lunes, 22 de noviembre de 2010

Terribas for President

La verdad es que no he acabado de entender aún la polémica sobre los cara a cara de Mas y Montilla. El socialista pedía dos: uno en castellano y otro en catalán. El convergente no quería debate en castellano. Y yo me pregunto: en una sociedad tan plural como la catalana, ¿no podría hacerse un debate en el que cada cual hablase el idioma en el que se sientera más cómodo?

En todo caso, si ellos o sus directores de campaña hubiesen tenido el suficiente sentido común como para llegar a tal acuerdo, nos habríamos perdido la ocasión de ver a las dos personas que se perfilan como futuribles presidentes de Catalunya discutiendo al más puro estilo patio de colegio al final de un debate electoral con el resto de candidatos y la única candidata de los partidos con representación en el Parlament.

Montilla se marca un farol y Mas le contesta que para chulo él para ver si se arruga. Para acabarlo de arreglar, Josep Cuní se dedica a azuzar la contienda y, como el niño malo de turno, con sonrisita maliciosa incluida, llama a la directora y se queda de espectador de excepción.

Pero ésta no era otra que Mónica Terribas quien, después de que su cara demostrase una y otra vez la incredulidad ante la escena en la que se estaba viendo involucrada, acabó por pronunciar un magistral "vinga, descanseu" que denotó mucha más racionabilidad que la de los dos gallitos en contienda. Lo que no entiendo es porqué aún hay quien va preguntando por ahí quién ganó el debate. Para mí está clarísimo a pesar de no haberlo visto: ganó Mónica Terribas que fue quien habló menos, pero lo hizo la última y mejor.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Una campaña electosexual

Hace ya algún tiempo que dediqué un post a hablar de mi percepción sobre los excesos eróticos de la publicidad. Como ya dije entonces, es más que posible que fuese mi mente la que hiciese lecturas incorrectas al respecto. Y debo seguir igual de salido, porque tampoco entiendo que una campaña electoral se tenga que convertir en un concurso de vídeos insinuantes.

Por un lado salió Montserrat Nebrera autotitulando su spot como "el vídeo porno de Montse Nebrera". Sin entrar en el contenido, puedo llegar a entender que, dado que el tiempo televisivo de la campaña se reparte en función de la representación que se ostenta en el Parlament y ella no tiene ninguna, se haya visto obligada a llamar la atención de alguna manera para que la gente acabe viendo su publicidad.

No es el caso del PSC. Ellos son los segundos en cuota de pantalla electoral y, por lo tanto, no habrían requerido que su marca joven editase un vídeo que, seguramente, si hubiese estado firmado por el PP habría sido considerado sexista. De hecho, yo casi me atrevería a decir que sexista y de mal gusto, porque me cuesta pensar que sean muchas las mujeres jóvenes a las que José Montilla les despierte la líbido, aunque en eso también puedo equivocarme.

Es triste que ni en uno ni en otro nos acaben de explicar absolutamente nada de lo que proponen a quienes deberíamos ir a votar el día 28 de noviembre. Más triste aún es que sea todo lo que se les haya ocurrido para incitar a la participación después de haber encargado estudios tras la alta abstención de los últimos comicios autonómicos. Pero lo más triste de todo sería que resultasen efectivos y que la gente se movilizase más por la expectativa de un orgasmo que por la responsabilidad de decidir nuestro futuro gobierno.

Visto así el tema, no me extraña que haya que cambiar los Barça-Madrid de día para asegurar la participación. Realmente nuestra clase política debe estar bastante poco satisfecha con ella misma para pensar que nos va a costar tanto ir a votar. ¿porqué será?

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Una Papada más

Hay cosas que uno piensa pero que no comenta por miedo al ridículo. La verdad es que si alguien sigue mi blog sabrá ya de la indiferencia que despertó en mí la reciente visita del Papa a España pero, como que hacia el medidodía del domingo era difícil ver cualquier otra cosa en televisión, me sorprendí viendo la escenita en que, después de que el Santo Pontífice enguarrase el altar de aceite, una abnegadas religiosas se dedicaban a limpiarlo y poner la mesa.

La verdad es que me sonó a una escena de lo más machista, pero me guardé la observación e intenté justificarla por su marco litúrgico. La iglesia católica, de hecho, no se caracteriza precisamente por su militancia en pro de la igualdad de géneros, pero si unas mujeres desean asumirlo así, son libres de hacerlo.

Visto así, que después saliesen voces críticas con el ritual generó una especie de división en mi propia opinión que amenazaba con llevarme a la esquizofrenia si no hubiese sido por las declaraciones de una de las protagonistas.

