viernes, 10 de septiembre de 2010

El loco de la esquina


Hay un personaje muy repetido en las películas americanas que siempre me ha hecho mucha gracia. Se trata del viejo loco de barba blanca que en la esquina de alguna concurrida plaza, vestido con andrajos y con un cartel colgado del cuello no deja de vaticinar desgracias.

Supongo que tal personaje debe estar inspirado en verdaderos orates cuyas predicciones difícilmente se puede comprobar si se cumplen, puesto que no hay nadie que las escuche para luego recordarlas.

Digo todo esto porque si el pintoresco pastor americano (al que Mariano llama el pirómano) hubiese intentado promover la quema de coranes desde el púlpito de su parroquia de cincuenta feligreses habría dado igual que le hubiesen seguido o no. Por más capacidad de convicción que hubiese tenido, lo máximo que podría haber conseguido es que cincuenta y una personas se dedicasen el sábado a quemar otros tantos coranes en un recóndito rincón de EEUU, con lo que los máximos beneficiados habrían sido la librería del pueblo (dudo que ninguno de ellos dispongan de un ejemplar en casa) y la editorial que los publique.

El problema es que el del bigote blanco (vaya, este no lleva barba) ha encontrado una caja de resonancia mundial que ha conseguido enervar a buena parte de la comunidad islámica más radicalizada (que carece del sentido del humor suficiente para reírse de un chalado) hasta el punto de justificar avisos de la Interpol y obligar al mismísimo presidente del mundo a pedirle algo a un demente con nombre de humorista de Monty Python y ganas de protagonismo.

Tal vez, tal como pide la Casa Blanca, los medios de comunicación deberían plantearse la responsabilidad social que tienen y poner algún código ético por encima de los índices de audiencia. Quizá deberían aprender a darle notoriedad a quien se la merece y no a quien la pide de malas maneras. Posiblemente así, las predicciones apocalípticas de los americanos locos sigan sin cumplirse.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Más motivos para la huelga


Me cuesta un montón encontrar un calificativo para la política económica del ejecutivo Rodríguez. Helena Salgado va y nos anuncia que al final tres cuartas partes de los ayuntamientos sí podrán endeudarse. Concretamente aquellos que tengan un endeudamiento inferior al 75% de sus ingresos anuales. O sea que, por lo visto, no han dejado de recibir llamadas desde alcaldías a pesar de haber alargado el plazo que marcaba el Real Decreto que prohibía el endeudamiento municipal.

De lo que parece que no se acuerda Salgado es de que en el mismo Real Decreto se reducían los salarios del personal al servicio de las administraciones, se congelaban las pensiones, se reducían a la mínima expresión los fondos al desarrollo y se recortaban substancialmente las inversiones en infraestructuras.

Pero resulta que ahora, una vez pasada la primera tormenta, está bien que las administraciones sigan practicando lo que en buena parte ha llevado las cuentas públicas a donde están: alargar más el brazo que la manga. Lo del 75% está muy bien, pero mucho me voy a reír yo cuando los presupuestos locales hinchen sus previsiones de ingresos para que la tasa de endeudamiento se vea reducida.

Lo más triste de todo es que digan que eso servirá para hacer políticas sociales cuando, en realidad, la preocupación de fondo es que el año próximo toca inaugurar plazas y teatros, que vienen elecciones municipales.

Este gobierno ha evidenciado ya reiteradamente que conduce el país como si fuese un auto de choque, así que por más que fastidie dejarse por el camino otro puñado de euros, habrá que darle un toque a una política económica que no cesa de recortar por donde más duele: las personas. A ver si así, con la huelga general, se consegue el golpe de volante definitivo que sitúe al ejecutivo socialista en el carril que en teoría le corresponde y que no es otro que el de la izquierda.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La ambigüedad estratégica


Se abrió la veda. Las elecciones al Parlamente de Catalunya ya tienen fecha. No es que importe mucho el día concreto, pero la confirmación viene a ser el pistoletazo de salida a una carrera que debería ser hacia algo más que el ansiado despacho en la Plaça St. Jaume pero que, lamentablemente, no tiene pinta de ninguna otra cosa.

