martes, 3 de octubre de 2017

¿De qué tiene miedo, Sr. Sánchez?

Perdóneme, Sr. Pedro Sánchez, pero no le entiendo. No comprendo cómo puede constatar la ineptitud de Rajoy para gobernar y, acto seguido, pedirle que lo haga. No sólo eso, reunirse con él para hacerse cómplice.

No entiendo porqué tiene miedo de coger la mano tendida por el Sr. Iglesias (al que no profieso especial simpatía) para tomar las riendas de un estado que ya ha entrado en guerra en Catalunya.

¿Le escuece el Orgullo porque Podemos no le invistió presidente? ¿el mismo orgullo que impide a Rajoy hablar con Puigdemont y a la inversa? Debe ser el mismo que le llevó a enfrentarse a Díaz pero, si fue para esto, se lo podría haber tragado antes y, al menos, habríamos sabido todos de qué iba el cuento.

¿Teme que el nacionalismo catalán le gane la partida al suyo, al español? ¿Aún no se ha dado cuenta que ya lo está haciendo? ¿Le falta tanta inteligencia como para no comprender que a golpe de porra,a parte de cualquier consideración moral o democrática, los nacionalismos se alimentan y no se destruyen?

¡Ah! ¡No! Usted ha dicho condenar los porrazos e incluso tener alternativa. ¿Le falta valor para liderarla? ¿Hasta ahí llega su sentido de estado y su responsabilidad? ¿De verdad espera presidir el gobierno de España algún día? ¿De qué España? ¿De la que se está haciendo añicos inexorablemente? Si aún no ha sido capaz de recoser su partido ¿Cree que podrá hacerlo con todo el estado?

¿Qué pasa? ¿Hace cuentas electorales? Entonces, a parte de demostrar ser uno más en la mediocridad de nuestra clase política, ¿Quien espera que le vote en el futuro? ¿Los que están de acuerdo en enviar a la guardia civil dónde los políticos no llegan? Esos ya tienen al PP. ¿Los que confunden al PP con España? Para esos usted ya es el PP. ¿Los que aún creemos que alguien puede poner sentido común a este despropósito? Si espera que seamos esos, gáneselo dando un paso al frente. ¿No vé la oportunidad de resucitar el cadáver político de su partido si se convierte en el mediador que nos salve de esta catástrofe?

En Catalunya ya no hay un conflicto, Sr. Sánchez. En Catalunya hay una guerra. Los líderes actuales nos han llevado a ella y usted tiene en sus manos si no la paz (difícil por el momento), sí el armisticio que nos permita negociarla. Las víctimas que caigan por el camino tal vez no serán suyas, pero recaeran también sobre su conciencia.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Yo restaría 63 artículos

Advertencias:

Esta entrada es larga, pero su lectura incompleta puede llevar a conclusiones precipitadas. 

Está redactada desde la equidistancia expresada en la entrada en la entrada anterior de este mismo blog, por lo que puede herir la susceptibilidad de personas con un gran sentimiento nacionalista, especialmente si no se hace una lectura completa.

Para evitar el efecto expresado en el párrafo anterior he intentado no hacer uso de adjetivos e, incluso, hacer referencia, excepto en casos (casi) imprescindible a instituciones y no a partidos y, mucho menos a personas.

Introducción:

En Catalunya hay un conflicto (por si alguien lo dudaba). Análisis de motivos y reproches abundan por doquier, pero hasta ahora sólo han ayudado a agravar el conflicto. 

Propuestas de solución abstractas también hay alguna, pero el estado de ánimo de ciudadanía y gobernantes es de tal excitación que no se revierte con abstracciones. 

Por eso, me voy a atrever a proponer (desde mi humilde condición de ciudadano raso y sin ninguna esperanza de éxito) una solución (o al menos el camino hacia ella) concreta y alternativa a DUIs y artículos 155 de la constitución.

Hechos (casi) probados:

1. Tras años de reivindicaciones multitudinarias en Catalunya parece que, cuestiones ideológicas a parte, hay un punto en el que la gran mayoría de su población está de acuerdo: quieren que se les consulte respecto a su posible independencia.

2. El gobierno español, cuestiones ideológicas a parte, alega motivos legales para negar la consulta. El más importante: que la soberanía de España reside en el "pueblo español" y no en una parte de él. 

