parece insuficiente.

Dudo que se trata de una cosa o de la otra, pero sí me parece que mezclar las dos noticias hace daño a la vista. No seré yo quien defienda la política de recortes para capear el temporal que viene cayendo, pero si se supone que se quiere apostar por ahí, no creo que lo de pagarle a la Warner Bros. y compañía cuadre mucho.

Una lectura rápida permetiría afirmar que el Sr. Mas defiende más a las grandes empresas del cine que a las personas que lo eligieron. Una más pausada me lleva a pensar que desde CiU se apuesta por el patriotismo como valor alternativo a la cohesión social y que, por eso, se dedican a hacer guiños y gestos hacia el electorado más nacionalista mientras desmantelan programadamente el estado del bienestar. Seguramente nada de ello debería extrañarme. Si nos gobierna la derecha nacionalista, es razonable que su politica sea de derechas y nacionalista.

Otra cosa es que considere acertado el camino. El creciente sentimiento catalanista de los últimos años no se ha cimentado sobre la lengua, ni sobre su normalización, ni sobre su inmersión por más que haya quien así lo defienda. De hecho, el propio Mas lo había reconocido en su proyecto de "casa gran del catalanisme". Si algo había cohesionado a la sociedad catalana había sido un proyecto común basado en la igualdad y el bienestar.

Cada vez que se clavan las tijeras en los servicios a la ciudadanía, se están clavando en la propia sociedad para dividirla. El día que hayamos destrozado el mal llamado e inacabado estado del bienestar, habremos hecho añicos una sociedad que ha costado décadas cohesionar. Después cualquier tipo de pegamento, por más barras de colores que tenga o se etiquete en la lengua que se etiquete, puede resultar ineficaz.

martes, 14 de diciembre de 2010

Eludiendo responsabilidades

El chiste de más arriba lo he sacado del muro de facebook de un "camarada de lucha" que actuó de gran gurú en mi formación como sindicalista. Quien haya seguido o siga este blog, tendrá claro ya a estas alturas que no seré yo quien defienda nuestro sistema financiero o quien lo exculpe de su responsabilidad en la situación más financiera que económica que estamos viviendo, pero tampoco seré yo quien tolere que el resto de los mortales eludamos responsabilidades al respecto.

No creo que el chiste diga ninguna mentira, pero tal vez sí que omita alguna verdad. No explica que el protagonista era conocedor de que su vivienda estaba siendo tasada por encima de lo que en realidad costaba. Tampoco que, seguramente, la escrituró por menos de la mitad de lo que en realidad costaba en una notaría en la que su titular se ausentó cómplicemente del despacho por unos minutos mientras se producía la transacción, con la única finalidad de eludir impuestos.

Lo más probable es que, con la diferencia entre el precio realmente pagado y el tasado, nuestro protagonista se comparse un coche nuevo y se pagase una magníficas vacaciones en el caribe y, todo ello, sabiendo que su nómina de trabajador no cualificado con contrato de duración determinada le llegaba justito, justito, para pagar la cuota de la hipoteca a final de mes contando que el euribor se comportase adecuadamente.

Las entidades financieras han actuado, evidentenmente, sin el menor de los escrúpulos a la hora de conceder créditos a diestra y siniestra con el objetivo de unos prometedores beneficios que se han transformado en un parque immobiliario del que son incapaces de librarse. Sin embargo, eso no quita de que gran parte de nuestra población se haya comportado con auténtica irresponsabilidad al participar conscientemente de un juego en el que todo el mundo ha perdido.

