Mostrando entradas con la etiqueta mundo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mundo. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de abril de 2010

Señales de humo


Dicen que ese era el rudimentario sistema de comunicación que los indios americanos usaban para hacer llegar la información a las tribus más remotas. En pleno siglo XXI tal sistema resulta más que obsoleto porque, entre otras cosas, no existen las tribus remotas en nuestro mundo occidental y las distancias en el espacio sin fronteras de Europa se han acortado considerablemente.

Sin embargo, la erupción de un volcán en Islandia ha dejado la mitad de nuestro viejo continente incomunicado por aire a causa de la nube de humo que produce, distanciándonos ni que sea de momento y convirtiendo aquel bonito espectáculo de fuego y nieve que veíamos por la tele en un problema tangible y concreto.

Tal vez sea que ese humo también transmite un mensaje. El de que no nos podemos permitir nunca el lujo de convertirnos en simples espectadores de la desgracia ajena porque, a parte de cualquier argumento altruista, en cualquier momento se convertirá en nuestra desdicha.

sábado, 6 de febrero de 2010

Educando para la excelencia


Era la reunión de inicio de curso de 4º de primaria. Una profesora con aspecto de mesonera del quijote, en el típico tono de maestra de primaria, a medio camino entre la complacencia y el esoterismo nos explicaba a padres y madres que su objetivo para ese final de ciclo era educar a niños y niñas en la excelencia. Era importante que nuestra prole entendiese que debían dar siempre lo máximo de ellos en su trabajo, porqué eso es lo que se les exigiría en su futuro como adultos.

Era, sin duda, una afirmación intelectualmente impecable, pero algo dentro de mí se revolvió contra esa idea. Dar el máximo de ellos en su trabajo significaba no guardarse nada para ellos, nada para sus familias, nada para sus amistades. ¿es eso lo que se espera de ellos en el futuro? y, en todo caso, ¿es lo que deseamos?

Desde un punto de vista social podría ser comprensible que pidíesemos a todo el mundo que ofreciese al resto de la sociedad todo su esfuerzo y todo su empeño, pero de bien seguro que si pensamos en nosotros mismos, no querremos tal cosa. ¿de veras queremos educar a nuestros hijos en la excelencia? ¿no estaría mejor hacerlo en la suficiencia?

Tal vez nuestras escuelas se equivoquen. Quizás la estrategia debería ser enseñarles dónde está el maravilloso punto de equilibrio que permite ser útil para la sociedad y poder disfrutar de ella. Donde uno o una puede sentir orgullo de su trabajo, pero a la vez compartir dicho orgullo y la felicidad que conlleva con los suyos y consigo mismo.

No sé, seguramente me equivoque una vez más, pero aquellas palabras me sonaron al mundo feliz de Huxley y yo más bien sueño con el que cantaba Rah-Mon Roma con letra de Gianni Rodari, en el que había una escuela donde aprender a leer, ecribir y hablar, la lengua de la felicidad.
Free counter and web stats