3. Ante esta disyuntiva, el gobierno de Catalunya decidió impulsar una consulta unilateral y vinculante que disgustó a su oposición, que criticó la decisión porque consideraban que cualquier consulta debía ser pactada con el gobierno español y con plenas garantías democráticas. 

4. El gobierno español y el resto de las instituciones (parlamento a parte) han hecho (casi) todos los movimientos posibles para impedir el referéndum, lo que imposibilitará que el 2 de octubre se conozca cuál es la opinión de la ciudadanía de Catalunya, pero mantendrá la confrontación y aumentará la crispación.

Premisas para una alternativa:

Así las cosas, técnicamente sólo es imaginable una alternativa a lo ya bautizado como choque de trenes si se cumplen las premisas siguientes:

1. Que se consulte a la población de Catalunya.

2. Que la consulta sea pactada y con garantías democráticas.

3. Que la consulta no cuestione la soberanía de la totalidad de la ciudadanía española.

4. Que el resultado no se pudiese interpretar como una victoria aplastante de ninguna de las partes en litigio sobre la otra para que ambas pudiesen aceptarla y presentarla a sus partidarios.

La alternativa propuesta:

En lugar de remitirnos a todos los artículos que los últimos días se han referido alrededor del conflicto en Catalunya (especialmente el 155), el presidente del gobierno español debería, tras negociarlo con las fuerzas catalanas, hacer uso del artículo 92 y someter a referéndum consultivo de toda la ciudadanía española la posible independencia de Catalunya.

Validación de la alternativa a las premisas previas:

1. Se habrá consultado a la población catalana y al día siguiente del referéndum se conocerá qué porcentaje de su ciudadanía la desea y cuál no.

2. La consulta habría sido negociada con el gobierno catalán.

3. No cuestionaría la soberanía de la ciudadanía española, puesto que toda ella habría participado y porque, tal como exige la constitución, el referéndum sería consultivo.

4. Ninguna de las partes podría atribuirse una victoria aplastante: los partidos que gobiernan en Catalunya habrían conseguido una consulta (votarem!) y además cumpliendo todas las garantías que pide su oposición y el que gobierna en España habría evitado el referéndum unilateral que se había comprometido a evitar (El 1 de octubre no habrá referéndum) y además con unas formas perfectamente democráticas que nadie podría cuestionar.

FAQ sobre la alternativa:

1. ¿Qué soluciona esa consulta?

No todo, pero es el camino a muchas cosas:

Por un lado, relaja los ánimos y esquiva un enfrentamiento inminente. 

Por otro lado permitiría conocer cuál es la situación de verdad, sin conjeturas, suposiciones o mayorías silenciosas en Catalunya.

Al día siguiente del referéndum no se habría solucionado nada y habría que hacer lo que se nos ha olvidado hacer: política. Pero el resultado del referéndum habría clarificado mucho las cosas. Los que tuviesen que negociar sabrían con exactitud la correlación de fuerzas en Catalunya y fuera y podrían, en consecuencia, negociar sabiendo a lo que realmente se exponen.

2. ¿Y si el gobierno catalán no lo acepta?

Me cuesta imaginar dicho escenario en el contexto actual. De no hacerlo estaría rechazando una negociación a la que ha dicho estar dispuesto "hasta el último minuto", se arriesgaría a perder el apoyo de buena parte de la base social al mantener una apuesta de dudosa legalidad existiendo una alternativa e incluso podría perder el prestigio internacional que se pueda haber ganado con la actitud de defensa democrática que ha alegado hasta ahora para mantener su posición.

No obstante, si no lo hiciese, el gobierno español siempre podría recurrir a las estrategias actuales (volver a saltarse 63 artículos), esta vez pudiendo alegar realmente que ha sido el catalán el que se ha cerrado a la negociación.

3. ¿ Y si el gobierno español no quiere?

Demostraría poca visión política y de estado (aunque sé que hay a quien no les sorprendería). En todo caso, actualmente el PP no está en mayoría y las fuerzas de la oposición, en mayor o menor grado, se van decantando por una solución que pasaría, tarde o temprano, por una consulta.

Aquí debería mojarse esa oposición que no defendió en el parlamento la actitud del PP e, incluso, plantear una moción de censura. Seguramente nadie querría asumir en la situación actual la presidencia del gobierno... a no ser que tuviese una alternativa con probabilidades de éxito para ofrecer, y ésta lo es.

