viernes, 31 de diciembre de 2010

Un socialista en la corte del rey Artur

Parece ser que ha causado perplejidad en propios y ajenos el nombramiento de Ferrán Mascarell como Conseller de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Evidentemente hay quien ha entendido que ha sido el peaje a la abstención del PSC en la investidura de Mas como presidente, pero a mí me gustaría imaginar que no es así y que hemos dado un pequeño paso hacia la madurez política.

Cualquier persona, pero especialmente un político, debería ser fiel a sus convicciones, pero no esclavo de las disciplinas de partido. Del mismo modo, es coherente que quien tenga la responsabilidad de formar un gobierno después de haber sido elegido como candidato de un partido, lo conforme de acuerdo al ideario de éste, pero no debería estar encorsetado a la hora de elegir a las personas que lo desarrollen.

La verdad es que no soy conocedor de la obra de Mascarell en su anterior época como Conseller pero, ¿y si a Mas le parece que fue satisfactoria? No estamos hablando de una Conselleria de economía, de trabajo o de asuntos sociales, sino de cultura. Tal vez en ese ámbito pese más el catalanismo del que presumen tanto CiU como el propio Mascarell que las tendencias hacia la diestra o la siniestra. Siendo así, ni el President ni el Conseller están faltando a ningún principio y, en cambio, están formando parte del equipo que su responsable considera más oportuno.

Por si no me he explicado, no pretendo defender la elección de Mas, simplemente digo que no tiene porqué ser criticable por tratarse de un afiliado a otro partido. Es más, considero que sería una muestra de madurez política que algún día nuestra se llegase a seleccionar a los cargos públicos más por sus capacidades personales que por las deudas pendientes por servicios prestados al partido.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Demografía interadministrativa

Fuente: Regió7
La cooperación entre las diversas administraciones es hasta más que aconsejable en una sociedad avanzada como se supone que es la nuestra. Sin embargo, por lo visto, en lo que se refiere a los estudios demográficos la información no debe fluir como sería deseable.

Es la única explicación posible para entender que, mientras el Gobierno de España es capaz de predecir que en cosa de cuarenta años el número de pensionistas será tal que el sistema no se podrá sostener con las cotizaciones de quienes trabajen, en Manresa no se haya podido prever que eran precisos más centros educativos para acoger a los niños de cara al curso 2011-2012.

De hecho, no acaba de cuadrarme que un supuesto boom demográfico en 2008 pueda obligar a ampliar las aulas en las escuelas pero no tenga ninguna incidencia en cuanto al número de cotizantes futuros en la Seguridad Social, aunque evidentemente puede deberse a que en Manresa seamos una especie de república independiente que haya sufrido un fenómeno totalmente ajeno a lo acontecido el resto del estado.

En todo caso, todo esto no dejan de ser conjeturas de un ignorante que pensaba que era razonable imaginar que treinta y tantos años después de un boom demográfico se produciría otro al llegar los nacidos entonces a la edad de reproducirse. Bendita inocencia la mía.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pollos en familia

Preciosa ciencia, la estadística. Pocas otras son capaces como ella de convertir en datos objetivos y científicamente probados las elucubraciones más impensables. No voy a hablar hoy de los pollos que se come la gente sino, más bien, de los pollos que montan algunos.

El Obispo de Alcalá, en su condición de presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia ha concedido una entrevista en la cadena televisiva Intereconomía en la que ha hecho uso de las cifras para defender que el matrimonio es el antídoto contra la violencia de género, aunque luego haya dicho que eso no existe y que tal término es sólo una invención ideológica del parlamento.

Según Juan Antonio Reig, un estudio de Miró i Ardèvol en la Universitat Abat Oliba CEU (vinculada  a la Asociación Católica de Propagandistas) que no he podido encontrar en la red, coincidiría con el del Instituto de Política Familiar para afirmar que por cada homicidio que se produce en un matrimonio, tienen lugar doce en las uniones de hecho.

Dicho así, realmente, el tema sería para preocuparse. Lo que pasa es que aquí un servidor (llámenme desconfiado) se ha mirado un poco más a fondo lo que dice el estudio en cuestión y resulta que la afirmación del religioso no responde exactamente a la realidad del asunto. Según el IPF, en el 2008 se produjeron 48 homicidios en las parejas con relaciones sentimentales (59%) frente a los 33 homicidios en las parejas con vínculo conyugal (el 41% de las parejas). O me enseñaron mal las matemáticas o 48 no es 12 veces 33.

Cierto es que, cuando en lugar de números absolutos se convierten dichos números en índices de incidencia, resulta que el homicidio en las "relaciones sentimentales" es prácticamente 12 veces el de los matrimonios. No es menos cierto, sin embargo, que el estudio no especifica qué se entiende por "relación sentimental", lo cual me hace pensar que, posiblemente, se cataloguen aquí todos los homicidios producidos fuera del matrimonio, hasta cuando no hay convivencia.

Así pues, el señor Reig cometería dos errores: confundir la cifra con su incidencia y confundir cualquier tipo de relación sentimental con una unión de hecho. Posiblemente se trate de errores no intencionados que nada tienen que ver con la doctrina que pretende transmitir el personaje desde su cargo, pero creo que conviene señalarlos.

De todas formas, cabría destacar también la posibilidad de que dichas estadísticas se viesen alteradas por la práctica de algún Tribunal Eclesiástico que concede nulidades ante los malos tratos (aunque sean sólo signos y no el problema, según ellos), lo que debe convertir estos casos al segundo grupo.

Sea como sea, estoy convencido de que la amplia formación de la que, sin duda, una eminencia como el señor Reig disfruta, le dará para saber perfectamente que no se puede establecer una relación causal de esas simples cifras y que, por lo tanto, vender el matrimonio como antídoto a la violencia doméstica (él prefiere esta denominación) es casi tan tendencioso como el ejemplo del pollo que se comió aquél.

Creo sinceramente que es perfectamente legítimo defender un modelo determinado de familia. Me parece interesantísimo que se estudie y se intenten encontrar de la manera más científica posible causas de la violencia de cualquier tipo que faciliten las acciones correctoras necesarias para erradicarla. Pero considero que utilizar datos de manera tendenciosa para que, simulando hacer lo segundo, se tergiversen los hechos para argumentar lo primero, más que un error es una falta de respeto.


martes, 21 de diciembre de 2010

La incontestable victoria del Grinch

Supongo que era cuestión de tiempo. La silenciosa pero cruenta lucha íntima entre mi espíritu navideño y el eternamente malvisto Grinch se ha acabado decantando del lado del bicho verde. En su victoria creo que ha tenido que ver un poco la edad y un mucho otra serie de circunstancias concomitantes que han apoyado al ogro incondicionalmente en su pugna contra un duende que no ha tenido aliados.

No ha sido algo repentino. Los últimos años ya se adivinaba una cierta decadencia en aquella ilusión casi infantil. De hecho, el balcón de mi casa pasó de ser el único en tener iluminación navideña de todo el bloque a ser el único que no la tenía. Conseguí que mi buzón recibiese felicitaciones navideñas de mis vecinos, justo cuando ellos dejaron de recibir las mías. Y este año, por fin, no he tocado ni una bolita del árbol y prácticamente no tendré que gestionar ningún regalo.

Un primer factor determinante en el resultado del combate ha sido, sin duda, el desgaste natural del espíritu navideño que, habiendo sido creado para durar poco más o menos quince días al año, hemos ido intentando mantenerlo de la manera más artificial posible durante un mes y medio. Cuando intenta alargarse tanto una ilusión, acaba diluyéndose.

Pero también ha contado el Grinch como aliada con la imagen de un trastero lleno de regalos navideños casi sin estrenar. La Navidad ha dejado de ser la ocasión para hacer realidad pequeños sueños para convertirse en una fuente de frustraciones periódicas. Tenemos todo lo que necesitamos y, sobretodo, un montón de cosas que no necesitamos, de manera que es casi imposible, por más que te devanes el cerebro, despertar una sonrisa sincera en quien recibe el presente.

Cierto papel crucial jugó la escena del día de reyes de hace cosa de dos o tres años, cuando íbamos con mi hijo hacia casa de su amigo Xavier para compartir los regalos. Yo aproveché para llevar al contenedor correspondiente la caja de una impresora que me había llegado de oriente y, justo cuando la iba a tirar, mi hijo solicitó su indulto. De todos los regalos que recibieron los dos niños, lo que más les entretuvo aquella tarde fue la dichosa caja de cartón.

