sábado, 6 de febrero de 2010

Educando para la excelencia


Era la reunión de inicio de curso de 4º de primaria. Una profesora con aspecto de mesonera del quijote, en el típico tono de maestra de primaria, a medio camino entre la complacencia y el esoterismo nos explicaba a padres y madres que su objetivo para ese final de ciclo era educar a niños y niñas en la excelencia. Era importante que nuestra prole entendiese que debían dar siempre lo máximo de ellos en su trabajo, porqué eso es lo que se les exigiría en su futuro como adultos.

Era, sin duda, una afirmación intelectualmente impecable, pero algo dentro de mí se revolvió contra esa idea. Dar el máximo de ellos en su trabajo significaba no guardarse nada para ellos, nada para sus familias, nada para sus amistades. ¿es eso lo que se espera de ellos en el futuro? y, en todo caso, ¿es lo que deseamos?

Desde un punto de vista social podría ser comprensible que pidíesemos a todo el mundo que ofreciese al resto de la sociedad todo su esfuerzo y todo su empeño, pero de bien seguro que si pensamos en nosotros mismos, no querremos tal cosa. ¿de veras queremos educar a nuestros hijos en la excelencia? ¿no estaría mejor hacerlo en la suficiencia?

Tal vez nuestras escuelas se equivoquen. Quizás la estrategia debería ser enseñarles dónde está el maravilloso punto de equilibrio que permite ser útil para la sociedad y poder disfrutar de ella. Donde uno o una puede sentir orgullo de su trabajo, pero a la vez compartir dicho orgullo y la felicidad que conlleva con los suyos y consigo mismo.

No sé, seguramente me equivoque una vez más, pero aquellas palabras me sonaron al mundo feliz de Huxley y yo más bien sueño con el que cantaba Rah-Mon Roma con letra de Gianni Rodari, en el que había una escuela donde aprender a leer, ecribir y hablar, la lengua de la felicidad.

viernes, 5 de febrero de 2010

Jubilarse o ver la tele


Ya lo sé, el título es tendencioso y no dice la verdad porque los 600 millones de euros anuales que reciben las televisiones públicas en España, dejando de lado la deuda que acumulan, no solucionarían el hipotético futuro problema de sostenimiento de las pensiones en España, aunque suponga un 1% del fondo de la Seguridad Social.

De todas maneras no entiendo porqué tenemos que estar contribuyendo tan generosamente al mantenimiento, no de una televisión pública, sinó de 9 corporaciones de radio y televisión públicas, cada una con sus múltiples canales de radio y televisión, especialmente cuando su contenido es de tan dudoso servicio público (léase F1, liga o cine de barrio) y su objetividad discutible.

jueves, 4 de febrero de 2010

El mundo al revés


Mi reflexión de hoy se refiere a una imagen de ayer. La de un barrio recibiendo a la Ertzaintza y a la Policía Nacional a golpe de cacerola cuando se dirigían a registrar el domicilio de un etarra en Ondarroa. Esa imagen se asoció rápidamente en mi mente a la ya habitual de los agentes de la policía autónoma vasca con la cara oculta tras un pasamontañas.

Seguramente los tiempos han cambiado mucho, pero toda la vida el pasamontañas había sido la prenda usada por los malos, los fuera de la ley, y no precisamente por los responsables de hacerla cumplir. En Euskadi, en cambio, o al menos en algunos rincones de ella, el mundo es al revés y son los agentes de la autoridad los que deben ocultar su rostro para no ser reconocidos, como si el delito consistiese en estar de parte de la ley.

No quiero hablar como si entendiese del conflicto al que llaman vasco, como si sólo incumbiese a ese territorio. Quiero hablar como alguien a quien le resulta bastante difícil, por no decir imposible, entender dicha situación. Resulta complicado imaginar soluciones a un problema del que no acabas de entender el enunciado y ese es el caso de Euskadi.

