miércoles, 27 de octubre de 2010

Desde Pucela con pasión

Yo pensaba ignorar el asunto por aquello que tantas veces me ha repetido mi madre de "a palabras necias, oídos sordos". Sin embargo Aurora me ha pedido que escriba una opinión al respecto y no quisiera defraudarla porque, entre otras cosas, si voy decepcionando a la escasa audiencia de mi blog, mejor que me plantee eliminarlo. Me estoy refiriendo a las declaraciones del alcalde de Valladolid sobre Leyre Pajín, al respecto de las cuales considero que la actitud más sensata sería la indiferencia y no la crítica.

Y es que la crítica debe de ser lo que él espera cuando conviertió en declaraciones públicas unas palabras que podrían haber provocado risotadas en una cena de amigotes regada con un buen vino y acabada con copa y puro. León de la Riva debía saber perfectamente que aquellas personas entre las que no goza de simpatías lo criticarían por maleducado y por machista (yo por ahí tengo mis dudas. ¿Será porque soy igual de machista o porque mis amigas son tan liberales como yo?) pero sabe que esas mismas críticas lo harán más fuerte entre su gente.

De hecho, estoy convencido de que el individuo en cuestión ha presumido ya de valiente y de sincero, y que ha tachado a quienes lo critican de pseudoprogres hipócritas que dicen defender las libertades pero coartan la de expresión cuando no les interesa, llegando hasta el punto de obligarle a disculparse, lo que se supondría que debería honrarle.

Incluso si no fuese así, si estuviese yo suponiéndole al tal León más inteligencia de la que tiene y tuviese menos educación de la que le supongo siendo esa combinación el origen de sus declaraciones, saltar sobre él impulsivamente le daría la oportunidad de tener un protagonismo que no se merece.

Digo yo que tal vez va siendo hora de darle la popularidad a quien se la merece y no a quien la busca a cualquier precio. Estoy convencido de que hace quince días el porcentaje de población española que conocía el nombre o la cara del alcalde de Valladolid era sensiblemente inferior al actual. ¿Qué méritos ha hecho el edil en cuestión para conseguir ese efecto? Unas declaraciones de lo más groseras desde Pucela con pasión.

martes, 26 de octubre de 2010

Con el toro por los cuernos

Antes de empezar la argumentación de este escrito quiero advertir a la mayoría de rojillos y rojillas que con cierta frecuencia visitan mi blog de que su contenido podría herir su sensibilidad. Hoy voy a darle una patada a los principios marxistas y a cargarme de golpe la lucha de clases como quien no quiere la cosa, o tal vez no.

Las cifras del paro son cada vez más espectaculares. El drama de las familias que tienen cada vez más serios problemas para afrontar su día a día empieza ya a ser un argumento cotidiano en los reportajes. En ocasiones da la sensación de que la clase trabajadora es la única víctima de esta situación y que la culpa de todo hay que buscarla entre un empresariado que casi parece disfrutar maltratando a su personal.

El papel de un empresario déspota cuyo único objetivo es la marginación de la clase trabajadora ha llegado incluso a ser caricaturizado en algún vídeo que pretendía invitar a la huelga general del 29-S. Parece ser que resulta sumamente sencillo manejar una empresa y que si éstas acaban hundiéndose es a causa, casi exclusivamente, o de la ineptitud de quienes las dirigen o de su ambición desmesurada, que les lleva a desmantelarla antes de que pueda afectarles personalmente.

No voy a afirmar ni a desmentir tal punto de vista, pero sí voy a manifestar mi sorpresa por el hecho de que ante tal panorama no abunden las soluciones al estilo de Planchistería Bergadana. Me extraña que no hayan más grupos de trabajadores y trabajadoras que decidan, ante el cierre de su empresa, coger el toro por los cuernos y gestionarla directamente.

Seguramente una empresa gobernada por su personal cambiaría la escala de valores de ésta y, en consecuencia, resultaría mucho más justa desde un punto de vista social. Llegados a tal extremo tal vez serían empresas dispuestas a sacrificar beneficios para garantizar empleo y condiciones de trabajo y, por lo tanto, podrían convertirse en una verdadera alternativa al planteamiento dualista tradicional del empresariado como opuesto a la clase trabajadora.

De verdad que me cuesta entender porqué las plantillas al completo de empresas que están con el agua al cuello no deciden invertir sus indemnizaciones para hacerse cargo del negocio y así salvar el puesto de trabajo al que han dedicado los mejores años de sus vidas. No obstante, se me ocurren dos explicaciones. Una romántica pero poco creíble: quizás la conciencia de clase esté tan arraigada que no quepa en la mente de nadie compartir el rol de empresario con el de trabajador. La otra más simplista: quizás lo de dirigir empresas no sea tan sencillo.