Por último, compartir la vida con un núcleo familiar que no ha demostrado nunca el más mínimo el interés por montar un pesebre, decorar un árbol o comprar un regalo, abándonándome a mi suerte ante tales tareas a la que me doy la vuelta, así como tener la suerte de no necesitar excusas para compartir una comida o una cena con el resto de mi familia, combinado con la falta de motivación religiosa, han acabado de hacer totalmente prescindible la presencia espiritual del Advento.

La verdad es que no me siento especialmente orgulloso. En cierta manera, me gustaría que se me apareciesen tres fantasmas una noche que demostrasen mi error. Sin embargo, hay momentos en que pienso que, en realidad, he conseguido no necesitar luces de colores en las calles ni una fecha preestablecida para hacer un regalo, disfrutar de la compañía de quienes quiero o desear su felicidad. Visto así, quizá a mi Grinch le pase lo que a todos los hombres nos acontece en el matrimonio: cuando creemos haber ganado es justamente cuando nos han vencido. ¡Feliz y perpetua Navidad!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Teatralizaciones pseudodemocráticas

Que nuestro sistema democrático no es presidencialista lo tengo clarísimo, incluso más que quien va a ser el próximo presidente de la Generalitat de Catalunya y que hace cuatro años no acababa de encajar no serlo. Pero que la situación no está como para dedicar mucho tiempo a discursitos retóricos ni a comedietas protocolarias también es evidente.

Catalunya no necesita ahora mismo que nuestra representación en cortes malgaste tiempo y esfuerzos en hacer una representación teatral de una investidura de la que nadie tiene dudas porque nadie la ha discutido desde el mismo día de las elecciones. Quizá la gente sentiríamos más cerca a nuestra clase política si aprendiesen a saltarse según que numeritos y se pusiesen a trabajar desde el primer día, eligiendo al presidente sin matices y obligando a éste a formar un gobierno que se ponga a andar lo antes posible.

Las posiciones iniciales de todos los partidos las conocemos de sobras y, si no, la culpa es suya si no nos las han sabido explicar en campaña. Ahora, que vayan por trabajo para que quien va a gobernarnos lo haga y el resto, tiempo tendrán de hacer oposición que esperemos que demuestren saber hacerla mejor que quien los precedió.

martes, 14 de diciembre de 2010

El monstruo de Bolkenstein o cuando lo urgente oculta lo más importante

Tal vez porque un apellido así invita a ello, en 2004 la Comisón Europea propuso una Directiva que amenazaba como un monstruo los derechos laborales del proletariado europeo. Sin embargo, entre otras cosas gracias a las mobilizaciones sindicales, se consiguió mutilar al engendro hasta convertirlo en la directiva de servicios en el mercado aprovada dos años después, mucho menos lesiva.

Pero los monstruos no se esfuman casi nunca y el de Bolkenstein ha vuelto en 2010 camuflado en la propuesta de Directiva de permiso único que pretende que las empresas extracomunitarias puedan implantarse en la Unión importando personas que trabajarían bajo las condiciones de sus países de origen. Es decir, el fontanero de Phillipe de Villiers dejaría de ser polaco para convertirse en chino, marroquí o turco.

No es de extrañar que la propuesta sea defendida por la derecha que, evidentemente, tiene claro que la proyección a largo plazo es que quien quiera trabajar en Europa tendrá que aceptar las condiciones chinas, marroquís o turcas porque las empresas autóctonas habrán adoptado dichas nacionalidades y amenazarán con emplear al personal de allí.

En esta ocasión, sin embargo, la discusión no ha llegado hasta la opinión pública hasta ultimísima hora, entre otras cosas porque las fuerzas sindicales están lo bastante ocupadas con intentar movilizar urgentemente a las amansadas masas contra las rebajas de sus pensiones y otros derechos, como para verse incapaces para que nadie defienda lo que les costaría mucho entender que les afecta.

Afortunadamente, por una vez y sin que sirva como precedente, la derecha ha sido quien ha actuado con total fragmentación posibilitando que desde la izquierda se aplazase el avance del monstruo. En los próximos dos meses liberales y conservadores se pondrán de acuerdo en la cirugía estética que le conviene a la criatura y volverán a presentárnosla. Si somos capaces de captar la importancia del asunto, tal vez podremos alejarla una vez más, si nos despista lo urgente, quizá habremos salvado el derecho a jubilarnos a los 65... como en China.

Eludiendo responsabilidades

El chiste de más arriba lo he sacado del muro de facebook de un "camarada de lucha" que actuó de gran gurú en mi formación como sindicalista. Quien haya seguido o siga este blog, tendrá claro ya a estas alturas que no seré yo quien defienda nuestro sistema financiero o quien lo exculpe de su responsabilidad en la situación más financiera que económica que estamos viviendo, pero tampoco seré yo quien tolere que el resto de los mortales eludamos responsabilidades al respecto.

No creo que el chiste diga ninguna mentira, pero tal vez sí que omita alguna verdad. No explica que el protagonista era conocedor de que su vivienda estaba siendo tasada por encima de lo que en realidad costaba. Tampoco que, seguramente, la escrituró por menos de la mitad de lo que en realidad costaba en una notaría en la que su titular se ausentó cómplicemente del despacho por unos minutos mientras se producía la transacción, con la única finalidad de eludir impuestos.

Lo más probable es que, con la diferencia entre el precio realmente pagado y el tasado, nuestro protagonista se comparse un coche nuevo y se pagase una magníficas vacaciones en el caribe y, todo ello, sabiendo que su nómina de trabajador no cualificado con contrato de duración determinada le llegaba justito, justito, para pagar la cuota de la hipoteca a final de mes contando que el euribor se comportase adecuadamente.

Las entidades financieras han actuado, evidentenmente, sin el menor de los escrúpulos a la hora de conceder créditos a diestra y siniestra con el objetivo de unos prometedores beneficios que se han transformado en un parque immobiliario del que son incapaces de librarse. Sin embargo, eso no quita de que gran parte de nuestra población se haya comportado con auténtica irresponsabilidad al participar conscientemente de un juego en el que todo el mundo ha perdido.

El protagonista del chiste, en mi discutible opinión, no es tan culpable como dice ser, pero probablemente alguna responsabilidad como cómplice necesario sí que tuvo.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Citius, altius, fortius.

Llevo años intentado entender la paradoja que supone para mí esa expresión de "deporte profesional". Cuando yo era joven, hacer algo por deporte era hacerlo sin esperar más recompensa que la autosatisfacción pero se ve que, en un mundo materialista como el nuestro, la recompensa al esfuerzo o es económica o no vale la pena.

El deporte profesional no es tal cosa, sino más bien un espectáculo alrededor del cual generar negocio. No voy a decir que me parezca ilícito, evidentemente, especialmente cuando pago anualmente un abono de baloncesto ACB, pero creo que debería diferenciarse hasta en el nombre de lo que hacemos muchísima gente en el tiempo que liberamos de nuestras obligaciones, porque tiempo libre no nos queda.

Lo digo porque después confundimos a todo el mundo. En primer lugar a nuestros chavales y chavalas, a quienes acabamos enseñando que el objetivo es triunfar y no disfrutar y que no basta con hacerlo bien, sino que hay que hacerlo mejor, sobretodo mejor que el hijo del vecino.

Pero también nos autoconfundimos cuando defendemos que se dediquen recursos públicos a subvencionar el deporte elitista (que no de élite) porque se supone que fomenta su práctica entre la población para que luego, los críos y crías que juegan en esos mismos clubs tengan que pagarse hasta los calcetines a precio de oro.

El único deporte que se fomenta desde la profesionalidad es el de sillón y mando a distancia o, si mucho se me apura, el de grada insultante. A quienes nos gusta el deporte podemos pedalear cuando no hay Tour de Francia, correr tras el balón cuando se acaba la liga o raquetear sin Roland Garrós, y lo hacemos aunque sabemos que nunca lo haremos como Contador, Messi o Nadal.

Pero claro, como correr tras la pantalla no cansa, queremos que esos, los de la élite, cada vez sean más rápidos, más altos y más fuertes, importándanos un rábano que haya límites que resulten infranqueables por naturaleza. Luego, cuando la evidencia nos asalta y descubrimos que para superarlos se ha recurrido al dopaje, nos llevamos las manos hipócritamente a la cabeza y nos preguntamos cómo puede ser.