El protagonista del chiste, en mi discutible opinión, no es tan culpable como dice ser, pero probablemente alguna responsabilidad como cómplice necesario sí que tuvo.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Una preocupante normalidad

A todo el mundo le gustaría que, en la actual situación de crisis económica y financiera, algo se normalizase al fin. Sin embargo, que el ministerio de trabajo anuncie que nuestro mercado de trabajo se ha normalizado cuando tenemos un 20% de tasa de paro después de crecer en más de 24.000 personas desocupadas en el último mes y de que menos del 10% de los nuevos contratos sean indefinidos (de nombre), no creo que resulte una noticia muy halagüeña. ¿está quizá el gobierno reconociendo que más no vamos a mejorar? ¡Bendita reforma del mercado laboral tuvimos!

jueves, 30 de septiembre de 2010

Cosas que me desorientan aún más (o tal vez no)

En mayo Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el gobernador del Banco de España de misterioso sueldo, aplaudía las medidas de austeridad aprobadas por el gobierno y que se justificaban, en gran parte, por la rebaja de las calificaciones de la deuda española por las agencias que se dedican a tales asuntos.

Cuatro meses más tarde la única agencia que aún calificaba como AAA (la mejor calificación posible) a la deuda española ha decidido rebajarla. Según argumentan es debido a que se preve un escaso crecimiento económico, dato que es reconocido y analizado por el Banco de España. Según él, la economía española se resiente del aumento del IVA, la eliminación de los incentivos al consumo y la reducción de la inversión pública, es decir, de las medidas de estabilidad que aprobó el ejecutivo en mayo.

La verdad es que estoy tan confuso que ya no sé si el desorientado soy yo o quienes deciden y analizan las políticas económicas de este país, estado o que se le quiera llamar.

martes, 7 de septiembre de 2010

Ironías de la vida... y de la economía


Después de que los estados europeos renunciasen a ello por el miedo al crecimiento de la deuda pública, Barack Obama decide que la receta para capear el temporal de la crisis económica consiste en la inversión pública, especialmente en infraestructuras. Ello después de haber aprobado medidas de control del sistema financiero y haber puesto la primera piedra para un sistema sanitario público y justo cuando Francia está en huelga para defender su derecho a la jubilación, España la tiene convocada y Portugal y Grecia ya llevan unas cuantas.

Supongo que nos encontraremos en mitad del Atlántico pero, ironías de la vida, mientras EEUU elige europeizarse para salir de la crisis, en Europa copiamos las recetas neoliberales que se han impuesto históricamente en el coloso americano y que el mismo Obama aconsejó al Sr. Rodríguez hace unos meses.

Algún día sabremos cómo acaba esto, pero nunca cómo habría ido si se hubiesen tomado otras decisiones. Es una lástima, porque nadie podrá reconocer que quienes apostábamos por jugar a la economía de las personas por encima de la de las finanzas teníamos razón.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Coche eléctrico: que la ilusión no oculte el peligro


A nuestros políticos les costó mucho reconocer que estábamos en crisis económica, pero desde que lo hicieron no han parado de hablar de que el modelo económico español en general y catalán en particular había quedado obsoleto y había que buscarle alternativas, aunque sus actuaciones hasta el momento han ido más en otras direcciones de las que ya me he quejado con frecuencia.

Parece existir un cierto consenso a la hora de analizar lo que ha hecho que en nuestro estado las consecuencias de la crisis global estén siendo especialmente hondas y anchas: a los problemas financieros que han sacudido al mundo desarrollado ha habido que sumarle la sumisión al tocho y la ausencia de una industria potente basada en productos de alto valor añadido que la hiciese capaz de competir en situaciones adversas.

En este contexto, lo que se haga con el último de los factores expresados puede ser clave especialmente en el aspecto del empleo, dado que la potenciación de una industria sólida puede ofrecer puestos de trabajo a corto plazo y, si se hacen las cosas bien, garantizar su estabilidad.

Pero para hacer las cosas bien conviene evitar que la ansiedad nos produzca miopía. El gran mal de nuestro tejido industrial es el de estar formado básicamente por industrias extranjeras del sector automovilístico y sus auxiliares que han invertido aquí por los incentivos ofrecidos por nuestras administraciones y por lo barato de la mano de obra, especialmente si tenemos en cuenta la relación entre el precio y la capacitación.

