jueves, 30 de septiembre de 2010

Cosas que me desorientan aún más (o tal vez no)

En mayo Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el gobernador del Banco de España de misterioso sueldo, aplaudía las medidas de austeridad aprobadas por el gobierno y que se justificaban, en gran parte, por la rebaja de las calificaciones de la deuda española por las agencias que se dedican a tales asuntos.

Cuatro meses más tarde la única agencia que aún calificaba como AAA (la mejor calificación posible) a la deuda española ha decidido rebajarla. Según argumentan es debido a que se preve un escaso crecimiento económico, dato que es reconocido y analizado por el Banco de España. Según él, la economía española se resiente del aumento del IVA, la eliminación de los incentivos al consumo y la reducción de la inversión pública, es decir, de las medidas de estabilidad que aprobó el ejecutivo en mayo.

La verdad es que estoy tan confuso que ya no sé si el desorientado soy yo o quienes deciden y analizan las políticas económicas de este país, estado o que se le quiera llamar.

martes, 28 de septiembre de 2010

Izquierdas: muchas, pequeñas y maniatadas

Aunque se pueda mimetizar utilizando diversas siglas, la derecha de este país tiene claro que es una, grande y libre. Una porque, aunque luego alguna parte intente ganarse su electorado promulgando nacionalismos diferentes al del conjunto del estado, asumen perfectamente aquello de que con las cosas de comer no se juega y así, pueden apoyar unos presupuestos generales a cambio de una transferencia o asumir un marco autonomista si a cambio se les concierta mejor el tema económico.

Al haber sólo una, se convierte en grande. Nuestra derecha es capaz de cerrar filas con facilidad para imponer su ley cuando es preciso, especialmente en lo que a cuestiones económicas se refiere. Y además es libre, puesto que sus intereses coinciden con los del resto de poderes fácticos del estado. Así, no tienen problemas para plantear los postulados abiertamente, puesto que el poder económico no sólo no se opone, sinó que los aplaude fervorosamente.

Así, el pensamiento de la derecha es monolítico. No tan solo el de sus organizaciones oficiales. Incluso cuando hablas con la gente por la calle, aquellas personas que responden a un ideario conservador dan la impresión de repetir automáticamente consignas dictadas desde algún estamento superior y que no necesitan ni pueden argumentar, sólo repiten.

En contraposición están las izquierdas. Y lo digo en plural porque las hay españolistas, independentistas, federalistas, verdes y de todos los matices habidos y por haber. A diferencia de la derecha, olvidan con frecuencia que, sobretodo en determinados momentos, lo esencial es lo esencial y buscar significarse por el punto de divergencia es dificultar alcanzar aquello que nos une.

Esa necesidad de expresar hasta el último matiz en cada tema hace que la izquierda se atomice de tal manera que todas acaben siendo lo suficientemente pequeñas como para que ninguna de ellas pueda plantearse gobernar sin recurrir a alianzas o apoyos que no siempre dan buenos resultados. Y si encima la mayor de ellas decide embarcarse en aventuras solitarias vendiendo al mejor postor sus propuestas, acaba sintiéndose maniatada y cediendo a las exigencias de los poderes económicos más apolillados.

La gente de las izquierdas tiene esa riqueza, esa capacidad para argumentar hasta la última coma y no dejarse empaquetar bajo cualquier etiqueta. Por eso hoy aún hay dudas de si mañana se debe o no creer a los sindicatos que, dicen algunos, han sido correa de transmisión de un sistema que teóricamente gobierna la propia izquierda. Por eso hay fuerzas de izquierdas que se suman a la huelga sin paliativos, otras que se oponen y otras que dicen que en todo caso van, pero en versión catalana.

Tal vez sería hora ya de ir aprendiendo de las lecciones de la historia. La derecha nos está colando un gol desde la izquierda y nosotros vamos a ver pasar el balón mientras discutimos la jugada. Quizás deberíamos llegar a la conclusión de que, ni que sea por una sola vez, la izquierda debería ser una, grande y libre de complejos para afirmar rotundamente: ¡así no!

lunes, 27 de septiembre de 2010

Otra versión del mismo deporte

Algo bueno tenía que tener la acelerada proliferación de canales televisivos, especialmente temáticos, vivida desde que apareció la TDT. Dejando a parte la posibilidad de mantener a las criaturas entretenidas durante más tiempo gracias a las cadenas infantiles, durante los últimos días estamos ante una oportunidad poco habitual de disfrutar de lo mejor del baloncesto femenino.