Resultó ser que una de las monjas que participó en aquel acto declaró haber limpiado el altar con mucho orgullo. Hasta ahí me hizo decantarme por la libertad individual de elgir el rol que se desee, sin que nadie deba imponerle otro porque sea más políticamente correcto o socialmente deseable. Sin embargo, no se conformó con acabar ahí el comentario y aseguró que todo hombre debería sentirse feliz de ver a su mujer limpiando.

Y ahí se acabó mi dilema. Definitivamente, si desde la iglesia se entiende así, estamos hablando de un órgano retrógrado y nocivo para el avance de una sociedad que no puede permitirse el lujo de renunciar a todo lo que puede aportar la mitad de ella más allá de los servicios de limpieza.

Tomar los hábitos es una decisión personal muy respetable, pero interntar desde ellos lanzar mensajes de servilismo a las mujeres no es más que una muestra de cómo de claro tiene la iglesia católica que la única forma de garantizar su egemonía en nuestra sociedad es la de evitar que ésta progrese y, como sabe que para el progreso social se hace indispensable la participación activa de las mujeres, las invita a convertirse en humildes sirvientes de unos maridos que, además, deberían sentirse felices de estar casados con la mujer de la limpieza.

Luego a alguien le extrañará que a mí me importen un pepino las visitas papales...

martes, 16 de noviembre de 2010

¿Pero Dios paga impuestos?

Esquerra Republicana de Catalunya invita a ser valientes en su campaña electoral. Lo que parece ser que el señor Puigcercós no entiende es que entre la valentía y la temeridad hay una delgada línea que no conviene traspasar.

Yo siempre he sido partidario de buscar más las alianzas por la vía de las cosas que compartimos que las distancias por lo que nos distingue, pero considero razonable que quien quiera argumentar la conveniencia de una independencia defienda ser diferente a aquellos de quienes desea independizarse. No obstante, una cosa es pretender ser diferente y otra es acusar a toda una comunidad autónoma de eludir sus obligaciones fiscales.

No dudo que Puigcercós disponga de números que acrediten que la balanza fiscal catalana con el resto del estado sea más desfavorable que la andaluza. No voy a entrar en consideraciones de si eso es significativo o no de algo, pero insinuar que se debe a que el esfuerzo de hacienda en Catalunya es superior al de Andalucía es tanto como recuperar un tópico rancio y convertirlo en argumento político.

No sé cual es el objetivo de la gente de Esquerra al hacer tales afirmaciones pero igual sí que consigue dar argumentos para la catalanofobia del resto de comunidades de la que tan a menudo se quejan y dudo mucho que eso le convenga a nadie en la práctica.

Señor Puigcercós: ignoro quién paga impuestos aquí o allí pero creo saber que Dios, precisamente Dios, no los paga ni en un sitio ni en el otro.

martes, 9 de noviembre de 2010

xenofobia electoralista

Un numeroso grupo de entidades civiles catalanas ha pedido en un manifiesto al Parlament que actúe contra los discursos xenófobos que prevén que algunos partidos políticos esgriman como argumento electoralista de cara a las autonómicas del 28 de noviembre. No me cabe duda que lo hacen con la mejor de las intenciones, pero creo que se equivocan.

Pedirle a los partidos que no usen una de las armas más efectivas que tienen (para algunos la única) simplemente porque no es ética, vendría a ser como pedirle a un camello que no venda droga porque es inmoral. Si alguien pretendiese erradicar el tráfico de drogas por esa vía, estaría tan condenado al fracaso como lo están dichas entidades en su pretensión.

Para controlar las drogas hay que perseguir y encarcelar a quienes trafican con ellas y educar a la ciudadanía para que entienda que su consumo no aporta nada positivo. Con el racismo y la xenofobia hay que actuar, más o menos, de la misma manera.

Por un lado, me cuesta entender que tengamos una ley de partidos que permita ilegalizar algunos por el hecho de no condenar el terrorismo y que, en cambio, permita que otros se constituyan con la apología del odio hacia los diferentes como único argumento. Quizá alguna que otra "plataforma ciudadana" merecería ser ilegalizada.

Por otro, lo que las entidades deberían exigir y en lo que deberían corresponsabilizarse sería en un trabajo a más largo plazo que permitiese que la relación ciudadana con la inmigración fuese tan asumida por la población que dejase de tener un rédito electoral su utilización demagógica. De hecho, estoy convencido de que no soy el único que puede llegar a agradecer que alguna formaciones manifiesten su punto de vista al respecto para poder acabar de tener argumentos para no votarlas.

