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martes, 1 de junio de 2010

La complicidad silenciosa


Cuando un país tiene aislado por tierra, mar y aire a todo un pueblo, no puede sorprendernos que se atreva a abordar barcos en aguas internacionales y a matar a parte de su tripulación y, si la comunidad internacional tolera lo primero y permite que Israel se limpie el culo a diario con las resoluciones que dicta la ONU, tampoco es de extrañar que sea incapaz de acordar cualquier tipo de medida para sancionar eso.

Dicen los hebreos que los barcos de cooperantes que asaltaron brutalmente ayer transportaban armas de destrucción masiva. Poco imaginativos, ellos, a la hora de buscar excusas para justificar crímenes. Me resulta curioso que una tripulación pertrechada de tales instrumentos se defendiese con palos pero claro, de los integristas islámicos se puede esperar cualquier cosa.

Sea como sea, lo que hace Israel, en otros sitios, ha merecido tormentas del desierto, bloqueos internacionales e incluso leyes americanas prohibiendo el comercio con ellos. Israel viola el derecho internacional y los derechos humanos, pero no lo hace solo, el resto de países manifiestan con su silencio una sibilina complicidad que les resta, a mi juicio, credibilidad y autoridad moral para juzgar cualquiera de las atrocidades que acontecen a diario en el resto del mundo.

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Conflicto cultural?


Interesante, sin duda, el programa de el follonero del domingo pasado. A su manera desenfadada y haciéndose el tonto, consigue poner en evidencia a las dos partes en litigio de esta especie de guerra de reconquista a la que parece que hay quien tienen interés en reducir a la convivencia entre la inmigración musulmana y los teóricamente cristianos de aquí.

Se podrían sacar conclusiones múltiples después de ver a un imán que no es capaz de condenar explícitamente a Bin Laden y a un político que es felicitado por la calle por su discurso chenófobo, aunque la primera que quiero dejar clara para quien pueda leer esto desde fuera de Catalunya es que, aunque el debate existe, la liga de fútbol ocupa más espacio en las tertulias de café. Creo que no miento si digo que ninguno de los personajes que salen en el programa podría considerarse el modelo del catalán medio, aunque ninguno de ellos sea ficticio.

Aún así, tengo que reconocer que algunos correos que recibo cada vez con más frecuencia (no sé si porque me quieren provocar o porque disimulo muy bien mis principios y creencias) y algún que otro grupo de Facebook que busca millones de españoles contra un supuesto partido islamista, empiezan a hacerme temer que la radicalidad se pueda estar instaurando en este lado del charco y, como la radicalidad sólo puede generar radicalidad, no puedo menos que preocuparme.

Por suerte, entre medio de los dos, el follonero entrevista a una profesora musulmana de la Universidad de Valencia que, a parte de defender que ella usa el velo por decisión propia dice al menos tres cosas interesantes.

La primera es que las religiones no son machistas, sinó que vivimos en un mundo machista y que son algunos hombres quienes, independientemente de su religión, son machistas. Interesante reflexión que seguramente las cifras de víctimas de violencia machista corroborarían si estudiamos el origen de los agresores.

La segunda es que Al Qaeda ha hecho mucho daño tambén al Islam y que, de hecho, lo había hecho en países islámicos antes de hacerlo en occidente aunque eso no hubiese sido noticiable aquí. Otra reflexión interesante que nos refresca la memoria respecto al origen del movimiento Talibán.

La tercera es que nuestras civilizaciones están en un proceso que debe conducirlas a un nivel superior, pero que en ese proceso el Islam está en el año 1400 (y algo más, creo) y que, en consecuencia, necesita tiempo para evolucionar. Esta última, que podría ser la más arrojadiza contra la cultura islámica, me ha hecho pensar en cómo estábamos hace 700 años y, si no me equivoco, no era una situación tan diferente, excepto que entonces los "cultos" y los "ricos" no eran los mismos que ahora.

Y, ¿cuás sería mi conclusión? Pues que, visto que la única persona que fue capaz de decir cosas que activaron más mi cerebro que mi estómafo fue una profesora universitaria, debe ser que no existe un conflicto cultural, sinó un conflicto originado en la incultura.
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