Tales empresas sin el más mínimo arraigo social, con un horizonte comercial que no les obliga a una localización geográfica determinada y con una capacidad financiera suficiente para afrontar mudanzas sin problemas, no han dudado en deslocalizarse hacia otros puntos del planeta más económicos o en replegarse hacia sus países de origen a la primera que la cosa ha pintado fea.

Ante tal panorama, ofrecer facilidades para que una empresa china se instale en Catalunya para fabricar coches eléctricos con la esperanza que entre ella y sus auxiliares se creen miles de puestos de trabajo, puede ser pan para hoy y hambre para mañana. Tal vez cabría esforzarse también o en su lugar, en incentivar la creación o el crecimiento de empresas autóctonas en sectores diversificados y con una cierta base en la investigación y el desarrollo como pueden ser las energías renovables en las que, según dicen, poseemos tecnología puntera.

El coche eléctrico podría poner las pilas a la economía catalana e incluso, por extensión, a la española pero seguramente habrá que estudiarlo mucho para que esas pilas sean recargables y no nos dejen sin suministro en cuanto las volvamos a necesitar. Esperemos que la proximidad de unos comicios no fuercen acuerdos que deslumbren pero que no permitan ver el peligro que entrañen en el medio y largo plazo.

miércoles, 28 de julio de 2010

88 millones de nada


Esa es ni más ni menos que la diferencia entre los 11 millones de euros de beneficios declarados por la junta saliente del Barça y los 77 de déficit que, según la junta entrante, ha tenido el mismo club en el último ejercicio.

La historia no es nueva y, de hecho, se trata simplemente de presentar un panorama fácilmente mejorable para poder hacer en el futuro un balance positivo de la gestión por parte del equipo que pasa a hacerse cargo de la entidad. Seguramente ellos presentarán un beneficio al final de su mandato que, en caso de que sean sustituidos, será considerado incorrecto por una nueva auditoría.

¡Mira que en mi casa llega a resultar fácil calcular el resultado del ejercicio! Si cobramos X y gastamos Y, el resultado es X menos Y. Pero se ve que eso, cuando se cuentan los euros por millones es mucho más complejo.

La conclusión, pues, no puede ser una crítica hacia la gestión ni de los que han salido ni de los que entran que, entre otras cosas, no me preocuparía en lo más mínimo si no fuese porque buena parte del dinero que maneja esa entidad en concreto proviene de fondos públicos, aunque sea vía televisión autonómica.

Para mí la lección es lo poco fiables que son las conclusiones financieras llámense auditorías o pruebas de stress. Las finanzas, como las estadísticas, no dejan de ser números que pueden servir para maquillar muchas cosas y que se pueden explicar con criterios diferentes en función del interés.

Y si los resultados pasados de un club deportivo son tan complejos de explicar, ¿debemos creernos los augurios futuros de las economías estatales? Tal vez quepa plantearse que utilizar ese invento de la macroeconomía-ficción para justificar reducciones de sueldos, recortes de derechos y ataques a las políticas sociales es tanto como dejarse hipnotizar por las incomprensibles palabras de un brujo de cuyas intenciones cabe desconfiar.

Quizá sea hora de poner en el centro de toda decisión unas cifras más representativas de la realidad de las personas y preocuparnos menos de los cantos de unas sirenas que ya sabemos que, con frecuencia, más que nuestro porvenir procuran nuestra perdición.

viernes, 23 de julio de 2010

El descontrol de los controladores


Saber quién tiene razón (si es que alguien la tiene) en el tema de los controladores (y controladoras, supongo) aéreos basándose en lo que ha trascendido en este último y los anteriores episodios del conflicto abierto entre este colectivo y el estado resulta más que difícil. La razón, de hecho, parece ser lo que menos impera en esa difícil relación laboral que se caracteriza por la presencia de un sindicato corporativo en un colectivo en posición dominante y una administración que, una vez más, demuestra saber hacer cualquier cosa menos gestionar, especialmente cuando se trata de recursos humanos.

