viernes, 31 de diciembre de 2010

Un socialista en la corte del rey Artur

Parece ser que ha causado perplejidad en propios y ajenos el nombramiento de Ferrán Mascarell como Conseller de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Evidentemente hay quien ha entendido que ha sido el peaje a la abstención del PSC en la investidura de Mas como presidente, pero a mí me gustaría imaginar que no es así y que hemos dado un pequeño paso hacia la madurez política.

Cualquier persona, pero especialmente un político, debería ser fiel a sus convicciones, pero no esclavo de las disciplinas de partido. Del mismo modo, es coherente que quien tenga la responsabilidad de formar un gobierno después de haber sido elegido como candidato de un partido, lo conforme de acuerdo al ideario de éste, pero no debería estar encorsetado a la hora de elegir a las personas que lo desarrollen.

La verdad es que no soy conocedor de la obra de Mascarell en su anterior época como Conseller pero, ¿y si a Mas le parece que fue satisfactoria? No estamos hablando de una Conselleria de economía, de trabajo o de asuntos sociales, sino de cultura. Tal vez en ese ámbito pese más el catalanismo del que presumen tanto CiU como el propio Mascarell que las tendencias hacia la diestra o la siniestra. Siendo así, ni el President ni el Conseller están faltando a ningún principio y, en cambio, están formando parte del equipo que su responsable considera más oportuno.

Por si no me he explicado, no pretendo defender la elección de Mas, simplemente digo que no tiene porqué ser criticable por tratarse de un afiliado a otro partido. Es más, considero que sería una muestra de madurez política que algún día nuestra se llegase a seleccionar a los cargos públicos más por sus capacidades personales que por las deudas pendientes por servicios prestados al partido.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Demografía interadministrativa

Fuente: Regió7
La cooperación entre las diversas administraciones es hasta más que aconsejable en una sociedad avanzada como se supone que es la nuestra. Sin embargo, por lo visto, en lo que se refiere a los estudios demográficos la información no debe fluir como sería deseable.

Es la única explicación posible para entender que, mientras el Gobierno de España es capaz de predecir que en cosa de cuarenta años el número de pensionistas será tal que el sistema no se podrá sostener con las cotizaciones de quienes trabajen, en Manresa no se haya podido prever que eran precisos más centros educativos para acoger a los niños de cara al curso 2011-2012.

De hecho, no acaba de cuadrarme que un supuesto boom demográfico en 2008 pueda obligar a ampliar las aulas en las escuelas pero no tenga ninguna incidencia en cuanto al número de cotizantes futuros en la Seguridad Social, aunque evidentemente puede deberse a que en Manresa seamos una especie de república independiente que haya sufrido un fenómeno totalmente ajeno a lo acontecido el resto del estado.

En todo caso, todo esto no dejan de ser conjeturas de un ignorante que pensaba que era razonable imaginar que treinta y tantos años después de un boom demográfico se produciría otro al llegar los nacidos entonces a la edad de reproducirse. Bendita inocencia la mía.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pollos en familia

Preciosa ciencia, la estadística. Pocas otras son capaces como ella de convertir en datos objetivos y científicamente probados las elucubraciones más impensables. No voy a hablar hoy de los pollos que se come la gente sino, más bien, de los pollos que montan algunos.

El Obispo de Alcalá, en su condición de presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia ha concedido una entrevista en la cadena televisiva Intereconomía en la que ha hecho uso de las cifras para defender que el matrimonio es el antídoto contra la violencia de género, aunque luego haya dicho que eso no existe y que tal término es sólo una invención ideológica del parlamento.

Según Juan Antonio Reig, un estudio de Miró i Ardèvol en la Universitat Abat Oliba CEU (vinculada  a la Asociación Católica de Propagandistas) que no he podido encontrar en la red, coincidiría con el del Instituto de Política Familiar para afirmar que por cada homicidio que se produce en un matrimonio, tienen lugar doce en las uniones de hecho.

Dicho así, realmente, el tema sería para preocuparse. Lo que pasa es que aquí un servidor (llámenme desconfiado) se ha mirado un poco más a fondo lo que dice el estudio en cuestión y resulta que la afirmación del religioso no responde exactamente a la realidad del asunto. Según el IPF, en el 2008 se produjeron 48 homicidios en las parejas con relaciones sentimentales (59%) frente a los 33 homicidios en las parejas con vínculo conyugal (el 41% de las parejas). O me enseñaron mal las matemáticas o 48 no es 12 veces 33.

Cierto es que, cuando en lugar de números absolutos se convierten dichos números en índices de incidencia, resulta que el homicidio en las "relaciones sentimentales" es prácticamente 12 veces el de los matrimonios. No es menos cierto, sin embargo, que el estudio no especifica qué se entiende por "relación sentimental", lo cual me hace pensar que, posiblemente, se cataloguen aquí todos los homicidios producidos fuera del matrimonio, hasta cuando no hay convivencia.