Podría ser una oportunidad para algún partido en horas bajas en cuanto a popularidad e intención de voto (léase PSOE) convertirse de la noche a la mañana en la fuerza que soluciona "la mayor crisis democrática en España desde 1978" (o algo así le llaman).

4. ¿Aceptarían en Catalunya un referéndum no vinculante?

Yo creo que depende de cómo lo vendan PdCat, ERC y, sobretodo, ANC y Òmnium. 

Que un referéndum no sea vinculante legalmente no le resta vinculación política. En todo caso, la opción de que al día siguiente de la consulta, según el resultado, el gobierno catalán decretase una independencia unilateral siempre existiría, pero esta vez con datos para acreditar realmente si es la "voluntat d'un poble".

Epílogo:

Esto es todo lo que se me ocurre. Seguramente desde la ignorancia y la ingenuidad pero, eso sí, desde el espíritu constructivo, algo de lo que parece que hace tiempo que andamos escasos por estos lares.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Más equidistante que nunca

Desde que empezó a gestarse el conflicto de nacionalismos en Catalunya mi posición ha sido la misma, aunque aún haya quien considere que, los que están donde yo, no se han posicionado. 

Al principio se hacía difícil explicar cuál era esa posición, pero un día leí a Jordi Évole  hablando de equidistancia y lo compré porqué me pareció un matiz bastante distinto a la neutralidad, que puede confundirse con la indiferencia.

Lo que sí que ha cambiado en este tiempo son las fuerzas que me impulsan a mi posición. Mientras que en un principio era la falta de atracción hacia cualquiera de los bandos en conflicto, ahora es la repulsión. Y esa fuerza es mayor.

La falta de atracción es fácilmente reversible. Un pequeño empujón, un movimiento inercial o el acercamiento de cualquiera de las masas podía aproximarme a ellas. 

La repulsión, en cambio, es una fuerza infranqueable que hace que sólo alguien que ejerza presión constante en sentido opuesto puede vencer temporalmente pero que, a la que desaparece la presión, vuelve a impulsarte en sentido opuesto.

No es que falten las presiones (por mi ubicación geográfica y las características de mi red social, mayoritariamente para acercarme hacia el nacionalismo catalán) pero por ahora sólo han servido para constatar la gran intensidad de la repulsión que me mantiene en el centro.

Me produce repulsión que unos inventasen opresiones donde no existían y que otros decidiesen responder oprimiéndolos.

Me producen repulsión los gobernantes que deciden hacer las cosas porque les da la gana y los que deciden que no se hacen porque no les da la gana.

Me produce repulsión que unos y otros digan que lo hacen por el bien de todos cuando saben que de esto no puede salir nada bueno.

Me produce repulsión que unos, como el entrañable Rufián, sólo se olviden de hacer chascarrillos fáciles en el congreso cuando los detenidos son "sus amigos" y que los otros detengan a la gente porque no son son sus amigos. Especialmente porque yo quiero como a amigos a gente posicionada en ambos nacionalismos aunque no sea amigo de ninguno de los dos.

Me produce repulsión que unos envíen a la población civil a la calle para que exijan lo que ellos no saben defender en las cortes y que los otros, en lugar de trasladar la discusión allí, respondan con la Guardia Civil.

Me produce repulsión que unos y otros conviertan todo aquello que debería ayudarnos a entendernos en armas arrojadizas (las cortes, los medios de comunicación públicos e incluso los idiomas).

Me produce repulsión que unos prometan lo imposible y que otros hagan imposible lo que la mayoría demanda.

Me produce repulsión, tristeza y vergüenza ajena que unos y otros estén haciendo añicos el más valioso y escaso en nuestra historia de los patrimonios que tenemos: la convivencia pacífica independientemente de las ideologías y las coyunturas económicas y geopolíticas.

Y sobretodo, me produce repulsión que unos y otros lo hagan exclusivamente por su orgullo e interés propio, olvidando que desde el momento en que accedieron al cargo que ostentan dejaron de deberse a él para hacerlo a una ciudadanía que no es ni monolítica ni monocromática.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Carta abierta al Sr. Gabriel Rufián, candidato a diputado por ERC

Distinguido Sr. Rufián,

He considerado oportuno dirigirle estas líneas después de presenciar su intervención ayer en el debate electoral de la televisión pública catalana porque acabé con la impresión de que o usted o yo tenemos un malentendido que creo que vale la pena resolver.