No tengo mucha idea de las condiciones laborales de quienes se dedican al control aéreo pero, por lo que ha trascendido, difieren mucho a las de mi cuñada que, por vía de una ETT, está facturando maletas en un aeropuerto. Evidentemente las dos funciones son prácticamente igual de básicas para que el sistema funcione pero facturar maletas lo puede hacer cualquiera y controlar el tráfico no: he ahí la situación dominante.

Y de la diferencia de condiciones se deriva que el colectivo esté representado por un sindicato corporativo. Sólo un sindicato corporativo puede tener la sensación de tanto agravio en el colectivo que, junto con el de pilotos (también representado corporativamente), tiene seguramente las mejores condiciones económicas y laborales del ámbito del transporte aéreo.

De hecho muy posiblemente el propio sindicato de controladores es consciente de la situación en que se encuentran especialmente en la coyuntura económica, social y laboral de este momento y por eso no ha convocado, como en otras ocasiones, una huelga que no habría sido entendida por absolutamente nadie. De hecho niegan incluso estar detrás de unas bajas que, por lo visto, eran de larga duración pero se convirtieron en altas tan pronto como el ministerio de fomento amenazó con usar controladores militares.

De todas maneras, cualquier colectivo tiene derecho a luchar por la mejora continua de sus condiciones de trabajo y, en todo caso, para hacer de contrapunto ya está la patronal. Lo que pasa es que en este caso la patronal no es otra que el estado, en forma de ministerio, de AENA o de lo que convenga, pero la administración a fin de cuentas. Y esa administración, una vez más, acaba solucionando el problema de la forma más cobarde, ineficaz y lamentable posible: privatizando.

Me atrevo a apostar porque la privatización del control de nuestro espacio aéreo no ahorrará ni un euro al estado. Estoy convencido también de que no evitará ni mucho menos los conflictos laborales. Lo único que sí que reducirá, porque así de mal entendido lo tenemos la ciudadanía, serán los quebraderos de cabeza del señor Blanco o quien le suceda, que siempre podrá echar la culpa de todos los males a las empresas concesionarias.

martes, 6 de julio de 2010

¿competitivos dónde?


Edward Hugh tiene la solución. Este economista defiende que España sólo puede salir de la crisis por la vía de la exportación y que, para poder conseguirlo habrá que ser competitivos y que para ello habrá que reducir precios y, consecuentemente, salarios al no poder hacer uso de la devaluación de la moneda.

Dicho así suena hasta razonable pero a mí me genera una pregunta: ¿competitivos dónde? Porque la Cultural Leonesa debe ser muy competitiva en segunda B, pero en segunda se estrellaría y a primera ni aspira. ¿Y España? ¿los que estábamos reclamando un sitio en el G-8 hace cuatro días sólo podemos ofrecer bajos precios? ¿esa es toda la competitividad a que podemos aspirar?

FIAT puede y seguramente debe competir por precio, pero nunca con Ferrari que, en todo caso, lo hace con Maserati y los dos últimos no luchan por vender más barato, sinó mejor producto.

Las crisis son el momento de cambiar. La apuesta por vender barato nos ha salido cara aunque quien debiera no quiera reconocerlo. No sé si aún estamos a tiempo, pero alguien debería plantearse, más que cómo salir de la crisis, en qué situación queremos salir.

Jugar en primera requiere más esfuerzo que hacerlo en segunda, pero como todo el mundo sabe, el descenso a segunda es el descenso al purgatorio y más abajo sólo queda el infierno.

viernes, 18 de junio de 2010

¿Para qué sirve una huelga?


Hoy me voy a permitir dos licencias que no acostumbro a permitirme. La primera explicar una batallita y la segunda entonar algo parecido a la odiosa frase de "ya te lo decía yo" que tan poco me gusta.