Claro que, para hipocresía, la de toda esa gente de ese mismo mundo que ahora dice que no sabía nada. O, casi peor, los que dicen que sí sabían pero nunca dijeron nada. Los que se han dopado no han hecho más que ser incapaces de salir de un círculo vicioso en el que o daban más o era como si no diesen nada.

Quizá deberíamos empezar a quitarnos las orejeras y a darnos cuenta de que esto del deporte profesional es como el cine pero sin efectos especiales y que habrá que pedir lo humanamente posible, pero no más allá.  O hacemos eso, o tal vez algún día nuestros propios vástagos, que serán citius, altius y fortius que los del vecino, nos tendrán que confirmar que, aunque los hijos siempre superan a sus progenitores, los milagros no existen y sólo son efecto de la eritropoyetina y sus derivados.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Sin ánimo de lucro

El Barça ha decidido incorporar publicidad en su camiseta. Lo aplaudo sinceramente entre otras cosas porque estoy convencido de que los ingresos que no le lleguen por ahí, como en muchos otros clubs deportivos de élite, los acabaremos pagando de manera más o menos indirecta entre la totalidad de contribuyentes de este país.

Pero como el Barça es más que un club, no podía conformarse con la publicidad de una empresa cualquiera y ha buscado ser esponsorizada por una fundación sin ánimo de lucro. La verdad es que eso, ya de entrada, me sorprende bastante. Que una fundación sin ánimo de lucro decida gastar 30 millones de euros para que su logo luzca en la camiseta de un club de fútbol (aunque sea el mejor del mundo) no me parece para nada razonable.

Pero Qatar Foundation ha decidido hacerlo. Se trata de una fundación sin ánimo de lucro que, según su web, tiene por misión "preparar al pueblo de Qatar y de la región para conocer los retos de un siempre cambiante mundo y hacer de Qatar un líder en innovación, educación e investigación".

Será que el desconocimiento me hace desconfiado pero, visto que el fundador de dicha organización no es otro que Hamad Bin Khalifa Al-Thani, actual emir de Qatar y su presidenta la mujer de éste y considerando que el país en cuestión es una pequeña porción de Golfo Pérsico a la que le salen los petrodólares por lo oídos, tengo mis sospechas de que posiblemente no tenga toda la transparencia que sería deseable para que su logo comparta camiseta con UNICEF.

No voy a decir ni mucho menos que sea más digno anunciar una casa de apuestas, pero sí que sería peligroso que la directiva del Barcelona estuviese ofreciendo accidentalmente su imagen a una organización que enmascarase bajo la apariencia de algo loable cualquier cosa menos respetable.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Entre Londres y Madrid

Lamentablemente, creo que no hay ninguna democracia que convierta el programa electoral de las candidaturas en obligación contractual. Creo que sería de aquello más razonable que quien gane unas elecciones tenga necesariamente que trabajar por cumplir los objetivos que había propuesto y por los que se le había elegido.

El ejemplo de David Cameron en Gran Bretaña es de cajón. Siete meses después de haber sido investido Primer Ministro lleva a aprobación la multiplicación por tres de las tasas universitarias cuando durante la campaña había prometido que jamás subiría costes en educación.

Con toda seguridad habrá quien se dedique, con mayor o menor acierto, a buscar parecidos entre dicha decisión y las tomadas por el ejecutivo del Sr. Rodríguez en España. De hecho, las iniciativas que se suponene que han de servir para atajar la crisis en los dos estados adolecen por igual de ser antisociales, cortoplacistas y contraproducentes a medio plazo.

Convertir el acceso a la universidad en un lujo que sólo se puedan permitir los más ricos resulta al menos tan antisocial como abaratar despidos, alargar edades de jubilación o reducir salarios. Intentar incrementar ingresos a costa del precio de una educación digna es tan cortoplacista como privatizar las únicas fuentes viables de ingresos de un estado, como puede ser la lotería o los aeropuertos. Excluir de la formación universitaria a toda la juventud que no se pueda permitir pagar 10.000 € de matrícula puede tener unos efectos a medio plazo tan contraproducentes como seguir apostando por un mercado laboral que sólo puede competir con los del resto del mundo por barato.

Existe, sin embargo, una diferencia que sí que podrá usar como atenuante el presidente español: el contexto económico durante su campaña electoral no era el actual. Cameron no puede decir lo mismo y no puede escudarse en la crisis para justificar el incumplimiento de su programa, puesto que se postulaba como la solución a ésta.

Así las cosas debería imponerse la prudencia. Aquí también hay quien promete tener la alternativa para sacarnos de la crisis sin detallarnos cuál es y tiene serias opciones de poder llevarla a cabo. Tengamos cuidado porque queda demostrado que en el mundo de la derecha atenuar (los efectos de una crisis) se confunde con atenazar (a los más pobres) con cierta frecuencia.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El milagro del arsénico

La ciencia es tozuda y, a pesar de que le cuesta horrores reconocer una teoría como cierta, una vez que lo hace tiende a convertirla en axioma irrefutable y a rechazar todo aquello que se opone a ella. Yo tengo entre casi y absolutamente nada de científico. Me falta la inteligencia, los conocimientos y, sobretodo, la actitud para serlo. Debe ser por ello que siempre que he oído que se descarta la existencia de vida en un determinado lugar por la ausencia de agua, por ejemplo, me ha sorprendido pensar que la biología no pueda imaginar una forma de vida sin ella.

Creo desde mi tremenda ignorancia que la comunidad científica dejó hasta cierto punto atrás el teocentrismo que la paralizó durante siglos pero que, en cambio, no ha sido capaz de desprenderse aún del geocentrismo. Un geocentrismo que, en este caso, yo definiría como la incapacidad para buscar patrones válidos más allá de los que conocemos que funcionan en nuestra Tierra sensorial para aplicarla en otros ámbitos.

Que se hayan encontrado bacterias capaces de vivir en y a costa del arsénico no deja de ser, hasta cierto punto, metafórico. La vida se ha demostrado viable en una sustancia que para nosotros significa muerte. Tal vez sí que existe vida donde creemos que no la hay o incluso vida más allá de la muerte. Quién sabe si no la hemos conocido ya pero, simplemente, la hemos despreciado porque no coincide con nuestro concepto preconcebido.

No estoy muy seguro, pero me parece que el milagro del arsénico puede llevar a cuestionarse muchos esquemas dogmáticos en la biología y eso, sin duda, puede ser el primer paso para enfrentarse a nuevos enigmas y así encontrar nuevas respuestas.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Descontroladores aéreos

No creo que haya mucho que añadir a lo que ya dije en su día respecto al conflicto de los controladores aéreos. De todas maneras creo que la espectacularidad de la última acción que, según esa especie de modelo masculino que tiene fichado su sindicato como portavoz, es espontánea, merece algún comentario.

La verdad es que a mí no me engaña el guaperas y tengo claro que el sindicato ha instigado la movilización o, más bien dicho, la desmovilización de los controladores aéreos por sorpresa total. También tengo claro que el gobierno ha demostrado la falta de un plan B para controlar una situación que, posiblemente, ha hecho poco por evitar.

Digo esto último porque intentar recortar de un plumazo todas las prevendas dadas a un colectivo históricamente es un error y hacerlo sin el diálogo suficiente que permita estudiar contrapartidas y, en su caso, los términos y plazos para recuperar el camino perdido, es una declaración de guerra en toda regla. Aunque estoy convencido de que el sindicato de controladores no habría hecho en absoluto ninguna concesión, poder explicar que se ha intentado facilitaría la posición del gobierno.

De todas maneras, no acabo de entender cuál es la estrategia de los profesionales. Cuando el camino hacia la privatización está más que abierto, ganarse como lo están haciendo la incomprensión e incluso la indignación de la opinión pública no creo que les beneficie en lo más mínimo. A estas horas, estoy seguro que mucha gente aplaudiría que las amenazas del fiscal se cumpliesen y alguien acabase en prisión por fastidiarle las vacaciones (triste pero cierto).