Lo digo básicamente porque, si no estoy mal informado, usted es candidato para las próximas elecciones al Congreso de los Diputados por ERC. Creo saber que las elecciones autonómicas (plebiscitarias o no, como usted considere) se celebraron el pasado 27 de septiembre y que, por ende, su campaña tuvo lugar con anterioridad a esa fecha.

Si las afirmaciones contenidas en el párrafo anterior son correctas, no acabo de entender a qué se refiere en algunas de las aseveraciones que repite sistemáticamente. La primera de ellas es cuando dice que a "ustedes" ("nosotros" en sus palabras) los avalan dos millones de votos. Hasta donde yo conozco esa es la cifra aproximada de personas que apoyaron a las listas que defendían la secesión de Catalunya pero, si es a esas a las que se refiere, no entiendo que pueda considerarlas en exclusiva mérito del partido por el cual pretende adquirir un escaño en el congreso.

De esos dos millones de votos, una parte nada despreciable corresponden a la CUP, formación que no concurre a los presentes comicios y que incluso alguno de sus componentes relevantes ya ha manifestado que su voto  no iría a parar a ERC.

El resto tampoco creo que pueda apoderárselos tan gratuitamente, puesto que el partido al que usted representa se presentó a las autonómicas (plebiscitarias o no, como usted considere)  en coalición con otra fuerza que en esta ocasión ha buscado otras alianzas. De hecho en esa coalición también participaban, no sé si formal o informalmente, asociaciones civiles que muy posiblemente también tuvieron repercusión en los resultados (me refiero a ANC y Òmnium Cultural, como mínimo) y que no creo que hayan manifestado el apoyo concreto para su partido.

Así las cosas, Sr. Rufián, a falta de poder discernir cuál fue la verdadera intención de voto de cada persona y siendo muy optimista  hacia su formación, dudo que sea justo que se apunte más de la mitad del voto independentista, es decir, considerar que a usted lo avalan más allá de un millón de votos.

Por otro lado no entiendo su motivación para presentarse en estas elecciones. Usted apunta la inutilidad de intentar negociar nada con el estado español (creo que en otra clara confusión entre un estado y un partido que ha ostentado una mayoría absoluta en la última legislatura, pero eso ya es un juicio de valor) y que el camino para mejorar la situación en Catalunya es la declaración de independencia.

Dicha declaración de independencia, pues, no creo que deba realizarse en el Congreso de los Diputados. Si no hay negociación posible, tal vez deberían realizarla desde el "Palau de la Generalitat" y, por lo tanto, no entiendo la utilidad de dedicar tiempo y recursos a unos comicios que ni les van ni les vienen cuando ni tan sólo se ha conseguido la estabilidad política necesaria en Catalunya. Otras fuerzas, de las cuales usted parece capitalizar los votos, han sido bastante más coherentes en ese aspecto.

Lo último que quisiera compartir con usted ya entra en otro ámbito, el de la reflexión. Cada vez que usted apela al álgebra para defender que un 48% es más que un 39% creo que olvida que la sociedad no responde a ecuaciones matemáticas.

No voy a discutirle esos votos a los que usted denomina del sí/no, a pesar de que dos días antes de las elecciones autonómicas (plebiscitarias o no, como usted considere) tanto el líder de la coalición con la que usted simpatizó como el del partido por el que usted se presenta a estos comicios afirmaban cosas como que cualquier cosa que no fuese votarlos a ellos era votar en contra de la independencia o que votar a CSQP era como votar al PP. Sólo quiero hacerle una reflexión sobre el hipotético día siguiente.

Me refiero al día después de la posible declaración de independencia no pactada que usted considera única vía posible para mejorar la vida de la ciudadanía de Catalunya. Ese día habrá, según sus números, un 39% de descontentos y un 13% de escépticos, indecisos o espectantes, como prefiera, y se me ocurren dos posibles escenarios a medio plazo:

El primero es que sus augurios se confirmen y a los pocos meses tengamos esa idílica república catalana que usted defiende y que a veces parece que pueda adquirir como himno la canción del Kumbayá. En ese caso, dudo que nadie se queje y que, incluso, de forma explícita o no, buena parte del 52% de no votantes de la opción separatista cambie de bando.