Resulta que ha tenido que llegar Marca TV para retransmitir en directo lo que de momento está siendo un paseo triunfal de la selección española, que ha ganado y con solvencia todo lo que ha jugado (escribo esto en la media parte de un partido en el que ganan de 23).

Quienes amamos este deporte (I love this game) sabemos que los partidos de mujeres no ofrecen mates espectaculares ni otras demostraciones de poderío físico pero que, tanto o más que el masculino, el baloncesto femenino demuestra cualidades técnicas y tácticas que lo hacen más que digno de la atención del público.

Sin embargo, la cobertura mediática de esta versión del segundo deporte nacional es tan triste que no ocupa ni tan solo una reseña en el teletexto de los canales generalistas. Seguro que luego, si consiguen alcanzar alguna medalla, todo el mundo querrá apuntarse al carro ganador y añadirán la selección femenina de baloncesto a la colección de "rojas" exitosas que enaltecen el orgullo patrio.

Como a mi no me gusta apuntarme a carros de los que no he tirado quiero mostrar mi apoyo desde aquí a esta disciplina y al resto del deporte femenino, así como aprovechar para aconsejar a quien tenga el tiempo necesario que siga alguno de los partidos que quedan y que apuntan a ser más interesantes aún porque, según parece, van a tener rivales delante.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Las bragas de la Carbonero

Sara Carbonero ha cometido un par de pecados. El primero, responder a los cánones de belleza actuales por encima de lo que lo hacen la media de periodistas del panorama televisivo español. El segundo, haberse buscado un novio más famoso que ella, llamado Iker Casillas. La penitencia que se le ha impuesto es que se hable más de sus cuestiones personales que de sus aciertos o desaciertos profesionales.

Hasta ahí no hay nada especialmente extraordinario y, de hecho, posiblemente le pueda resultar de utilidad al menos a la hora de explotarlo en el campo publicitario como está empezando a hacer. El riesgo es que hasta una caída accidental pueda ponerle en el candelero y en la portada de algún programa más o menos rosa que lo pueda tratar con más o menos gracia.

Pero lo que desde mi punto de vista no tiene la más mínima gracia es que lo que se resalte de la caída de la periodista guapa novia de portero no sea otra cosa que el hecho de que, en su intento por mantener el equilibrio, haya permitido una vista más o menos clara de su ropa interior. Mucho camino le queda por recorrer al mundo del feminismo y tanto o más al del periodismo si el último tiene que recurrir a robar una imagen furtiva de las bragas de una compañera para captar clientes. Ojalá y se apresuren en recorrerlo.

martes, 21 de septiembre de 2010

La disyuntiva del PP


Por si alguien no se ha enterado aún, el 29 de septiembre está convocada una huelga general contra las reformas laborales y sociales emprendidas por el gobierno de España en los últimos tiempos. En resumidas cuentas mucha gente y especialmente la gente del Partido Popular lo resumirían diciendo que hay huelga contra Zapatero.

Eso, sin duda, desde el mayor partido de la oposición debería ser un motivo de alegría. Que quienes se supone que deberían ser más próximos al partido en el gobierno a la oposición convoquen una huelga general podría interpretarse como una señal de soledad del PSOE que electoralmente pudiese favorecer los intereses populares. Sin embargo el PP desea que la huelga sea un fracaso.

Que el partido de Mariano Rajoy animase a la movilización del 29 de septiembre sería tanto como aliarse con los sindicatos y, además, enfrentarse a unas medidas que van inequívocamente en la dirección que a ellos les gusta aunque se queden cortas. No hay que ser muy listo para imaginarse cómo se frotan las manos en el partido de la gaviota viendo como alguien se lleva los palos por hacer lo que ellos, posiblemente, habrían deseado sin atreverse.

Supongo que en esta disyuntiva, la de saberse beneficiados tanto por las medidas del gobierno como por la protesta ante ella, deciden una vez más nadar y guardar la ropa. Así es como se dedican a seguir acusando al ejecutivo de no hacer bien las cosas pero arremeten contra los sindicatos si no directamente, que siempre queda feo, atacando a sus representantes en las empresas y acusándolos a todos de ser liberados y abusar de dicha condición.