Aquí un servidor trabaja en el ayuntamiento de Manresa. Es posible que a estas horas, quienes sigan más o menos las noticias sabrán que existe un importante conflicto social entre el consistorio y su personal del que no voy a entrar en detalles pero sí a usar para ejemplificar el mensaje correspondiente.

El pasado 8 de junio se había convocado una huelga general del sector público por parte de los sindicatos en protesta por el Real Decreto del gobierno que ha acabado recortando los derechos sociales y las inversiones públicas. En los días anteriores, estuvimos celebrando una ronda de asambleas en las que intentábamos concienciar de la importancia del seguimiento de la huelga.

Los argumentos eran múltiples, desde los de fondo (quien siga este blog sabrá a qué me refiero) hasta los de carácter más doméstico. En múltiples ocasiones repetí lo de "si el consistorio ve que no nos movemos ni cuando nos recortan el sueldo, no tardará en tomar medidas aún más drásticas". Debo reconocer que la oratoria tuvo un éxito más bien escaso y que la gran mayoría de la gente se apuntó a las excusas: desde el "no les queremos regalar el dinero que nos quitan por la huelga", hasta "los sindicatos ya no nos representáis porque sois la correa de transmisión del gobierno".

Una semana justa hizo falta para que el gobierno municipal presentase, sin derecho a discusión, su versión del decretazo que multiplica por dos el recorte en los salarios y añade siete despidos. Nada más conocer la noticia, las personas que nos recriminaron nuestra falta de representatividad nos exigieron que tomásemos cartas en el asunto y empezó la fiesta.

Llevamos tres días saliendo en masa por la calle, durmiendo en el ayuntamiento y llenando páginas de periódicos y espacios en el telenoticias. Somos lo más de lo más, pero llegamos tarde. Aún en el caso más optimista de que las medidas adicionales del consistorio se retirasen, algo habrá quedado y no será bueno: nunca, hasta ahora, había visto en el personal tanto desaliento y desafección por la casa a la que dedican las mejores horas de su vida.

Para septiembre está convocada otra huelga, ésta general. Seguramente los argumentos para no hacerla existirán y no serán tan diferentes a los que oímos a principios de junio. Sólo si la experiencia de Manresa le sirve a alguien para entender que las huelgas no se convocan nunca en vano, podré llegar a pensar que el error que cometimos habrá servido de algo.

martes, 15 de junio de 2010

Economía y política: ¿Quién manda aquí?


La línea que separa la política de la economía se hace, en ciertas ocasiones, tan delgada que puede llevarnos a confusión. De hecho, a veces, hay quien intenta aprovechar tal confusión para excusar sus propios errores o, peor aún, para eludir sus responsabilidades.

Según una definición más o menos académica, la economía sería la ciencia que estudia la correcta distribución de los recursos escasos para satisfacer las necesidades del ser humano. Pero resulta que esa misma definición recoge el término "correcta" cuando se refiere a la distribución de los recursos y lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, forman más parte de la ética que de la ciencia.

Y justo ahí es donde entra la política, que debe definir qué es lo que consideramos correcto y que es lo que no a la hora de priorizar el destino de los recursos, que ya admitimos que son limitados. De hecho, en un estado utópico de recursos ilimitados, la economía tal vez no tendría sentido pero la política debería seguir estando presente porque, seguramente, algunos usos de los recursos seguirían sin ser socialmente tolerables y habría que regularlos.

Si alguien me ha seguido hasta aquí podría aceptar mi conclusión de que, en resumen, la política nos marca prioridades, nos dice con qué orden debemos satisfacer esas necesidades del ser humano, es decir, la política nos dice "qué" debemos hacer. Mientras tanto, la economía seria la ciencia que nos permite hacer uso de los recursos para alcanzar tales fines, osea que nos dice "cómo" debemos hacerlo.