Seguramente tendré ocasión de ir opinando de los movimientos de todos y cada uno de los partidos y sus líderes, pero hoy le toca al juez que indicó la salida, que no es otro que José Montilla (¿o es Josep, aunque sin Maria?).

Montilla encara las próximas elecciones con un mensaje oficial que, en realidad, me genera dudas sobre si ha sido pronunciado por el President o por el candidato del PSC-PSOE. Lo ha hecho en castellano y en catalán, lo que no me resultaría especialmente curioso si fuese una práctica habitual, pero es que no recuerdo haberle visto hacer tal cosa en toda la legislatura. Y lo ha hecho con un discurso que busca la ambigüedad necesaria para que cada uno interprete lo que más le interese en el talón de Aquiles ideario teórico de su partido: el discurso identitario de Catalunya.

Tal vez algún día el PSC decidirá apostar por su marca propia pero de momento saben que el riesgo que ello entraña es importante. La división tanto entre la afiliación como entre el electorado del partido entre catalanistas del PSC y españolistas del PSOE es importante y definirse por cualquiera de las dos opciones de manera clara pondría en evidente riesgo tanto los resultados electorales como la unidad del propio partido.

Lo preocupante de todo ello no es el debate legítimo en el seno de una organización política. Lo que de veras importa es que la incapacidad para resolver el dilema o, dicho de otra manera, el miedo a que la definición tenga un precio, hace que las acciones de gobierno que debiera liderar dicho partido sufran de la misma indefinición y naveguen sin un rumbo decidido, lo que no ayuda para nada a la hora de orientarse en el panorama político catalán.

Quien pretenda defender que las elecciones legislativas son válidas como consulta popular, debería tener el máximo interés en dejar bien claro qué opción defiende quien les vote. No creo que en eso precisamente, el PSC esté dando ejemplo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Ironías de la vida... y de la economía


Después de que los estados europeos renunciasen a ello por el miedo al crecimiento de la deuda pública, Barack Obama decide que la receta para capear el temporal de la crisis económica consiste en la inversión pública, especialmente en infraestructuras. Ello después de haber aprobado medidas de control del sistema financiero y haber puesto la primera piedra para un sistema sanitario público y justo cuando Francia está en huelga para defender su derecho a la jubilación, España la tiene convocada y Portugal y Grecia ya llevan unas cuantas.

Supongo que nos encontraremos en mitad del Atlántico pero, ironías de la vida, mientras EEUU elige europeizarse para salir de la crisis, en Europa copiamos las recetas neoliberales que se han impuesto históricamente en el coloso americano y que el mismo Obama aconsejó al Sr. Rodríguez hace unos meses.

Algún día sabremos cómo acaba esto, pero nunca cómo habría ido si se hubiesen tomado otras decisiones. Es una lástima, porque nadie podrá reconocer que quienes apostábamos por jugar a la economía de las personas por encima de la de las finanzas teníamos razón.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Sobre treguas y altos el fuego


La verdad es que no estoy nada puesto en temas bélicos pero, o mucho me equivoco, o los términos del título de este post hacen referencia a ello. Hasta donde yo sé, dos ejércitos o dos estados que se hayan declarado la guerra pueden acordar esas cosas pero, ¿puede un grupo terrorista decretarlas?

La lucha contra el terrorismo, especialmente el doméstico, puede considerarse muchas cosas, pero nunca una guerra. Y es que en la guerra (como en el amor) todo vale para todas las partes implicadas, pero en el tema de ETA, unos deben respetar el estado de derecho y otros el del terror.

Así pues lo de que ETA declare su intención de no matar durante una temporada no merece la consideración de alto el fuego, sobretodo por la incertidumbre que supone el recuerdo de treguas rotas sin previo aviso. Quiere decir ello que, por más que ahora puedan o no hacer un paréntesis, los pertenecientes a dicha organización siguen siendo criminales y los cuerpos de seguridad no pueden permitirse ninguna tregua ante ellos.