Pero hay un segundo que considero que no es descabellado y consiste en que, al menos al corto y medio plazo, las cosas no salgan tan bien. Que las cuentas no cuadren como esperan cuando tengan que pagar la factura del ejército (propio o alquilado), de la agencia tributaria, de la seguridad social, del control aduanero, de la expedición de documentos, de la diplomacia, ... o que ante la presión de un estado español que no haya visto con buenos ojos la secesión catalana, esa república no sea reconocida por la mayoría de potencias y eso comporte problemas diplomáticos y comerciales que agraven la nada halagüeña situación actual.

En este segundo escenario, Sr. Rufián, es más que probable que los explícitamente partidarios del no se sientan legítimamente engañados y consideren que se les ha impuesto una situación que no beneficia a la ciudadanía de Catalunya más allá de algunos sentimientos patrios. Y los del sí/no, estoy convencido que ante dicha coyuntura se definirían rápidamente hacia la segunda opción. Incluso aquellos del sí que no provienen de un sentimiento patrio sino del pragmatismo, puede que cambien de opción. Todo ello creo que nos llevaría a una inestabilidad social de muy mal pronóstico y que estoy convencido que usted tampoco desea.

Sr. Rufián, estoy convencido de que sus compromisos de campaña no le permitirán leer este escrito, pero si encuentra un rato durante la jornada de reflexión me atrevo a invitarle a que, sin pretender en absoluto que cambie de objetivo, se plantee un ejercicio de coherencia con su condición de candidato a diputado y de bondad hacia sus conciudadanos y, en el más que probable caso de que sea elegido, se dirija usted a Madrid con la mejor de las actitudes de negociación con el resto de los que se conviertan en sus colegas. La política, Sr. Rufián, es eso, capacidad de negociar y llegar a acuerdos. Pretender imponer cosas amparándose en mayorías parlamentarias que no emanan de una mayoría de votos es más propio de otros a los que usted critica amargamente.

Muy cordialmente,

Ramón Martín Cabeza
Un elector más.




lunes, 24 de marzo de 2014

En ese sitio llamado España

Cuando Adolfo Suárez fue presidente del gobierno, mi idea de la política sólo alcanzaba para hacer pareados entre su frase más popular y el tren metropolitano. Hoy sigo siendo un inculto sobretodo en lo que a historia se refiere, pero la edad me ha dado experiencia y ésta criterio propio, por equivocado que sea. Por eso, en medio de la saturación que la noticia de su muerte ha producido en los medios, me atrevo a opinar que con él ha muerto uno de los dos gobernantes más inteligentes que ha tenido este sitio al que llaman España.

Sólo así se puede entender que fuese capaz de superar la división innata que parecemos tener grabada en el ADN quienes nacemos entre La Jonquera y Ayamonte para, ni que fuese por poco tiempo, conseguir que se construyese un proyecto común. Porque Españas siempre hay dos. Aunque sean muchas dos diferentes. En España eres de derechas o de izquierdas, de aquí o de allí, del Barça o del Madrid, de los míos o de los otros y, en consecuencia, estás conmigo o contra mí. Así se ha escrito nuestra historia, sin necesidad de enemigos para escribir tantos episodios bélicos como el que más.

Esa reducción irracional a la dualidad de los hispanos no es casual, sino una herramienta adaptativa extraordinaria que nos permite echar sobre la espalda del otro bando lo que más nos gusta echar a los nacidos aquí: la culpa.

La culpa es siempre muy socorrida y, si puede ser ajena, aún más. Ante la culpa sólo caben dos posibilidades: disculparse o exculparse. Lo primero hiere el orgullo (y de eso por aquí se anda sobrado) y para lo segundo se requiere "otro" a quien cargarle el muerto y si sólo hay un "otro" mejor, que así se puede convertir en enemigo y, por ende, culpable universal de todos los males.

La alternativa a la culpa es la responsabilidad. Esa sí que es solidaria y nadie se exime de ella por poco que le toque. Pero eso no va con los hispanos. Si los galos de Astérix y Obélix eran irreductibles, los hispanos de Mortadelo y Filemón éramos irresponsables, y lo seguimos siendo. Lo somos seguramente por vagancia, porque la responsabilidad nos obliga a aceptar que tenemos que hacer algo para mejorar las cosas, algo que con la culpa lo tienen que hacer "los otros" que a su vez culpan a los unos, con lo cual, los unos por los otros, la casa por barrer y no arreglamos nada.