Y todo este rollo sirve para dejar claro cómo de inadmisible encuentro que en una situación crítica como la actual, la clase política se excuse al tomar sus decisiones aludiendo a las necesidades económicas. El "qué" no puede supeditarse al "cómo", sinó que debe hacer uso de él. En todo caso el "cómo" nos puede marcar ritmos o incluso justificar hechos desagradables, pero nunca obligar a modificar el "qué" en su esencia.

Cuando alguien que alcanza la mayoría en un gobierno hace una política totalmente contrario al ideario con el que llegó a dicho gobierno, no puede puede poner como excusa a la economía porque la economía no es más que uno de sus instrumentos y, si no sabe usarlos, es que no sabe gobernar.

jueves, 10 de junio de 2010

De incoherencias, incompetencias e incontinencias


Convergència i Unió critica un día a Montilla porque no sabe si defiende o no el decretazo del Sr. Rodríguez. Al día siguiente se abstiene en Madrid para permitir la aprobación del Real Decreto porque no quiere tumbar al presidente y a los quince días vota en contra de la versión catalana del recorte de derechos.

El Partit Socialista de Catalunya no dice si está en contra o no de que se congelen las pensiones pero vota a favor del decretazo estatal, aunque alguno de los ayuntamientos que gobierna aprueban mociones pidiendo su retirada porque sus municipios "son de clase obrera" como si hubiesen municipios burgueses. A la semana proponen un versión aún más drástica de la amputación de derechos.

Iniciativa per Catalunya Verds vota en contra del Real Decreto como, seguramente, cabía esperar, pero luego llega al Parlament de Catalunya para votar a favor de la versión Montilla alegando "off the record" que lo que planteaba la oposición era aún peor.

Esquerra Republicana vota en contra del plan que defendía Elena Salgado porque es injusto, porque no nos sacará de la crisis y porque dice que no se puede jugar a Robin Hood de día y a príncipe Juan de noche. Quince días más tarde apoyan la propuesta de recorte del PSC que debe ser más justa porque hace que, a parte de las pensiones, haya recortes en la sanidad, la enseñanza, los servicios sociales y todo lo público concertado que no es poco en Catalunya.

El Partido Popular se opone en todos los casos porque es injusto y ataca a los más débiles, pero sobretodo porque cree que lo que necesita este país es la reforma del mercado laboral y la gratuidad del despido.

La verdad es que visto lo visto, uno no sabe si se puede ser más incoherente pero queda claro que es difícil ser más incompetente. Hacer política debería ser algo más que intentar hacer equilibrios con visión electoralista o de pactos post-electorales. Hacer política es jugar con el futuro de nuestra descendencia y con los sueños de nuestra ascendencia y eso debería valer más que un sillón por más acolchado que éste esté.

¿y la incontinencia? esa es la fecal y la siento yo al intentar escribir estas líneas sin cagarme en nadie.

miércoles, 2 de junio de 2010

¿Crisis?¿Qué crisis?


A parte del título de un magnífico disco de Supertramp, es más o menos la pregunta que me trasladaron desde un cooperante internacional. Parece ser que le llamaba la atención el hecho de que hablásemos de crisis mientras pudiésemos comer cada día, sólo porque tuviésemos que prescindir de lo que en otras latitudes son privilegios inalcanzables.

La verdad es que visto así uno relativiza las cosas y se ve obligado a pensar para llegar a la conclusión de que lo más grave de todo lo que nos viene pasando últimamente en Europa no es la crisis económica, sinó la de valores.

Resulta que vivimos en un continente que ha sido convulso desde siempre, que ha vivido revoluciones francesas y rusas para defender que personas somos todo el mundo y que esa condición, la de persona, nos confiere los mismos derechos mínimos. Un continente en el que nuestros abuelos tuvieron que dejarse la vida en el tajo porque su trabajo había servido para que su patrón tuviese derecho a vivir de renta, pero no para que ellos tuviesen derecho a una pensión.