Aún así, me gustaría soñar con un futuro en el que el accionariado de las empresas fuese su propio personal y en el que, por una vez, todo el mundo entendiese que el bien de la empresa es el bien común. Si eso pasa algún día, la lucha de clases habrá acabado, aunque la duda será quién la habrá ganado.

domingo, 24 de octubre de 2010

Y así nos va

Afortunadamente son quienes entienden y no los sindicatos quienes han rebatido contundentemente la teoría de Díaz Ferrán que, a pesar de ser ya un presidente moribundo, ha decidido dar sus últimos coletazos demostrando sus cualidades como director de empresas al recomendar que se trabaje más horas por menos dinero.

Si alguien de la cúpula sindical hubiese dicho que quienes proponen tales cosas no tienen ni idea de lo que hablan, todo habría parecido una estéril disputa más pero, como ha sido dicho por una psicóloga en la inauguración de un congreso sobre racionalización de horarios, es evidente que, lo que todos pensábamos es cierto al menos en esta ocasión: Díaz Ferrán no tiene ni idea de lo que habla.

Parece ser que en la misma ponencia se argumentó dicha afirmación y se dieron ejemplos de cómo la conciliación de la vida familiar y laboral, la adecuada organización del trabajo con distribuciones racionales de cargas y cometidos claros y explícitos para el personal y una correcta selección de las personas para cada uno de los cargos, son las mejores medidas para ganar en productividad reduciendo incluso el tiempo de presencia en el trabajo.

Claro que, para eso, quienes mandan tienen que dedicar esfuerzos, aunque sea mentales y, además, tendrían que tener idea de lo que hablan. Lamentablemete, no siempre es así y así nos va.

martes, 19 de octubre de 2010

El plato que se sirve frío

Sin tener mucha idea de ello, lo que está pasando en Can Barça me suena más a revancha personal que a cualquier otra cosa. No tengo ni idea de cuáles son los aspectos concretos que le parecen a Rosell dignos de denuncia, pero dudo que sean algo inhabitual el las presidencias de los clubes de fútbol. Estoy bastante seguro de que el maquillaje en los números de Laporta existieron pero, si eso fuese motivo para denunciar a un expresidente de club de fútbol, dudo que quedase alguno en este país por enjuiciar.

La verdad es que desconozco si es cierto que se hicieron gastos abusivos a cuenta de tarjetas de crédito del propio Barcelona pero, en todo caso, el hecho de que la actual Junta Directiva haya decidido interponer una demanda civil y no penal me lleva a pensar que excesivos o no, no deben considerarse fraudulentos.

Nunca sabremos qué pasó hace años entre Rosell y Laporta, pero seguro que dejó huella. Seguramente Sandro tendrá motivos suficientes para desear vengarse de Joan impidiéndole triunfar en su carrera política pero, aunque eso pueda ser humanamente justificable, no creo que el prestigio de un club deba ponerse en juego por un ajuste de cuentas entre dos excompañeros de junta.

Mi opinión en este caso más que en otros, no tiene ningún valor. No soy culé, el fútbol me interesa lo justo, Laporta no me cae bien y sobre Rosell no me he entretenido siquiera a formarme una opinión. Aún así creo firmemente que estaría bien que el actual presidente del Barça se esforzase en vengarse de su antecesor de la mejor manera en que puede hacerlo el máximo responsable de una entidad: gestionándola mejor y alcanzando metas mayores. Está claro que lo tiene difícil pero, si no se cree capaz de hacerlo, tal vez no debería haberse presentado a la elección.

lunes, 18 de octubre de 2010

Preguntas retóricas

Más de una persona me preguntaba hace poco más de quince días si los piquetes eran una manera justa de exigir el derecho a la huelga por parte de los sindicatos en España. Evidentemente era una pregunta retórica cuya respuesta se reducía a un monosílabo seguido de un "pero" y todas las explicaciones que se ocurriesen sobre la marcha. Hoy, sin embargo, me veo capacitado para contestar a la gallega, utilizando otra pregunta: ¿Porqué en Francia se jubilan a los 60 años?

No espero respuesta, porque ya la sé. A dos días de que el senado francés decida aprobar o no la modificación de su sistema de pensiones, el gobierno de Sarkozy tiene delante un conflicto que deja en menos que chiste cualquiera de los incidentes que se dieron en España durante el 29-S. Pero además, en Francia, el 71% de la población apoya la reivindicación.