Pues aún así, Suárez consiguió la cuadratura del círculo para que en ese sitio al que llaman España se aprobase un proyecto común, sí. La lástima es que al poco se dio cuenta de que no se hizo por un ataque de responsabilidad común ante el reto que se presentaba, sino por miedo. El miedo recíproco entre los fachas y los rojos, la iglesia y los laicos, los civiles y el ejército, los nacionalistas del centro y los periféricos, ... El miedo de todos, en realidad, a tener que hacerse responsable de lo que viniese. Por una vez todos se pusieron de acuerdo en algo: en dejar hacer a Suárez, que así podrían echarle la culpa por haber sido fascista, por dejar de serlo o por ambas cosas a la vez.

Así van las cosas en este sitio desde siempre y, seguramente, para siempre. Nuestro segundo líder más inteligente no lo fue lo suficiente y acabó convirtiéndose en chivo expiatorio por más que hoy todos se deshagan en elogios. Sólo uno fue más inteligente que él: Amadeo I de Saboya, el rey que sólo necesitó dos años para llegar a la conclusión de que España era ingobernable.

jueves, 26 de enero de 2012

¿Y si refundamos el comunismo?. Parte 2: Ideas generales.

Revisando las múltiples definiciones que se han escrito de economía, he quedado gratamente sorprendido cuando, por fin, he encontrado una que se parece a la que yo propongo para el nuevo comunismo: la de la economía del bienestar.

Seguimos anclados en conceptos económicos que parecen responder a la realidad de finales del siglo XIX y principios del XX. En aquellos tiempos el problema central de la economía era alcanzar la eficiencia productiva, dada la incapacidad de satisfacer las necesidades de la población.

Un siglo más tarde, superada en buena parte la incapacidad para disponer de los bienes demandados por la sociedad gracias al desarrollo tecnológico y a la globalización, los poderes económicos han pretendido seguir incrementando las producciones indiscriminadamente, con lo que han tenido que hinchar artificialmente las necesidades de la gente para que demande dichos bienes, cerrando así un círculo vicioso insostenible a medio plazo y que nos ha llevado ya a una situación crítica cuando el ritmo de consumo de esos bienes innecesarios en los que se basaba nuestra estructura económica no se ha podido mantener.

Me estoy refiriendo a que se ha convertido en un problema el hecho de que la gente no cambie anualmente de coche o no adquiera más televisores que personas hay en una casa, por ejemplo. La capacidad de producción ha superado tanto a la de consumo que se han tenido que inventar conceptos como la obsolescencia programada.

Habro aquí un paréntesis para quienes puedan estar pensando a estas alturas que estoy hablando tan sólo de aquellos países a los que llamamos desarrollados. Entiendo que se pueda interpretar así, pero no. Simplemente estoy dando por sentado que el problema de los países en vías de desarrollo, o de los subdesarrollados, no es de capacidad, sino de voluntad. No me alargaré en los detalles porque eso, en todo caso, daría para nuevos posts.

Así las cosas propongo que la economía sea la ciencia que plantee los métodos para alcanzar los mayores niveles de bienestar social a partir de los recursos disponibles en cada momento. De ese modo, indicadores económicos aberrantes como el Producto Interior Bruto, se podrían sustituir por otros como la esperanza de vida, las tasas de prevalencia de determinadas patologías, los niveles de estudios de la población o su índice de ocupación.

Partiendo de ahí, el problema cuantitativo de la produccíón de riqueza no sería el primordial, sino que deberíamos centrarnos en la cuestión cualitativa y en la distributiva. Dicho de otro modo, sabemos que disponemos de una gran capacidad de producción, pero debemos elegir correctamente en qué bienes y servicios la empleamos y cómo lo hacemos para que todo el mundo se beneficie de ella.

Aún así, habrá que producir con suficiencia y con la mayor eficiencia posible. Descartada por la experiencia la economía programada con esa finalidad, habrá que recurrir a la iniciativa privada. Para ello, habrá que facilitar los medios y premiar los resultados y será mediante esos dos mecanismos como se puede incentivar que el esfuerzo se destine hacia aquello que genere mayor bienestar, evitando en lo posible el parasitismo social, ya sea a gran escala mediante la especulación o a pequeña mediante el abuso de los sistemas de protección.

Como creo que hasta aquí ya hay demasiado que leer, dejaré para las próximas entradas cuáles serían los papeles de los diversos actores en ese equilibrio. Fundamentalmente, cabrá definir el papel de las administraciones con sus gobiernos al frente, el de las fuentes de financiación, el de las personas emprendedoras y el de la población en general.