Tal vez sí. Tal vez sea el conflicto vasco, pero no porque sólo afecte al pueblo vasco, sinó porque nadie desde fuera es capaz de entenderlo y mucho menos de buscarle una solución, si es que existe.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Suma y sigue


Ayer leí que Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular, había hablado más de la cuenta.

Hasta ahora, en el ejercicio de lo que en este país se entiende por oposición(oponerse a todo lo que haga el gobierno), el PP se había limitado a responsabilizar al Sr. Rodríguez (no sé porqué le llaman Zapatero) de todos los males y a decir que dicha idea era un despropósito más en su desgobierno.

Sin embargo parece ser que la señora Cospedal, que en algún otro momento ya ha demostrado tener el frenillo un poco demasiado largo, comentó que retrasar la edad de jubilación no era admisible si no se acompañaba de una reforma del mercado laboral, porque los jóvenes, si no, no podrían acceder al trabajo.

No puedo más que llevarme las manos a la cabeza cada vez que intento analizar qué significa tal declaración viniendo de quien viene. Reforma del mercado laboral es el eufemismo más utilizado por la derecha de este país para decir abaratar el coste del despido. De tal manera, lo que se sugiere es que no nos jubilemos hasta los 67 y que, de paso, el despido sea más barato (o gratuito), porque libre ya lo es. Además debe ser así para que los viejos no ocupen los puestos de trabajo que deberían ocupar los jóvenes.

La conclusión acaba siendo fácil: Retrasamos la edad de jubilación a los 67 pero, como los pobres jóvenes tienen que trabajar, despedimos gratis a la gente a los 65 o antes, sin que tengan derecho a la jubilación. Así gastamos menos en pensiones, los jóvenes trabajan y los viejos... bueno, los viejos no son tan viejos porque como la esperanza de vida se alarga...

martes, 2 de febrero de 2010

Reagrupémonos


Vaya por delante que no soy independentista. No lo soy porque no creo en los nacionalismos excluyentes y porque considero que en un mundo en que un estornudo de Wall Street tiene efecto laxante en la bolsa de Madrid, en que cada vez que se cabrea Bin Laden sube la gasolina y en que si Bruselas hace un giño nos suben la edad de jubilación, lo de la independencia es, como mucho, relativo.

Aún así, y como intento no ser anti casi nada, alguien podría convencerme de que un proyecto independentista vale la pena si me demostrase que socialmente el mundo, y por extensión yo, saldría ganando algo, y que no se trata tan sólo de la independencia como objetivo por oposición a los otros y sin más contenido.

Algo de eso se podría haber pensado cuando un grupo de gente se excindió de Esquerra Republicana de Catalunya para crear un partido independentista llamado Reagrupament. No es la primera experiencia, si recordamos el fracasado Partit per la Independència de un político venido a menos y una política convertida en comentarista televisiva.

Pero se podría haber pensado que eso del independentismo puede tener más fondo que el puro enunciado y que por eso, por los matices que lo acompañan, hacía falta un nuevo partido que lo defendiese a pesar de que el originario ya ha puesto fecha al referéndum para la autodeterminación.

Sin embargo, analicemos: resulta que un tal Carretero decide irse de ERC porque no se siente a gusto y se lleva con él a los militantes más críticos con la dirección del partido. Pero resulta que, cuando el nuevo partido se organiza, la base le dice al tal Carretero que quizá no sea él quien mande y éste se enfada y se va. Lo más grave, parece ser, no es que se vaya él, sino que su huída puede significar la no llegada del crack mediático: un presidente deportivo hexacontento. Ante tal amenaza, el partido reacciona y los críticos del partido crítico deciden dimitir para no poner en peligro el liderazgo del tal Carretero, que rápidamente se retrae y vuelve a tomar las riendas.

Si el análisis es correcto (y al menos esto es lo que ha trascendido a la opinión pública), no se trata de una cuestión ideológica, sinó de liderazgo. Si se me permite el chiste fácil, sólo puede tirar del carro el Carretero. Si todo lo que me ofrece el independentismo, justo en un momento en que creo que mucha gente estamos por temas más urgentes que el soberanismo, es una discusión personalista basada en el afán de protagonismo de ciertas personas, seguirán sin convencerme.

