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domingo, 5 de diciembre de 2010

El milagro del arsénico

La ciencia es tozuda y, a pesar de que le cuesta horrores reconocer una teoría como cierta, una vez que lo hace tiende a convertirla en axioma irrefutable y a rechazar todo aquello que se opone a ella. Yo tengo entre casi y absolutamente nada de científico. Me falta la inteligencia, los conocimientos y, sobretodo, la actitud para serlo. Debe ser por ello que siempre que he oído que se descarta la existencia de vida en un determinado lugar por la ausencia de agua, por ejemplo, me ha sorprendido pensar que la biología no pueda imaginar una forma de vida sin ella.

Creo desde mi tremenda ignorancia que la comunidad científica dejó hasta cierto punto atrás el teocentrismo que la paralizó durante siglos pero que, en cambio, no ha sido capaz de desprenderse aún del geocentrismo. Un geocentrismo que, en este caso, yo definiría como la incapacidad para buscar patrones válidos más allá de los que conocemos que funcionan en nuestra Tierra sensorial para aplicarla en otros ámbitos.

Que se hayan encontrado bacterias capaces de vivir en y a costa del arsénico no deja de ser, hasta cierto punto, metafórico. La vida se ha demostrado viable en una sustancia que para nosotros significa muerte. Tal vez sí que existe vida donde creemos que no la hay o incluso vida más allá de la muerte. Quién sabe si no la hemos conocido ya pero, simplemente, la hemos despreciado porque no coincide con nuestro concepto preconcebido.

No estoy muy seguro, pero me parece que el milagro del arsénico puede llevar a cuestionarse muchos esquemas dogmáticos en la biología y eso, sin duda, puede ser el primer paso para enfrentarse a nuevos enigmas y así encontrar nuevas respuestas.

sábado, 20 de febrero de 2010

Milagros a la manresana


Mañana se conmemora en Manresa el llamado milagro de la misteriosa luz. Para quien no tenga conocimiento exacto de los hechos acaecidos para dar lugar a tal celebración diré que existen tres versiones que expondré para que cada cual se quede con la que crea más verosímil.

Parece que hacia 1339 la ciudad de Manresa consideró necesaria la construcción de una acequia que desviase parte del agua del río Llobregat desde Balsareny hasta la actual capital del Bages. Los motivos eran evidentes: la sequía estaba causando estragos. El 23 de agosto de aquel año el rey Pedro III concedió a la ciudad el permiso para dicha construcción, así como una rebaja de impuestos para facilitar la realización de la obra.

Pero, en un episodio de aquellos que demuestran que los tiempos cambian pero las cosas no, resultó que la construcción de dicha obra, cuyo diseño se encargó a Guillem Catà, se encontró con la oposición del pueblo de Santpedor (el vecino de al lado) y del obispo de Vic (con la iglesia hemos topado), Galcerà Sacosta.

Éste último tenía autoridad sobre las tierras de Sallent y como, según él, la construcción de la acequia reduciría el cauce del río a su paso por dicho municipio (y seguramente pensaría que reduciría los beneficios de los molinos y los consecuentes tributos que él percibiría), decidió negar el derecho de paso de la canalización por sus tierras so pena de excomulgar al municipio y habitantes de Manresa; amenaza que tuvo que cumplir porque los Manresanos decidieron seguir adelante, con el consiguiente conflicto.

Y aquí es donde empiezan a divergir las tres versiones. Según la leyenda que se conmemora, el 21 de febrero de 1345, en pleno conflicto, entró un misterioso rayo de luz proviniente de Montserrat en la iglesia del Carmen de Manresa. Una vez dentro iluminó el absis central y se dividió en tres que incidieron en el propio absis, en la capilla de San Salvador y en la de la Trinidad para reunirse de nuevo y volver a partir hacia Montserrat. Ante tal evidencia, el obispo entendió el mensaje divino y concedió el derecho de construcción.

La versión de los historiadores es diferente y, sin analizar el milagro en cuestión, apunta que el tal Galcerán murió el 5 de abril de aquel año (¿tal vez de la sobredosis sufrida por lo que quiera que fuese que le hiciera ver luces?) y que su sucesor, Miquel de Ricomà, fue más comprensivo, firmando los capítulos y concesiones de la concordia el 19 de noviembre de 1345.

La tercera, anónima y teóricamente basada en un documento depositado en el museo comarcal del Bages (que yo no he visto), dice que la tal Luz tenía apellidos, que fue ofrecida (no sabemos si bajo el ábside o en qué capilla) o al tal Sacosta o a su sucesor y que ese fue el motivo, si no de la muerte de placer del obispo, sí de que se reconciliase la ciudad con éste.

Como decía, cada cual que elija la suya, pero fuese lo que fuere lo que pasó, la historia nos dejó una obra de ingeniería admirable (ríanse del canal Segarra-Garrigues si tienen en cuenta la fecha) digna de ser visitada en un paseíto ni que sea con la excusa de la transequia.

¡Ah! y si alguien quiere revivir aquella época y escenario, que no se pierda la posterior fira de l'aixada del fin de semana que viene. Es uno de los dos en que vale la pena visitar Manresa.
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