Seguramente, todo seguirá siendo un galimatías inconexo e inaplicable, pero yo mientras tanto me sigo entreteniendo imaginándome lo bien que se podría vivir en una sociedad que realmente tuviese ese objetivo.

jueves, 12 de enero de 2012

¿Y si refundamos el comunismo?. Parte 1: El porqué.

Cuando esta prolongada y profunda crisis estaba en sus albores, los principales líderes mundiales propusieron una solución: refundar el capitalismo. Algunas personas, entre las que me cuento, ya nos echamos una risa con aquella expresión, pero es que el tiempo parece que nos está dando la razón.

Unos años más tarde aquella refundación, si es que ha existido, no sólo no ha mejorado la situación económica o social de los países llamados desarrollados, sino que además la crisis empieza a hacer mella en las democracias occidentales, al ser ese ente abstracto llamado "mercados" quien marca las directrices políticas e incluso quien destituye y nombra gobiernos de estados.

Ante esta situación se puede optar por dos opciones: resignarse a doblegarse ante un sistema económico (y cada vez más político) que conduce al desequilibrio económico, a la acumulación de la "falsa riqueza", la financiera, en unas pocas manos y condena a la miseria al resto o, por el contrario, buscar una alternativa.

Ahí es donde yo, en un ataque de febril ingenuidad, propongo que se pruebe la segunda. Existe una alternativa al capitalismo para reconducir una situación que es tan injusta como insostenible. A esa alternativa yo le llamaría comunismo.

A estas alturas, a quien no haya acabado de considerarme idiota, se le habrá cortado el hipo. Seguramente habrán venido a la cabeza ideas de banderas rojas con dibujitos y cosas por el estilo, pero yo no quiero hablar de eso.

Yo no planteo el comunismo como un sistema político. Más bien como una estructura social que, estoy convencido, es la antropológicamente natural. Si la especie humana ha conseguido conquistar la egemonía planetaria no ha sido precisamente por disponer de unas cualidades individuales excepcionales. El supuesto éxito de nuestra especie sobre el resto de las que habitan nuestro planeta reside, precisamente, en nuestra capacidad de vivir comunistamente.

Si cada una de las personas que aprendió, descubrió o inventó algo lo hubiese guardado para sí, seguramente haría años que la humanidad se habría extinguido entre las fauces de un tigre cavernario o a causa de una sequía prolongada, hecho que dudo que lamentase nadie. Sin embargo, la capacidad de nuestros ancestros para entender que la comunidad estaba por encima del individuo, que la unión hace la fuerza, nos dio la propiedad del mundo.

En cambio, después de milenios de teórica evolución, hemos acabado autoimponiéndonos un sistema que lleva implícito el individualismo. Una sociedad que invita a competir entre congéneres para tener más. Incluso a quitar al resto para poder acumular más. ¿Alguien se imagina una comunidad prehistórica sobreviviendo en esa situación?

Así pues, yo no hablo de Marxismos, Stalinismos ni nada por el estilo. Mi incultura crónica y mi déficit de lectura me convierte en un casi analfabeto en esos temas pero, de hecho, esos modelos llamados comunistas tampoco demostraron mucho éxito en la práctica.

Lo que yo voy a proponer en las próximas entradas de este blog es lo que se vendría a llamar un comunismo antropológico en el que no se renuncie al incentivo en forma de propiedad privada, sino en el que ese incentivo sea el resultado de la contribución a la comunidad. Intentaré vomitar mis ideas sobre en qué debería fundamentarse el sistema y sobre cómo hacer el tránsito hacia él.

Sé perfectamente que mi nivel de conocimientos me hará decir un montón de barbaridades que despertarán la hilaridad. Soy consciente que, ni aunque apuntase hacia el camino adecuado, nada de lo que yo explique podrá ser riguroso y mucho menos tenido en cuenta por nadie que se precie.

No obstante, yo lo escribiré con dos objetivos: el primero, que las aportaciones de quienes tengan a bien contradecirme me ayuden a darme cuenta de lo enfermo que estoy y el segundo, que no vaya a ser que me pase como con el Spining y resulte que de aquí a un siglo se hable de algo parecido y se atribuya su invención a algún máster de ESADE.
Free counter and web stats