Y yo propongo: ¿y si nos regrupamos todos? Y por todos me refiero a soberanistas y no. Me refiero a los que nos preocupe que, venga de Madrid, de Barcelona o de Bruselas, nuestra población desocupada necesita empleo, nuestra tercera edad recursos y nuestra población dependiente cuidados. Reagrupémonos todos por la defensa de un sitio (como acabaron definiendo en Caiga Quien Caiga a Catalunya) donde lo importante seamos la gente, no "la" persona.

lunes, 1 de febrero de 2010

Los inventos de Celestino


Pues lamento repetir tema, pero es que a la intención gubernamental de ampliar la jubilación se suman las invenciones de su minstro de trabajo, Celestino Corbacho, que dice que es impensable que vivamos más, nos jubilemos antes y cobremos más.

Yo no sé con quien acostumbran a hablar los ministros, porque por lo que yo he oído, de las tres cosas lo único que espera la gente es lo primero, respecto a la jubilación, nos conformamos con las condiciones actuales.

Nunca he pensado que todas las decisiones de un ministro tengan que ser compartidas por el pueblo, pero encuentro lamentable que ponga en boca del pueblo cosas que nadie ha dicho para defender aquéllas que toma.

Català i cinema


Aquest cop escriuré en català, i ho faré perquè ningú es confongui i es pensi que escric des de la creuada espanyolista de Madrid i perquè el senyor Tresserres necessiti algua excusa més elaborada per clausurar aquest blog que no pas la lingüística.

I és que em vull posicionar en contra de la llei del cinema en català. I ho penso fer perquè la considero inútil i innecessària per aquest ordre.

És inútil perquè pensar que lluitar contra les multinacionals cinematogràfiques americanes a cop de decret punitiu des d'un petit país sense estat, que diuen, em sona d'una ingenuïtat desmesurada. Crec que la indústria del cel·luloide ianqui està més a prop de poder ajudar a canviar la presidència dels EUA que de sentir-se amenaçada pel que pugui passar en un mercat d'un grapadet de milions d'espectadors i espectadores potencials, per la qual cosa la repercusió, segurament, se l'empassaran les nostres sales de projecció.

De fet, no m'agrada creure en les mesures represores i sóc més defensor dels reforços positius. És per això que penso que, si el govern de la Generalitat hagués inventat un Institut Català del Doblatge que hagués prestat els seus serveis a poc més del preu de cost (no parlo de perdre res) i això hagués fet que els resultés econòmicament més rendible la seva traducció a la nostra llengua, segurament el resultat hagués estat un altre. O si demà, als premis Gaudí, donessin un al millor doblatge al català, potser també hagués estat útil. O si es subvencionessin les sales que més produccions projectesin en català a canvi de que el preu de l'entrada fos més econòmica, llavors segurament la mesura tindria veritable èxit.

Però és que també crec que és inútil. En primer lloc perquè no veig que ningú hagi presentat cap estadística que demostri que, quan una pel·lícula es projecta simultàniament en català i en castellà, la primera d'aquestes llengües tingui més espectadors en termes relatius. Si no és així, deu ser que la població catalana no està fent cap clam a favor d'aquesta llei, no? i el polítics, teóricament, haurien de representar els interessos de la ciutadania i no les seves utopies més aferrissades.

De fet, considero aquesta norma tan inútil com totes les que sorgeixin referides a qualsevol mesura de protecció artificial cap a qualsevol llengua o manifestació cultural. Jo sóc home de ciències i no de lletres i crec en l'evolució de les espècies i en la selecció natural molt més que en el protecciosme desmesurat.

Potser m'equivoco i algú hauria d'esforçar-se a recuperar el llatí. Almenys així ens podriem entendre amb bona part d'europa sense cap esforç.
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