No voy a ser tan indecente como para hacer aquello de disimular mis defectos alegando los ajenos. Dicho de otro modo: no voy a decir que por más irresponsables que puedan ser los liberados y las liberadas sindicales, nunca llegarán al nivel de corrupción, prevaricación y otras muchas cosas feas al que han llegado algunos cargos electos que siguen siendo defendidos por la ejecutiva popular. Ni siquiera voy a entrar a defender a los y las sindicalistas de este país que son, como representación de la sociedad a la que pertenecen, personas honradas en su mayoría y deshonestas en un mínimo porcentaje.

Simplemente voy a decir que a partir del día 30 de septiembre o en su defecto del posterior a la derogación de la reforma laboral yo me ofrezco como asesor para redefinir el sistema de representación de las personas trabajadoras. Hasta entonces, ni nos engañemos ni dejemos que nadie se aproveche del esfuerzo de quienes el 29-S mostraremos el rechazo a una política regresiva, se llame como se llame quien la haga.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Adiós, Labordeta.


Ha muerto José Antonio Labordeta. Para mí no ha muerto ni un profesor, ni un cantante, ni un escritor, ni un político, ni un presentador de documentales. Ha muerto una persona honrada. Honrada y sincera que buscó en cada momento los medios que juzgó más oportunos para expresar sus ideas.

Fue tan sincero que, en su época de diputado, a parte de mandar a la mierda a Álvarez Cascos, reconoció repetidamente que no servía para desempeñar tal cargo. Decía no servir precisamente porque decía la verdad. Tal vez ahí se equivocaba y quienes no servían eran todos los demás.

Ha muerto un hombre sincero después de luchar cuatro años contra un cáncer. Lo ha hecho, tal como pronosticaba, sin poder ver la tierra a la que cantaba y en la que ponga libertad. Y lo ha hecho, posiblemente, ayudado por la tristeza que debió producirle ver como, en los últimos tiempos, aquéllos en los que un día confió han decidido dejar de empujar la historia hacia la libertad.

Supongo que él, como yo, no esperaba gran cosa del más allá pero ojalá y en el más acá nos iluminemos todos de su honestidad, sinceridad y sentido común y seamos capaces de seguir el camino en un mismo trazado uniendo nuestros hombros para así levantar a aquellos que cayeron gritando libertad.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Más cosas que me desorientan


Vuelvo a dedicar un post a cosas que me desorientan. Esta vez mucho más domésticas, intrascendentes, irrelevantes y en el límite de lo anecdótico, pero igualmente me desorientan.

Resulta que uno ya está preparado para que el principio de curso tenga sus dificultades con el tema libros. Ediciones que cambian, libros que no llegan y todo ese tipo de pequeños conflictos que hacen que, a pesar de haber hecho un pedido con tres meses de antelación, no esté todo a punto hasta una semana después de empezar el curso.

Este año había conseguido tenerlo todo supuestamente correcto, forradito y con nombre, el fin de semana anterior al anticipado debut escolar. Vaya, que me sobró hasta un día porque, por aquellas otras cosas que no desorientan aunque no entienda, las clases empezaron un martes.

Pues bien, el mismo martes mi hijo me anuncia que la tutora le ha comentado que el libro de castellano no era el que correspondía. La verdad es que yo ya había detectado diferencias con uno del mismo curso del año anterior que había pasado por mis manos pero, como los del resto de materias también habían cambiado de edición y formato, no le había dado mayor importancia.

De manera que me toca dirigirme a mi proveedor de libros que me dice que no, que quien se equivoca es el colegio porque la editorial dice que es ese, con lo que me toca volver al colegio. Finalmente allí me dan la respuesta, que es lo que en realidad me desorienta. Resulta que la editorial en cuestión edita dos libros de castellano diferentes: uno para Catalunya y otro para el resto del estado.

No sé si todo ello tiene que ver con desafecciones que deben traducirse en el título (el de Catalunya se llama "más plural", mientras que el otro se llama "lengua castellana") o responde a una simple estrategia comercial pero, en todo caso, yo me siento totalmente desorientado al no entender porqué el castellano se debe enseñar diferente en Manresa que en Brenes. Aceptaré explicaciones.
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