Y la última reflexión que quedaría iría para el resto de la población asalariada. En pocas horas un sindicato corporativo ha conseguido lo que no consiguieron los sindicatos mayoritarios en meses de preparación: poner en jaque a las autoridades y movilizar hasta al ejército. Si un puñado de trabajadores cualificados y bien pagados puede más que millones de obreros y obreras, este mundo ha cambiado mucho en las últimas décadas.

Una preocupante normalidad

A todo el mundo le gustaría que, en la actual situación de crisis económica y financiera, algo se normalizase al fin. Sin embargo, que el ministerio de trabajo anuncie que nuestro mercado de trabajo se ha normalizado cuando tenemos un 20% de tasa de paro después de crecer en más de 24.000 personas desocupadas en el último mes y de que menos del 10% de los nuevos contratos sean indefinidos (de nombre), no creo que resulte una noticia muy halagüeña. ¿está quizá el gobierno reconociendo que más no vamos a mejorar? ¡Bendita reforma del mercado laboral tuvimos!

martes, 30 de noviembre de 2010

Lo que Wikileaks (aún) no sabe

Parece que Wikileaks está dispuesta a airear cualquier asunto más o menos escabroso que en lo bélico o lo diplomático se relacione con la administración de Estados Unidos. Yo, evidentemente, no tengo acceso a fuentes de información privilegiadas que me permitan dar datos sobre lo que hacen o dejan de hacer la CIA, el Pentágono o cualquier otro organismo similar, pero como he sido tan bombardeado por la ficción Hollywoodiense como cualquier otro occidentalito que se precie, voy a permitirme elucubrar con lo que, tal vez, algún día veremos publicado en la web en cuestión.

A Estados Unidos le preocupa tanto la galopante preponderancia económica de China que Obama se dedicó a hacer una gira por Asia en busca de alianzas que les permitiesen hacerles un poco menos fáciles las cosas a los del sol naciente. El catorce de noviembre acababa de visitar India, Indonesia, Corea del Sur y Japón.

No llegó a diez días lo que tardó Corea del Norte en bombardear (según ellos en respuesta a sus vecinos de abajo) una isla en la del Sur, lo que todo el mundo ha calificado de una provocación militar que puede reabrir el conflicto latente entre las dos Coreas, aquella guerra que nunca acabó y que está bajo los extraños efectos de un armisticio desde 1953. Evidentemente, China y Japón no pueden quedarse al margen del conflicto y los propios EEUU ya están haciendo maniobras por aquellos lares por si las moscas.

Insisto en que, seguramente, lo que insinúo no es más que el efecto de mi mentalidad cinematográfica pero, si no fuese porque quien preside los USA es una persona recta e íntegra como Obama, me atrevería a sospechar que no es ajeno a esa escalada bélica y que el objetivo no es otro que generarle tensiones suficientes a los chinos como para que bajen la guardia en lo económico.

Si nada de esto se confirma jamás, quedará como una nueva ida de la olla de un opinador aficionado, pero si algún día Wikileaks publica escandalosos documentos que revelen que fue así, yo siempre podré presumir de haber sido el primero en anunciarlo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Lo que Catalunya ha dicho

Acaba de acabar la noche electoral en Catalunya. La ciudadanía ha hablado pero, ¿qué ha dicho? Seguramente habrá mucha gente más cualificada que yo para hacer interpretaciones, pero me voy a permitir la mía.

El giro a la derecha es tan evidente como predecible. En una época difícil quien manda sale perdiendo independientemente de cómo lo esté haciendo. La gente, harta de malas noticias, está sedienta de cambio y se refugia en los otros, dando igual si el cambio de rumbo va en un sentido o en el otro.

Y he ahí el motivo por el que sólo han ganado votos y representación los partidos de derechas. Pero ¿qué derechas? Si en la misma noche están contentos PP y SI, pero quien gana es CiU, me asaltan muchas dudas. Los dos primeros tenemos claro que en el otro asunto en discordia, el identitario, son antagonistas, pero Convergencia, aún siendo nacionalista, lo del independentismo es algo a lo que guiña pero no acaba de entrar.

Si añadimos que entre las izquierdas se han hundido tanto los que se han manifestado claramente independentistas (ERC) como los que han hecho lo contrario (PSC) y que sólo han casi resistido los que se han manifestado federalistas, quizá se pueda concluir que, por más referéndums por la independencia y manifestaciones multitudinarias que se convoquen, Catalunya aún no tiene muy claro que eso de divorciarse de España le salga a cuenta.

Quizá sea por eso que Ciutadans haya mantenido su representación. Y quizá por eso, pero también porque a pesar de la "rauja" que pedía Laporta la ciudadanía de Catalunya no ha perdido su "seny", la Plataforma per Catalunya no ha conseguido su objetivo. Quizá de todo lo acontencido en el día de hoy, eso sea lo mejor.

viernes, 26 de noviembre de 2010

El viejo truco del discurso populista

Los discursos populistas lo son porque enganchan y lo hacen porque expresan ideas a las que la gente está deseando asentir porque creen compartirlas aunque, en muchas ocasiones, en silencio. Que alguna personalidad coincida con uno en alguna idea y la desarrolle públicamente no deja de ser un elogio para quienes no hemos sido capaces de destacar socialmente.

Sin embargo, quedarse en la superficie de los discursos puede llevarnos al error de pensar que la coincidencia en las ideas existe cuando, en realidad, se está muy lejos de ello. Así, estoy seguro que mucha gente habrá aplaudido las declaraciones de Joan Rosell, presidente Foment del Treball (la patronal de las grandes empresas catalanas),  sobre la conveniencia de aplicar expedientes de regulación en las administraciones y fusionar ayuntamientos para salir de la crisis, a pesar de no haber entendido en realidad a lo que se refiere.

Cuando alguien de la calle se define a favor de despedir empleados públicos lo hace, normalmente, desde el desconocimiento y la envidia. El desconocimiento le llega a creer en los falsos tópicos que dibujan viejos funcionarios malhumorados con visera y manguito tras una ventanilla que les sirve para ocultar su ineficiencia y su inoperancia y de la que sólo salen para sus largos desayunos.

La envidia, que se hace más fuerte en tiempos como éstos, es la que le produce el lamentar haber descartado opositar un día para trabajar en una administración porque resultaba más rentable dejar los estudios a los 16 años para dedicarse al oficio de la construcción, que permitía conducir Audis y Mercedes en lugar de aquellos vetustos autos que llevaban los servidores públicos.

Así las cosas, la gente señala a los "funcionarios" con el dedo y los nombra con retintín acusándolos de ser la rémora económica de un estado a la deriva. Y Rosell aprovecha esa creencia infundada para, interesadamente, defender una tesis de la que sólo recita el enunciado y nunca el fundamento.

Cuando la patronal pide adelgazar la administración, lo que está pidiendo en realidad es que ésta renuncie a prestar los servicios más básicos a la población para que pueda hacerlo el sector privado con el correspondiente margen de beneficio. Si le sobra empleo público es porque sabe que quienes lo ocupan tienen, entre otras funciones, la de controlarlos a ellos especialmente cuando son contratados por la propia administración.

Rosell sabe perfectamente que debilitar a la administración es restar leyes a esa jungla que llamamos los mercados. La administración le sobra a la patronal porque le impone normas que la obligan a cumplir con un mínimo de obligaciones sociales, a devolver a esa sociedad una parte de lo que toma de ella. Pero al capital eso de compartir es algo que le escuece amargamente.

Si su tesis es apoyada, si la gente caemos en la trampa y le damos la razón, si nos decantamos por restaurar nuestro orgullo herido sin pensar en sus consecuencias, no dudemos que pasaremos a formar parte del grupo de los depredados en la pirámide alimenticia del neoliberalismo y que ese día, o hemos aprendido a comer orgullo o moriremos de hambre.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Terribas for President

La verdad es que no he acabado de entender aún la polémica sobre los cara a cara de Mas y Montilla. El socialista pedía dos: uno en castellano y otro en catalán. El convergente no quería debate en castellano. Y yo me pregunto: en una sociedad tan plural como la catalana, ¿no podría hacerse un debate en el que cada cual hablase el idioma en el que se sientera más cómodo?

En todo caso, si ellos o sus directores de campaña hubiesen tenido el suficiente sentido común como para llegar a tal acuerdo, nos habríamos perdido la ocasión de ver a las dos personas que se perfilan como futuribles presidentes de Catalunya discutiendo al más puro estilo patio de colegio al final de un debate electoral con el resto de candidatos y la única candidata de los partidos con representación en el Parlament.