Aquello que llamamos el estado del bienestar no es un regalo de nadie, sinó una conquista histórica por la que hubo quien murió y quien mató. Una conquista que hay quien sueña en poder globalizar para que algún día pueda alcanzar a esos países en los que lo nuestro suena a ciencia ficción.

Y ahora resulta que la criatura que se parió después de la guerra de las guerras para garantizarnos un porvenir estable, la Unión Europea, nos ha salido respondona y ha preferido el neoliberalismo americano a la Europa social. A las potencias europeas les preocupa más la volatilidad de los mercados especulativos que el salario de su ciudadanía.

Y aquí, en España, donde siempre habíamos mirado a Europa deslumbrados por los modelos de protección social de los vecinos de nuestros vecinos, resulta que ahora somos los primeros en acatar con resignación las exigencias de esa entelequia a la que llaman mercado financiero.

Parece ser que estamos en disposición de aceptar sin más que el estado renuncie a tirar del carro cuando se atora para dejar nuestra suerte en manos del sector privado al que, para facilitarle las cosas, le vamos a regalar el despido y facilitar el acceso a la gestión de nuestros servicios más esenciales.

Me resisto, y pienso seguir haciéndolo, a aceptar que hayamos renunciado al sueño de nuestros padres para sucumbir al sueño americano. Me resisto no sólo por aspectos románticos sinó porque estoy convencido de que ese sueño, el americano, muy pocas veces se convierte en delirio y la mayoría en pesadilla. Yo me conformo con poder garantizar un sueño plácido a todo el mundo.

martes, 1 de junio de 2010

El verdadero café para tod@s


O lo he leído mal o, después de que con el mes de mayo expirase el primer plazo dado por el gobierno para llegar a acuerdos en el marco del diálogo social sin que éste actuase por decreto ley, hoy el señor Corbacho lo ha prorrogado en siete u ocho días.

La verdad es que estoy convencido de que, tal como amenazaba Salgado, el gobierno no dudará en actuar unilateralmente. Sin embargo, la prórroga de una semana nos lleva sospechosamente al ocho o nueve de junio, es decir, justo cuando los sindicatos han llamado al sector público a la huelga.

No tengo la menor duda de que el Real Decreto que reformará el mercado laboral ya está redactado. La patronal lo sabe y por eso no tiene ningún interés en el acuerdo. La duda es si existen una o dos versiones y si no puede ser que la que se apruebe definitivamente sea la "ristretto" o la "descafeinado" en función de la respuesta ciudadana del día 8 de junio.

En todo caso yo, por si acaso, lo tengo claro: no será por mi indiferencia por lo que me endosarán dos tazas. A partir de ahí, que cada cual decida si le gusta o no según qué café.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Rectificar es de sabios... y de sabias


Un lunes se publica el primer decretazo del gobierno Rodríguez en el 2010 (no será el último). El mismo día "algunos alcaldes enfadados" llaman a la Sra. Salgado para manifestar su malestar por uno de los aspectos que incluía el Real Decreto Para el Aumento de la Recesión Económica en España (que es el título que debería tener), el que prohibía a los ayuntamientos endeudarse a largo plazo a partir de ya.

El martes, el BOE ya publicaba la rectificación y la Sra. Salgado anunciaba desde Bruselas que se trataba de un error como tantos otros que se pueden producir en un boletín y, sobretodo, en un decreto tan extenso.

