sábado, 29 de mayo de 2010

Eurovisión, ¿sí o no?


No la he oído entera ni mucho menos, pero el estribillo de la canción esta pequeñita que se supone que me representará en Eurovisión me parece lo suficientemente pegadizo como para ser festivalera. Aunque eso, en el fondo, importa bien poco.

Como todo el mundo sabe ya a estas alturas y Uribarri nos tiene demostrado, la calidad musical de las canciones tiene una importancia ínfima a la hora de decidir el resultado en el festival eurovisivo. Por eso me voy a atrever a hacer un pronóstico que mañana podréis restregarme por la cara si fallo: sólo Grecia podría evitar que este año España ganase Eurovisión.

El porqué creo que está claro, ¿no? Será el regalito que nos harán nuestros vecinos de continente por apretarnos el cinturón para salvar el €uro. Todo un favor, sin duda. Lo más triste de todo es que, si mi pronóstico es acertado sólo nos faltará que la roja gane en Suráfrica para que el 98% de mis compatriotas se olviden de que este año, de un plumazo, se han cargado los derechos que se tardaron décadas en conquistar.

La prostitución de la constitución.


La constitución, se supone, es nuestra ley de leyes a la que tiene que someterse toda regulación que se pueda aprobar en nuestro estado. Para garantizar que eso es así, ella misma se dota de un órgano llamado Tribunal Constitucional que se supone que debe ser el garante de que nadie pueda violarla.

Pero si resulta que dicho órgano, en lugar de ser un órgano técnico que delibera sobre aquello que se le somete a discusión, se convierte en un órgano político donde se hacen equilibrios en función de los intereses de los partidos de turno, no es que estemos violando la constitución, es que la estamos prostituyendo.

Tal vez sí que, tal como pide CiU, se debería reformar la ley que regula el órgano, pero no para que no pueda pronunciarse sobre algo, sinó para garantizar que lo hace libremente.

viernes, 28 de mayo de 2010

Aún más cinismo político


Que se haya convalidado el Real Decreto más recesivo de la historia democrática en España no es sorprendente. Si algo sorprende, en todo caso, es cómo ha acontecido el hecho. Cuando me desayuné con la noticia de que el PSOE no tendría el apoyo suficiente para salvarse de un trámite parlamentario de proyecto ley vi una luz para la esperanza que se cuidaron bien de apagar 10 abstenciones cínicas.

Y es que, para quien no lo sepa, el portavoz de CiU en el Parlament de Catalunya, un tal Oriol Pujol i Ferrusola, el día anterior estaba poniendo contra las cuerdas en el hemiciclo catalán a un President Montilla que no se atrevió a pronunciarse sobre si le parecía bien o mal que se congelasen las pensiones.

Que un grupo político intente sacar tajada de la indefinición de otro para luego abstenerse en la votación sobre el mismo tema es, cuando menos, cínico. Si quieren, que me encarguen a mí el próximo estudio para averiguar las causas de la "desafección" hacia la clase política, que con mucho gusto se lo explicaré y al menos me servirá para paliar los efectos sobre mi sueldo del maldito decretazo.

jueves, 27 de mayo de 2010

La otra cara del paraíso


Seguramente la mayoría de la gente asociaría Jamaica a una imagen similar a la de la fotografía. En todo caso, habría quien vería un rastafari y le pondría música de Bob Marley. Pero, sin duda, lo que está pasando estos días en su capital es una muestra de que esos paisajes paradisiacos y su imagen bucólica, tienen otra cara.

Que buena parte de un pueblo se revele contra la extradición de un narcotraficante porque lo consideran su benefactor debe significar que las autoridades del país, a parte de tener poco de eso, hacen aún menos por su propia ciudadanía, que se cobija en alguien que les aporta algo aunque ello signifique ignorar cómo financia tales ayudas.

Dicen que la distancia hace el olvido y, probablemente, la ignorancia y la distorsión. Debe ser por eso que la irrupción de esta especie de Robin Hood a la jamaicana en las noticias rompe a mucha gente el estereotipo más que falso de lo que creíamos un edén pero lo es menos.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Rectificar es de sabios... y de sabias


Un lunes se publica el primer decretazo del gobierno Rodríguez en el 2010 (no será el último). El mismo día "algunos alcaldes enfadados" llaman a la Sra. Salgado para manifestar su malestar por uno de los aspectos que incluía el Real Decreto Para el Aumento de la Recesión Económica en España (que es el título que debería tener), el que prohibía a los ayuntamientos endeudarse a largo plazo a partir de ya.

El martes, el BOE ya publicaba la rectificación y la Sra. Salgado anunciaba desde Bruselas que se trataba de un error como tantos otros que se pueden producir en un boletín y, sobretodo, en un decreto tan extenso.