Montilla se marca un farol y Mas le contesta que para chulo él para ver si se arruga. Para acabarlo de arreglar, Josep Cuní se dedica a azuzar la contienda y, como el niño malo de turno, con sonrisita maliciosa incluida, llama a la directora y se queda de espectador de excepción.

Pero ésta no era otra que Mónica Terribas quien, después de que su cara demostrase una y otra vez la incredulidad ante la escena en la que se estaba viendo involucrada, acabó por pronunciar un magistral "vinga, descanseu" que denotó mucha más racionabilidad que la de los dos gallitos en contienda. Lo que no entiendo es porqué aún hay quien va preguntando por ahí quién ganó el debate. Para mí está clarísimo a pesar de no haberlo visto: ganó Mónica Terribas que fue quien habló menos, pero lo hizo la última y mejor.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Una campaña electosexual

Hace ya algún tiempo que dediqué un post a hablar de mi percepción sobre los excesos eróticos de la publicidad. Como ya dije entonces, es más que posible que fuese mi mente la que hiciese lecturas incorrectas al respecto. Y debo seguir igual de salido, porque tampoco entiendo que una campaña electoral se tenga que convertir en un concurso de vídeos insinuantes.

Por un lado salió Montserrat Nebrera autotitulando su spot como "el vídeo porno de Montse Nebrera". Sin entrar en el contenido, puedo llegar a entender que, dado que el tiempo televisivo de la campaña se reparte en función de la representación que se ostenta en el Parlament y ella no tiene ninguna, se haya visto obligada a llamar la atención de alguna manera para que la gente acabe viendo su publicidad.

No es el caso del PSC. Ellos son los segundos en cuota de pantalla electoral y, por lo tanto, no habrían requerido que su marca joven editase un vídeo que, seguramente, si hubiese estado firmado por el PP habría sido considerado sexista. De hecho, yo casi me atrevería a decir que sexista y de mal gusto, porque me cuesta pensar que sean muchas las mujeres jóvenes a las que José Montilla les despierte la líbido, aunque en eso también puedo equivocarme.

Es triste que ni en uno ni en otro nos acaben de explicar absolutamente nada de lo que proponen a quienes deberíamos ir a votar el día 28 de noviembre. Más triste aún es que sea todo lo que se les haya ocurrido para incitar a la participación después de haber encargado estudios tras la alta abstención de los últimos comicios autonómicos. Pero lo más triste de todo sería que resultasen efectivos y que la gente se movilizase más por la expectativa de un orgasmo que por la responsabilidad de decidir nuestro futuro gobierno.

Visto así el tema, no me extraña que haya que cambiar los Barça-Madrid de día para asegurar la participación. Realmente nuestra clase política debe estar bastante poco satisfecha con ella misma para pensar que nos va a costar tanto ir a votar. ¿porqué será?

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Una Papada más

Hay cosas que uno piensa pero que no comenta por miedo al ridículo. La verdad es que si alguien sigue mi blog sabrá ya de la indiferencia que despertó en mí la reciente visita del Papa a España pero, como que hacia el medidodía del domingo era difícil ver cualquier otra cosa en televisión, me sorprendí viendo la escenita en que, después de que el Santo Pontífice enguarrase el altar de aceite, una abnegadas religiosas se dedicaban a limpiarlo y poner la mesa.

La verdad es que me sonó a una escena de lo más machista, pero me guardé la observación e intenté justificarla por su marco litúrgico. La iglesia católica, de hecho, no se caracteriza precisamente por su militancia en pro de la igualdad de géneros, pero si unas mujeres desean asumirlo así, son libres de hacerlo.

Visto así, que después saliesen voces críticas con el ritual generó una especie de división en mi propia opinión que amenazaba con llevarme a la esquizofrenia si no hubiese sido por las declaraciones de una de las protagonistas.

Resultó ser que una de las monjas que participó en aquel acto declaró haber limpiado el altar con mucho orgullo. Hasta ahí me hizo decantarme por la libertad individual de elgir el rol que se desee, sin que nadie deba imponerle otro porque sea más políticamente correcto o socialmente deseable. Sin embargo, no se conformó con acabar ahí el comentario y aseguró que todo hombre debería sentirse feliz de ver a su mujer limpiando.

Y ahí se acabó mi dilema. Definitivamente, si desde la iglesia se entiende así, estamos hablando de un órgano retrógrado y nocivo para el avance de una sociedad que no puede permitirse el lujo de renunciar a todo lo que puede aportar la mitad de ella más allá de los servicios de limpieza.

Tomar los hábitos es una decisión personal muy respetable, pero interntar desde ellos lanzar mensajes de servilismo a las mujeres no es más que una muestra de cómo de claro tiene la iglesia católica que la única forma de garantizar su egemonía en nuestra sociedad es la de evitar que ésta progrese y, como sabe que para el progreso social se hace indispensable la participación activa de las mujeres, las invita a convertirse en humildes sirvientes de unos maridos que, además, deberían sentirse felices de estar casados con la mujer de la limpieza.

Luego a alguien le extrañará que a mí me importen un pepino las visitas papales...

martes, 16 de noviembre de 2010

¿Pero Dios paga impuestos?

Esquerra Republicana de Catalunya invita a ser valientes en su campaña electoral. Lo que parece ser que el señor Puigcercós no entiende es que entre la valentía y la temeridad hay una delgada línea que no conviene traspasar.

Yo siempre he sido partidario de buscar más las alianzas por la vía de las cosas que compartimos que las distancias por lo que nos distingue, pero considero razonable que quien quiera argumentar la conveniencia de una independencia defienda ser diferente a aquellos de quienes desea independizarse. No obstante, una cosa es pretender ser diferente y otra es acusar a toda una comunidad autónoma de eludir sus obligaciones fiscales.

No dudo que Puigcercós disponga de números que acrediten que la balanza fiscal catalana con el resto del estado sea más desfavorable que la andaluza. No voy a entrar en consideraciones de si eso es significativo o no de algo, pero insinuar que se debe a que el esfuerzo de hacienda en Catalunya es superior al de Andalucía es tanto como recuperar un tópico rancio y convertirlo en argumento político.

No sé cual es el objetivo de la gente de Esquerra al hacer tales afirmaciones pero igual sí que consigue dar argumentos para la catalanofobia del resto de comunidades de la que tan a menudo se quejan y dudo mucho que eso le convenga a nadie en la práctica.

Señor Puigcercós: ignoro quién paga impuestos aquí o allí pero creo saber que Dios, precisamente Dios, no los paga ni en un sitio ni en el otro.

martes, 9 de noviembre de 2010

xenofobia electoralista

Un numeroso grupo de entidades civiles catalanas ha pedido en un manifiesto al Parlament que actúe contra los discursos xenófobos que prevén que algunos partidos políticos esgriman como argumento electoralista de cara a las autonómicas del 28 de noviembre. No me cabe duda que lo hacen con la mejor de las intenciones, pero creo que se equivocan.

Pedirle a los partidos que no usen una de las armas más efectivas que tienen (para algunos la única) simplemente porque no es ética, vendría a ser como pedirle a un camello que no venda droga porque es inmoral. Si alguien pretendiese erradicar el tráfico de drogas por esa vía, estaría tan condenado al fracaso como lo están dichas entidades en su pretensión.

Para controlar las drogas hay que perseguir y encarcelar a quienes trafican con ellas y educar a la ciudadanía para que entienda que su consumo no aporta nada positivo. Con el racismo y la xenofobia hay que actuar, más o menos, de la misma manera.

Por un lado, me cuesta entender que tengamos una ley de partidos que permita ilegalizar algunos por el hecho de no condenar el terrorismo y que, en cambio, permita que otros se constituyan con la apología del odio hacia los diferentes como único argumento. Quizá alguna que otra "plataforma ciudadana" merecería ser ilegalizada.

Por otro, lo que las entidades deberían exigir y en lo que deberían corresponsabilizarse sería en un trabajo a más largo plazo que permitiese que la relación ciudadana con la inmigración fuese tan asumida por la población que dejase de tener un rédito electoral su utilización demagógica. De hecho, estoy convencido de que no soy el único que puede llegar a agradecer que alguna formaciones manifiesten su punto de vista al respecto para poder acabar de tener argumentos para no votarlas.