Mi idea no es ni defender ni criticar los métodos pero sí remarcar un hecho: aquí, después de criticar a los sindicatos primero por débiles y luego por brutos, en el mejor de los casos, podremos seguir jubilándonos a los 65. Allí, creyendo a pies juntillas en que la única batalla perdida de antemano es aquella que no se libra y en el peor de los casos, se jubilarán a los 62.

viernes, 15 de octubre de 2010

Lo bueno y lo malo del bono

A mí no me parece tan mala idea eso de que la Generalitat emita bonos para tener liquidez. En un momento en que la actividad económica es casi nula en gran parte por problemas de financiación, la administración piden a los particulares que parte del dinero que algunos de ellos puedan tener ahorrado en entidades financieras lo inviertan en lo público. Con ello, ese dinero que no se está usando más que para la especular y convertir los gráficos de las bolsas en montañas rusas, se pone en circulación y la Generalitat puede hacer frente a unos pagos que, de otra manera, tendría difícil.

Si eso funciona así, no sólo el personal de la administración como nos quieren hacer pensar algunas fuentes, también las empresas proveedoras de bienes y servicios podrán cobrar lo que se les adeuda, lo que les permitirá seguir trabajando y generando riqueza. Si esa riqueza ayuda a reanimar la actividad económica, la administración podrá recuperar la inversión por la vía impositiva y así abonar el capital y los intereses. Estos últimos, por su parte, serán objetos de la deducción correspondiente, con lo que el tipo real que habrá pagado la administración será menor en la práctica que en la teoría.

La alternativa a esto es la práctica hasta ahora habitual. Se pide un préstamo a una entidad financiera que presta el dinero de los particulares (porque no es suyo, evidentemente) y exige a cambio un interés que ni está sujeto a tasas ni revierte en quienes de verdad son propietarios de ese dinero.

Si funcionase así, que nos pidan la financiación directamente a la gente podría ahorrarle dinero a todo el mundo. Justamente el dinero que normalmente acaban embolsándose las entidades financieras esas que han ayudado tanto a que estemos donde estamos y que no dudan en recurrir a los recursos públicos cuando la han liado parda.

Lo malo de esto es que serán esas mismas entidades quienes gestionen todo el proceso, no vaya a ser que se sintiesen amenazadas al no sacar tajada del asunto. Así, podrán acabar cobrando comisiones de los dos bandos y acabar adjudicándose los mismos beneficios sin ni siquiera correr riesgos.

Es exactamente lo que debe estar pasando con los créditos oficiales. Como los bancos y las cajas acaban siendo quienes los gestionan, derivan hacia sus propias líneas de negocio aquello que pueda ser rentable y dejan para el estado lo que difícilmente lo sea, si es que dejan algo. Al final, quienes de veras lo necesitan no tienen financiación y el dinero público no sirve para lo que debería.

Y lo peor es que esto se les haya ocurrido justo cuando están con el agua al cuello y tengan que hacerlo como último recurso. Tal vez estaría bien aprender la lección y concluir que las entidades de ahorro privadas acaban siendo más un obstáculo que una erramienta y que, por lo tanto, más que tender a la privatización de las cajas de ahorro convendría caminar hacia la financiación pública; una forma de gestión del ahorro de las personas cuyo objetivo fuese más el beneficio social que esa artificial rentabilidad financiera que sólo sirve para facilitar las más injustas distribuciones de la riqueza.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Reality Rescue Show

Tengo que felicitar al presidente chileno o, muy posiblemente, a su gabinete presidencial por su capacidad para convertir lo que podría haber sido una fuente de críticas que complicasen su acción de gobierno en la mejor campaña publicitaria posible sobre su capacidad para dirigir el país. Lo ha hecho convirtiendo el rescate de 33 mineros sepultados en una mina en un culebrón televisado sólo comparable con el Gran Hermano y que ha sido difundido en los cinco continentes.

No dudo que el presidente Piñera y su ejecutivo hayan hecho todo lo debido para facilitar el rescate, pero además han sabido convertir el tema en un reality show al que no le ha faltado de todo. Hasta las cifras las han aprovechado para darle un cariz más espectacular, al recordar que han sido rescatados el 13/10/10, cuya suma da exactamente el número de personas rescatadas. Lo único que les falta por subrayar es que el número de días que han estado encerrados no ha sido otro que 69, con sus connotaciones eróticas incluidas.

La salida de los mineros uno a uno, con sus historias personales y sus celebraciones espontáneas han hecho las delicias del público y ni siquiera se han ahorrado el invitado especial que le diese notoriedad al evento: Evo Morales, el presidente de Bolivia.

Sinceramente, no tengo ni la información ni la formación debidas para hacer un juicio respecto a las responsabilidades del apresamiento de los mineros o la gestión posterior de la situación. En estos aspectos, muchas veces, el resultado es lo que cuenta y, si no se tuerce muy a última hora, éste acabará siendo bueno.

Así las cosas, simplemente puedo eso, felicitar a quienes han tenido la habilidad suficiente para que no tan sólo nadie pueda plantearse la responsabilidad gubernamental al respecto, sinó que han mandado a su presidente al estrellato y de paso, seguramente, le han dado material más que sobrado a algún guionista afincado en Hollywood.

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