Nunca es una mala noticia cualquier cosa que tenga que ver con el respeto al derecho a la vida pero no nos confundamos: ETA no es nadie para perdonárnosla. No sé si se trata de un movimiento militarmente estratégico o de un intento de colarse en los próximos comicios electorales, pero convendría que esa falsa y autoinvestida capacidad para dictar clemencia hacia las gentes de bien no confundiese a nadie y que recordásemos que todas las ideologías son válidas, pero no todas las formas de defenderlas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Más pies que cabeza


Las teóricas habilidades de Ibrahimovic como futbolista deben ser, sin duda, muy superiores a las que tiene a la hora de elegir la forma y el momento de atacar a alguien contra quien siente rencor. Que algo ha pasado entre él y Guardiola es evidente y que su salida del club le ha creado resentimiento aún más.

No sé si los motivos del míster para deshacerse del delantero tienen algo que ver o no con presuntos líos amorosos en el vestuario de los que me acabo de enterar buscando una foto del futbolista o son exclusivamente deportivos pero, sea como sea, si Zlatan piensa que en este momento puede hacer daño a Pep atacándolo en la faceta deportiva y criticándolo como entrenador, es que tiene menos luces que un ciclomotor. Pretender desacreditar a un técnico llamándolo filósofo cuando medio mundo elogia su filosofía de juego, es un acto estúpido.

La venganza, querido Ibra, es un plato que se sirve frío y, en consecuencia, te saldría más a cuenta esperar alguna temporada. El fútbol tiene sus cosas y es posible que dentro de unos años tú estés demostrando que servías más de lo que te aprovechó el de Santpedor y él, quien sabe, tal vez haya dejado de ganar títulos.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Coche eléctrico: que la ilusión no oculte el peligro


A nuestros políticos les costó mucho reconocer que estábamos en crisis económica, pero desde que lo hicieron no han parado de hablar de que el modelo económico español en general y catalán en particular había quedado obsoleto y había que buscarle alternativas, aunque sus actuaciones hasta el momento han ido más en otras direcciones de las que ya me he quejado con frecuencia.

Parece existir un cierto consenso a la hora de analizar lo que ha hecho que en nuestro estado las consecuencias de la crisis global estén siendo especialmente hondas y anchas: a los problemas financieros que han sacudido al mundo desarrollado ha habido que sumarle la sumisión al tocho y la ausencia de una industria potente basada en productos de alto valor añadido que la hiciese capaz de competir en situaciones adversas.

En este contexto, lo que se haga con el último de los factores expresados puede ser clave especialmente en el aspecto del empleo, dado que la potenciación de una industria sólida puede ofrecer puestos de trabajo a corto plazo y, si se hacen las cosas bien, garantizar su estabilidad.

Pero para hacer las cosas bien conviene evitar que la ansiedad nos produzca miopía. El gran mal de nuestro tejido industrial es el de estar formado básicamente por industrias extranjeras del sector automovilístico y sus auxiliares que han invertido aquí por los incentivos ofrecidos por nuestras administraciones y por lo barato de la mano de obra, especialmente si tenemos en cuenta la relación entre el precio y la capacitación.

Tales empresas sin el más mínimo arraigo social, con un horizonte comercial que no les obliga a una localización geográfica determinada y con una capacidad financiera suficiente para afrontar mudanzas sin problemas, no han dudado en deslocalizarse hacia otros puntos del planeta más económicos o en replegarse hacia sus países de origen a la primera que la cosa ha pintado fea.

Ante tal panorama, ofrecer facilidades para que una empresa china se instale en Catalunya para fabricar coches eléctricos con la esperanza que entre ella y sus auxiliares se creen miles de puestos de trabajo, puede ser pan para hoy y hambre para mañana. Tal vez cabría esforzarse también o en su lugar, en incentivar la creación o el crecimiento de empresas autóctonas en sectores diversificados y con una cierta base en la investigación y el desarrollo como pueden ser las energías renovables en las que, según dicen, poseemos tecnología puntera.

El coche eléctrico podría poner las pilas a la economía catalana e incluso, por extensión, a la española pero seguramente habrá que estudiarlo mucho para que esas pilas sean recargables y no nos dejen sin suministro en cuanto las volvamos a necesitar. Esperemos que la proximidad de unos comicios no fuercen acuerdos que deslumbren pero que no permitan ver el peligro que entrañen en el medio y largo plazo.
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