El 8 de junio se ha convocado una huelga que nos dará la ocasión de manifestar nuestro enfado por el resto del contenido del Real Decreto. Si lo hacemos bien, seremos más personas en la calle que alcaldes y alcaldesas hay en España. Tal vez así, la Sra. Salgado y el Sr. Rodríguez se den cuenta de que el error no era una fecha, sinó todo el Real Decreto y lo deroguen o si no, al menos, se replanteen el que ya están redactando: el de la reforma del mercado laboral. Al fin y al cabo, rectificar es de sabios... y de sabias.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Sin revelión en la granja


Los Rodríguez llevaban ya varias generaciones de granjeros desde que aquel antepasado suyo decidió cuidar aquellas pobres vacas en aquel escueto terreno. Al principio lo habían hecho de manera extensiva pero, a medida que hubo necesidad de aumentar el ganado gracias a la buena marcha del negocio, tuvieron que pasarse a gestionar la explotación de manera intensiva y, con el trabajo que ello suponía, decidieron abandonar cualquier tipo de explotación agrícola complementaria.

Cuando el último de los Rodríguez heredó la granja eran buenos tiempos. Tan buenos que, de las dos razas que tenía, se permitió el lujo de dejar de ordeñar a las pardas suizas que, a pesar de que eran las que más comían, también crecían generosamente y eran la envidia de muchos en los certámenes ganaderos.

Con la leche de las Holstein era más que suficiente para costear de nuevo el pienso de ambas y generar un beneficio que le permitió ganarse un cierto prestigio hasta entonces inimaginable entre el resto de granjeros con los que compartía cooperativa.

Pero, como de todo el mundo es sabido, las buenas rachas no son eternas y así, un buen día, el precio del pienso fue en aumento, con lo que tuvo que empezar a ser cuidadoso con las raciones que daba a todas sus vacas. Sin embargo, al poco tiempo, las vacas pardas, que estaban demasiado acostumbradas a buenos ágapes, empezaron a mostrar una extraña agresividad y, después de esquivar unos cuernos, Rodríguez decidió completar de nuevo su ración a costa de la de las Holstein.

Las pobres vacas productoras redujeron su producción debido a la disminución de su alimento, con lo que los ingresos en la granja eran cada vez menores y, para colmo, el precio de la leche había bajado en el mercado, puesto que algunos otros ganaderos habían desarrollado nuevas formas de producción más eficientes.

Los males de Rodríguez aumentaron cuando las vacas pardas suizas, que se dieron cuenta del miedo del granjero hacia su cornamenta, empezaron a mostrar una mayor ferocidad enseñándole la cornamenta cada vez que aparecía para repartir el pienso y escondiéndolas cada vez a mayor cantidad de alimento, hasta que los ingresos de la granja no llegaban para pagar el grano.

En estas, el granjero decidió acudir a la cooperativa a pedir auxilio. No era el primero que lo hacía y, tal vez por eso, algunos socios que habían aprendido ya los métodos de mayor eficiencia, se extrañaron de que Rodríguez necesitase tanto pienso para tan exigua producción, así que exigieron que redujese su consumo de pienso y dejase pastar a las vacas en sus escasos campos antes de acceder al préstamo.

Lo estudió levemente, pero tenía pocas alternativas, así que nuestro granjero aceptó que le costearan parte del pienso a cambio de reducir el total de su consumo. Cuando volvió a la granja miró a los animales para estudiar cómo repartir una cantidad aún menor de pienso. Las pardas suizas le enseñaron sus prominentes cuernos y Rodríguez lo tuvo claro: reduciría aún más la ración de las Holstein con la esperanza de que se alimentasen en el prado.

Pero cuando soltó a sus vacas en los campos como antaño lo hicieran sus antepasados, se encontró con que el prado estaba prácticamente yermo y con que las vacas suizas, con su mayor corpulencia, vigor y cornamenta, arrasaron con lo poco comestible que quedaba en él antes de que las productoras pudiesen tan sólo olerlo.

Tardaron poco las Holstein en dejar de dar leche y tampoco demasiado en morir la primera. Fue entonces cuando Rodríguez decidió que no podía seguir haciéndose cargo de la granja y decidió venderla a algún otro ganadero más capacitado. En el momento de la transacción, el notario preguntó:

- Señor Rodríguez…
- Zapatero, Rodríguez Zapatero – contestó el granjero.
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