Así pues, el señor Reig cometería dos errores: confundir la cifra con su incidencia y confundir cualquier tipo de relación sentimental con una unión de hecho. Posiblemente se trate de errores no intencionados que nada tienen que ver con la doctrina que pretende transmitir el personaje desde su cargo, pero creo que conviene señalarlos.

De todas formas, cabría destacar también la posibilidad de que dichas estadísticas se viesen alteradas por la práctica de algún Tribunal Eclesiástico que concede nulidades ante los malos tratos (aunque sean sólo signos y no el problema, según ellos), lo que debe convertir estos casos al segundo grupo.

Sea como sea, estoy convencido de que la amplia formación de la que, sin duda, una eminencia como el señor Reig disfruta, le dará para saber perfectamente que no se puede establecer una relación causal de esas simples cifras y que, por lo tanto, vender el matrimonio como antídoto a la violencia doméstica (él prefiere esta denominación) es casi tan tendencioso como el ejemplo del pollo que se comió aquél.

Creo sinceramente que es perfectamente legítimo defender un modelo determinado de familia. Me parece interesantísimo que se estudie y se intenten encontrar de la manera más científica posible causas de la violencia de cualquier tipo que faciliten las acciones correctoras necesarias para erradicarla. Pero considero que utilizar datos de manera tendenciosa para que, simulando hacer lo segundo, se tergiversen los hechos para argumentar lo primero, más que un error es una falta de respeto.


martes, 21 de diciembre de 2010

La incontestable victoria del Grinch

Supongo que era cuestión de tiempo. La silenciosa pero cruenta lucha íntima entre mi espíritu navideño y el eternamente malvisto Grinch se ha acabado decantando del lado del bicho verde. En su victoria creo que ha tenido que ver un poco la edad y un mucho otra serie de circunstancias concomitantes que han apoyado al ogro incondicionalmente en su pugna contra un duende que no ha tenido aliados.

No ha sido algo repentino. Los últimos años ya se adivinaba una cierta decadencia en aquella ilusión casi infantil. De hecho, el balcón de mi casa pasó de ser el único en tener iluminación navideña de todo el bloque a ser el único que no la tenía. Conseguí que mi buzón recibiese felicitaciones navideñas de mis vecinos, justo cuando ellos dejaron de recibir las mías. Y este año, por fin, no he tocado ni una bolita del árbol y prácticamente no tendré que gestionar ningún regalo.

Un primer factor determinante en el resultado del combate ha sido, sin duda, el desgaste natural del espíritu navideño que, habiendo sido creado para durar poco más o menos quince días al año, hemos ido intentando mantenerlo de la manera más artificial posible durante un mes y medio. Cuando intenta alargarse tanto una ilusión, acaba diluyéndose.

Pero también ha contado el Grinch como aliada con la imagen de un trastero lleno de regalos navideños casi sin estrenar. La Navidad ha dejado de ser la ocasión para hacer realidad pequeños sueños para convertirse en una fuente de frustraciones periódicas. Tenemos todo lo que necesitamos y, sobretodo, un montón de cosas que no necesitamos, de manera que es casi imposible, por más que te devanes el cerebro, despertar una sonrisa sincera en quien recibe el presente.

Cierto papel crucial jugó la escena del día de reyes de hace cosa de dos o tres años, cuando íbamos con mi hijo hacia casa de su amigo Xavier para compartir los regalos. Yo aproveché para llevar al contenedor correspondiente la caja de una impresora que me había llegado de oriente y, justo cuando la iba a tirar, mi hijo solicitó su indulto. De todos los regalos que recibieron los dos niños, lo que más les entretuvo aquella tarde fue la dichosa caja de cartón.

Por último, compartir la vida con un núcleo familiar que no ha demostrado nunca el más mínimo el interés por montar un pesebre, decorar un árbol o comprar un regalo, abándonándome a mi suerte ante tales tareas a la que me doy la vuelta, así como tener la suerte de no necesitar excusas para compartir una comida o una cena con el resto de mi familia, combinado con la falta de motivación religiosa, han acabado de hacer totalmente prescindible la presencia espiritual del Advento.

La verdad es que no me siento especialmente orgulloso. En cierta manera, me gustaría que se me apareciesen tres fantasmas una noche que demostrasen mi error. Sin embargo, hay momentos en que pienso que, en realidad, he conseguido no necesitar luces de colores en las calles ni una fecha preestablecida para hacer un regalo, disfrutar de la compañía de quienes quiero o desear su felicidad. Visto así, quizá a mi Grinch le pase lo que a todos los hombres nos acontece en el matrimonio: cuando creemos haber ganado es justamente cuando nos han vencido. ¡Feliz y perpetua Navidad!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Teatralizaciones pseudodemocráticas

Que nuestro sistema democrático no es presidencialista lo tengo clarísimo, incluso más que quien va a ser el próximo presidente de la Generalitat de Catalunya y que hace cuatro años no acababa de encajar no serlo. Pero que la situación no está como para dedicar mucho tiempo a discursitos retóricos ni a comedietas protocolarias también es evidente.