El 8 de junio se ha convocado una huelga que nos dará la ocasión de manifestar nuestro enfado por el resto del contenido del Real Decreto. Si lo hacemos bien, seremos más personas en la calle que alcaldes y alcaldesas hay en España. Tal vez así, la Sra. Salgado y el Sr. Rodríguez se den cuenta de que el error no era una fecha, sinó todo el Real Decreto y lo deroguen o si no, al menos, se replanteen el que ya están redactando: el de la reforma del mercado laboral. Al fin y al cabo, rectificar es de sabios... y de sabias.

jueves, 20 de mayo de 2010

Lo que nos merecemos


Hoy he visto cómo un magnífico grupo de facebook que tiene por nombre "yo tampoco sabía qué coño hacer con el color blanco del plastidecor" ha conseguido en poco tiempo superar los 82.000 miembros. Mientras tanto, otro, que tiene por título "1000000 de personas contra la bajada del sueldo del 5% a los funcionarios" a penas si supera los 27.000.

No seré yo quien intente juzgar dónde debe y donde no apuntarse la gente, pero sí me creo capacitado para sacar alguna conclusión. Mientras a la ciudadanía de este nuestro estado nos preocupe más la utilidad del color blanco de los plastidecor que la de las medidas económicas que decida el gobierno, tal vez no deba sorprendernos cualquier cosa que nos acontezca socialmente porque, seguramente, tendremos lo que nos merecemos.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Sin revelión en la granja


Los Rodríguez llevaban ya varias generaciones de granjeros desde que aquel antepasado suyo decidió cuidar aquellas pobres vacas en aquel escueto terreno. Al principio lo habían hecho de manera extensiva pero, a medida que hubo necesidad de aumentar el ganado gracias a la buena marcha del negocio, tuvieron que pasarse a gestionar la explotación de manera intensiva y, con el trabajo que ello suponía, decidieron abandonar cualquier tipo de explotación agrícola complementaria.

Cuando el último de los Rodríguez heredó la granja eran buenos tiempos. Tan buenos que, de las dos razas que tenía, se permitió el lujo de dejar de ordeñar a las pardas suizas que, a pesar de que eran las que más comían, también crecían generosamente y eran la envidia de muchos en los certámenes ganaderos.

Con la leche de las Holstein era más que suficiente para costear de nuevo el pienso de ambas y generar un beneficio que le permitió ganarse un cierto prestigio hasta entonces inimaginable entre el resto de granjeros con los que compartía cooperativa.

Pero, como de todo el mundo es sabido, las buenas rachas no son eternas y así, un buen día, el precio del pienso fue en aumento, con lo que tuvo que empezar a ser cuidadoso con las raciones que daba a todas sus vacas. Sin embargo, al poco tiempo, las vacas pardas, que estaban demasiado acostumbradas a buenos ágapes, empezaron a mostrar una extraña agresividad y, después de esquivar unos cuernos, Rodríguez decidió completar de nuevo su ración a costa de la de las Holstein.

Las pobres vacas productoras redujeron su producción debido a la disminución de su alimento, con lo que los ingresos en la granja eran cada vez menores y, para colmo, el precio de la leche había bajado en el mercado, puesto que algunos otros ganaderos habían desarrollado nuevas formas de producción más eficientes.

Los males de Rodríguez aumentaron cuando las vacas pardas suizas, que se dieron cuenta del miedo del granjero hacia su cornamenta, empezaron a mostrar una mayor ferocidad enseñándole la cornamenta cada vez que aparecía para repartir el pienso y escondiéndolas cada vez a mayor cantidad de alimento, hasta que los ingresos de la granja no llegaban para pagar el grano.

En estas, el granjero decidió acudir a la cooperativa a pedir auxilio. No era el primero que lo hacía y, tal vez por eso, algunos socios que habían aprendido ya los métodos de mayor eficiencia, se extrañaron de que Rodríguez necesitase tanto pienso para tan exigua producción, así que exigieron que redujese su consumo de pienso y dejase pastar a las vacas en sus escasos campos antes de acceder al préstamo.

Lo estudió levemente, pero tenía pocas alternativas, así que nuestro granjero aceptó que le costearan parte del pienso a cambio de reducir el total de su consumo. Cuando volvió a la granja miró a los animales para estudiar cómo repartir una cantidad aún menor de pienso. Las pardas suizas le enseñaron sus prominentes cuernos y Rodríguez lo tuvo claro: reduciría aún más la ración de las Holstein con la esperanza de que se alimentasen en el prado.

Pero cuando soltó a sus vacas en los campos como antaño lo hicieran sus antepasados, se encontró con que el prado estaba prácticamente yermo y con que las vacas suizas, con su mayor corpulencia, vigor y cornamenta, arrasaron con lo poco comestible que quedaba en él antes de que las productoras pudiesen tan sólo olerlo.

Tardaron poco las Holstein en dejar de dar leche y tampoco demasiado en morir la primera. Fue entonces cuando Rodríguez decidió que no podía seguir haciéndose cargo de la granja y decidió venderla a algún otro ganadero más capacitado. En el momento de la transacción, el notario preguntó:

- Señor Rodríguez…
- Zapatero, Rodríguez Zapatero – contestó el granjero.
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