En definitiva, dudo mucho que ni el Parlament de Catalunya consiga eliminar los discursos xenófobos más refinados si no conseguimos entre todo el mundo crear la conciencia de que ese no es un camino que nos lleve a nada positivo. Los partidos son un reflejo de nuestra sociedad, pretender que cambien ellos sin que cambiemos nosotros es como pedirle peras al olmo.

sábado, 6 de noviembre de 2010

¿Me siento seguro?

En una reciente conversación, un director de oficina de una caja de ahorros al que tengo mucho aprecio me confesaba su sorpresa porque algunos de sus clientes habían preferido hacer depósitos a un interés del 4% a suscribir bonos de la Generalitat de Catalunya al 4,75% porque consideraban más seguro lo primero que lo segundo.

La verdad es que, planteado racionalmente, a mí también me resulta curioso que alguien considere más arriesgada la deuda pública que un depósito en una entidad de crédito, puesto que si el gobierno de la Generalitat dejase de tener capacidad para hacer frente al pago de su deuda indicaría una situación lo suficientemente grave como para que el hecho de recuperar o no lo invertido en un bono resultase una anécdota.

Sin embargo, el miedo y la seguridad son cuestiones que tienen más que ver con las sensaciones que con el razonamiento lógico y ahí la administración y en especial sus dirigentes tienen la batalla perdida. Viendo como se gestionan a nivel global las crisis financieras, la sensación que tenemos buena parte de la población es de que los gobiernos son juguetes en manos de las entidades financieras o instrumentos de éstas para garantizar su propia supervivencia.

Por otro lado, cuando un veintinueve de octubre un titular en La Vanguardia anuncia la confianza de un gobierno en que se mantenga la creación de empleo hasta fin de año después de ver los datos de la encuesta de población activa del segundo trimestre y, cinco días más tarde, el mismo diario encabeza un artículo con la subida del paro en el mes de octubre, todo ello después de haber anunciado montones de brotes verdes que nunca florecieron, la otra sensación imperante es que, en materia económica, nuestra clase política va más perdida que un capitán sin brújula en una noche nublada.

La verdad es que visto así resulta mucho más razonable que alguien se atreva antes en confiar sus ahorros a quienes tienen la capacidad de generar crisis que a quienes son incapaces de gestionarlas. Aún así espero que las sensaciones nos engañen y que, aunque a estas alturas no se me ocurre mucho cómo, la lógica se acabe imponiendo a pesar de los despropósitos de quienes nos gobiernan para que las riendas de nuestros destinos no acaben en manos de cajas de ahorros fusionadas entre ellas y fagocitadas por grandes corporaciones bancarias.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Pervirtiendo el sistema

Espero que alguien desmienta todo el argumentario que voy a usar a continuación porque, de lo contrario, me sulfuraré definitivamente en contra de quienes mi querida prima Gabi trató de "pijos yendo a hacer de buenas personas mientras se lo pasan bien de viajecito por África".

No volveré a repetir mi opinión sobre si se deben o no pagar rescates a terroristas por parte de un estado, pero sí voy a expresar mi enojo porque encima, una de esas personas que fue rescatada con cargo a los presupuestos (los reservados, supongo) del estado haya decidido ahora solicitar una indemnización al propio estado como víctima del terrorismo.

Lo voy a criticar porque dudo que ese sea el espíritu del que emana la legislación al respecto. Puedo entender que se promulguen leyes para que a un estado se le puedan exigir responsabilidades subsidiarias por los delitos relacionados con los conflictos terroristas que no haya tenido capacidad de gestionar satisfactoriamente.

No entiendo, en cambio, que si un grupo de personas con la mejor de las intenciones decide adentrarse en un país en el que se sabe que existe un conflicto bélico, político o terrorista sobre el que nuestro gobierno tiene poca o ninguna capacidad de influencia, se pueda exigir a éste que se haga cargo de indemnizar a quien, en su momento, decide asumir el riesgo.

El segundo de estos planteamientos se me antoja una perversión del sistema muy parecida a muchas otras de aquellas que se dan en nuestra sociedad mediterránea en la que pesan mucho más los derechos individuales que las responsabilidades colectivas.

El concepto de papá estado protector y todopoderoso debería empezar a borrarse ya de nuestros subconscientes. La madurez de las personas exige un alto nivel de responsabilidad sobre los propios actos y, por ende, la capacidad para asumir sus consecuencias, sean positiva o negativas.

Así las cosas y viendo que Albert Vilalta ni necesita ni quiere la indemnización que se podría derivar de su reconocimiento como víctima del terrorismo sólo se me ocurren dos motivos que pueden justificar su pretensión: o es demasiado inmaduro para el cargo que ostenta o posee un afán de protagonismo patológico.
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