Catalunya no necesita ahora mismo que nuestra representación en cortes malgaste tiempo y esfuerzos en hacer una representación teatral de una investidura de la que nadie tiene dudas porque nadie la ha discutido desde el mismo día de las elecciones. Quizá la gente sentiríamos más cerca a nuestra clase política si aprendiesen a saltarse según que numeritos y se pusiesen a trabajar desde el primer día, eligiendo al presidente sin matices y obligando a éste a formar un gobierno que se ponga a andar lo antes posible.

Las posiciones iniciales de todos los partidos las conocemos de sobras y, si no, la culpa es suya si no nos las han sabido explicar en campaña. Ahora, que vayan por trabajo para que quien va a gobernarnos lo haga y el resto, tiempo tendrán de hacer oposición que esperemos que demuestren saber hacerla mejor que quien los precedió.

martes, 14 de diciembre de 2010

El monstruo de Bolkenstein o cuando lo urgente oculta lo más importante

Tal vez porque un apellido así invita a ello, en 2004 la Comisón Europea propuso una Directiva que amenazaba como un monstruo los derechos laborales del proletariado europeo. Sin embargo, entre otras cosas gracias a las mobilizaciones sindicales, se consiguió mutilar al engendro hasta convertirlo en la directiva de servicios en el mercado aprovada dos años después, mucho menos lesiva.

Pero los monstruos no se esfuman casi nunca y el de Bolkenstein ha vuelto en 2010 camuflado en la propuesta de Directiva de permiso único que pretende que las empresas extracomunitarias puedan implantarse en la Unión importando personas que trabajarían bajo las condiciones de sus países de origen. Es decir, el fontanero de Phillipe de Villiers dejaría de ser polaco para convertirse en chino, marroquí o turco.

No es de extrañar que la propuesta sea defendida por la derecha que, evidentemente, tiene claro que la proyección a largo plazo es que quien quiera trabajar en Europa tendrá que aceptar las condiciones chinas, marroquís o turcas porque las empresas autóctonas habrán adoptado dichas nacionalidades y amenazarán con emplear al personal de allí.

En esta ocasión, sin embargo, la discusión no ha llegado hasta la opinión pública hasta ultimísima hora, entre otras cosas porque las fuerzas sindicales están lo bastante ocupadas con intentar movilizar urgentemente a las amansadas masas contra las rebajas de sus pensiones y otros derechos, como para verse incapaces para que nadie defienda lo que les costaría mucho entender que les afecta.

Afortunadamente, por una vez y sin que sirva como precedente, la derecha ha sido quien ha actuado con total fragmentación posibilitando que desde la izquierda se aplazase el avance del monstruo. En los próximos dos meses liberales y conservadores se pondrán de acuerdo en la cirugía estética que le conviene a la criatura y volverán a presentárnosla. Si somos capaces de captar la importancia del asunto, tal vez podremos alejarla una vez más, si nos despista lo urgente, quizá habremos salvado el derecho a jubilarnos a los 65... como en China.

Eludiendo responsabilidades

El chiste de más arriba lo he sacado del muro de facebook de un "camarada de lucha" que actuó de gran gurú en mi formación como sindicalista. Quien haya seguido o siga este blog, tendrá claro ya a estas alturas que no seré yo quien defienda nuestro sistema financiero o quien lo exculpe de su responsabilidad en la situación más financiera que económica que estamos viviendo, pero tampoco seré yo quien tolere que el resto de los mortales eludamos responsabilidades al respecto.

No creo que el chiste diga ninguna mentira, pero tal vez sí que omita alguna verdad. No explica que el protagonista era conocedor de que su vivienda estaba siendo tasada por encima de lo que en realidad costaba. Tampoco que, seguramente, la escrituró por menos de la mitad de lo que en realidad costaba en una notaría en la que su titular se ausentó cómplicemente del despacho por unos minutos mientras se producía la transacción, con la única finalidad de eludir impuestos.

Lo más probable es que, con la diferencia entre el precio realmente pagado y el tasado, nuestro protagonista se comparse un coche nuevo y se pagase una magníficas vacaciones en el caribe y, todo ello, sabiendo que su nómina de trabajador no cualificado con contrato de duración determinada le llegaba justito, justito, para pagar la cuota de la hipoteca a final de mes contando que el euribor se comportase adecuadamente.

Las entidades financieras han actuado, evidentenmente, sin el menor de los escrúpulos a la hora de conceder créditos a diestra y siniestra con el objetivo de unos prometedores beneficios que se han transformado en un parque immobiliario del que son incapaces de librarse. Sin embargo, eso no quita de que gran parte de nuestra población se haya comportado con auténtica irresponsabilidad al participar conscientemente de un juego en el que todo el mundo ha perdido.

El protagonista del chiste, en mi discutible opinión, no es tan culpable como dice ser, pero probablemente alguna responsabilidad como cómplice necesario sí que tuvo.
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