En definitiva, dudo mucho que ni el Parlament de Catalunya consiga eliminar los discursos xenófobos más refinados si no conseguimos entre todo el mundo crear la conciencia de que ese no es un camino que nos lleve a nada positivo. Los partidos son un reflejo de nuestra sociedad, pretender que cambien ellos sin que cambiemos nosotros es como pedirle peras al olmo.

sábado, 6 de noviembre de 2010

¿Me siento seguro?

En una reciente conversación, un director de oficina de una caja de ahorros al que tengo mucho aprecio me confesaba su sorpresa porque algunos de sus clientes habían preferido hacer depósitos a un interés del 4% a suscribir bonos de la Generalitat de Catalunya al 4,75% porque consideraban más seguro lo primero que lo segundo.

La verdad es que, planteado racionalmente, a mí también me resulta curioso que alguien considere más arriesgada la deuda pública que un depósito en una entidad de crédito, puesto que si el gobierno de la Generalitat dejase de tener capacidad para hacer frente al pago de su deuda indicaría una situación lo suficientemente grave como para que el hecho de recuperar o no lo invertido en un bono resultase una anécdota.

Sin embargo, el miedo y la seguridad son cuestiones que tienen más que ver con las sensaciones que con el razonamiento lógico y ahí la administración y en especial sus dirigentes tienen la batalla perdida. Viendo como se gestionan a nivel global las crisis financieras, la sensación que tenemos buena parte de la población es de que los gobiernos son juguetes en manos de las entidades financieras o instrumentos de éstas para garantizar su propia supervivencia.

Por otro lado, cuando un veintinueve de octubre un titular en La Vanguardia anuncia la confianza de un gobierno en que se mantenga la creación de empleo hasta fin de año después de ver los datos de la encuesta de población activa del segundo trimestre y, cinco días más tarde, el mismo diario encabeza un artículo con la subida del paro en el mes de octubre, todo ello después de haber anunciado montones de brotes verdes que nunca florecieron, la otra sensación imperante es que, en materia económica, nuestra clase política va más perdida que un capitán sin brújula en una noche nublada.

La verdad es que visto así resulta mucho más razonable que alguien se atreva antes en confiar sus ahorros a quienes tienen la capacidad de generar crisis que a quienes son incapaces de gestionarlas. Aún así espero que las sensaciones nos engañen y que, aunque a estas alturas no se me ocurre mucho cómo, la lógica se acabe imponiendo a pesar de los despropósitos de quienes nos gobiernan para que las riendas de nuestros destinos no acaben en manos de cajas de ahorros fusionadas entre ellas y fagocitadas por grandes corporaciones bancarias.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Pervirtiendo el sistema

Espero que alguien desmienta todo el argumentario que voy a usar a continuación porque, de lo contrario, me sulfuraré definitivamente en contra de quienes mi querida prima Gabi trató de "pijos yendo a hacer de buenas personas mientras se lo pasan bien de viajecito por África".

No volveré a repetir mi opinión sobre si se deben o no pagar rescates a terroristas por parte de un estado, pero sí voy a expresar mi enojo porque encima, una de esas personas que fue rescatada con cargo a los presupuestos (los reservados, supongo) del estado haya decidido ahora solicitar una indemnización al propio estado como víctima del terrorismo.

Lo voy a criticar porque dudo que ese sea el espíritu del que emana la legislación al respecto. Puedo entender que se promulguen leyes para que a un estado se le puedan exigir responsabilidades subsidiarias por los delitos relacionados con los conflictos terroristas que no haya tenido capacidad de gestionar satisfactoriamente.

No entiendo, en cambio, que si un grupo de personas con la mejor de las intenciones decide adentrarse en un país en el que se sabe que existe un conflicto bélico, político o terrorista sobre el que nuestro gobierno tiene poca o ninguna capacidad de influencia, se pueda exigir a éste que se haga cargo de indemnizar a quien, en su momento, decide asumir el riesgo.

El segundo de estos planteamientos se me antoja una perversión del sistema muy parecida a muchas otras de aquellas que se dan en nuestra sociedad mediterránea en la que pesan mucho más los derechos individuales que las responsabilidades colectivas.

El concepto de papá estado protector y todopoderoso debería empezar a borrarse ya de nuestros subconscientes. La madurez de las personas exige un alto nivel de responsabilidad sobre los propios actos y, por ende, la capacidad para asumir sus consecuencias, sean positiva o negativas.

Así las cosas y viendo que Albert Vilalta ni necesita ni quiere la indemnización que se podría derivar de su reconocimiento como víctima del terrorismo sólo se me ocurren dos motivos que pueden justificar su pretensión: o es demasiado inmaduro para el cargo que ostenta o posee un afán de protagonismo patológico.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Desde Pucela con pasión

Yo pensaba ignorar el asunto por aquello que tantas veces me ha repetido mi madre de "a palabras necias, oídos sordos". Sin embargo Aurora me ha pedido que escriba una opinión al respecto y no quisiera defraudarla porque, entre otras cosas, si voy decepcionando a la escasa audiencia de mi blog, mejor que me plantee eliminarlo. Me estoy refiriendo a las declaraciones del alcalde de Valladolid sobre Leyre Pajín, al respecto de las cuales considero que la actitud más sensata sería la indiferencia y no la crítica.

Y es que la crítica debe de ser lo que él espera cuando conviertió en declaraciones públicas unas palabras que podrían haber provocado risotadas en una cena de amigotes regada con un buen vino y acabada con copa y puro. León de la Riva debía saber perfectamente que aquellas personas entre las que no goza de simpatías lo criticarían por maleducado y por machista (yo por ahí tengo mis dudas. ¿Será porque soy igual de machista o porque mis amigas son tan liberales como yo?) pero sabe que esas mismas críticas lo harán más fuerte entre su gente.

De hecho, estoy convencido de que el individuo en cuestión ha presumido ya de valiente y de sincero, y que ha tachado a quienes lo critican de pseudoprogres hipócritas que dicen defender las libertades pero coartan la de expresión cuando no les interesa, llegando hasta el punto de obligarle a disculparse, lo que se supondría que debería honrarle.

Incluso si no fuese así, si estuviese yo suponiéndole al tal León más inteligencia de la que tiene y tuviese menos educación de la que le supongo siendo esa combinación el origen de sus declaraciones, saltar sobre él impulsivamente le daría la oportunidad de tener un protagonismo que no se merece.

Digo yo que tal vez va siendo hora de darle la popularidad a quien se la merece y no a quien la busca a cualquier precio. Estoy convencido de que hace quince días el porcentaje de población española que conocía el nombre o la cara del alcalde de Valladolid era sensiblemente inferior al actual. ¿Qué méritos ha hecho el edil en cuestión para conseguir ese efecto? Unas declaraciones de lo más groseras desde Pucela con pasión.

martes, 26 de octubre de 2010

Con el toro por los cuernos

Antes de empezar la argumentación de este escrito quiero advertir a la mayoría de rojillos y rojillas que con cierta frecuencia visitan mi blog de que su contenido podría herir su sensibilidad. Hoy voy a darle una patada a los principios marxistas y a cargarme de golpe la lucha de clases como quien no quiere la cosa, o tal vez no.

Las cifras del paro son cada vez más espectaculares. El drama de las familias que tienen cada vez más serios problemas para afrontar su día a día empieza ya a ser un argumento cotidiano en los reportajes. En ocasiones da la sensación de que la clase trabajadora es la única víctima de esta situación y que la culpa de todo hay que buscarla entre un empresariado que casi parece disfrutar maltratando a su personal.

El papel de un empresario déspota cuyo único objetivo es la marginación de la clase trabajadora ha llegado incluso a ser caricaturizado en algún vídeo que pretendía invitar a la huelga general del 29-S. Parece ser que resulta sumamente sencillo manejar una empresa y que si éstas acaban hundiéndose es a causa, casi exclusivamente, o de la ineptitud de quienes las dirigen o de su ambición desmesurada, que les lleva a desmantelarla antes de que pueda afectarles personalmente.

No voy a afirmar ni a desmentir tal punto de vista, pero sí voy a manifestar mi sorpresa por el hecho de que ante tal panorama no abunden las soluciones al estilo de Planchistería Bergadana. Me extraña que no hayan más grupos de trabajadores y trabajadoras que decidan, ante el cierre de su empresa, coger el toro por los cuernos y gestionarla directamente.

Seguramente una empresa gobernada por su personal cambiaría la escala de valores de ésta y, en consecuencia, resultaría mucho más justa desde un punto de vista social. Llegados a tal extremo tal vez serían empresas dispuestas a sacrificar beneficios para garantizar empleo y condiciones de trabajo y, por lo tanto, podrían convertirse en una verdadera alternativa al planteamiento dualista tradicional del empresariado como opuesto a la clase trabajadora.

De verdad que me cuesta entender porqué las plantillas al completo de empresas que están con el agua al cuello no deciden invertir sus indemnizaciones para hacerse cargo del negocio y así salvar el puesto de trabajo al que han dedicado los mejores años de sus vidas. No obstante, se me ocurren dos explicaciones. Una romántica pero poco creíble: quizás la conciencia de clase esté tan arraigada que no quepa en la mente de nadie compartir el rol de empresario con el de trabajador. La otra más simplista: quizás lo de dirigir empresas no sea tan sencillo.

Aún así, me gustaría soñar con un futuro en el que el accionariado de las empresas fuese su propio personal y en el que, por una vez, todo el mundo entendiese que el bien de la empresa es el bien común. Si eso pasa algún día, la lucha de clases habrá acabado, aunque la duda será quién la habrá ganado.

domingo, 24 de octubre de 2010

Y así nos va

Afortunadamente son quienes entienden y no los sindicatos quienes han rebatido contundentemente la teoría de Díaz Ferrán que, a pesar de ser ya un presidente moribundo, ha decidido dar sus últimos coletazos demostrando sus cualidades como director de empresas al recomendar que se trabaje más horas por menos dinero.

Si alguien de la cúpula sindical hubiese dicho que quienes proponen tales cosas no tienen ni idea de lo que hablan, todo habría parecido una estéril disputa más pero, como ha sido dicho por una psicóloga en la inauguración de un congreso sobre racionalización de horarios, es evidente que, lo que todos pensábamos es cierto al menos en esta ocasión: Díaz Ferrán no tiene ni idea de lo que habla.

Parece ser que en la misma ponencia se argumentó dicha afirmación y se dieron ejemplos de cómo la conciliación de la vida familiar y laboral, la adecuada organización del trabajo con distribuciones racionales de cargas y cometidos claros y explícitos para el personal y una correcta selección de las personas para cada uno de los cargos, son las mejores medidas para ganar en productividad reduciendo incluso el tiempo de presencia en el trabajo.

Claro que, para eso, quienes mandan tienen que dedicar esfuerzos, aunque sea mentales y, además, tendrían que tener idea de lo que hablan. Lamentablemete, no siempre es así y así nos va.

martes, 19 de octubre de 2010

El plato que se sirve frío

Sin tener mucha idea de ello, lo que está pasando en Can Barça me suena más a revancha personal que a cualquier otra cosa. No tengo ni idea de cuáles son los aspectos concretos que le parecen a Rosell dignos de denuncia, pero dudo que sean algo inhabitual el las presidencias de los clubes de fútbol. Estoy bastante seguro de que el maquillaje en los números de Laporta existieron pero, si eso fuese motivo para denunciar a un expresidente de club de fútbol, dudo que quedase alguno en este país por enjuiciar.

La verdad es que desconozco si es cierto que se hicieron gastos abusivos a cuenta de tarjetas de crédito del propio Barcelona pero, en todo caso, el hecho de que la actual Junta Directiva haya decidido interponer una demanda civil y no penal me lleva a pensar que excesivos o no, no deben considerarse fraudulentos.

Nunca sabremos qué pasó hace años entre Rosell y Laporta, pero seguro que dejó huella. Seguramente Sandro tendrá motivos suficientes para desear vengarse de Joan impidiéndole triunfar en su carrera política pero, aunque eso pueda ser humanamente justificable, no creo que el prestigio de un club deba ponerse en juego por un ajuste de cuentas entre dos excompañeros de junta.

Mi opinión en este caso más que en otros, no tiene ningún valor. No soy culé, el fútbol me interesa lo justo, Laporta no me cae bien y sobre Rosell no me he entretenido siquiera a formarme una opinión. Aún así creo firmemente que estaría bien que el actual presidente del Barça se esforzase en vengarse de su antecesor de la mejor manera en que puede hacerlo el máximo responsable de una entidad: gestionándola mejor y alcanzando metas mayores. Está claro que lo tiene difícil pero, si no se cree capaz de hacerlo, tal vez no debería haberse presentado a la elección.

lunes, 18 de octubre de 2010

Preguntas retóricas

Más de una persona me preguntaba hace poco más de quince días si los piquetes eran una manera justa de exigir el derecho a la huelga por parte de los sindicatos en España. Evidentemente era una pregunta retórica cuya respuesta se reducía a un monosílabo seguido de un "pero" y todas las explicaciones que se ocurriesen sobre la marcha. Hoy, sin embargo, me veo capacitado para contestar a la gallega, utilizando otra pregunta: ¿Porqué en Francia se jubilan a los 60 años?

No espero respuesta, porque ya la sé. A dos días de que el senado francés decida aprobar o no la modificación de su sistema de pensiones, el gobierno de Sarkozy tiene delante un conflicto que deja en menos que chiste cualquiera de los incidentes que se dieron en España durante el 29-S. Pero además, en Francia, el 71% de la población apoya la reivindicación.

Mi idea no es ni defender ni criticar los métodos pero sí remarcar un hecho: aquí, después de criticar a los sindicatos primero por débiles y luego por brutos, en el mejor de los casos, podremos seguir jubilándonos a los 65. Allí, creyendo a pies juntillas en que la única batalla perdida de antemano es aquella que no se libra y en el peor de los casos, se jubilarán a los 62.

viernes, 15 de octubre de 2010

Lo bueno y lo malo del bono

A mí no me parece tan mala idea eso de que la Generalitat emita bonos para tener liquidez. En un momento en que la actividad económica es casi nula en gran parte por problemas de financiación, la administración piden a los particulares que parte del dinero que algunos de ellos puedan tener ahorrado en entidades financieras lo inviertan en lo público. Con ello, ese dinero que no se está usando más que para la especular y convertir los gráficos de las bolsas en montañas rusas, se pone en circulación y la Generalitat puede hacer frente a unos pagos que, de otra manera, tendría difícil.

Si eso funciona así, no sólo el personal de la administración como nos quieren hacer pensar algunas fuentes, también las empresas proveedoras de bienes y servicios podrán cobrar lo que se les adeuda, lo que les permitirá seguir trabajando y generando riqueza. Si esa riqueza ayuda a reanimar la actividad económica, la administración podrá recuperar la inversión por la vía impositiva y así abonar el capital y los intereses. Estos últimos, por su parte, serán objetos de la deducción correspondiente, con lo que el tipo real que habrá pagado la administración será menor en la práctica que en la teoría.

La alternativa a esto es la práctica hasta ahora habitual. Se pide un préstamo a una entidad financiera que presta el dinero de los particulares (porque no es suyo, evidentemente) y exige a cambio un interés que ni está sujeto a tasas ni revierte en quienes de verdad son propietarios de ese dinero.

Si funcionase así, que nos pidan la financiación directamente a la gente podría ahorrarle dinero a todo el mundo. Justamente el dinero que normalmente acaban embolsándose las entidades financieras esas que han ayudado tanto a que estemos donde estamos y que no dudan en recurrir a los recursos públicos cuando la han liado parda.

Lo malo de esto es que serán esas mismas entidades quienes gestionen todo el proceso, no vaya a ser que se sintiesen amenazadas al no sacar tajada del asunto. Así, podrán acabar cobrando comisiones de los dos bandos y acabar adjudicándose los mismos beneficios sin ni siquiera correr riesgos.

Es exactamente lo que debe estar pasando con los créditos oficiales. Como los bancos y las cajas acaban siendo quienes los gestionan, derivan hacia sus propias líneas de negocio aquello que pueda ser rentable y dejan para el estado lo que difícilmente lo sea, si es que dejan algo. Al final, quienes de veras lo necesitan no tienen financiación y el dinero público no sirve para lo que debería.

Y lo peor es que esto se les haya ocurrido justo cuando están con el agua al cuello y tengan que hacerlo como último recurso. Tal vez estaría bien aprender la lección y concluir que las entidades de ahorro privadas acaban siendo más un obstáculo que una erramienta y que, por lo tanto, más que tender a la privatización de las cajas de ahorro convendría caminar hacia la financiación pública; una forma de gestión del ahorro de las personas cuyo objetivo fuese más el beneficio social que esa artificial rentabilidad financiera que sólo sirve para facilitar las más injustas distribuciones de la riqueza.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Reality Rescue Show

Tengo que felicitar al presidente chileno o, muy posiblemente, a su gabinete presidencial por su capacidad para convertir lo que podría haber sido una fuente de críticas que complicasen su acción de gobierno en la mejor campaña publicitaria posible sobre su capacidad para dirigir el país. Lo ha hecho convirtiendo el rescate de 33 mineros sepultados en una mina en un culebrón televisado sólo comparable con el Gran Hermano y que ha sido difundido en los cinco continentes.

No dudo que el presidente Piñera y su ejecutivo hayan hecho todo lo debido para facilitar el rescate, pero además han sabido convertir el tema en un reality show al que no le ha faltado de todo. Hasta las cifras las han aprovechado para darle un cariz más espectacular, al recordar que han sido rescatados el 13/10/10, cuya suma da exactamente el número de personas rescatadas. Lo único que les falta por subrayar es que el número de días que han estado encerrados no ha sido otro que 69, con sus connotaciones eróticas incluidas.

La salida de los mineros uno a uno, con sus historias personales y sus celebraciones espontáneas han hecho las delicias del público y ni siquiera se han ahorrado el invitado especial que le diese notoriedad al evento: Evo Morales, el presidente de Bolivia.

Sinceramente, no tengo ni la información ni la formación debidas para hacer un juicio respecto a las responsabilidades del apresamiento de los mineros o la gestión posterior de la situación. En estos aspectos, muchas veces, el resultado es lo que cuenta y, si no se tuerce muy a última hora, éste acabará siendo bueno.

Así las cosas, simplemente puedo eso, felicitar a quienes han tenido la habilidad suficiente para que no tan sólo nadie pueda plantearse la responsabilidad gubernamental al respecto, sinó que han mandado a su presidente al estrellato y de paso, seguramente, le han dado material más que sobrado a algún guionista afincado en Hollywood.

sábado, 9 de octubre de 2010

El burro grande, ande o no ande

Unas cuantas horas del tercer día al volante por las autovías de España a principios de julio, después de haber pasado una tarde en Córdoba a 40ºC a la sombra, con el niño viendo películas detrás, el perro roncando en el maletero y la mujer haciendo lo propio a mi lado, es un escenario perfecto para ver visiones en plena carretera. Un poco por eso y otro poco porque no fui capaz de hacer la pregunta adecuada a San Google y, en consecuencia, no encontré respuesta, llegué a la conclusión de que lo que había visto en plena A-2 a la altura del pueblo del Carpio había sido una alucinación.

Sin embargo ayer apareció en no sé qué programa de TV3 para demostrarme que mi demencia no es tan seria como pensaba. Después de corroborarlo por vía internáutica puedo asegurar que aquella estampa de burro catalán que se me apareció en plena provincia de Córdoba no respondía a mi deseo de que el viaje empezase a llegar a su fin para sentirme en casa.

Resulta que es la invención de un tal  Fernando Sánchez que decidió imitar al toro de Osborne para la noche en blanco de Madrid 2009 y supongo que no se le ocurrió una idea más provocativa (dicen que el arte debe serlo) que plantar un burro de 17 metros en plena puerta de la estación de Atocha. No sólo parece ser que nadie se escandalizó ni decidió ultrajarlo al modo en que aquí se propone con el considerado símbolo nacional español, sino que además hubieron municipios que pujaron por convertirse en el lugar que luzca permanentemente la obra.

Y allí está, en plena A-4 para disfrute o sorpresa de quienes pasen por allí. Nadie parece haber decidido desatornillarlo, nadie parece haber decidido hacerlo objeto de sus pintadas y nadie parece haber puesto el grito en el cielo porque el teórico símbolo nacional catalán adorne una carretera estatal. Declinaré hacer ninguna valoración al respecto, pero invito a cada cual a hacer la suya. Por cierto, el título de la obra puede ser ilustrativo: Burro Grande.

viernes, 8 de octubre de 2010

Los peligros de la privatización

Cuando gente como yo advertimos de los riesgos de la privatización de los servicios públicos se tiende a desacreditarnos alegando que lo decimos en un acto de corporativismo funcionarial o de rojismo efervescente. No sé si por suerte o por desgracia, la realidad es aún más tozuda que nosotros y viene a reconocer la razón a quien la tiene.

Un informe del Senado de EEUU advierte de que la contratación de seguridad privada en Afganistán por parte del Pentágono ha generado una cascada de subcontrataciones que ha acabado haciendo que los beneficiarios finales pudiesen ser los propios talibanes. Seguramente alguien defenderá que aquí las cosas son diferentes, pero en realidad no lo son tanto y cada vez lo serán menos.

No sé si algún día la seguridad llegará a ser objeto de "externalización" en Europa, pero otros muchos servicios esenciales lo son y lo serán cada vez más dada la última fiebre por disminuir los presupuestos públicos. Si a ello le unimos la moda de prometer reducciones de personal en las administraciones, se eliminará la capacidad para ejercer la tutela de quienes presten tales servicios.

El resultado final es fácil de imaginar: ese dinero que ahora se pide que se ahorre irá a parar a quienes piden tal cosa a cambio de que quien lo necesita no tenga ni el dinero ni el servicio. Seguramente quienes se beneficiarán no serán talibanes, pero sí habremos perdido la batalla contra un peligroso modo de terrorismo global, el terrorismo económico.

jueves, 7 de octubre de 2010

Declinando invitaciones

En el fondo lo lamento porque, seguramente, quienes me han invitado a movilizarme vía facebook contra la visita del Papa tenían otro concepto de mí pero, aún así, voy a declinar su invitación. Pero no lo voy a hacer porque profese ningún especial respeto hacia el señor Ratzinger, ni hacia el cargo que ostenta, ni mucho menos contra la institución a la que representa, sino sobretodo porque odio la hipocresia y amo la tolerancia.

Digo lo primero porque resulta que el argumento esgrimido por quienes hayan iniciado la campaña es el económico, al anunciar que no quieren que dicha visita se financie con nuestros impuestos. Pero resulta que luego dicen estar en contacto con todo tipo de entidades que en sus nombres incluyen términos como ateos o laicos. Por lo tanto, si les molesta la visita del Papa por cuestiones ideológicas deberían anunciarlo abiertamente y no recurrir a tapaderas demagógicas que suenan a indiscutibles.

Digo suenan porque desde mi humilde punto de vista son plenamente discutibles. No sé al detalle cómo se van a repartir los gastos de la visita pero estoy convencido de que por parte de la administración no habrá mucho más gasto que el que pudo haber durante la visita de la familia de Obama a Marbella y no recuerdo que nadie me invitase a movilizarse en su contra.

Justo por esto último apelo a la tolerancia. En alguna otra ocasión ya he expresado mi postura hacia la religión en general y hacia la iglesia católica en particular y, por lo tanto, no creo que se pueda interpretar que escribo esto desde una perspectiva beata. Yo tampoco lo espero, pero considero que la visita del Papa es la de un jefe de estado y la del máximo representante de una de las religiones más practicadas en el mundo y eso, se comparta o no, merece ser tan respetado como si quien nos visitase fuese el Dalai Lama.

Creo fielmente que el estado debe ser laico, es decir, que no debe regirse desde los preceptos de ninguna religión, pero creo que es igualmente necesario que el estado se comporte respetuosamente con todas las religiones del mundo y que, en consecuencia, trate a las personalidades que las representen como corresponde a cualquier personalidad pública.

Si alguien iniciase un movimiento contra la visita de un imán chií o un califa suní seguramente sería tachado rápidamente de cualquier cosa poco agradable. No creo que la religión mayoritaria en nuestro medio deba ser mejor tratada por el simple hecho de su mayoría, pero sí creo que merece al menos el mismo trato. El estado, insisto, puede y debe ser laico, pero a una sociedad no se le puede imponer ni el laicismo, ni el ateísmo, ni ninguna creencia que vaya ni más ni menos allá del respeto mutuo.
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